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Diferentes en las necesidades
Consejos sabios para aprender a amar al otro sexo (III)


Por: Mujer Nueva | Fuente: Mujer Nueva



Una de las diferencias entre hombres y mujeres está en el modo en que hacen frente al cansancio. Los hombres tienden a mostrarse concentrados e introvertidos, y las mujeres abrumadas y emotivas. Para sentirse bien, no necesitan lo mismo. El hombre se siente mejor solucionando los problemas y las mujeres hablando de ellos. No comprender esto es alentar roces innecesarios en las relaciones mutuas. Un ejemplo: El señor X llega a casa con el deseo de relajarse y tranquilizarse, leyendo con calma el periódico; relajarse distrayéndose de los avatares del día. La señora Y también desea relajarse después de las tensiones del día, y busca el alivio hablando de los problemas a los que ha tenido que enfrentarse. Al no comprenderse ambos se genera un resentimiento: el hombre piensa que la mujer habla demasiado y la mujer que el hombre no le hace caso. Al no comprender lo que pasa, la distancia se hará mayor. Para solucionar este problema, los esposos no sólo necesitan quererse, sino además comprenderse.

1. Las necesidades de cada uno.

El hombre, cuando está preocupado, casi nunca habla de sus problemas. No le gusta cargar sobre otros, a no ser que sea estrictamente necesario, sus preocupaciones. Les gusta, en cambio, retirarse a su mundo interior para meditar y buscar soluciones. Si las encuentra, saldrá de sí mismo con mejor aspecto y talante. De no conseguir la solución, hará algo para olvidar sus problemas, como distraerse viendo la televisión o leyendo el periódico. Desentendiéndose de los problemas del día, conseguirá relajarse. Si el estrés es muy grande, necesitará un desafío mayor.

La mujer, cuando está preocupada o angustiada, busca hallar alivio en alguien en quien pueda confiar y le comenta detalladamente sus problemas. Así se sienten enseguida mejor después de manifestar los sentimientos que les abruman. En general, consideran el poder compartir los problemas como una señal de afecto y confianza. No es una vergüenza para las mujeres tener problemas. Su ego no gira en torno a aparentar entereza. Son más naturales en la manifestación de sus sentimientos. Si encuentra con quién compartir sus sentimientos enseguida se siente mejor.

2. ¿Cómo reacciona la MUJER ante las necesidades del HOMBRE?

Hemos dicho que, cuando el hombre está preocupado, se retira a su interior y se concentra en la solución de los problemas. Suele ir la más urgente o el más difícil. Tanto se concentra en la solución que pierde la conciencia de todo lo demás. Todo lo demás pasa a un segundo plano. En consecuencia se suele manifestar en sus relaciones distante, olvidadizo, insensible y ausente. No se puede contar con su atención plena, especialmente cuando está agobiado por algo muy importante. En tales momentos es incapaz de darle a la mujer la atención y el afecto que ésta necesita y merece. Al estar su mente ocupada, es incapaz de liberarse de sus ocupaciones. Si la resolución de los problemas se alarga, seguirá mucho tiempo distante. De no encontrar soluciones, buscará enseguida distraerse con lo que sea.

¿Cómo reaccionan las mujeres ante esto?

El hombre en esta situación está incapacitado para darle a la mujer la atención que ella merece. En consecuencia, a la mujer le es difícil en esos momentos aceptarlo, porque se confunde ante lo que no entiende. Si el hombre, al llegar a casa, comentara sus problemas, ella podría mostrarse más compasiva. Pero, al no hablar el hombre, ella está creyendo que no le hace caso. Llega incluso a pensar que a él ella no le importa, que no la considera aliada en sus cosas, que la menosprecia. Hay mujeres que estallan cuando el hombre, además de no compartir sus cosas, buscan alivio en lo que les distrae. Es un error el pensar que el hombre abrumado por sus cosas se manifieste de repente abierto, sensible, afectuoso.

Todavía más, el hombre encerrado en sus problemas y preocupaciones, tiende a olvidar que los otros también pueden tener sus problemas. Tiene como el instinto de pensar de que, antes de preocuparse de los demás, hay que ocuparse de uno mismo. Esto para la mujer es incomprensible. Finalmente, hay que decir que los hombres no suelen ser muy conscientes de lo distantes que se vuelven cuando están preocupados. Si se dieran cuenta, tal vez les sería más fácil solucionar este conflicto.

Hay en todo esto cinco malentendidos frecuentes:

a. Cuando la mujer dice: “no me escuchas”, el hombre dice: “¿Cómo que no te escucho?” Si quieres te repito todo lo que has dicho”. No se da cuenta el hombre que en caso de estar preocupado, no suele registrar más que el cinco por ciento de lo que escucha.

b. Cuando la mujer dice: “Me parece como si ni siquiera estuvieses aquí”, el hombre dice: “¿Cómo no voy a estar aquí? ¿NO me ves? Él afirma su presencia material; ella habla de presencia plena, afectiva.

c. Cuando ella dice: “No me quieres”; el hombre dice: “Claro que te quiero. ¿Por qué crees que estoy tratando de solucionar este problema?”. El hombre manifiesta su cariño de forma indirecta; la mujer lo quiere de forma directa”.

d. Cuando la mujer dice: “Me parece que no te importo”, el hombre responde: “eso es un a tontería. ¿Cómo no me vas a importar?”. El hombre descalifica los sentimientos de la mujer, porque piensa que atendiendo a otras cosas la va a beneficiar.

e. Cuando la mujer dice: “Eres insensible. Sólo vas a lo tuyo”, el hombre responde: “Y ¿te parece mal? ¿Cómo quieres que no resuelva este problema?”. El hombre ve a la mujer excesivamente crítica, cuando él está ocupado.

3. ¿Cómo reacciona el HOMBRE ante las necesidades de la MUJER?

Una mujer, cuando está agobiada, siente instintivamente la necesidad de hablar de sus problemas y de todos los posibles problemas relacionados con estos. Se pone a hablar sin dar prioridad a la importancia de ningún problema en particular. Si está preocupada, lo está por todo. Hablando de sus problemas, se disipa su ansiedad. En esto es muy distinta al hombre. A fin de sentirse mejor la mujer habla de problemas pasados, de problemas futuros, de problemas potenciales e incluso de problemas sin solución. Cuando la mujer se siente escuchada, sus problemas desaparecen. Cuando no, puede cobrar conciencia aún mayor disgusto. Todavía va la mujer más allá. Es posible que se involucre emocionalmente en los problemas de los demás, y ello le ayude a sentir menos pesados los suyos.

¿Cómo reaccionan los hombres ante esto?

El hombre generalmente suele poner resistencia. A veces, porque piensa que la mujer lo considera responsable de sus problemas; a veces, porque se impacienta fácilmente ante lo que él cree que no tiene importancia; a veces porque se resiste a entregarse más, sintiéndose cansado. Además, negándose al diálogo, pone una barrera a la tendencia de la mujer a eternizarse en sus comentarios. Aquí los hombres deben ser conscientes de lo dicho anteriormente y es que la mujer necesita relajarse hablando y comentando sus cosas, y ello se ve en aquellos casos en los que es evidente que los mismos problemas no tiene solución alguna. Necesita hablar. El hombre no debe reaccionar impulsivamente ante esta realidad, y debe aceptar que la mujer sea detallista, con lo cual no lo está considerando tonto.

La medida de incomprensión del hombre para la mujer es la resistencia que ella percibe cuando habla. El hombre debe aprender a satisfacer a la mujer y proporcionarle apoyo emocional; así se dará cuenta que escuchar no es tan difícil. Si además entiende que la mujer no busca soluciones, aprenderá a escuchar sin cansarse o estresarse.

4. Algunas recomendaciones para ambos.

La armonía entre hombre y mujer en este mundo de las necesidades mutuas se resume en ser escuchadas ellas por parte del hombre y ser respetados ellos en su concentración por parte de las mujeres.

Si el hombre aprendiera a escuchar, enseguida se daría cuenta cuánto disfrutan las mujeres hablando de sus problemas. Tendría también que tener en cuenta que al hablar de los problemas, las mujeres no están acusando. Más aún que, escuchadas, las mujeres se hacen más positivas. Ser escuchada para una mujer, es una de las formas más importantes de sentirse amadas.

Si la mujer aprendiera a respetar la intimidad del hombre, lo encontraría en un segundo momento relajado y amable. Si entendiera que soluciona a veces su estrés, huyendo de los problemas, tomaría con mejor espíritu su aparente desinterés en el juego o en leer el periódico. Debería la mujer saber que estos momentos no son los propicios para conversaciones íntimas y también que saldrían más fácilmente los hombres de sus cuevas si se sintieran queridos y aceptados.

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