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¿Qué pide el Papa a los jóvenes?
Claves del discurso del Papa a los jóvenes en Pacaembú, Brasil. Mayo 2007


Por: S.S. Benedicto XVI | Fuente: www.aica.org



Alrededor de 400 mil jóvenes vivaron y escucharon con gran atención el mensaje que les dirigió el Papa Benedicto XVI, en el que les habló de la necesidad de vivir con alegría los años de la juventud; de la defensa de la naturaleza, en especial de la conservación de la selva amazónica; de la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural; del romance y del noviazgo enaltecidos por la virtud de la castidad; del matrimonio y la familia, ·el gran don que hizo Dios a la humanidad.

Durante dos horas, unos 40.000 jóvenes de 204 diócesis del Brasil y un millar procedentes de la Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Perú, Honduras y México, asistieron dentro del estadio nunicipal de Pacaembú “Paulo Machado de Carvalho”, en San Pablo, al encuentro con el Santo Padre que contó con momentos de oración y reflexión, además de la actuación de grupos de música católica. En el exterior del estadio, se calcula que unos 300.000 jóvenes más siguieron el encuentro a través de pantallas gigantes.

El Papa llegó en un automóvil al estadio diez minutos antes de las 18 y permaneció hasta las 20.

Benedicto XVI pidió a los jóvenes “más comprensión por nuestros semejantes y por los problemas que envuelven no sólo la convivencia humana, sino también la efectiva preservación y conservación de la naturaleza, de la cual todos formamos parte. Nuestros bosques tienen más vida: no dejen que se apague la llama de esperanza. La devastación ambiental de la Amazonía y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones requieren un mayor compromiso en los más diversos espacios de acción que la sociedad viene pidiendo”.

En otra parte de su mensaje el pontífice se refirió al “enorme déficit de esperanza” de la juventud, y al “alto índice de muertes entre los jóvenes, la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de las drogas que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud de hoy”, por lo que hoy se habla a menudo de “una juventud perdida”.

Instó a los jóvenes a que sean “protagonistas de una sociedad nueva, poniendo en práctica una vivencia real inspirada en los valores morales universales, pero también un empeño personal de formación humana y espiritual de vital importancia. Un hombre o una mujer no preparados para los desafíos reales de una correcta interpretación de la vida cristiana de su medio ambiente será presa fácil de todos los asaltos del materialismo y del laicismo, cada vez más actuantes en todos los niveles”.

“Sean hombres y mujeres libres y responsables; hagan de la familia un foco irradiador de paz y de alegría; sean promotores de la vida, desde el inicio hasta su final natural; amparen a los ancianos, pues ellos merecen respeto y admiración por el bien que les hicieron a ustedes”.

“Sepan ser protagonistas de una sociedad más justa y más fraterna, cumpliendo las obligaciones ante al Estado: respetando sus leyes; no dejándose llevar por el odio y por la violencia; siendo ejemplo de conducta cristiana en el ambiente profesional y social, distinguiéndose por la honestidad en las relaciones sociales y profesionales. Tengan en cuenta que la ambición desmedida de riqueza y de poder lleva a la corrupción personal y ajena; no existen motivos para hacer prevalecer las propias aspiraciones humanas, sean ellas económicas o políticas, con el fraude y el engaño”.

“Existe un inmenso panorama de acción -señaló- en el cual las cuestiones de orden social, económico y político ganan un particular relieve, siempre que tengan su fuente de inspiración en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia. La construcción de una sociedad más justa y solidaria, reconciliada y pacífica; la contención de la violencia y las iniciativas que promuevan la vida plena, el orden democrático y el bien común y, especialmente, aquellas que llevan a eliminar ciertas discriminaciones existentes en las sociedades latinoamericanas”.

“No podrá haber verdadera felicidad en los hogares si, al mismo tiempo no hay fidelidad entre los esposos -siguió diciendo-. El matrimonio es una institución de derecho natural; es un gran don que Dios hizo a la humanidad. Respétenlo y venérenlo. Al mismo tiempo, Dios los llama a que se respeten también en el romance y en el noviazgo, pues la vida conyugal que, por disposición divina, está destinada a los casados es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en la que sepan hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte de esperanzas futuras”.

Benedicto XVI terminó su mensaje, que fue largamente aplaudido y vivado por los jóvenes, con párrafos en español, en inglés y en francés, e invocó “a la Señora Aparecida” para que “conduzca con su auxilio maternao a los jóvenes y los acompañe a lo largo de la vida”.





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