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El matrimonio, unión para siempre
Los esposos deben ser coherentes en vivir externamente la unión sobrenatural y real que siempre existirá entre ellos.


Por: P. Juan Carlos Ortega Rodríguez |






Hemos escuchado muchas veces que el hombre ha sido creado a imagen de Dios. Sin embargo dudo que hayamos tomado con toda seriedad y con todas sus consecuencias la realidad de ser imagen de Dios.

Hace millones de años al Creador estaba ilusionado con la obra que había ideado. Quería crear un ser que fuera igual que Él mismo. Indudablemente tendría una gran diferencia: sería creatura. Ya había creado todo un universo para acoger a este ser semejante a Él. Poco a poco fue apareciendo la luz, la tierra firme, el mar, los peces en el agua, los animales sobre la tierra. Todo estaba listo. Era el momento de realizar la obra maestra: crear un ser capaz de amar como Él.

Todo lo creado era bueno y, por lo tanto, el nuevo ser debería apreciar y respetar el universo. Pero este justo respeto a la naturaleza era insuficiente para un ser que debía ser imagen suya. La nueva creatura debería tener además la capacidad de donarse mutuamente como las tres personas divinas se aman y se donan. ¿Cómo hacerlo? Era necesario crear unas creaturas que, como las personas de la Trinidad, fueran a la vez semejantes y diversas. Y Dios pensó "la creación del hombre como varón y mujer" (31 de
mayo de 2001).

El material estaba preparado: la mujer y el hombre, dos seres humanos que se descubren semejantes pero a la vez diversos. Cada ser humano se siente cómodo en compañía de otro ser humano, pero a la vez se siente atraído por la diversidad enriquecedora del sexo contrario. Nos sabemos iguales y a la vez nos reconocemos diversos del sexo opuesto.

Pero en la obra de Dios faltaba algo. ¿Cómo garantizar que en el ámbito humano el amor de quienes son diversos y semejantes tenga como consecuencia una unidad irrompible y eterna? Lograda esta unidad, entonces el hombre sí sería, en verdad, semejante a Dios, pues sería capaz de amar con totalidad y para siempre. Fue entonces cuando el Creador pensó en la institución matrimonial. En efecto, "el matrimonio y la familia, que deriva de él, representan el camino eficaz para una real participación en la
comunión trinitaria"
. Expliquemos esta frase del Papa.

Muchas veces hemos oído que Dios es amor. Es un amor capaz de hacer de las tres personas de la Trinidad una unión total y eterna. Algo parecido ocurre con el matrimonio. El amor de tres personas diversas (una mujer, un hombre y Dios) por medio del sacramento del matrimonio alcanza una unidad indisoluble. Esta unidad, como precisa el Santo Padre, es real aunque se debe vivir en la fe, como toda la vida cristiana.

Cuando asistimos a una boda, con los ojos humanos, vemos a una mujer y a un hombre ante el altar. Con los ojos de la fe descubrimos, representado en el sacerdote, a Dios quien se une a los dos novios. Desde ese momento la vida de los dos esposos y de Dios siempre estarán unidas.

A primera vista, es decir, a la luz humana, surge una duda: ¿cómo se explica las separaciones y los divorcios? Pongamos un ejemplo. Desde el día en que Pedro y María se han casado, Dios cuando ve a Pedro no puede no ver también a María y cuando piensa en María no puede no pensar en Pedro. Esto es algo sobrenatural pero real. Ahora bien, para amar se requiere ser libre.

Una persona no puede ser obligada a amar, pues no sería amor. Dios no nos quiere obligar a amar como Él. Se requiere libertad para contraer el matrimonio y se requiere libertad para permanecer como esposos. Igual que un hijo libremente podrá maltratar y abandonar a sus padres pero nunca podrá dejar de ser hijo de esos padres, así los esposos podrán libremente no vivir como corresponde a unos esposos pero nunca dejarán de estar unidos mutuamente y con Dios. Del mismo modo que nos sorprende cuando un hijo rechaza a sus padres, así nos debe sorprender cuando unos esposos se dejan: humanamente lo podrán hacer, pero en realidad permanecen unidos en Dios.

Pero hablemos de los esposos que permanecen fieles y unidos. Ellos tienen "una real participación en la comunión trinitaria". ¿Cómo se puede manifestar esta unión en la vida cotidiana? Los esposos deben ser coherentes en vivir externamente la unión sobrenatural y real que siempre existirá entre ellos. La unión no es un pensar de modo idéntico, pues no olvidemos que son diversos. Menos aún la unión es un imponerse uno al otro. La unión es la capacidad de adaptarse el uno al otro, es la capacidad de preferir ambos ceder para que siempre resplandezca la unidad.





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