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Hombre y mujer los creó...
Conocer y entender las grandes diferencias que existen entre el mundo del hombre y el la mujer se puede convertir en una herramienta eficaz para amar mejor al otro.


Por: Francisco Castañera | Fuente: Catholic.net



Hace un tiempo, se puso muy de moda el libro "Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus". Y aunque el nombre suena muy extraño, su autor, John Gray, explica que el título grafica lo diferentes que son los hombres de las mujeres.

En un principio, convivir con la esposa o esposo puede resultar mucho más difícil de lo que parece. Es necesario que el amor de ambos esté armado con una gran generosidad, que resista el paso del tiempo. Y lo más importante, hacer uso de la inteligencia para poder captar la psicología del cónyuge.

Aristóteles tenía razón al afirmar que "el amor sigue al conocimiento", y todos los que estamos aquí lo tenemos más que confirmado, pues no se puede amar a nada ni a nadie que no se conoce.

Una misma situación, un mismo caso puede ser visto de una manera diametralmente opuesta por un hombre y por una mujer. Sí, somos diferentes, no sólo físicamente sino que también las almas masculina y femenina son distintas por su manera de ver las cosas y de vivirlas.

Para conocer mejor al otro y así, poder entenderle y aceptarle, vamos a detallar algunas de estas características propios del hombre y de la mujer:



El mundo del hombre

Hablaremos en este punto en una forma muy general, pues en el terreno psicológico nada está claramente definido, como lo está en lo físico. Aquí entran los matices, pues no queremos etiquetar a todos los hombres con todas las características que aquí expondremos. Solamente podríamos decir que hay unas constantes psicológicas que estructuran el alma masculina:

1. Cabeza del hogar
Vamos a analizar al hombre en primer lugar con respecto al papel providencial que le corresponde en el hogar, tratando de comprender principalmente la manera de cómo Dios le ha creado. Dentro del hogar la función esencial del hombre es el ser el jefe.

San Pablo ha escrito palabras que no dejan lugar a dudas con respecto a esta función:
"Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo. Las mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia. Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo". (Ef. 5, 21-12).

En primer lugar, ese someterse de las mujeres es por amor. Y en segundo lugar, esta sumisión también conlleva en sí grandes obligaciones por parte del esposo, puesto que San Pablo continúa diciendo:
"Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella".

Aquí es donde nos damos cuenta de que el hombre es jefe del hogar, es el responsable del mismo, no sólo económicamente, sino que se extiende también hasta el terreno espiritual. Dios le dio al hombre esa estructura interior para responder a las necesidades que imponían al esposo las cargas que estaba llamado a llevar. Es decir, ser esposo y padre: él debe ser la providencia de los suyos. Tiene, ante todo, que velar por su bienestar y asegurarles su subsistencia.

2. La fuerza
Esto salta a la vista, para todos es sabido que el hombre posee una fuerza física y muscular claramente superior a la de la mujer. Gracias a ella, la esposa cuántas veces no se siente protegida ante la amenaza de algún peligro o una situación difícil.

De igual modo, el ser menos vulnerable que ella provoca algunas veces que su humor sea más estable, y no tiene esos cambios súbitos que a una mujer le hacen pasar tan repentinamente de la alegría a la tristeza, de la calma a la impaciencia, etc. Aún cuando el hombre aparenta calma, esto no es igual a indiferencia.

En ocasiones adopta inconscientemente un comportamiento violento debido tal vez a una vida física demasiado intensa o puede ser producto de una exaltación repentina, en la cual toda esa energía que contiene el cuerpo masculino debe tener un escape. Esto explica también, en una parte, la necesidad de acción que sienten ciertos hombres, cuando multiplican las obligaciones exteriores. En la mayoría de los casos, no lo hacen como una mera necesidad de evasión.

Lo importante es tener presente que su fuerza le ha sido dada para amparar la debilidad de la mujer. No para aplastarla.

3. El mundo interior masculino
Podríamos empezar hablando de la misma inteligencia, pues es tan profundamente distinta en el uno y en la otra, que no debe causar asombro que choquen de vez en cuando.

A la mujer, por lo general intuitiva, directa y cordial, le cuesta trabajo entender el razonamiento frío, gradual y riguroso del hombre. El hombre deduce, encadena, argumenta, mientras que la mujer ha podido ver diez veces la verdad en cuestión. Y hasta ha tenido tiempo de exasperarse ante la lentitud de un razonamiento cuyo verdadero valor no siempre percibe.

Él elimina un montón de detalles para llegar al nudo de una cuestión o problema, se fija simplemente en lo esencial y se preocupa más de la síntesis que del análisis. Se sitúa en el centro del problema y allí elabora, con arreglo a una lógica rigurosa, los juicios oportunos, por lo cual su tarea requiere de más laboriosidad; al contrario de la mujer, cuya rápida intuición, aunada a su sensibilidad, le permite quemar etapas.

Si la mujer es inteligente y sabe sacar provecho de los razonamientos de su esposo, con el tiempo podrá adquirir una óptica objetiva y dar a los detalles sus proporciones exactas sin convertirlos en gigantes cuando en realidad son enanos. Al mismo tiempo comprenderá que todo hombre, no sólo su marido, si no se ha corregido, es ciego para las "pequeñas cosas". Y así dejará de preocuparse tanto cuando él no note su vestido nuevo, su corte de pelo o se olvide del día del aniversario, pues su mente está puesta ante todo en preocupaciones inherentes a cumplir con su papel de proveedor, y todo lo que esto conlleva.

4. La sensibilidad masculina
Mientras que la mujer se adapta al ritmo de su corazón, el hombre más bien podría decirse que sigue el ritmo de su razón. Y aunque él también siente pena y alegría, no se deja fácilmente arrastrar por ellas.

Inclusive, aunque esa pena o esa alegría sea realmente profunda, en la mayoría de los casos se muestra incapaz de manifestarlo exteriormente y acaba por reabsorber sus sentimientos en él. A esto se debe el por qué el hombre no repita mañana, tarde y noche el esperado "te amo". Sin embargo, gracias a la calma y mesura que posee la sensibilidad masculina, el hogar encuentra con frecuencia el equilibrio y conserva la paz.

A su vez, la mujer a través de su sensibilidad puede transformar el universo de su esposo. En muchas ocasiones él espera de ella que le haga compartir ese don que no posee e introducirlo en el universo sentimental sin suprimir su propio universo, sino aportándole una dimensión suplementaria que el hombre difícilmente podía imaginar.

5. La imaginación en el hombre
Podríamos decir que de las potencias del hombre, la imaginación es la más perezosa, con lo cual entenderíamos también el por qué se ve imposibilitado muchas veces cuando quiere externar sus sentimientos.

Por ejemplo, para él expresar su amor, no dispone de otra palabra que no sea "amar". Esto, aunque parezca malo, es una gran ventaja, pues al dominar su imaginación el hombre se mantiene generalmente realista y ve las cosas como son, sin excesos. El jefe de familia tiene que ser prudente. Y para ser prudente necesita ser realista; y sólo será realista si su imaginación interviene con medida en los juicios que él emite.

El mundo de la mujer

Desde el principio de los tiempos (pensando en Adán), el hombre siempre se lamneta de lo mismo: que no logra comprender a la mujer. Para la gran mayoría de los hombres, la mujer (aún su propia esposa) sigue siendo un enigma. Y vale la pena decir que no están tan equivocados, pues lo constante en ella es su inconstancia; es siempre la misma: es decir, no es nunca la misma. Fácil, ¿verdad?

Pero, por compleja que sea la mujer (lo bastante compleja como para que a veces ella misma no se entienda), sería exagerado decir que es incomprensible hasta el punto de resultar impenetrable para su marido.

1. La maternidad
Así como la estructura del alma masculina corresponde a su función de jefe del hogar, la estructura del alma femenina corresponde a la función que el Creador ha querido asignarle, No es difícil ver que en la personalidad femenina todo va dirigido a la maternidad. Ésta faceta la absorbe enteramente y pone su marca en los menores detalles de su vida física, intelectual y sentimental.

No se entienda con esto que la mujer sólo sirva para ser madre. Como ser humano puede llegar a ser filósofo, mecánico, bailarina, o lo que se proponga. Pero definitivamente no estará esto ligado a su feminidad como tal. Y quizá sea este contacto tan cercano con el ser humano desde su concepción, lo que explique el sorprendente modo de conocimiento que es la "intuición femenina".

2. La intuición
Concepto imposible de describir, simplemente podríamos decir que gracias a su intuición, la mujer llega directamente al corazón de las cosas. Las percibe, más bien las "siente". Y es que ella piensa, reflexiona, razona con el corazón. En este punto es donde al hombre le cuesta más trabajo entender a la mujer, porque para él la "razón" es muchas veces más importante que el "corazón". ¡Y cuántas veces no pueden entender por qué a su esposa "no le late" tal o cual situación o persona, siendo que para él todo resultaba magnífico!

Cuando el hombre logra acoplar la fuerza de su razonamiento con la agudeza de la intuición de su mujer, logrará enriquecer con su estabilidad la movilidad de ella. A cambio, ella le aportará cierto sentido de adaptación para no ser tan definitivo en sus razonamientos.

3. La sensibilidad femenina
"Te preocupas siempre por nada". ¿Cuántas veces las mujeres oyen esa frase del hombre a quien aman? Probablemente muy a menudo, y es que en la mujer su nota predominante, como ya dijimos anteriormente, es el corazón. Por lo tanto, su sensibilidad es una parte muy natural en ella, que hay que cuidar, claro, pues puede llegar a ser enfermiza. Mientras sea natural, será un maravilloso instrumento que le permitirá evolucionar en medio de los seres a quienes ama, consagrándose totalmente a ellos.

Esa sensibilidad es, por tanto, una riqueza que beneficia a todo el hogar y en la cual cada uno, desde el esposo hasta el más pequeño de los hijos, recibirá la parte de ternura que necesita de modo apremiante, aunque muchas veces inconfesado.

Lo más sorprendente es que la mujer, en la mayoría de los casos, no espera en este aspecto grandes cosas. Ella lo único que pide es algo muy sencillo: quiere ser amada, moral e intelectualmente. Quiere ser comprendida en algunas ocasiones, consolada en otras. Un gesto, un elogio, una palabra, una flor, son motivos suficientes para inundarla de una inmensa alegría.

4. Lo importante del "detalle"
Para la mujer no hay detalles, todo es importante. El olvidar un aniversario, recoger algo que te pidió, inclusive hasta el olvidar el beso al despedirte... Para ella, estas situaciones pueden adquirir proporciones alarmantes. Sobre todo cuando las ve a través de la lente de aumento de su imaginación. O dolorosas, cuando pasan a través de la balanza de su corazón.

Ante esto, el hombre sentirá a menudo la tentación de catalogar los detalles como una tontería y es capaz de podar estas "pequeñas cosas" en el mundo de su esposa. Antes de hacerlo, piensa que si la mujer no estuviera al pendiente de los detalles, sería como renegar de su propia feminidad.

5. La imaginación femenina
Sin duda, los mayores tormentos que acechan a la mujer, llámense celos, recriminaciones o "crisis", provienen de su imaginación. Aquí la cooperación del esposo es sumamente importante para eliminar las sobrecargas de imaginación que puedan surgir. La solución es escuchar a su esposa. Una fórmula no sólo curativa, sino preventiva.

Al sentirse escuchada, la mujer extraerá del realismo masculino la calma y ponderación que son necesarias para el apaciguamiento que ella necesita. Al mismo tiempo, encontrará su equilibrio y calmará los impulsos de una imaginación con frecuencia alborotada.

6. La delicadeza
Mientras que la fuerza y la robustez son patrimonio del hombre, la delicadeza hecha de gracia y fragilidad, es patrimonio de la mujer. Por ello, en ocasiones la mujer se muestra débil, y requiere también de un trato delicado por parte de sus seres queridos.

Por supuesto que en su vida existen ciertos períodos de irritabilidad, melancolía o indolencia, en los que necesitará de más comprensión, ternura y delicadeza. Tales períodos coinciden casi siempre con cambios físicos y hormonales importantes, como son la maternidad, menstruación o menopausia.

Pero también se pueden dar circunstancias en que la mujer no toma conciencia de sus límites y exagera en cuestiones de trabajo, tanto fuera como dentro del hogar. Esto puede llegar a romper su resistencia, tanto física como nerviosa.





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