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La existencia del matrimonio es esencial para la humanidad
Si la unión estable del hombre y la mujer no hubiera existido la vida del hombre haría ya mucho tiempo que se hubiera extinguido


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net



Si la unión estable del hombre y la mujer no hubiera existido la vida del hombre haría ya mucho tiempo que se hubiera extinguido. Todo lo que la humanidad fue construyendo lo hizo sobre el amor duradero de un varón que era varón y una mujer que era mujer.

Fuera de esto la construcción de la vida no hubiera sido posible.

Esa unión, sobre la cual se ha construido todo lo que la humanidad ha construido, tiene como una de las finalidades el de perpetuarse en el hijo.

Y ese hijo es el que más necesita para su formación psíquica y espiritual la vida estable y armónica de sus padres.

De ahí la gran importancia el que vea que sus padres se aman.

Es tanto o más importante que el quedarse solamente en darle amor. Necesita si, ser amado, pero si queremos que aprenda a amar deberá verlo hacer en sus padres.

Decía el Padre Remigio Parámio, agustino él, que para enseñar a los hijos lo que es el amor, hay una sola sílaba de diferencia. Más que amarLOS, hay que amarSE.

La fidelidad y la indisolubilidad del matrimonio es más una ley natural, que una ley divina porque es una ley necesaria para la perpetuidad de la vida.

El matrimonio es una institución destinada a perpetuarse en el tiempo, en un tiempo de vida en común para asegurarse que la prole crezca y se forme armónicamente.

Y si además crees en Dios, no puedes armar tu vida sin prestarle atención que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido. Los creyentes, podremos muchas veces no entender a Dios, pero siempre deberé tener en cuenta lo que El me dice, aun que no lo entienda, si es que creo en Dios y María Santísima.

El matrimonio cristiano es solamente separable por la muerte de los cónyuges. Hay un concepto fundamental que hace a la unión de los esposos y este concepto es el de la fidelidad.

Es una cosa muy elemental y desgraciadamente es una de las cosas que en el matrimonio más se viola todos los días.

Tal vez sea una de las cosas que más hay que remarcar.

Estamos cansados de ver con que frecuencia la fidelidad es violada.

¿Cuantos centenares de años hace que el mundo se viene riendo de la fidelidad? Viene de allá a lo lejos y hace tiempo.

Hasta hubo una época en que la fidelidad le tocaba más que nada a la mujer, la esposa era la que debía ser fiel y existía un cierto consenso, al menos en lo popular, en lo común, de que ello no iba para el hombre.

Las actitudes infieles de los varones no eran medidas con la misma vara con que se medían las actitudes de las mujeres.

Recordemos aquel hecho evangélico de aquella mujer adúltera que iba a ser apedreada y cuando Jesús les dice que tire la primera piedra el que esté libre de pecado, no quedó ni uno.

Hoy todo el mundo habla de sexo. Todo está lleno de sexo: películas, novelas y hasta especialistas en sexo, que los llaman sexólogos.

Hoy se crece sabiendo de sexo y viendo sexo: solamente hay que prender el televisor.

En mi infancia no recuerdo haber escuchado nunca la palabra sexo.

Y el tanto hablar y ver sexo son muchos los que confunden sexo con amor.

Muchos son los que creen que el tener alguien encima es el amor.

El sexo no es el amor, es sí parte del amor, pero no es el amor.

Aquella unión que se realiza creyendo que el sexo es el amor, que el sexo es el todo, dura lo que dura la atracción sexual, y desgraciadamente la experiencia demuestra que la atracción dura hasta que estoy satisfecho.

Cuando en una pareja se llega a la satisfacción sexual por fuerza se pasa al hastío: es una cosa absolutamente inevitable.

Y esto ocurre si no hay nada más que sexo. El sexo, se quiera o no se quiera, es una cosa repetida. Una unión basada solamente en la atracción sexual termina inevitablemente en ruptura.

Y esto ocurre porque falta el amor.

Basaron su unión sobre una actitud egoísta. Lo puramente sexual es egoísta, es buscar que el otro me dé satisfacción, que el otro me sacie, me calme.

Donde el egoísmo se extingue, el amor aparece. Lo contrario del amor es el egoísmo. El egoísmo es lo que separa, es lo que nos aleja del otro.

El amor une, el amor acerca.

El amor tiene diferencias muy importantes porque lo que busca fundamentalmente es la satisfacción de la persona con que se hacen las cosas.

El amor es esencialmente un sentimiento altruista, generoso, busca siempre hacer feliz al otro, más que lo hagan feliz a uno.

Indudablemente buscar la satisfacción del otro es algo muy complejo, que exige algo más, algo más que no puede existir solamente en lo puramente sexual, en lo puramente físico.

El Padre Pedro Richards, fundador del Movimiento Familiar Cristiano, que ya goza de conocer el rostro de Dios, nos decía: El amor se divide en dos partes, cintura para arriba y cintura para abajo.

El de cintura para abajo siempre termina cayéndose, en cambio el que siempre crece y se mantiene nuevo, es el de cintura para arriba.

El camino del amor de dos que quieren hacer un solo camino es un llenar todos los días de actos, gestos, comprensiones, diálogos cálidos, miradas que saben ver en el otro la razón del porque quiere uno seguir viviendo y........contigo.

Porque vivir, todos queremos vivir: lo bello es querer seguir viviendo y....contigo.

Comentarios al autor: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar


El libro editado y grabaciones están también disponibles en: Tel.(54 11) 4903-6242 Fax 4737-3439
 





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