Menu


Comunicarse con Dios en la era digital
Mujer religiosa toda tecnología, que se ha hecho mucho a la tecnología, y muy poco a Dios. Debiendo evangelizar con los medios tecnológicos, ella se ha dejado evangelizar por la tecnología.


Por: German Sanchez Griese | Fuente: catholic.net



La mujer consagrada impreparada es un peligro para la nueva evangelización.

 

La tarea de la nueva evangelización, según los lineamientos La Nuova evangelizzazione per la trasmissione della fede cristiana, bien podría estar definida como encontrar nuevamente el ardor misionero: “la nueva evangelización es una acción sobretodo espiritual, es la capacidad de hacer nuestra el coraje y la fuerza de los cristianos, de los primeros misioneros.”1 Y a la mujer consagrada le toca un papel muy especial. Por su especial carácter de maternidad espiritual, ella puede hacer suyas todas las necesidades de los hombres de esta época2, a los que hay nuevamente que evangelizar.

Pero esta labor, si bien puede ser guiada por ese instinto de maternidad espiritual a la que ninguna religiosa debe jamás renunciar, debe ser reforzada por una adecuada formación. Lanzarse a la aventura de la nueva evangelización guiada sólo por su buena intención o su instinto de maternidad espiritual al que hemos aludido, pondrá en riesgo el mismo programa de la nueva evangelización. La religiosa aventurera que en la mente de muchos se perfila como la que se embarca en su país de origen y zarpa con el evangelio en la mano, ha quedado como una imagen romántica inadecuada para nuestros tiempos. Si bien, siguiendo las directrices de la Lineamenta antes mencionada, la mujer religiosa debe rescatar el ardor misionero de esa imagen romántica, también es cierto que junto a ese ardor debe unir una preparación adecuada. Los escenarios de la nueva evangelización que analizaremos en este mismo artículo, reclaman por lo menos un adecuado conocimiento de las condiciones en las que deberá evangelizar. Recordemos que ya el Concilio Vaticano II en la Perfectae caritatis, ponía en alerta a las religiosas sobre la necesidad de una adecuada formación para poder poner en pie tantas iniciativas tendientes a la evangelización en nuestra época: “Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apostólico, puedan prestar a los hombres una ayuda más eficaz.”3 Sin este adecuado conocimiento, la religiosa aventurera podrá ser muy generosa y lanzada en su labor, pero su efecto será poco o ineficaz.

Y no es que el celo apostólico, la caridad ardiente o el testimonio de su vida entregada a la misión queden ocultos a los ojos de Dios. El problema no está en Dios o en la religiosa, el problema se encuentra precisamente en los hombres de la postmodernidad a los que hay que evangelizar. Estos hombres y mujeres, niños, adolescentes y adultos de cualquier cultura y nación, por distintas circunstancias que analizaremos más adelante, son a analfabetas espirituales, es decir que no saben leer los signos espirituales de nuestros tiempos. Guiados por lo que dicen los medios de comunicación y los creadores de opinión, estos hombres y mujeres no saben leer los signos espirituales porque carecen de una instrucción religiosa básica. Si antes el simple hábito de una religiosa decía ya tanto para los hombres de nuestra sociedad, ahora muchos lo confunden y lo temen como al chador o el burka de las mujeres musulmanas. Las caricaturas que de la religión se han extendido en nuestro tiempo, han hecho mella en la cultura actual, al grado que de los signos religiosos del cristianismo no logra detectar nada o casi nada. Por ello, no basta sólo el testimonio de una vida consagrada. Es necesario conocer el pensamiento, las costumbres, la idiosincrasia de nuestra época para adecuarse a ellos. Los primeros misioneros que partieron hace más de quinientos años de Europa a América tuvieron que aprender los dialectos y las lenguas prehispánicas. Hoy en día, la mujer religiosa debe aprender el lenguaje postmoderno de muchas tribus urbanas.

Si es peligrosa esta religiosa aventurera, también lo es en no menor medida la religiosa ingenua. Ella piensa que el mundo es como debería ser el ideal del mundo que ella se ha fabricado y que por distintos motivos que ella desconoce, no se encuentra por ninguna parte. Peca un poco de fideísmo y espera que Dios pueda arreglar el mundo en un abrir y cerrar de ojos. Su futuro se ha anclado en el pasado, precisamente cuando comenzaba el Concilio Vaticano II. Su mundo, siempre color de rosa y perfecto, se enfrenta violentamente con la realidad, por lo que ha optado por la ceguera voluntaria, cerrando los ojos a la situación actual, negándose a conocer los desafíos del mundo y de la misma vida consagrada. El peligro de esta religiosa radica en que su desconocimiento y negación de las circunstancias del mundo actual la llevan a una cerrazón, a una visión equívoca de la realidad que la hacen encerrarse en sí misma, sin buscar los métodos, las formas de hacer vivo el carisma de la que ella participa y que tan celosamente guarda para sí misma, para sus hermanas de congregación y para uno que otro laico que participa también de su ingenuidad.

La religiosa lamentosa, a diferencia de la anterior, está siempre bien informada. Posee toda la información sobre la situación del mundo. Está al tanto de las últimas noticias, los descubrimientos tecnológicos, las modas y tendencias de los jóvenes. Pero toda esta información le sirve para únicamente confirmar su desencanto con el mundo. Mujer que ha perdido la esperanza y que encuentra en el lamento su deporte favorito. Se siente llevada por el desastre y el cataclismo y su advocación preferida es Ntra. Señora de los Lamentos. Vive en el lamento y del lamento y hasta parece que goza cuando dice que vivimos una tragedia. Es una mujer peligrosa porque con sus lamentos descorazona la labor de las otras, porque pone siempre en duda la eficacia de cualquier iniciativa y porque nunca hace nada, salvo lamentarse.

La religiosa toda tecnología, no sólo conoce la tecnología de punta, sino que la aplica. Ha escuchado muy bien el mensaje del Magisterio de la Iglesia, sobre la necesidad de utilizar los medios de comunicación social para la nueva evangelización4, los conoce y los usa. Mujer consagrada que siempre lleva en su bolsillo o en su mano el teléfono celular. Que recibe y envía mensajes por minuto. Que llegando a una comunidad, deben tener lista la conexión al Internet, porque debe poner al día su facebook, porque no puede dejar pasar muchas horas sin chatear. Mujer religiosa digital, no cabe duda, pero que quizás se ha quedado en eso, en los medios digitales y no ha sabido utilizarlos para llevar a las almas al encuentro personal con Cristo. Mujer religiosa toda tecnología que se ha hecho mucho a la tecnología y muy poco a Dios. Debiendo evangelizar con los medios tecnológicos, ella se ha dejado evangelizar por la tecnología.

La religiosa cruzada de brazos, cree estar en el justo medio, aurea mediocritas5. No se cree ni de extrema izquierda para criticar a todos y decir que todo debe cambiar, ni tampoco se cree de extrema derecha en que todo está bien y nada debe cambiar. Ella piensa que la nueva evangelización es un concepto muy bueno, ideado por Juan Pablo II6 y que ahora le toca a Benedicto XVI ponerlo en práctica. Y también piensa, que como todas las cosas de Dios, será el mismo Dios que se encargue de llevarlo a cabo. Por ello, no vale la pena angustiarse ni trabajar, es Dios mismo quien trabajará. Con esta postura, la religiosa cruzada de brazos es letal para la nueva evangelización, ya que no sólo no colabora, sino que contagia a todos una postura neutra frente a la tarea de la nueva evangelización.


El encuentro con Cristo, al centro de la nueva evangelización en la era digital.
Hemos hablado, a manera de introducción, de la necesidad para la religiosa de estar bien formada para evitar ser un peligro en esta tarea. Nos toca ahora esclarecer en qué consiste esta formación en la nueva evangelización. Comenzaremos a hablar sobre el punto central de la nueva evangelización, sobre el cual las religiosas deberán formarse, si quieren hacer algo decente y duradero en este siglo XXI, que quedará sellado como el siglo de la nueva evangelización.

Hay que entender en primer lugar el concepto de la nueva evangelización, para después comprender su punto central. Haremos un recorrido histórico sobre este término para dar al final un esbozo de definición.

El término nueva evangelización fue acuñado por primera vez por Juan Pablo II en su homilía en la Iglesia de Nowa Huta. Hay que recordar el significado histórico de este evento para centrarnos bien en la concepción del término nueva evangelización. La ciudad de Nowa Huta, barrio de Cracovia, fue construida entre 1949 y 1951. Surgió para re presentar el prototipo de las nuevas ciudades comunistas con amplias avenidas y edificios de estilo social – realista y muchos espacios verdes. Esta ciudad, como cualquier otra ciudad comunista, era concebida sin Iglesias, para hacer ver con más fuerza que la nueva sociedad comunista – socialista que se quería erigir después de la II Guerra Mundial no necesitaba de Dios. Gracias a los esfuerzos del entonces obispo de Cracovia, el futuro Juan Pablo II, Nowa Huta contó con una iglesia, en contra de los planes originales. En ese contexto se entienden mejor las palabras de Juan Pablo II, cuando se refiere a la nueva evangelización. “Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo. La cruz está elevada sobre el mundo que avanza.”7 Se trata por tanto de una labor de anunciar de nuevo la verdad siempre actual del evangelio, especialmente frente a las cambiantes situaciones de nuestro tiempo.

Este término de nueva evangelización, volverá a ser tomado por Juan Pablo II en el contexto Latinoamericano. Primero en la XIX Asamblea del CELAM, en preparación del 500 aniversario de la evangelización de América: “La conmemoración del medio milenio de evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso vuestro como obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de re-evangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión.”8 Y después, con más fuerza, ante la IV Conferencia del CELAM, dedicada precisamente a las labores de Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana: “En verdad, la llamada a la nueva evangelización es ante todo una llamada a la conversión. En efecto, mediante el testimonio de una Iglesia cada vez más fiel a su identidad y más viva en todas sus manifestaciones, los hombres y los pueblos de América Latina, y de todo el mundo, podrán seguir encontrando a Jesucristo, y en El, la verdad de su vocación y su esperanza, el camino hacia una humanidad mejor.”9 En este contexto el término nueva evangelización se revela como la fuerza necesaria para hacer frente a los nuevos retos. Baste pensar que la Iglesia en Latinoamérica y el Caribe debía confrontarse con nuevos retos como eran el avance de las sectas y la difusión de la ideología comunista: la nueva evangelización se presenta por tanto como una búsqueda no tanto de métodos o de técnicas, sino de ardor misionero para lanzarse con nuevo vigor a la labor de la evangelización. El evangelio siempre es el mismo, lo que cambia son las formas de presentarlo, debido a las situaciones cambiantes. Pero más importante que los métodos de presentación del evangelio, es el ardor con que los agentes evangelizadores deben llevar a cabo esta tarea. En repetidas ocasiones Juan Pablo II subrayará la importancia que tiene para la nueva evangelización el retomar el ardor misioneros de los primeros hombres y mujeres que llevaron el evangelio a América.

Ya en un contexto de Iglesia Universal encontramos esta declaración. “Hoy la Iglesia debe afrontar otros desafíos, proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misión ad gentes, como en la nueva evangelización de pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo. Hoy se pide a todos los cristianos, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal la misma valentía que movió a los misioneros del pasado y la misma disponibilidad para escuchar la voz del Espíritu.”10 Nuevamente, en un contexto universal, Juan Pablo II recalca que como concepto de nueva evangelización debe entenderse no una serie de técnicas o métodos, sino una cuestión del corazón. Las técnicas sin el corazón del apóstol misionero, no sirven de nada, son vanas. Es el apóstol el que las vivifica. Además, no duda en utilizar una palabra de grandes connotaciones apostólicas, si se quiere llevar a cabo la nueva evangelización. La palabra valentía encierra todo un programa de acción preactiva en dónde la nueva evangelización será sólo el resultado de un corazón valiente, pronto al impulso apostólico. “La nueva evangelización es una acción sobretodo espiritual, la capacidad de apropiarnos en el presente el coraje y la fuerza de los primeros cristianos, de los primeros misioneros. Es por tanto una acción que requiere sobretodo un proceso de discernimiento sobre el estado de salud del cristianismo, el poner de manifiesto los pasos que se han dado y las dificultades encontradas.”11

En síntesis, podríamos traer a colación las palabreas del beato Juan Pablo II. “Nueva evangelización es sinónimo de relanzamiento espiritual de la vida de fe de las Iglesias locales, puesta en marcha de procesos de discernimiento de los cambios que están influyendo en la vida cristiana en los varios contextos culturales y sociales, relectura de la memoria de la fe, asunción de nuevas responsabilidades y de nuevas energías en vista de una proclamación gozosa y contagiosa del evangelio de Jesucristo.”12

Una vez que hemos hecho el esfuerzo por conocer lo que es la nueva evangelización, toca conocer cual es la tarea central, con el fin de que la mujer consagrada se forme en ella.

Hemos visto que la nueva evangelización es retomar el ardor misionero de los primeros cristianos para anunciar de nuevo el evangelio a las situaciones cambiantes de nuestro tiempo. Situaciones en las cuales se desarrolla una nueva cultura, una nueva forma de ver y de vivir en el mundo. Si bien pudiera pensarse que el ardor misionero fuera la tarea principal de la nueva evangelización, no es sino una condición, un ambiente, una forma propia de ser. La tarea principal será la de llevar el evangelio, la de anunciarlo a las nuevas realidades. Pero este llevar y anunciar el evangelio no es sinónimo de técnicas o una presentación articulada de la fe, de un libro o de una forma de vida. El anuncio del evangelio es la posibilidad de un encuentro personal con Cristo. “El objetivo de la transmisión de la fe es por tanto al realización de un encuentro con Jesucristo, en el Espíritu, para llegar a hacer la experiencia del Padre suyo y nuestro.”13

Mas que principios, métodos, conceptos, técnicas, la transmisión de la fe, tarea central de la nueva evangelización, es una experiencia espiritual. La transmisión de dicha experiencia espiritual no es una tarea académica, sino es una tarea vital. Una experiencia se transmite sólo si se ha vivido. No se puede transmitir a Jesucristo si no se ha vivido y experimentado a Jesucristo. Por ello, la tarea principal de la nueva evangelización comienza cuando el agente evangelizador, ya sea la misma Iglesia o los agentes, en este caso, la religiosa, haya hecho la experiencia de Cristo. Formarse a esta experiencia requiere conocer los caminos de la vida espiritual y recorrerlos. La experiencia de Cristo se realiza cuando la persona aprende a vivir la vida de Cristo en su propia vida. Para ello, la mujer consagrada cuenta con un gran medio, que es el carisma. El carisma14 ayuda y prepara a las mujeres consagradas a un encuentro personal con Cristo, sobre la base de lo que Dios inspiró a cada fundador, inaugurando así un camino del espíritu o espiritualidad propia. Cada congregación tienen por tanto la posibilidad de proporcionar a sus miembros un camino seguro y cierto para vivir la vida del espíritu.

La formación a la que está invitada la mujer consagrada no es otra que la de apropiarse de este Cristo, mediante el encuentro diario con Él. Se ayudará por tanto de medios espirituales propios para lograr este encuentro y así lograr que otros lo encuentren. Esta es la transmisión de la fe a la que está llamada en la era de la nueva evangelización. Pero sin olvidar que esta transmisión de la fe, esta experiencia de Cristo debe siempre confrontarse con los escenarios de la cultura actual. ¿Cuáles son estos escenarios y cómo se debe confrontar la experiencia espiritual con dichos escenarios? Lo veremos en los siguientes apartados.


Los escenarios de la nueva evangelización en la era digital
Si la mujer consagrada, llena de fervor espiritual intenta transmitir su experiencia espiritual sin tomar en cuenta las situaciones actuales, será una mezcla de religiosa ingenua con religiosa aventurera. Si bien es cierto que la nueva evangelización requiere recuperar el ardor de los primeros cristianos y lo primeros misioneros, es necesario reconocer que estos primeros cristianos y misioneros si bien movidos por un grande ardor, no fueron ni aventureros ni ingenuos. Supieron unir su ardor evangelizador a la inteligencia ya así por ejemplo, observamos como la mayoría de los misioneros, apenas desembarcados en el lugar de misión, lo primero que hicieron fue aprender la lengua o el dialecto local y conocer y adaptarse a los usos y costumbres del lugar. Ejemplos los tenemos a mansalva, reteniendo oportuno mencionar el caso del P. Ricci, misionero jesuita en China o los misioneros españoles que en Latinoamérica llevaron a cabo la labor de la evangelización hace ya más de 500 años.

Es necesario un labor de discernimiento para saber qué elementos del cristianismo se deben adaptar a las nuevas circunstancias de la cultura y qué elementos se deben respetar, así como cuáles son los elementos de la cultura que se pueden aprovechar para la transmisión de la fe y cuáles son los elementos de esa cultura que deben evitarse. Este trabajo lo ha resumido brillantemente el documento que nos está sirviendo de guía en este capítulo, La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. “Aprendiendo de nuevo lo que es la esperanza, los cristianos podrán operar en el contexto de sus propios conocimientos y de sus propias experiencias, dialogando con otras personas, intuyendo qué pueden ofrecer al mundo como don, qué es lo que pueden compartir, qué es lo que deben asumir para mejor expresar esta esperanza, cuáles son en cambio los elementos que deben rechazar. Los nuevos escenarios sobre los cuales estamos llamados a confrontarnos requieren que desarrollemos una crítica sobre los estilos de vida, las estructuras del pensamiento y de los valores, los lenguajes que hemos construido para la comunicación.”15

Estos escenarios deben ser materia de estudio, análisis y reflexión por parte de la mujer consagrada. Comprendiendo mejor estos escenarios podrá estudiar la mejor forma posible para transmitir la fe en forma más adecuada y eficaz posible. No debemos olvidar que no es el mucho trabajo el que rinde los frutos apostólicos y de conversión, sino el trabajo más eficaz, entendiendo por eficacia el mejor uso de los bienes disponibles destinados a fines alternativos. La mujer consagrada en Occidente corre el riesgo de quedarse anclada en el pasado, no tanto por no adecuarse a los tiempos actuales, sino por el no saber hacer uso adecuado y eficiente del tiempo a disposición.

Los escenarios son sociales, culturales, económicos, políticos y religiosos, y son los siguientes: el escenario cultural de la secularización, el escenario social de la migración, el escenario cultural de los medios de comunicación social, el escenario de la economía actual, el escenario de la investigación científica y tecnológica y el escenario político. Haremos una pequeña descripción de cada uno, tomando en cuenta que toca a cada familia religiosa y a cada mujer consagrada en particular, hacer las debidas aplicaciones al caso propio, con el fin de confrontar la experiencia espiritual del encuentro con Cristo, fundamento de la transmisión de la fe, con cada uno de estos escenarios, sacando las conclusiones prácticas necesarias para adecuar dicha transmisión a cada uno de los escenarios.

El escenario cultural de la secularización consiste en la imposibilidad que el mundo tiene ahora de escucha y de comprender la palabra evangélica como un mensaje vivo y eficaz. Dios está desterrado de este mundo, o queda reducido la esfera personal. Se puede ser creyente en el mundo, mientras que dichas creencias no influyan en el comportamiento y la cultura de nuestros días. Los aspectos más característicos de esta cultura se evidencian en una mentalidad hedonística y consumista que pernean todas las relaciones de los individuos. La cultura secularizada es hija del relativismo, en dónde cada persona se construye su propio mundo, al margen de valores o ideales comunes. Es una cultura que está cansada de la vida, porque de la vida no espera nada.

La religiosa en su tarea de la nueva evangelización, en el momento de comunicar a Dios a este mundo, debe confrontarse con una cultura que no sabe ya leer los signos espirituales. Su vida espiritual está atrofiada o nunca se ha desarrollado adecuadamente. Por ello debe buscar formas en que la transmisión de la fe sea no sólo verídica sino posible de ser leída por estas personas. Es como si quisiéramos presentarle a un ciego un libro, hermoso, bello, de una fina encuadernación. El ciego no lo podrá apreciar, porque no lo puede ver. Si en cambio le presentamos un libro con escritura braille, independientemente de la encuadernación, el ciego será capaz de “leer” los signos dactilográficos en él inscrito. La presentación de la experiencia espiritual, centro de la transmisión de la fe, debe adecuarse a las capacidades de los destinatarios, de lo contrario este mensaje de la transmisión de la fe es ininteligible a las personas.

El escenario de la migración es ahora un fenómeno ya extendido en todas las sociedades del globo. En algunas partes toma la forma de migración de un país a otro, de una cultura a otra. En otros lugares es una migración dentro de la misma cultura y del mismo país, las grandes migraciones del campo a la ciudad, pasando en pocos años de una sociedad eminentemente rural a una sociedad eminentemente urbana. Las grandes concentraciones de hombres y mujeres ofrecen no pocos retos a una pastoral, acostumbrada quizás a un ritmo de vida regulado por el alba y el ocaso y las estaciones del año y que ahora vive jornadas frenéticas, muchas veces sin respetar ni siquiera el más elemental de los descansos.

En este fenómeno de la migración se incluye también el de la globalización, con sus ventajas y riesgos. Ventajas porque ahora el mundo se considera como una aldea global en donde nacen nuevas formas de solidariedad, abatiendo los muros de la distancia y del tiempo. Pero puede también comportar sus riesgos si el fin único y primario de este proceso de globalización es meramente económico y productivo.

Frente a este escenario de la migración es necesario comprender que ya no se puede hablar de territorios de misión, que el mundo es ahora uno sólo y que todos los pueblos y culturas son sujetos a la evangelización. “Desvincularse de los límites (geográficos) significa tener las energías para poner la cuestión de Dios en todos aquellos procesos de encuentro, mezcla, reconstrucción del tejido social, que están en acto en cada uno de nuestros contextos locales.”16

El escenario cultural de los medios de comunicación social es quizás el que más ha influenciado la cultura de nuestros tiempos. La posibilidad de conocer todo, de estar en todo lugar en tiempo real, crea formas sociales hasta ahora inéditas. La red social (social network) es un fenómeno con el cual la transmisión de la fe debe confrontarse. Es una espada con dos filos. Si por un lado se abre la posibilidad de utilizar estos nuevos areópagos como formas nuevas para la transmisión de la fe, también es necesario confrontarse con las consecuencias de esta nueva cultura, que pueden ser una amenaza para la misma transmisión de la fe: alienación ética y política de la vida, una cultura de lo efímero, del inmediato y de la apariencia, una sociedad incapaz de tener memoria y futuro. Analizaremos con más calma el aspecto de los medios de comunicación y su influjo en la transmisión de la fe.

La economía actual constituye el cuarto escenario enunciado como un desequilibrio profundo entre el Norte y el Sur en el acceso y en la distribución de los recursos, así como en los daños que pueden realizarse a la creación. No es indiferente también en este escenario la situación de un mercado que no lograr crear las reglas de una sana convivencia y que por otra parte sigue generando riqueza inconsiderada por una parte y pobreza y miseria angustiante por otra.

El quinto escenario es la investigación científica y tecnológica. Si bien es cierto que los inventos científicos y tecnológicos han ayudado al bienestar general en la vida del hombre, también es cierto que el hombre se ha hecho más dependiente de dichos medios, creyendo fundar su felicidad en la posesión y utilizo de dichos medios científicos y tecnológicos. Se asiste por tanto al nacimiento de una nueva religión en dónde se da culto a todas las nuevas invenciones que el mundo científico y tecnológico ponen a disposición del hombre. La transmisión de la fe al confrontarse con este escenario debe desenmascarar este mundo de apariencias en dónde se cree que la felicidad lo dan los últimos adelantos científicos y tecnológicos. Proponer que el sacrificio, el dolor, la privación voluntaria del placer pueden ser los medios para alcanzar la felicidad no es algo que será ni bien acogido, ni bien entendido. Por ellos es necesario que previo al embarcarse a la aventura de transmitir la fe, se tenga en cuenta el impacto que este escenario tendrá sobre la experiencia de Cristo y su transmisión a los hombres inmersos en este tipo de nueva religión.

El escenario político se presenta inédito. Ya no hay guerra fría, ni la amenaza del comunismo se cierne sobre Occidente. Ahora los nuevos escenarios con sus retos y peligros se presenta con nuevos actores económicos, políticos y religiosos como el mundo islámico y el mundo asiático. Las tareas políticas prioritarias se presentan como el compromiso mundial por la paz, el desarrollo y la liberación de los pueblos, la construcción de forma nuevas para la cooperación entre los pueblos, las culturas y las religiones.


La influencia de los medios e comunicación en el encuentro con Cristo.
Cada uno de estos escenarios presenta a la Iglesia un reto. Y es el de hacer presente a Cristo en estas nuevas realidades. El Concilio Vaticano II había ya avizorado la época de profundos cambios y transformaciones que se darían en el futuro. “El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es así esto, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también en la vida religiosa.”17 Ahora vivimos en momentos históricos que serán definitivos para el cristianismo, pues debe ser capaz de seguir proponiendo al mundo las verdades eternas, siendo que este mundo en muchas ocasiones es indiferente y hasta hostil a dichas verdades.

Como hemos señalado a lo largo de este artículo, es necesario que el anuncio y la transmisión de la fe se realicen en los escenarios del mundo que hemos descrito, tomando en cuenta las condiciones actuales del hombre. Se trata por tanto de declinar, como los verbos se declinan, la experiencia de la fe, anuncio y transmisión en los lugares y con el lenguaje propios de los hombres de nuestros días. Por ello se habla precisamente de declinar la experiencia de la fe, porque siendo una sola, como un verbo, debe de hacerse accesible a las personas. En gramática, al declinar un verbo, generalmente la raíz permanece, remandándonos al verbo de origen en forma tal que se reconoce inmediatamente el concepto del que se habla. De la misma manera, al experiencia de la fe, al ser declinada en los lugares los lenguajes del hombre actual, permite hacer accesible y comprensible la experiencia de la fe, es decir, el anuncio y la transmisión del encuentro con Cristo. Los accidentes cambian, la esencia permanece.

Para que la experiencia de la fe pueda ser anunciada y transmitida en forma eficaz, el agente que anuncia y transmite la fe debe haber hecho y hacer constantemente esta experiencia de la fe. Debe conocer los escenarios en dónde anunciara y transmitirá esta fe y, por último, debe hacer el adecuado discernimiento para utilizar, o inventar, aquellos instrumentos más idóneos a la transmisión de la fe. “La Iglesia reconoce que la dirección que toma la acción de la evangelización proviene del Espíritu Santo: a él se confía para reconocer los instrumentos, los tiempos y los espacios de aquel anuncio que está llamado a vivir.”18 En el caso específico que queremos tratar, los medios de comunicación serán el escenario sobre el cual declinar el anuncio y la transmisión de la fe, por lo que conviene de alguna manera detenernos en este punto.

Si es el Espíritu santo quien guía a la Iglesia en la acción de la evangelización y al hombre le toca observar para discernir y actuar. Observar los distintos escenarios, que en nuestro caso serán los medios de comunicación, para discernir cómo dirige la evangelización el Espíritu santo en dicho escenario y actuar, escogiendo los medios y los instrumentos más adecuados para secundar la acción del Espíritu. No existen por lo tanto recetas o planes ya hechos. Lo que sirvió en el pasado hoy puede ser anacrónico o contraproducente. Es necesario trabajar siempre en el presente. Quien mira al pasado pensando en las glorias de antaño, corre el resigo de quedarse anclado para siempre en ese pasado. Quien ve al futuro con temor e incertidumbre, nunca llegará a construirlo. “¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas.”19

Ver el escenario en el que nos toca trabajar es ver ya la acción del Espíritu Santo. Los medios de comunicación están transformando al hombre y es necesario tomarlo en cuenta en el momento de la nueva evangelización. El hombre al que queremos anunciar y transmitir la experiencia de la fe, la experiencia de la fe, está sufriendo grandes modificaciones en su forma de ser y que lógicamente afectarán su recepción del mensaje de salvación. Es un hombre que, debido a la influencia de los medios de comunicación, está aprendiendo a realizar diversas tareas a la vez (multitasking) y su forma de aprendizaje se está moviendo de lineal a hipertextual, en dónde puede pasar fácilmente de un concepto a otro, gracias a la facilidad del Internet que le permite profundizar en distintos conceptos según va leyendo en la pantalla.

La cultura de los medios de comunicación, o cultura digital20 como suele decirse, están generando un mundo global. Ahora, con sólo oprimir un botón en la computadora, podemos conocer lo que sucede en cualquier parte del mundo en tiempo real. Se abaten por tanto las barreras de la comunicación y todos pueden tener acceso a las mejores expresiones del pensamiento humano.

Sin embargo, como contrapartida, esto tipo de cultura digital global genera también en el hombre una excesiva concentración en sí mismo. El hombre se convierte en e centro de este universo. De acuerdo con la psicología de la comunicación, existe siempre un emisor, un receptor y un mensaje. El mensaje del emisor viene decodificado (interpretado) por el receptor, al cual responde en cierta manera. Esta es la psicología de la comunicación en un mundo no – digital. Pero cuando la comunicación se establece a través de canales hasta ahora inéditos como el Internet con toda su gama de social network, es difícil que la psicología de una comunicación tradicional se mantenga21. En primer lugar el emisor es desconocido para muchos. Desconocido en un sentido amplio de la palabra. Detrás de un nombre de un apodo (nickname) se puede encontrar una personalidad completamente distinta de quien se es, o de quien se piensa que es. Detrás también de los mensajes se pueden esconder también otras intenciones. Se puede engañar fácilmente. Y en cualquier momento, la comunicación puede interrumpirse, sin previo aviso del emisor o del receptor.

Con este tipo de psicología de la comunicación digital es fácil que el hombre pierda la capacidad de expresión y tienda a la excesiva concentración en sí mismo y en sus necesidades individuales. Se hace por naturaleza egoísta. La falta de interacción humana, pues todos los mensajes se realizan desde el frío teclado y a través de una pantalla, generan siempre cada vez más un analfabetismo de expresión no sólo corporal sino holística, es decir la expresión de todo el ser. Cuando la comunicación se realiza a través de un medio digital cualquiera que éste sea, no es todo el hombre quien participa en dicha comunicación. Puede estar expresando lo contrario que está sintiendo. Puede pedir al otro exactamente lo opuesto que está pidiendo. El hombre digital tiende por tanto a concentrarse en sí mismo, porque se esconde dentro de los artificiosos aunque eficaces medios de comunicación que le propone la técnica moderna. Esto llega a originar en él la incapacidad de poder entablar un diálogo sobre la base de la sinceridad y de la claridad. La concentración en sí misma genera por tanto un hombre egoísta que piensa sólo en sus intereses, imposible de hacer pensar en los demás. El hombre digital piensa sólo en sí mismo porque cuando se convierte en receptor, la comunicación que le es requerida excluye también aquello que no interesa al emisor. Y si nuestro mundo vive también un excesivo materialismo, la comunicación digital lleva un gran peso de consumismo. Se comunican sólo aquellas cosas de las cuales el emisor puede recabar un beneficio material, dejando a un lado los verdaderos intereses del receptor, su verdad como hombre y creando así muchas veces necesidades irreales. “La avidez del mercado descontrola el deseo de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos que tienen un carácter de eficaz, efímero y hasta mesiánico. Se legitiman que los deseos se vuelvan felicidad. Como sólo se necesita lo inmediato, la felicidad se pretende alcanzar con bienestar económico y satisfacción hedonística.”22

Un tercera característica de esta comunicación digital es la importancia excesiva que se da a las emociones en la estructura de las relaciones sociales. No importa el mensaje sino cómo se dice y se transmite dicho mensaje. Los medios de comunicación social no son indiferentes, es decir no transmiten mensajes en forma indiferenciada. Hasta hace pocos años la Iglesia parecía tener miedo a utilizar los medios e comunicación para transmitir la experiencia de la fe, esto es, para anunciar y transmitir la experiencia de Cristo. Ahora los últimos dos Papas han insistido constantemente que los católicos deben aprovechar estos medios y utilizarlos para evangelizar y para evangelizar nuevamente al mundo23.

El temor a usar los medios de comunicación no era infundado. Desde que los medios de comunicación han comenzado a hacerse masivos, se ha descubierto que forman lo que muchos llaman el cuarto poder. Poseen de una capacidad antes más imaginada, como lo es el de crear opinión y ejercen una poderosa influencia sobre el comportamiento del hombre. Por ello, los medios de comunicación no son indiferentes. Privilegian aquellos mensajes que pueden proporcionarles una ganancia económica, privilegiando por tanto aquellos emisores que más ganancia económica pueden dejar. Esto origina muchas veces que la comunicación sea más emotiva que racional. Se busca crear en el auditorio una emoción con el fin único de hacerlo sentir como necesario aquello que se está transmitiendo. Entramos entonces en una nueva cultura que es la cultura de la necesidad y de la apariencia. Me siento bien tanto en cuanto tengo lo que otros tienen o lo que otros me proponen tener para sentirme bien. Las emociones se crean, se dirigen, se manipulan con el único objetivo de propiciar el consumo.

La velocidad es otro factor que influye en la creación de emociones en los medios de comunicación. En un mundo frenético como es el digital, no hay tiempo para detenerse y reflexionar. Los mensajes llegan sin tener tiempo a ser analizados, la urgencia de la respuesta no da tiempo a la reflexión, al análisis, a la ponderación. Parecería que lo inmediato se convirtiera en sinónimo de lo mejor y empujados por la brevedad del tiempo, se responde sólo con la emoción primaria del momento presente. No se tejen por tanto relaciones sociales basadas en un conocimiento mutuo profundo y duradero. Tomo o dejo aquello que me conviene según lo dicta la emoción del momento. Se corre el riesgos de aparentar lo que no se es y de dejarse guiar por juicios basados en sentimientos y emociones y no en principios y en la razón. Es el triunfo del pensamiento débil y del relativismo en dónde “se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos.”24

Como consecuencia de esta sobrevaloración de las emociones, nos damos cuenta que la cultura de los nuevos medios de comunicación generan “una pérdida del valor objetivo de la experiencia de la reflexión y del pensamiento, reducida dicha experiencia a un juego exclusivo para confirmar el propio sentir.”25 El hombre digital se acostumbra cada día más a no pensar, a no reflexionar, guiado sólo por sus emociones y sentimientos, como apenas acabamos de mencionar en el párrafo anterior. Solicitado por la velocidad, dirigido por una eficiencia a toda costa, no tiene tiempo para la reflexión, para el pensamiento. Sin puntos fijos sobre los cuales creer, sobre los cuales apoyar su existencia y de esa manera encontrar un significado y una interpretación a los acontecimientos que le suceden, el hombre de hoy está a merced de sus gustos, de sus antojos y de sus caprichos.

Según varios estudiosos, entre ellos Giovanni Sartori26, ha sido la televisión quien ha marcado la transición del Homo sapiens al Homo videns, un paso que no es una evolución, sino una involución. Debido ala televisión, y posteriormente a tantas otras aplicaciones de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la redes sociales ofrecidas por el Internet, la imagen predomina y prevalece sobre la palabra, ya sea ésta oral o escrita, cambiando completamente los mecanismos de comunicación y de entendimiento entre los seres humanos, minando el pensamiento abstracto y la actividad simbólica propia del ser humano. El homo videns es regresión, atrofia el intelecto humano y lo hace incapaz de distinguir entre el mundo real y el mundo virtual. De todo esto, Sartori saca como conclusión que el hombre es incapaz de formarse una opinión propia y por ello, pierde la libertad y el arbitrio propio.

Frente a estas cuatro consecuencias de los medios de comunicación, la globalización de la cultura, el hombre centrado en sí mismo, la excesiva importancia de las emociones en el tejido de las relaciones sociales y un pensamiento débil, incapaz de reflexionar y de formarse una opinión personal, la mujer consagrada debe saber declinar la experiencia de Dios, esto es, el anuncio y la transmisión de la fe.

Quisiera utilizar la imagen de los primeros misioneros españoles que zarparon de puertos españoles para iniciar la aventura de la evangelización a inicios del siglo XVI, pues me ayudará a explicar lo que puede y debe hacer la religiosa del Siglo XXI frente a los retos de la nueva evangelización. Eran los años de efervescencia de la reforma protestante en Europa. Muchas cosas parecían cambiar o derrumbarse. En esa situación iniciaron un camino de anuncio y transmisión de la fe inédito hasta esa época. La fe se había extendido y consolidad en una Europa que ahora, sacudida por el Protestantismo de Lutero, estaba a las puertas del Concilio de Trento. Esto no impidió a los misioneros a buscar formas para anunciar y transmitir la experiencia de la persona de Cristo a pueblos que nunca antes habían oído hablar de Él. Tuvieron que inventar todo, partiendo de cero, o más bien, partiendo de su entusiasmo por transmitir la fe. Aprendieron lenguajes nuevos, se adaptaron y adaptaron al cristianismo costumbres nuevas. Crearon no un nuevo evangelio, pero formas nuevas para transmitir el evangelio, del que nació una nueva cultura, híbrida de la europea y de los autóctonas indígenas de América.

No iban estos hombres con recetarios para la evangelización. No sabían muchas veces que hacer para anunciar la fe y tuvieron algunos que pagar con sus propias vidas esta inexperiencia. Pero no se dieron por vencidos. Siguieron intentando hasta no ver cómo el anuncia y la transmisión eran posibles en esos pueblos y en esos hombres.

La misma aventura es la que debe enfrentar la religiosa frente a las cuatro consecuencias que le proponen los medios de comunicación. Tiene una fe que anunciar y transmitir, tomando en cuenta las características del hombre que está sufriendo una transformación originada por los medios de comunicación. Debe conocer a este hombre y hablarle en su lenguaje27, si quiere enseñarlo a hacer la experiencia de la fe, es decir a comunicarse con Dios. Esta comunicación, este anuncio y transmisión de la fe se lleva a cabo, en primer lugar en un hombre que pertenece ya a una aldea global. Tiene acceso a toda la información posible. Por ello, la mujer consagrada debe ser consciente que su mensaje va a ser confrontado con otros muchos mensajes, quizás de menor calidad y de menor verdad, pero eso no le importa al hombre digital, que no sabe distinguir el mundo real del mundo ficticio. Para él su mundo es lo que dice el facebook, lo que anuncia el último video en you tube. Esos y otros muchos medios, son su verdad. La religiosa debe ser inteligente y buscar la forma para que el hombre digital, cínico y pagado de sí mismo por una cultura digital, pueda distinguir la verdad entre tantos errores que él cree como verdad.

La excesiva concentración en sí mismo, el individualismo, propone a la mujer consagrada un segundo reto para llevar a cabo la nueva evangelización. Hablarle de Dios a un hombre concentrado demasiado en sí mismo exige una capacidad de propuesta creíble. Más que basarse en la eficacia de los medios, hay que fortalecer la credibilidad del mensaje, especialmente por la coherencia de vida de quien propone el mensaje. El hombre digital es un receptor sin discriminación. Para él valen tanto uno como otro mensaje. Siendo una criatura hija del relativismo, no hay escala de valores que lo satisfaga. Lo que le llena es la emoción, no lo olvidemos, el sentimiento que puede darle un significado aunque sea momentáneo a la sucesión de vacíos que vive en el fenómeno que él llama vida. Sin embargo, aún posee un espíritu y es ese espíritu al que debe llegar el mensaje de la mujer consagrada, no sólo por los medios, sino a través del encuentro persona. Se deben buscar por tanto aquellas formas adecuadas de hacer presente el mensaje no sólo en sí mismo, sino a través del ejemplo palpable de una vida vivida con coherencia al mensaje del evangelio. “Ante todo, y sin necesidad de repetir lo que ya hemos recordado antes, hay que subrayar esto: para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites. "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan —decíamos recientemente a un grupo de seglares—, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio"”.28 De esa manera, el hombre digital será capaz de oír los gemidos de su espíritu29. No debe temer la mujer consagrada a crear espacios para que el hombre pueda sentir nostalgia de Dios. “Quien trabaja como consagrado en los medios, tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo «digital» los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral. La Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: «Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos» (Ap 3, 20).”30

Las emociones, ya lo hemos subrayado a lo largo de este artículo, son siempre cada vez más el pan cotidiano de la cultura de los medios de comunicación. Buscan ser creadas para provocar necesidades y así generar el consumo. Por otra parte, el hombre digital no sabe dar cabida en su ser más que a las emociones. Cuando vive con su razón ofuscada31 es difícil apelar a principios y puntos de referencia universales. El hombre digital por consecuencia, si llega a captar algo de Dios, será siempre en la esfera de la emoción o de un sentimiento, con los peligros que ello conlleva de hacerle identificar sentimiento religioso con la verdad religiosa. El avance de las sectas en algunas partes del mundo es signo elocuente que demuestra la forma en que muchos de estos grupos pseudos-religiosos se aprovechan del sentimiento religioso aún latente en el hombre digital.

Frente a este universo de emociones y sentimientos propiciados por los medios de comunicación social y apoyados por el mismo hombre digital, la religiosa al proponer el anuncio y la transmisión de la fe, procurará que el hombre digital logre captar con objetividad que la experiencia de Cristo más que un mero sentimiento es un encuentro personal con Él32. Buscará y creará las mejores formas para que l hombre de hoy pueda realizar un encuentro personal con Cristo, capaz de llevarlo a la verdadera transformación de su vida. Hay que recordar que el sentimiento y la emoción no mueven una vida. Aparentemente los sentimientos y las emociones origina cambios en el hombre, pero estos no serán profundos y verdaderos, ya que cuando los sentimientos y las emociones desaparecen, el hombre se siente nuevamente perdido, volviendo a buscar nuevas emociones que satisfagan su curiosidad religiosa. El reto que se impone a la consagrada es la de crear aquellos medios que permitan al hombre digital realizar, continuar y cultivar un constante encuentro con Cristo.

La última tarea para la mujer consagrada es la de anunciar y transmitir la experiencia de la fe en un contexto de pensamiento débil, en donde prevalece “la cultura de lo efímero, del inmediato y de la apariencia.”33 El hombre digita no está acostumbrado a pensar. Y si bien la experiencia de la fe no debe asemejarse a un sentimiento, como hemos visto y tampoco es una idea, requiere un cierto grado de asimilación. Y el hombre digital no está acostumbrado a la reflexión. Lo quiere todo y en un momento. Por ello, la mujer consagrada hará muy bien en graduar la fe. Decía una maestra de novicias que hace unos años, la primera lección de espiritualidad la comenzaba explicando el primer número de las Constituciones de su congregación. Hoy debe comenzar con la explicación del padrenuestro.

Si la religiosa no toma en cuenta este entorpecimiento mental del hombre digital corre el riesgo de imponer un ritmo ajeno al que está habituado. Parecería, como hemos analizado anteriormente, que la velocidad es la característica esencial del hombre de nuestro tiempo y por ello muchas veces pensamos que también la forma de ser de este hombre esté caracterizada por la velocidad. Sin embargo la evidencia demuestra lo contrario. Vivir en la velocidad no significa estar conformado por la velocidad. Hay ciertas funciones en el hombre que requieren un amplio espacio de tiempo. De lo contrario se amenaza el equilibrio del hombre, lo cual lo vemos en la vida estresada que lleva o en las psicopatologías que se manifiestan en ellos, cuando no se respetan estos tiempos impuestos por la naturaleza al hombre.

La mujer consagrada debe ser consciente que no puede imponer los tiempos de Dios a las personas, pues corre el riesgo que el dato de la fe, esto es, el anuncio y la transmisión nunca sean asimiladas, llegando a confundirlas con algo efímero, inmediato y aparente. Presentarle la experiencia de la fe como la sustancia de la vida34, es el punto principal para que la religiosa pueda llevar a cabo en este contexto de los medios de comunicación, la nueva evangelización. Debe presentar la experiencia de la fe como algo sin lo cual el hombre está incompleto. El reto es duro, ya que el hombre digital piensa tenerlo todo. Debe hacerle ver que ni el progreso tecnológico, ni los bienes materiales pueden satisfacer profundamente al sentido último de su existencia. Pasar de la parte material a la parte espiritual no es nada fácil. Provocar preguntas profundas en el hombre digital, que se tiene por satisfecho de todo y cínicamente rechaza cualquier cambio en su vida, es un trabajo delicado y para el que no existe una ruta ya trazada. Pero en ese paso, en el de saber proponer el trascendente con delicadeza, maestría y osadía, se demuestra el ardor misionero del que hemos hablado al inicio y del cual depende todo o gran parte del trabajo de la nueva evangelización.

Como en la historia de la evangelización del Nuevo mundo, nada estaba hecho, todo estaba por hacerse, así se debe contemplar el trabajo que le espera a la mujer consagrada a partir de la segunda década del siglo XXI. Nada está hecho, todo está por hacerse. Lejos de amedrentarse o de echarse para atrás, este reto debe instigarla a dar lo mejor de sí misma, porque sabe en quien ha confiado y está segura de ello.




NOTAS



1 Sinodo dei vescovi, XIII Assemblea generale ordinaria, lineamientos La Nuova evangelizzazione per la trasmissione della fede cristiana, Lineamenta, 2.2.2011, n.5. (Traducción libre del autor).
2 “Este esfuerzo de llevar la cuestión de Dios dentro de los problemas del hombre de hoy, interpela el regreso de la necesidad religiosa y la pregunta sobre la espiritualidad que a partir de las nuevas generaciones emerge con renovado vigor.” Ibídem, n.8.
3 Concilio Vaticano II, Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 2d.
4 “Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10).” Benedicto XVI, Mensaje para la 45 Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24.1.2011.
5 Horacio, Odi 2, 10, 5.
6 “No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano. Y esto se confirma aquí en Nowa Huta. Este ha sido el principio de la nueva evangelización, en los albores del nuevo milenio del cristianismo en Polonia. Este nuevo comienzo lo hemos vivido juntos y lo he llevado conmigo, desde Kraków a Roma, como una reliquia. (…)De la cruz en Nowa Huta ha comenzado la nueva evangelización: la evangelización del segundo milenio. Esta iglesia lo testimonia y lo confirma. Ella ha nacido de una viva y consciente fe, y es necesario que continúe sirviendo a esta fe. La evangelización del nuevo milenio debe fundarse en la doctrina del Concilio Vaticano II. Debe ser, como enseña el mismo Concilio, tarea común de los obispos, de los sacerdotes, de los religiosos y de los seglares, obra de los padres y de los jóvenes. La parroquia no es únicamente un lugar donde se enseña el catecismo, es además el ambiente vivo que debe actuarlo.” Juan Pablo II, Homilías, 8.9.1979.
7 Ibídem.
8 Juan Pablo II, Discursos, 9.3.1983.
9 Juan Pablo II, Discurso, 12.10.1992.
10 Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris missio, 7.12.1990, n. 30.
11 Sinodo dei vescovi, XIII Assemblea generale ordinaria, lineamientos La Nuova evangelizzazione per la trasmissione della fede cristiana, Lineamenta, 2.2.2011, n.5. (Traducción libre del autor).
12 Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal Ecclesia in Affrica, 14.9.1995, nn. 57.63.
13 Sinodo dei vescovi, XIII Assemblea generale ordinaria, lineamientos La Nuova evangelizzazione per la trasmissione della fede cristiana, Lineamenta, 2.2.2011, n.11. (Traducción libre del autor).
14 “Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más comunes y difundidos (…)con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: «A cada uno... se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad» (1 Co 12,7).” Concilio Vaticano II, Lumen gentiun, 21.11.1964, n. 12.
15 Sinodo dei vescovi, XIII Assemblea generale ordinaria, La Nuova evangelizzazione per la trasmissione della fede cristiana, Lineamenta, 2.2.2011, n.7. (Traducción libre del autor).
16 Sinodo dei vescovi, XIII Assemblea generale ordinaria, lineamientos La Nuova evangelizzazione per la trasmissione della fede cristiana, Lineamenta, 2.2.2011, n.6. (Traducción libre del autor).
17 Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 7.12.1965, n. 4
18 Sinodo dei vescovi, XIII Assemblea generale ordinaria, La Nuova evangelizzazione per la trasmissione della fede cristiana, Lineamenta, 2.2.2011, n.3. (Traducción libre del autor).
19 Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal Vita Consecrata, 25..3.1996, n. 110.
20 Aunque no existe un acuerdo sobre el término de cultura digital, es ya común referirse a estas palabras cuando se habla de la forma de vivir y de ver el mundo bajo la influencia de los medios de comunicación, desde el telégrafo hasta los medios más sofisticados de comunicación en nuestros días.
21 “Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas. Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia.” Benedicto XVI, Mensajes, 24.1.2011
22 V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, documento final, Epiconsa, Paulinas, Lima 2007, n. 50.
23 “Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él.” Benedicto XVI, Mensajes, 24.1.2011
24 Joseph Ratzinger, Homilía Missa pro eligendo Romano Pontefice,18.4.2005
25

 

 



 

* Síguenos en nuestras redes sociales y comparte con nosotros tu opinión:

Facebook

Twitter

* Para mayor información, visita nuestra comunidad de religiosas



* ¿Dudas, inquietudes?  Pregúntale a un experto

*  ¿Te gustó nuestro servicio?   Suscríbete a nuestro boletín mensual

* Comparte con nosotros tu opinión y participa en nuestros foros de discusión de Catholic.net







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |