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Los medios de comunicación en la vida consagrada
Debe observarse la necesaria discreción en el uso de los medios de comunicación social, y se evitará lo que pueda ser nocivo para la propia vocación


Por: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net



Tal parece que la historia hubiera querido hacernos pasar por una de esas jugarretas que los historiadores o las personas con ojo superficial llaman coincidencia y quienes con un poco más de fe llamamos Providencia. Si analizamos el desarrollo que los medios de comunicación han tenido a lo largo del tiempo, especialmente en el siglo pasado, nos daremos cuenta que el crecimiento exponencial y el desarrollo galopante de los medios de comunicación puede coincidir, y aquí viene la coincidencia o la Providencia, con el periodo así llamada de la renovación de la vida consagrada, surgido precisamente después de terminado el Concilio Vaticano II. Justo después del año 1965. Es en estas fechas en dónde, coincidentemente se comienzan a poner en práctica las directrices del Concilio Vaticano II para el aggiornamento de la vida consagrada.

Y es a partir de esos años, la mitad de la década de los años sesenta, cuando inicia el boom de los medios de comunicación. El teléfono, que nace en 1871 por obra de Antonio Meucci, ve su máximo desarrollo en la telefonía móvil. Inventado por Martin Cooper, director de la sección de investigación de la Motorota, hace su primara llamada de un teléfono celular el 3 de abril de 1973. Los celulares se difunden rápidamente en el mundo y así, a inicios del año 2009 se calcula que el 61% de la población mundial tiene un teléfono celular.

La radio que nace en 1910, se desarrolla rápidamente, siendo que a inicios de los años noventa comienzan las trasmisiones satelitales. En el año 2000 se difunde la nueva categoría DAB y la radio viene también favorecida por el desarrollo del Internet.

En cuanto a éste, en 1962 se dieron los primeros pasos a través de un proyecto del Ministerio de la Defensa de los Estados Unidos. En 1964 se dio la conexión en red de 4 universidades americanas. Ya para 1973 Gran Bretaña y Noruega se unen por medio de una red y en 1979 los inicios del Internet se dan entre estudiantes norteamericanos con el así llamado NewsGroup. Para 1984 las conexiones en red son de mil computadoras, número que sube a diez mil en 1987, cien mil en 1989 y en 1992 el número alcanza al millón y para el 2008 se calcula que son 600 millones los que están conectados a la red Internet en todo el mundo.

Este gran desarrollo de los medios de comunicación no es indiferente a la persona humana, ya que no se trata simplemente de acortar las distancias, de presentar imágenes en forma real a través de una pantalla en la sala de la propia casa, o de tener acceso ilimitado a la información en tiempo real, sino el cambio en la mentalidad, en la forma de relacionarse consigo mismo y con los demás. Muchos estudiosos han dicho que estamos en los albores de una nueva era, la era digital.

Los problemas que nacen con el desarrollo de los medios de comunicación deben analizarse en varios niveles, distintos entre sí, pero concomitantes por las modificaciones que introducen en la conducta del hombre. No se trata simplemente de cantidad de información, de imágenes transmitidas por bytes, sino de la calidad de la información y su influencia en el modo de ser de las personas. Esta por ejemplo el nivel de contenido de la información, o también la forma de la comunicación que genera cultura y está también el nivel de la influencia de dichos contenidos en el comportamiento del hombre.

El usar un teléfono celular, Internet, ipod, televisión al plasma o LCD crea nuevas situaciones a las comunidades de vida consagrada y a las personas consagradas, no sólo en el aspecto moral de los contenidos que transmiten los medios de comunicación, ni tampoco en el tiempo que se destina al uso de esos medios que puede venir en detrimento del tiempo dedicado a la comunidad o al tiempo para las responsabilidades personales, sino sobretodo por las nuevas formas de comunicación que se generan a través del uso o abuso de estos medios.

Decía el Cardenal Franc Rodé1 que en tiempos pasados los muros de los conventos eran impermeables al mundo. Ahora ya no es así. Los medios de comunicación se han convertido en los vehículos de transporte de la mentalidad del mundo a los conventos. Las nuevas situaciones que viven las comunidades de vida consagrada y las personas consagradas, en relación con el uso de los medios de comunicación influyen en su calidad. La vida consagrada puede ser embellecida o afeada por los medios de comunicación.

Es difícil, y no es el propósito de este pequeño artículo, establecer normas de uso para los medios de comunicación por parte de las personas consagradas y las comunidades. El Magisterio de la Iglesia nos exhorta constantemente a utilizar los medios de comunicación para transmitir el evangelio, la buena nueva. Es verdad, algo se está haciendo, aunque falta mucho por hacer. No basta conocer la técnica de uso de los medios de comunicación, es necesario arriesgarse para promover con más fuerza la evangelización, la promoción del apostolado, de las vocaciones, hasta llegar incluso a permear la cultura actual de los valores propios del evangelio.

Los superiores y los formadores deberán hacer un análisis sereno y profundo para confrontar el uso actual que se está dando a los medios de comunicación en comunidad con las propias Constituciones, el reglamento, los decretos capitulares. Es verdad como hemos dicho, no se trata de regular todo, pero se trata sin embargo de dejar unos principios claros para el uso en forma tal de evitar el abuso que puede llevar a consecuencias lamentables y tristes para la calidad de la vida consagrada, ya sea en lo particular o en lo comunitario. No se puede aceptar todo en base a que la vida consagrada debe modernizarse y aprender a usar los medios de comunicación. Hay que distinguir siempre entre lo esencial en la vida consagrada y lo accesorio. Bastaría con que cada superior o formador tuviera siempre en mente lo dicho por el Código de Derecho Canónico en el canon 666: “Debe observarse la necesaria discreción en el uso de los medios de comunicación social, y se evitará lo que pueda ser nocivo para la propia vocación o peligroso para la castidad de una persona consagrada.”



NOTAS
1 Franc Rodé, La spinta che la Chiesa si attende della vita consacrata, in Duc in altum! Vita consacrata: il primo decennio, a cura di German Sánchez Griese (ed), Edizioni Art, Roma 2006, pp. 87 – 101.

 

 

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