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Intercambio: la forma relativa del valor.
Intercambio: la forma relativa del valor.
En la primera sección hemos visto como Simmel ve nacer al valor económico a partir del valor objetivo entendido como objetivación de un hecho psicológico, es decir, gracias al distanciamiento entre el "yo gozante" y el "objeto deseado".


Por: Andreas Boehmler | Fuente: www.arbil.org




El valor como precio
En la segunda sección del primer capítulo de la parte analítica de su "Filosofía del dinero" Simmel investiga la forma propia de ‘interacción’ para la constitución de la economía.

En la primera sección hemos visto como Simmel ve nacer al valor económico a partir del valor objetivo entendido como objetivación de un hecho psicológico, es decir, gracias al distanciamiento entre el "yo gozante" y el "objeto deseado". Ahora bien, el intercambio es aquella forma de interacción que eleva el objeto o cosa a una dimensión valorativa distinta a la puramente subjetiva. En el intercambio las cosas expresan su valor mutuamente, es decir una cosa por la otra. En el intercambio se constituye el valor económico, y ese valor será el precio. Este precio, en un primer momento de su desarrollo histórico, se ha visto sujeto a una autoridad social, para dar lugar sucesivamente a una concepción objetiva o cósica. Tenemos que seguir los análisis simmelianos sobre la génesis del valor económico en el intercambio, para entender luego cómo el dinero ha llegado a ser la expresión más pura y culminación del valor económico.

Ahora bien, los deseos de los sujetos se expresan de modo eficiente, económicamente, sólo con y en la cosa que se entrega en intercambio por la cosa deseada. Así que, en el intercambio la intensidad desiderativa se expresa sólo objetivamente, es decir, por el bien entregado. En otros términos, "la relatividad de la determinación de los valores significa su objetivación". Y este carácter recíproco hace que en nuestra conciencia (34) se produzca el efecto por el cual se atribuye el valor a las cosas mismas. En Simmel, el valor objetivo, sin embargo, no es ésto sino un "tertium quid" de carácter metafísico: "(La) categoría en la que resumimos el juicio de valor objetivo, al que (llamo)... metafísico, es una exigencia que se desarrolla entre nosotros y las cosas y que requiere realizar un juicio determinado, cuyo contenido, por otro lado, no reside en las cosas mismas". El valor económico surge, por tanto, no de una simple relación entre un sujeto y el objeto sino de una relación entre dos sujetos que quieren intercambiar algo: "No es el deseo tan solo el que otorga al objeto su valor práctico y eficaz, sino el deseo de otro".

En el intercambio se hace patente, por consiguiente, que la economía misma se fundamente en una "abstracción real" de la realidad global de valoraciones; la abstracción es la relación recíproca del intercambio. Este es la realización histórico-económica de la relatividad. El intercambio económico para Simmel es el "universalconcreto" práctico: es una "abstracción real", en contraposición a la abstracción entendida meramente como operación intelectual.

La esencia del intercambio, contrariamente al robo o regalo, "presupone una medición objetiva de valoraciones subjetivas, pero no en el sentido de una anticipación temporal, sino en el de que ambas coxisten en el mismo acto". Pues, la valoración en el intercambio, sistemáticamente considerada, no es procesual subjetiva sino actual objetiva.

Evidentemente, para Simmel, el intercambio es, al mismo tiempo, la más pura y más elevada acción recíproca. Cada acción recíproca, sin embargo, ha de considerarse como un intercambio. Por tanto, así como el relacionarse en general tiene su fin en el enriquecimiento, también el intercambio apunta a incrementar los estados respectivos anteriores. Por esto la tradición clásica entendió también que el hombre no es mero individuo sino que es esencialmente social.


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