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¿Hacia dónde va la vida consagrada femenina?
Este artículo presenta una corta reflexión acerca del presente de la vida religiosa femenina


Por: Germán Sánchez | Fuente: Catholic.net



Era una tarde de invierno. Si bien se acercaba la primavera, el frío se empeñaba aún en permanecer entre nosotros. Aproveché los últimos minutos de la tarde para leer un poco el periódico, cuando en sus últimas páginas un anuncio de un coche deportivo llamó poderosamente mi atención. No fue ciertamente la buena fotografía del auto sino la frase escrita al lado la que me hizo reflexionar. “No sabes a dónde ir, pero ya tienes todo para llegar”.

Lo que importa en la vida no es el punto de llegada, sino estar bien equipado para caminar por estos mundos de Dios. Si bien esta reflexión la aplicaban los publicistas a la marca del auto que querían vender, ¿no podría ser éste el resultado de la vida consagrada femenina del Post-concilio? ¿Exagero? Bueno, en este pequeño artículo trataré de demostrar con hechos de que mi afirmación no cae en el esquema de las exageraciones sino que es un fiel retrato de la realidad, y como dicen algunos, cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia. Hoy por hoy, la vida religiosa femenina cuenta con medios, propuestas, programas y un sinfín de medios, pero ¿sabe hacia dónde se dirige?

Es difícil hacer un retrato de la vida religiosa en nuestros tiempos. Para estudiar adecuadamente el tema sería necesario dedicar no sólo un artículo, sino libros enteros para “fotografiar” el estado de la vida religiosa femenina y así saber hacia dónde se dirige. Tendríamos que echar mano de la historia para saber de dónde viene la vida consagrada femenina y estudiar la evolución que ha sufrido, especialmente después del Concilio. Comprender, por ejemplo el proceso de cambio que ha supuesto para muchas congregaciones e Instituto religiosos el haber pasado de una realidad parroquial al marco de una realidad universal, al recordar como muchos de ellos han pasado en menos de un siglo de una realidad local (la parroquia) a una realidad misional, especialmente después del llamado “ad gentes” de su santidad Pablo VI.

Necesitaríamos recurrir a la espiritualidad para conocer los diferentes movimientos que el Espíritu ha engendrado a partir del Vaticano II y así entender el porqué de nuevas espiritualidades surgidas en el interior de cada Congregación: las nuevas formas de oración, las expresiones litúrgicas, las reuniones de comunidad para la animación espiritual, etc.

Y por sí esto fuera poco, tendríamos que echar mano de la pastoral para comprender la gran riqueza de apostolados hoy por hoy desarrollados por las Congregaciones femeninas, desde los más conocidos como el servicio en las parroquias, los hospitales, las escuelas, hasta aquellos que llegan a permear diversos organismos de derechos humanos y de trabajo por la justicia, la paz y los derechos de la mujer.

Tendríamos que estudiar mucho, analizar aún más y aceptar el hecho irrefutable del cambio que han sufrido las congregaciones religiosas femeninas a partir del Concilio Vaticano II.

No podemos en unas cuantas líneas “fotografiar” el estado del mundo religioso femenino, ni sería éste el fin del artículo. En cambio, podemos indicar aquellos datos más relevantes que nos ayudarán a entender la situación de la vida religiosa femenina.

 

 

 

 



 

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