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Pacto ético comercial
Pacto ético comercial
Mario Ramos-Reyes, de la Asociación de Empresarios Cristianos de Paraguay (ADEC) habla de la necesidad de contar con un Pacto Ético entre empresarios revelando su conciencia orientada al bien común.


Por: Mario Ramos-Reyes Ph-D | Fuente: Adec.org.py



La propuesta reciente de las Cámaras Paraguayo-Americana y de Anunciantes, sobre la necesidad de contar con un Pacto Ético entre empresarios, revela una conciencia de bien común que no debe subestimarse. La iniciativa es loable no solo desde el punto de vista ético sino desde el económico, y reafirma lo que habíamos entrevisto la semana anterior; la validez de la pretensión de que, el ser ético, es lucrativo. Ni ángel ni diablo, la recompensa material forma parte de la motivación humana. Pero reflexionemos más de cerca algunas de las condiciones establecidas por el pacto.

Consideremos el aspecto comunitario primero. Aquí los firmantes acuerdan el respeto a un código interno de valores de honestidad, integridad, solidaridad, lealtad etc. Esta promesa sugiere, desde el punto de vista ético, dos inferencias. Por un lado, la tesis de que las virtudes públicas se fundamentan en virtudes privadas; lo que no debe extrañar, pues ciudadanos honestos, sinceros, leales a su empresa, probablemente generarán una cultura pública ética conforme a dichas cualidades privadas.

Por otro lado, la promesa permite inferir que la afirmación contraria es improbable; esto es, que el mero establecimiento de una normativa –orden legal público- generaría un comportamiento ético privado. Lo del cambio de estructuras primero, y que luego seremos buenos, deviene ilusorio. Nadie adquiere integridad ni es solidario porque la ley así lo obligue. La ley, con demasiada frecuencia, solo intenta blanquear sepulcros. El cambio viene del individuo primero, y luego se desliza hacia la sociedad y no a la inversa.

Consideremos ahora el aspecto empresarial. El pacto afirma el compromiso de cumplir con leyes y reglamentaciones que regulan el funcionamiento de las empresas, estableciendo buenas condiciones de trabajo, salud y seguridad para los trabajadores.

La implicación económica aquí aparece evidente. Primero está la seriedad organizativa, la misión de una empresa como condición necesaria para la oferta y aceptación del producto. Una familia empresarial que no está a gusto, no es feliz -diríamos en ética-, posee más excusas para producir menos y de menor calidad que una que lo está.

En segundo lugar, y relacionado con ese sentido de familia empresarial “feliz,” está la percepción del consumidor o cliente que desde afuera siente la funcionalidad o nivel de conflictividad dentro del negocio. Lo que indica que la productividad aumenta en igual proporción al grado de armonía al interior de la empresa. No es suficiente el ser una organización sin conflictos, sino ser percibidos, aparecer como tal.

No obstante, ambos aspectos, el comunitario y el empresarial, son apenas dos de los varios enunciados en el pacto; así el respeto al medio ambiente y a los competidores, etc. también se incluyen. Finalmente, cabe reparar que, además de la importancia de la iniciativa del pacto comercial, dos factores son vitales. El primer factor es el hecho mismo de ser un pacto, esto es, el de ser un camino más que una meta ya lograda.

Es que pacto es una alianza entre las partes contra lo contrario, el enemigo; en este caso, lo anti-ético, la cultura de la corrupción. Y como tal, es apenas un camino; es el ponerse de acuerdo sobre una serie de principios que poco a poco se van a ir implementando entre los miembros. Nadie se adhiere a un pacto porque se es ya ético, sino que se compromete a cumplir –con la ayuda de los otros-, lo establecido.

El segundo factor es el del valor tangible de la reputación, de la credibilidad, de lo ético. Las empresas no pueden prosperar si no generan una cultura propia que las hace creíbles, de buena reputación para ellas mismas, con sus empleados, y con la sociedad como tal. A mejor reputación, mayor rentabilidad, mejor retorno en las ganancias y ventas. La ética es así lucrativa, tangible.
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