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¿Vida consagrada en crisis?
La vida consagrada femenina vive una crisis en este inicio de siglo.


Por: Germán Sánchez | Fuente: Catholic.net



De alguna forma se ha venido fijando la idea de que la vida consagrada está en crisis y su consecuencia más directa es la falta de vocaciones. Punto. Argumento cerrado. Pero, nos hemos planteado con valentía la pregunta: ¿en verdad la vida religiosa está en crisis? Afirmar que la vida religiosa está en crisis sólo porque observamos un descender casi en picada de las vocaciones consagradas, porque no vemos a las religiosas vibrar con su estado de vida, o porque el mundo secularizado no reclama ya la presencia de las almas consagradas es no ir a lo esencial y quedarnos en la superficialidad.

Se da por supuesto que la vida consagrada está en crisis y se piensa que para sacarla de esa crisis es necesario una transformación, una adaptación total a los tiempos modernos. Y de ahí la necesidad de re-valorar, re-visar- re-interpretar, re-adaptar la vida consagrada a nuestros tiempos.

Dos son las circunstancias que más hacen pensar en la crisis de la vida consagrada: la caída de las vocaciones y el mundo secularizado en el que estamos viviendo. Son dos hechos que no podemos negar. Si los conventos se vacía, si no hay vocaciones que lleguen a las puertas de los Institutos religiosos, si la vida consagrada ya no tiene nada que hacer o decir en nuestro mundo secularizado, ¿no será que la vida religiosa está en crisis y por ello debemos cambiarla, aggionarla, secularizarla? Pero, ¿por qué se establece tan fácilmente el puente causa - consecuencia entre crisis de la vida consagrada y estos dos hechos? ¿No estaremos tomando la consecuencia por la causa y la causa por la consecuencia? ¿La falta de vocaciones es consecuencia de la vida religiosa en crisis? ¿O la crisis de la vida religiosa -que ya no se llamaría crisis, sino falta de identidad, falta de vivencia, falta de amor, arrojo y valentía en la vivencia de las promesas evangélicas- es causa de la falta de vocaciones?

Se ha dicho y escrito tanto sobre la pastoral vocacional en los últimos tiempos. "Para facilitar el camino de la vocación se ha contemporizado con concesiones facilonas: atenuación de cierto rigor de vida, permisividad demasiado tolerante en los métodos formativos, descontrol en una zona demasiado amplia, con el pretexto de afirmación personal y un mal entendido secularismo que no han permitido comunicar un dinamismo coherente a la propia consagración".1

Si la vida consagrada ha sido querida por Cristo y por la Iglesia para ser una presencia viva de las realidades sobrenaturales y así alumbrar las realidades terrenas2, ¿no tendremos que buscar la causa de la crisis -dando aún por supuesto que exista la crisis- en la vivencia de la vida consagrada?

No podemos seguir pensando que la falta de vocaciones se debe a una crisis en la vida religiosa y por lo tanto debemos adaptar la vida religiosa Al mundo en el que vivimos. Debemos más bien pensar en qué tan fieles estamos siendo a la vivencia de la vida consagrada, de acuerdo a como la entiende Cristo, la Iglesia, nuestro Fundador o Fundadora.

Una pieza fundamental den este nuevo tipo de revisión es el carisma de la congregación. Se piensa que si las cosas no van bien, se debe en parte a que el carisma ha quedado obsoleto, pasado de moda. Se piensa que el Fundador o la Fundadora, por mucha iluminación recibida del Espíritu Santo, no pudo prever esta nueva crisis que sufre la Iglesia. No se niega la parte espiritual del carisma, pero se pone en disyuntiva su eficacia humana en los tiempos actuales, tiempos, así llamados "de crisis". Una solución sería de la adaptar el carisma a los tiempos actuales, redimensionarlo, vigorizarlo y adaptarlo a los nuevos tiempos. ¿No fue esta la propuesta del Concilio Vaticano II?
De esta forma asistimos al lanzamiento de procesos para entender al carisma desde la perspectiva de nuestros tiempos. Hay que re-crear el carisma. Y desde esta prospectiva de re-creación se revisa todo en la vida consagrada del Instituto: las Constituciones, la regla de vida, el directorio, el apostolado específico... dando como resultado un carisma podemos decir light adaptado demasiado a las circunstancias actuales, perdiendo su vigor y su originalidad primaria.

Olvidamos lo que ha dicho Pablo VI: "Los Institutos religiosos florecerán y tendrán vigor mientras permanezca y aliente en ellos el espíritu del Fundador". Y por ello, cuando se vive una caricatura del carisma originario, los jóvenes no se sienten atraídos por lo que por sí mismo no puede atraer.

Volviendo al segundo aspecto de los que algunos consideran la crisis de la vida religiosa podemos decir que el adaptarse a la vida secular ha sufrido un proceso en forma inversa a lo que siempre ha sido la vida religiosa. Si ésta debe pre-anunciar las realidades sobrenaturales, iluminando las realidades terrenas siempre con esa mirada puesta en un horizonte "que no es de este mundo", ¿qué se puede esperar de dicha vida religiosa cuando sus horizontes no están más lejos que los horizontes materiales de todas las personas? El joven de nuestro mundo secularizado es un joven que no vive de valores trascendentes. Inmerso en la superficialidad de lo pasajero, vive de lo que se le presenta "hic et nunc" que pueda satisfacer en forma rápida y segura su felicidad pasajera: vive de los sentidos, del placer, de lo fugaz y de lo momentáneo. Sin embargo, por su naturaleza humana, no puede olvidar que está creado para los valores perennes. Quizás ni él mismo lo sabe, no es consciente de ello, pero intuye, a través de diversas crisis -y esas sí son verdaderas crisis- que la felicidad no se encuentra en donde lo lleva el mundo del materialismo, la droga, el sexo, el alcohol o todas esos pseudos que quieren darle la felicidad. Y al ver a una persona que vive con coherencia y radicalidad unos valores trascendentes, buenos o malos, se siente atraído. ¿Quiénes son los que realizan los actos terroristas? ¿Quiénes son los que se ofrecen como kamikazes en las recientes guerras? ¿Ancianos de 70 años o jóvenes en la flor de la vida? Una persona que vive un valor con radicalidad y coherencia, atrae.

Cuando una religiosa vive con elegancia, coherencia y radicalidad su vida consagrada, esa persona sin duda alguna atrae, porque el joven, que no vive y que no le han enseñado a vivir con coherencia y radicalidad los valores se pregunta espontáneamente el porqué de esa vida. Y como prueba están los conventos de clausura y algunas órdenes religiosas de vida activa que no han sufrido "la baja de las vocaciones".

NOTAS

1 Francesco Berra. Venid y veréis. Ed. Rogate, Roma, 1996.
2 Catecismo de la Iglesia Católica n. 916: "En la vida consagrada, los fieles de Cristo se proponen, bajo la moción del Espíritu Santo, seguir a Cristo más cerca, donarse a Dios amado sobre todas las cosas, y tendiendo a la perfección de la caridad, al servicio del Reino, significando y anunciando en la Iglesia la gloria del mundo futuro.






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