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Donde se estrellan los inmigrantes

Los muros de la muerte
Los obispos de la Provincia Eclesiástica de Sevilla denuncian ´´los sistemas económicos injustos´´ y condenan la actividad de las mafias


Por:  Joan Miquel Corbí |




Los obispos de la Provincia Eclesiástica de Sevilla denuncian ´´los sistemas económicos injustos´´ y condenan la actividad de las mafias

 

2003: EL CONTADOR DE LA VERGÜENZA

INMIGRANTES MUERTOS
INTENTANDO LLEGAR A ESPAÑA
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Muchas voces de la Iglesia católica y de entidades cívicas se han manifestado estos días con especial intensidad en defensa de los inmigrantes que intentan llegar A Europa, particularmente por el Estrecho de Gibraltar. Son personas humanas que, si intentan cruzar el peligroso mar que separa África del viejo continente, no es por placer o porque quieran cambiar de aires, sino por una necesidad vital. Efectivamente, se juegan la vida, y así se ha visto estas últimas semanas con la muerte de unos 40 seres humanos en un intento alimentado por las mafias y poco afrontado por los responsables políticos tanto de los países de origen de estos inmigrantes como de los que tienen la posibilidad de acogerlos. Los obispos andaluces de la Provincia Eclesiástica de Sevilla, una zona especialmente conmovida por los últimos naufragios de pateras, han hecho público recientemente un comunicado en el que lamentan que esta realidad "es una horrible muestra más de un grave problema humano y social", y piden que se superen estos ´´ muros de la muerte ´´.

El escrito episcopal conjunto de un grupo de obispos del sur de España se une, de hecho, a la misiva publicada poco antes por el obispo de Asidonia-Jerez, Juan del Río, que expresa su dolor por las muertes del viernes 31 de octubre y pide "a todos los cristianos y a los hombres y mujeres de buena voluntad que no sean insensibles ante la gran tragedia que está suponiendo el paso de inmigrantes por el Estrecho de Gibraltar". En la misma línea, recuerda que "estos cadáveres no son simple materia, sino los restos de unas personas sujetos de dignidad y de derechos inalienables. Los prelados andaluces, que también hacen suyas estas últimas palabras, subrayan que, ante el fenómeno de la inmigración, "la sociedad europea y sus instituciones deben encontrar formas de acogida y hospitalidad en las que todos tenemos que colaborar, y a través de las cuales se fomente el crecimiento de una cultura madura que tenga en cuenta la igual dignidad de cada persona y la obligada solidaridad que debemos a los más débiles".

Al mensaje de los titulares de las diócesis del sur, se ha sumado un llamamiento del arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, "a construir una cultura madura de la acogida donde se reconozcan para todo migrante los derechos fundamentales". También pide a los ciudadanos que "acepten con agrado el reto de la acogida a los inmigrantes" y que "no pierdan de vista el drama humano que rodea a las personas que, para salir de su miseria, se ven obligadas a abandonar su tierra y su familia". Sobre la importancia de una implicación social clara, recuerda que la Iglesia "no se cansa de pedir, no sólo a los políticos sino también a los intelectuales de toda condición, que desarrollen la creatividad para proponer formas nuevas y eficaces de solidaridad".

Andalucía Acoge, Justicia y Paz, Cáritas, Cruz Roja y muchas personas individualmente (sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos...) son sólo algunos de los nombres de este gran movimiento solidario que cada día ayuda a aquellos que intentan cruzar el Estrecho de Gibraltar, pero que también lamenta y condena las raíces de todo un drama humano ciertamente preocupante. Y es que la inmigración, más allá de las consideraciones sociales y políticas, pone ante nuestros ojos una nueva oportunidad de demostrar el valor universal y dinámico del amor cristiano.

Una nueva cultura del amor al inmigrante

El Papa Juan Pablo II y la Santa Sede también son sensibles a estas últimas muestras del fracaso humano que representa la muerte de inmigrantes en su intento de encontrar una vida mejor. El jueves 20 de noviembre, el Santo Padre hizo un llamamiento a promover "la dignidad del hombre, del emigrante y del refugiado", y animó a los estados a adherirse a la Convención Internacional para la Protección de los Derechos de los Trabajadores Emigrantes y sus Familias. En una nueva muestra de la presencia de la Iglesia en el mundo, el mensaje se hizo público en el marco del V Congreso Mundial para la Pastoral de los Emigrantes y Refugiados, que se ha celebrado estos días en Roma con la participación de más de 300 expertos y delegados de comunidades cristianas procedentes de 99 países. Entre otras cuestiones, la reunión sirvió para recordar que actualmente hay en el mundo 175 millones de emigrantes y 40 millones de refugiados y desplazados fuera de su país.

Por su parte, el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes prepara una instrucción en la que recoge las nuevas necesidades espirituales y pastorales de los emigrantes y refugiados, según anunció también Juan Pablo II. El escrito "presentará el fenómeno de la emigración como un medio para promover el diálogo, la paz y la proclamación del Evangelio", y también incluirá el llamamiento a "impulsar un programa pastoral abierto a nuevos desarrollos y siempre atento al deber que tienen los encargados de la pastoral de colaborar plenamente con la jerarquía local". El pontífice nos recuerda una idea que va dirigida sobre todo a los laicos cristianos, es decir a quienes actúan en la vida pública desde su fe: "Renovación pastoral no significa inventar un nuevo programa, porque el programa ya existe. Es el de siempre, el que está recogido por el Evangelio y la Tradición viva, el que se centra en el mismo Cristo" ( Novo Millennio Ineunte , 29).





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