Menu


No te fíes de tus buenas intenciones
No publicar liga del 6913


Por: Michael Ryan Grace | Fuente: Catholic.net




Normalmente nuestras intenciones son buenas y amamos a los nuestros. Confiando en esto, suponemos que las personas a nuestro alrededor se sienten bien, protegidas y felices y que, incluso, nos admiran por lo que hacemos. Sin embargo no es siempre así. Esto nos tiene que poner en guardia para saber lo que realmente están percibiendo y sintiendo. En el siguiente caso, una esposa tiene las mejores intenciones y, tal vez, es la mejor de las mujeres; sin embargo, su acción causa molesta a su esposo.

* Alojé en mi casa a mi hermano y a su mujer, mientras terminaban su casa. Mi esposa se quejó amargamente diciendo que me importaba más mi hermano que la intimidad de mi propio hogar.

Aunque no sea muy común, a veces las reacciones en estos "malentendidos" pueden ser muy violentas e, incluso, trágicas como es el caso de la carta que ponemos a continuación. Hay personas cuya sensibilidad es muy frágil o cuya psicología es débil y esto explica cómo pueden llegar a tener reacciones tan extremas. Por otro lado esperamos mucho de nuestro matrimonio o de nuestra familia y, por eso, los problemas se magnifican. Si un desconocido me hiere con un insulto, seguramente el efecto pasará después de un poco de tiempo. Pero cuando es un hermano, un esposo, un hijo el efecto será mucho más doloroso. Así también cuando percibimos disgusto, desazón, frialdad, alejamiento, nos duele mucho. El texto que sigue a continuación es la carta de un hijo adolescente a su padre. Es sólo un ejemplo de cómo no es suficiente tener la buena intención de amar a los suyos. De nuevo, hay que estar atentos a las posibles interferencias.

Papá: Me cuesta mucho trabajo poder escribirte esta carta, pero en fin... Me gustaría poder decirte lo que yo siento, pero la verdad no me atrevo. No te tengo mucha confianza y es lo que más me duele.

No existe nadie en este mundo a quien más quiera. Pero te siento tan lejos. Nos llevamos bien, compartimos algunas actividades juntos y sé que tú tratas de hacernos felices, pero... nos falta, no sé cómo expresarlo, "intimidar" ,ser más amigos, en fin varias cosas, para llevarnos y conocernos mejor.

Veo el tiempo y el esfuerzo que tú dedicas a tu trabajo y te admiro por eso, pero creo sinceramente que lo haces más por tu orgullo y prestigio personal que por darnos lo necesario. Siento, papá, que la vida pasa tan rápido y me duele pensar el poco tiempo que hemos pasado juntos. Mi infancia ya pasó, papá. Y tú, ¿donde estuviste? Estuviste tan poco en ella. Por eso me da tanta rabia. ¿Dónde estabas tú cuando aprendí a conocer el mundo? ¿Dónde estaba tu mano cuando tuve miedo? ¿Dónde tu sonrisa cuando era feliz?

Todo era tu trabajo, tus problemas... “no me molestes”. Y es aquí cuando no entiendo para qué queréis tener hijos. ¿Para satisfacer vuestras ilusiones? ¿La continuación de tu apellido? ¿Para tener algo más que os pertenezca? No sé, papá, no sé.

Si tú supieras cuánto necesita un hijo tener un padre; y, por tener, me refiero a unos brazos que te aprieten fuerte y te digan “te quiero”, para saber que cuento contigo para todo, en lo bueno t en lo malo, que compartes mis éxitos y fracasos, que eres un amigo al que puedo contarle todo.

Cuando me siento inseguro con mis amigos, cuando no sé tratar a las niñas y finjo ser un súper reventado. Y no lo soy. Que tengo miedo a mi primera relación con una niña... en fin, papá tantas y tantas cosas que quisiera que tú fueras quien me las explicara y quien me guiara.

Lo que quiero es a ti, papá, y no un buen cheque. Sé que no me falta nada y tratas de darme gusto en todo. Pero yo cambiaría todo esto con tal de que fueras mi amigo. Un verdadero amigo, que me hagas sentir que soy "lo máximo". Pero sé que esto no te lo puedo decir porque sé que esto es demasiado cursi para el hijo de un padre tan importante como tú.

Tu hijo.

Yo espero no darte una idea falsa con todo esto. Sé que cuando un padre oye un caso como éste, la primera reacción es defensiva: “Está muy bien, pero hay que trabajar duro para dar a la familia lo que necesita”, "tal vez el papá no sabía dar calidad de tiempo", “el niño era hipersensible”. Todo esto puede ser verdad. Pero ahora sólo quiero recalcar que no debemos fijarnos sólo en nuestras buenas intenciones sino también en la situación objetiva y real del otro. sea cual fuera la causa. Otro caso puede ilustrar lo mismo. En él se puede apreciar cómo hay buenas intenciones por ambas partes o, al menos, no hay una mala intención de herir, y, sin embargo, no hay entendimiento.

* Al principio del matrimonio él dedicó gran parte de su tiempo en lograr un nivel económico alto para todos. Ella se dedicaba a formar a sus hijos pero todos los miembros de la familia empezaron a llevar una vida un poco independiente de él dado que casi nunca estaba. En un cierto momento él dejó el ritmo que llevaba y se dedicó a su familia. Pero su esposa e hijos continuaron sus actividades como antes, sin dedicarle mucho tiempo a él. Una noche la señora, como era su costumbre, llegó tarde después de una actividad social con amigas. Siguió discusión fuerte pues él se quejaba de la falta de atención.

Así es el mundo de los malentendidos. La mayoría de las personas casadas tienen buenas intenciones y normalmente no quieren hacer daño. Pero si quieren que sea realmente así es necesario que cuiden lo que comunican y lo que hacen sin querer. Hemos dicho desde el principio que el amor del matrimonio tiene que ser delicado y cuidar estas cosas es una expresión de esta delicadeza. ¡Me interesa lo que te pasa!
c) Detecta a tiempo las acumulaciones.

No todos los malentendidos tienen la misma importancia y no todos los consecuentes enfados tienen la misma gravedad para la relación. Hay problemas que son superficiales, momentáneos, esporádicos. No presentan mayor problema. También depende de las parejas: lo que es muy molesto para unas no lo es para otras.

* La mujer preparó una cena con mucho detalle. El hombre no hizo un solo comentario al respecto y esto bastó para que la mujer olvidara por completo el plan y se puso a reprocharlo. El, a su vez, se quejó: “después de un día tan pesado, cómo es posible que, a parte, tenga que fijarme en esas cosas”.

¿Qué te parece la siguiente reacción a unas palabras dichas con toda la inocencia del mundo?:

* Fue una mañana de domingo. Los niños se despertaron a las 6.00 a.m. (como siempre) y yo me levanté con ellos. Los bañé, los vestí, les preparé y les di el desayuno, cambié pañales. Después, hice el desayuno para mi marido que se levantó a las 9.00, se bañó, comió y a las 9.30 cuando yo estaba todavía en bata y lavando los platos me dijo: “Vamos al club; ¿ya estás lista?” Estas palabras me hicieron explotar.

Lo peligroso es cuando alguno de los esposos vive con un sentimiento negativo. Entonces la situación molesta se prolonga sin poner ningún remedio, sin darle desahogo propiciando, así, la acumulación de sentimientos que pueden, luego, explotar. Es como si se abriera una grieta y se formara un "gotera" a través de la cual, poco a poco, el vaso se va llenando. El problema no es la última gota sino la gotera permanente. Recordemos, de nuevo, que no es la montaña lo que cansa, sino la piedrecilla en el zapato. La piedrecilla, a la larga, hace sangre. La gota, a la larga, derrama el vaso.

* Desafortunadamente, para mi esposa todas las actividades que emprendo son motivo de crítica y de quejas.
* La última gota que derramó el vaso fue la misma de siempre: no aceptar mi forma de actuar. En los primeros años yo aceptaba esta manera de reaccionar con paciencia, luego con enfados. Después con tristeza y, al final...¡una gran tormenta!.

En los siguientes casos vemos cómo, por hechos insignificante, se fue provocando -tal vez sin darse cuenta- un potencial negativo que después hizo mucho daño.

* Ella era una mujer extremadamente ordenada y él dejaba regado todo a su paso, un verdadero desorden. Un día dejó la pasta sin tapón y ese fue el motivo que provocó el pleito donde se insultaron y se hirieron demasiado, llevándolos a la separación.

* Creo que la gota más grande que he visto pasar por mi vida es un aparato que se llama TV. ¡Qué cosa tan estúpida! Pero nos estaba acarreando muchas situaciones molestas sobre todo por la falta de conversación los sábados y domingos. Al marido no le interesaba otra cosa más que el tenis o el fútbol. Lógicamente uno se hace esta pregunta: ¿por qué él se refugia en la Televisión? Cuando le hice esta pregunta a él, fue la gota que derramó el vaso y siguió una fuerte discusión.

Aquí se aprecia claramente cómo se desarrolla el proceso negativo. La esposa acumula por su lado: siente molestia a lo largo del tiempo y va "interpretando" el fenómeno de su esposo; luego, hace una pregunta en un momento inoportuno. Por otra parte, el marido seguramente había acumulado también algo de sentimiento negativo. Tal vez no se sentía tan inocente al darse a la televisión todas las semanas o, tal vez, tenía algún otro resentimiento con su esposa.

Otros ejemplos confirman este proceso:

* “Esta casa es un desastre”. Esta frase fue la gota que derramó el vaso de frustración, inseguridad y del sentimiento de no hacer nunca nada como él quería, pues siempre podrían haber estado mejor.

* Había un matrimonio que, hacia fuera, se llevaba muy bien, pero, en casa, tenía problemas por el pésimo carácter y el negativismo del esposo. La esposa aguantaba estoicamente malos modos, cubetas de agua fría, etc. hasta el día en que se enteró de que el marido había hablado mal de ella a un amigo común.

Aquí, tal vez, el marido se excusaría diciendo que lo que dijo no tenía importancia, etc. Podría creer que el problema se reducía al único acto de haber hablado con el amigo. Pero no es así: el vaso había estado llenándose durante mucho tiempo. El caso también ilustra cómo los esposos pueden no conocerse realmente. Una parte puede creer que todo va bastante bien y, al mismo tiempo, se está acumulando pólvora por donde menos se sospecha. Esto sucede por no hablar las cosas.

Estas acumulaciones se hacen por falta de comunicación. ¿Por qué no se hablan las cosas a tiempo, de manera tranquila y no en el último momento de forma explosiva y destructiva? Veremos después que es normalmente por miedo. Basta ahora insistir en la necesidad de la comunicación cuando se dan estas situaciones. Por un lado, hay que ser conscientes de que nuestro esposo/a no es mago, ni tiene una bolita de cristal donde mira y ve lo que está pasando dentro de nosotros. Es necesario hablar, comunicarse. Luego hay que buscar el clima adecuado, la forma constructiva y oportuna.

A medida que un matrimonio avanza en la vida van descubriendo ciertos temas o situaciones que son problemáticos. Pueden existir una serie de tópicos, que cuando se tocan, la discusión está casi asegurada. Discusiones que no llegan ya a nada porque se atascan al igual que una rueda que gira y gira en el lodo. Ya no se mueve ni hacia delante ni hacia atrás, sino que tira lodo hacia todas partes. Sería mejor detectar esos focos problemáticos antes de casarse y tomar las precauciones necesarias. De todos modos, con un poco de calma y de objetividad, se puede llegar a conclusiones aceptables. A continuación veamos algunas discusiones de este tipo (¡todas sobre la familia política!) y tratemos de preguntarnos qué hacer para evitar la acumulación de sentimientos negativos en casos semejantes.

* Sabiendo que hablar mal de mi familia siempre nos ha ocasionado problemas, volvió a hacerlo. Se armó una grande.

* Para mí la última gota que derramó el vaso fue cuando después de varias discusiones sobre el tema de las familias políticas me sale con que había organizado hacer un viaje de una semana y media con sus padres, cuando ya habíamos acordado no frecuentarles por una temporada razonable.

* Estábamos hablando sobre un problema relacionado con nuestra familia política (la de ella) y por enésima ocasión se cerró dando respuestas infantiles y absurdas y terminamos muy molestos y distantes.

Comentarios al autor





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |