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¿Qué significa ser solidario?
¿Qué significa ser solidario?
Arículo de Eduardo Armstrong que cuestiona: ¿Qué implica para el cristiano ser solidario?, ¿es una exigencia natural o creada socialmente?, ¿significa lo mismo que filantropía?, ¿cuál es la opción más humana?


Por: Eduardo Armstrong, miembro de la Unión Social de Empresarios Católicos -USEC- | Fuente: usec.cl



A la luz de las palabras, significa adherir o asociarse a una causa; ser responsable por las obligaciones contraídas entre personas. La palabra conlleva el sentido de solícito -poner en movimiento una acción-; de solidus -verdadero, perfecto, total-; de solidatus -consolidado en ambos sentidos- y de solidationes -fundaciones o fundamentos-.

A la luz del Evangelio, ser solidario significa hacer propias las necesidades del otro; sentirse comprometido y actuar por el prójimo, soldando, haciendo una las necesidades o voluntades de dos o más personas. Para que se cumpla esta condición, es necesario primero que ambas partes se pongan en el lugar del otro, y en el extremo, se nieguen a sí mismos, al ser y actuar, por y para el otro, haciendo propia la situación ajena; y transformando así la relación en algo perfecto, pleno y verdadero, en función del amor y del plan de Dios. Vemos claramente que en el auténtico sentido cristiano, puede haber solidaridad sólo si la acción nace de la caridad, la cual le brinda los beneficios y plenitud de alcances que otorga el amor.

Ser solidario: Una exigencia natural.
De acuerdo al pensamiento cristiano, y por ser la verdadera solidaridad “hija” del amor, exige a la conciencia. Quien no dispone de plena conciencia de sus actos, difícilmente puede ser solidario, y lo que realiza es “una caricatura de la solidaridad” según las gráficas palabras del Padre Hurtado.

Por nacer de la sana conciencia, ella es una exigencia ética natural. Esto significa que no es posible acceder a una plenitud de vida -o lo que es lo mismo, a la realización personal-, si no se acepta a la solidaridad como a una parte integral de la personalidad humana. Ella no es un mero asunto de generosidad, con la cual se la suele confundir, sino de realismo y de conciencia ante las condiciones naturales de la existencia humana.

¿Es solidaria la filantropía?
La filantropía y la beneficencia son formas de actuar muy loables, necesarias y oportunas, pero esporádicas, y donde los alcances del compromiso adquirido son siempre limitados a la voluntad del benefactor y no del necesitado. La filantropía y la beneficencia conllevan una forma positiva de actuar, más, frecuentemente, se manifiestan con aires de superioridad y un tanto egocéntricas. Implican una actitud de “sentirse bueno”, la cual es contraria a la realidad que debe imperar en un católico, quien, consciente de su realidad de pecador, debe actuar frente a los recursos de su propiedad con justicia, como un administrador de bienes cuya función es principalmente social; se debe al prójimo... y no a la inversa. Ser católico nunca ha sido lo mismo que decirse católico; ser miembro de la Iglesia de Cristo y decirse cristiano por una filiación y el cumplimiento de algunas normas elementales, dista mucho de ser un auténtico cristiano. Y el mundo necesita cristianos, necesita católicos auténticos; y evangelizar prioritariamente a aquellos que dicen serlo y no lo son, ya que causan gran confusión y mayores daños al Reino de Dios.

Es indispensable aclarar que la filantropía y la beneficencia son bienes necesarios y dignos de mérito, pero no por ello se las debe confundir con ser solidario, una acción pura y plena en sí misma, que conlleva la idea de permanencia, de constancia, de compromiso infinito... de hacer todo lo posible y que esté a nuestro alcance para atender las necesidades de otro, como propias; lo cual únicamente se puede ver y comprender a la luz del amor de Dios.

La opción humana: Despertar espíritus solidarios.

Habitualmente estamos enfrentados a diversas campañas de “solidaridad” y a sus esfuerzos publicitarios por parte de nuestra sociedad; Iniciativas estas, que son extremadamente necesarias y deben ser atendidas a cada momento, pero tengamos claro que jamás ellas serán una solución definitiva, plena, efectiva y eficiente, para quienes son su objetivo. Necesitamos con urgencia hacer comprender a todos los miembros de nuestra sociedad, que la solidaridad está ligada al grado de conciencia que tengamos sobre la vida misma. No es un asunto de los poderosos, autoridades, empresarios, adinerados, etc., prueba de lo cual es que el poder cambia continuamente de manos, y las formas de actuar son muy similares frente a circunstancias similares. Esto es un asunto de cultura social y de humana conciencia social, lo que debe ser atendido a todos los niveles de la sociedad.

La solidaridad es mucho más que “sentirse bueno” o “sentirse mejor” por alguna acción puntual, se refiere a un aspecto esencial del ser auténtico, de ser uno mismo, de aceptar nuestra identidad y realidad donde ninguno de nosotros “es”, sino en la medida de nuestra relación de compromiso con los demás. Nadie puede ser -comprendido como identificarse a sí mismo frente a la existencia-, sin previamente haber adquirido la conciencia de lo único auténticamente propio que disponemos: nuestra libre voluntad y capacidad de amar, de darnos a otros seres por otros seres, de identificar e interpretar sus necesidades como propias, y atenderlos con la urgencia, perseverancia y la dedicación que otorgamos a las propias necesidades.

Mientras no comprendamos que sólo en el prójimo podemos ver el reflejo de nuestra verdadera identidad, jamás aprenderemos el sentido de la solidaridad, del compartir, o de la compasión; y así, mientras permanezcamos en este mundo, jamás será posible que comprendamos el maravilloso significado de la Voluntad de Dios y el prolífico sentido de la auténtica misericordia.

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