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Puede necesitar ajustes
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Por: Ángel Espinosa de los Monteros | Fuente: Este artículo es parte del libro "El anillo es para siempre" de Ángel Espinosa de los Monteros




19.PUEDE NECESITAR AJUSTES

Con el paso del tiempo, cambiamos físicamente, aunque no quisiéramos. Crecemos. Puede ser que el anillo necesite que lo ajusten, sea para recortarlo, sea para ensancharlo. Nuevamente símbolo y señal de que tu matrimonio también necesita ajustes.

Hay señoras que tienden a enflacar –no todas- y algunas otras a engordar. Las primeras corren el riesgo de que se les salga el anillo, a las segundas les aprieta o molesta. También los señores por alguna enfermedad se hinchan o adelgazan, y el anillo molesta o corre peligro de caerse. Incluso por el simple envejecimiento, el anillo como que se les juega un poco en el dedo.

No cabe duda. Los anillos suelen necesitar ajustes. Se mandan a ensanchar o a cortar. Requieren un baño de oro, una limpieza a fondo o una buena pulida, porque ya se han perdido hasta las “letritas”.

Quizá alguno necesita que se vuelvan a grabar en él, el nombre y la fecha del matrimonio. Algunos tendrán daños más serios, como una rotura por algún accidente, o un abollón, debido a un golpe. Es un gesto de amor el tener el anillo siempre puesto, y siempre como nuevo, pues los esposos no se harían a la idea de quitárselo así sin más, porque causa alguna molestia o porque ya no se lee la fecha.

Necesitamos estos ajustes y renovaciones. Todo matrimonio necesita ser constantemente pulido, limpiado de las adherencias que se le van pegando con el tiempo. Adherencias como la falta de diálogo con el cónyuge y el exceso de tiempo dedicado a los soliloquios de la televisión.

Manchas como el trato carente de la delicadeza y finura que lo hacían lucir al inicio más brillante. Suciedades, en fin. Cada uno sabe cuáles son. Cada quien sabe si su matrimonio actualmente tiene varias hendiduras por una serie de “golpes” dignos de consideración a lo largo de la vida.

Y ¿cuál va a ser esa reparación, o ese baño de oro que tanto necesita tu matrimonio? Hoy vivimos unas circunstancia histórica muy favorable. En cualquier parroquia o grupo de espiritualidad, se imparten renovaciones matrimoniales en donde te ayudan a descubrir, primero, si tu matrimonio necesita una simple limpieza, una pulida más a fondo, o literalmente una reconstrucción.

¡Con qué cara entran las parejas a las jornadas de renovación, y cómo salen! Es un espectáculo digno de verse.

Y no es que necesariamente vengan muy mal. Es que nos acostumbramos a creer que estamos muy bien, como se torna rutinario el ver el abollón o la mancha o la falta de brillo en el anillo. “Es natural”. “Ya está viejo”.

Renovarse es abrir los ojos a nuevos horizontes. Es descubrir un sin fin de posibilidades nuevas que enriquecen la unión. Es proyectar el amor a una calidad de vida insospechada.

Una manera simple, ordinaria, de renovarse diariamente es, ser amable, hacerse amable, volverse continuamente amable. Cuando la pareja no se está esforzando por crecer constantemente en el amor, por ser más amable, más incluso que antes, sin poner excusas, pronto se terminará todo lo interior. Posiblemente lo externo continúa porque no es fácil destruir lo que se ha edificado en toda una vida: hijos, amistades, bienes materiales... pero se puede decir que los corazones ya están divorciados.

A veces se escuchan expresiones como éstas: “Ya no esperes más de mí pues ya estoy viejo”, “mira, yo ya estoy cansada”.

Qué triste llegar a la edad avanzada y que no estén contentos porque ambos han dejado de ofrecerse lo mejor de ellos mismos. Ser amable, hacerse amable, volverse continuamente amable. Ahí está el secreto para que tu matrimonio siempre esté fresco, como si fuera de hoy, “como cuando éramos novios”.

Una buena renovación matrimonial puede ser el mejor corrector de las desviaciones que haya, así como el mejor detector de cánceres que en el futuro brotarían ya como irremediables.

Un amigo solía decir que durante los primeros quince años de casados, organizaba renovaciones matrimoniales. En cambio, después de quince años, ya eran más bien resignaciones matrimoniales. Tú, no te resignes. Renuévate. No pierdas tiempo. No renovarse es el camino más rápido a la mediocridad en el amor conyugal. Y este virus de la mediocridad, muchos, lo tienen ya como inyectado.

Este artículo es parte del libro "El anillo es para siempre" de Ángel Espinosa de los Monteros

 

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