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Saber Escuchar
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Por: C. Morales Fuentes |




La relación de pareja está determinada por las diferencias entre el hombre y la mujer; éstas abarcan desde las biológicas, la influencia de los padres, la educación, el condicionamiento cultural por parte de la sociedad, por parte de los medios, por parte de la historia, etc. Y sin embargo esperamos que sean como nosotros, que quieran lo que nosotros queremos, que sientan como nosotros sentimos. Suponemos erróneamente que si nos aman, se comportarán de cierta forma.

Los hombres esperan que las mujeres piensen, se comuniquen y reaccionen como ellos.
Las mujeres esperan que los hombres sientan, se comuniquen y respondan en la forma en que lo hacen ellas.

Pero el amor no es mágico, las buenas intenciones no son suficientes. Tenemos que crecer en el amor, día a día, conociendo nuestras diferencias y trabajando en ellas.

El sentido de la personalidad del hombre se define a través de su capacidad de alcanzar resultados. Los hombres experimentan la realización fundamentalmente en el éxito y el logro. La autonomía en él, es símbolo de eficiencia, poder y competencia. El ser egocéntrico es muy necesario para cumplir su rol, por lo que el hecho de pedir ayuda cuando puede arreglárselas por sí mismo, es signo de debilidad. Pero si de verdad la necesita, el obtenerla es signo de sabiduría. Si un hombre habla de un problema, es porque quiere un consejo.

El sentido de la personalidad de la mujer se define a través de sus sentimientos y de la calidad de sus relaciones. Son intuitivas, se anticipan a las necesidades de los demás. Cuando las mujeres comparten sus problemas, no es para necesariamente buscar la solución. Compartir sus sentimientos personales es mucho más importante que alcanzar objetivos y éxito.
Las mujeres buscan las cosas que pueden mejorar; para los hombres, si algo funciona no hay por qué cambiarlo.
Para los hombres es muy importante probar que pueden alcanzar su objetivo por pequeño que sea.

Un ejemplo: una pareja va a algún lugar y se encuentran medio perdidos y a la esposa se le ocurre sugerir que se pare a preguntar...
¿Qué busca la mujer en este caso? Decir: “te quiero, me preocupo por ti y busco ayuda”.
¿Cómo lo interpreta el hombre? “Eres un incompetente, no puedes lograr ni siquiera llegar”.

Otro ejemplo: qué pasa cuando la esposa llega y se queja con el marido de la amiga, de la escuela, de su trabajo. El piensa que necesita una solución, porque para él, quejarse es pedir consejo. Ella solo quiere ser escuchada, largo tendido, desahogarse; no busca la solución y pone en tela de juicio la competencia del marido (“eso es lo que él cree...”).

Los hombres pueden invalidar los sentimientos de las mujeres con frases como:

·No deberías preocuparte tanto...
·No es tan grave...
·Por qué no lo dejas de hacer...
·¿Por qué dejas que te traten así? ¡Ya olvídalos!
·¡Claro que me preocupo por ti!
·Pero, ¿por qué exageras tanto?
·Si te molesta, ya no lo hago...
·Te debiste casar con alguien perfecto...
·Y entonces, ¿qué vas a hacer al respecto?

Las mujeres molestan a los hombres con comentarios aparentemente inofensivos:

·¡Cómo te vas a comprar eso! ¡Está horrible ese color!
·¿Cuándo vas a ir a la peluquería?
·¡Mira hay un buen lugar! ¡Estaciónate ahí!
·No deberías de trabajar tanto, ¡tómate la tarde!
·Por qué no hablas con tu jefe y le dices...
·Y si mejor llamamos al electricista...
·Pues lo siento por los niños que te esperaban con tanta ilusión...
·Por lo menos llámame para saber que no te pasa nada...
·¿Cuándo vas a llamar a tu mamá?

Los hombres se sienten mejor resolviendo problemas, que hablando de ellos y se concentran tanto en la resolución de una sola cosa, que pierden la conciencia del resto (fragmentado).

Las mujeres para resolverlos, se reúnen y hablan abiertamente de sus problemas, no necesariamente con prioridad de uno sobre otro.

Esperar que un hombre esté siempre en contacto con sus sentimientos afectuosos, es como esperar que los sentimientos de la mujer sean siempre racionales y lógicos. No hay mentes ni 100% masculinas ni 100% femeninas.

Los hombres se impacientan cuando la mujer habla de sus problemas con lujo de detalles y ellas gozan contándolos, no sólo del problema en cuestión, sino de todos aquéllos que vienen a su memoria.
A las mujeres les gusta el suspenso, los hombres quieren saber el final.
Así como las mujeres se muestran sensibles al sentirse rechazadas cuando no reciben atención, los hombres se muestran sensibles cuando una mujer habla de sus problemas.

Qué buscan los hombres: sentirse necesitados.
Qué buscan las mujeres: sentirse apreciadas.

El éxito está en que ambos ganen. El hombre enamorado se siente estimulado a ser lo mejor de lo que es capaz, se preocupa por ella, soporta todo para hacerla feliz. Si es maduro, la autogratificación ya no lo hace tan feliz como el dar, el darse, pero requieren que lo necesiten, que lo aprecien, saberse aceptado.

De igual manera las mujeres buscan la empatía, la aprobación, el sentirse apoyadas por alguien que se preocupa por ellas. Pero su capacidad de sacrificio tiene un límite y se cansa y se niega a dar más; cuántas veces hemos oído la frase “te di mis mejores años”, porque en el dar también está el poner límites, exigir atención, respeto por su desarrollo y por sus gustos, por la vida de pareja y no únicamente de madre. Paradójicamente cuando un hombre experimenta estos límites, no sólo los apoya sino se siente estimulado a dar más, a efectuar cambios. En general, cuando un miembro de la pareja realiza un cambio, el otro también lo hará. El éxito estriba en la buena comunicación. Y el gran desafío es el interpretar correctamente cuando el hombre habla o no habla y viceversa.

En el dibujo se pueden percibir dos imágenes: una dama joven o una mujer anciana.
Ante una misma realidad, puede haber diferentes percepciones y por lo tanto, diferentes puntos de vista. Dentro de la comunicación conyugal, que es el tema que nos ocupa, es útil tener en cuenta que el hombre y la mujer por naturaleza, perciben de forma diferente la vida.

En muchas ocasiones para resolver un determinado problema, es útil salirse del mismo y “verlo” desde fuera, para encontrar la respuesta.



 



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