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Sobre el amor y sus circunstancias
Estamos hablando de aprender a sufrir juntos, estamos hablando de una persona que nos espera y que nos escucha


Por: Guillermo Urbizu | Fuente: Catholic.net



En el amor los hombres a veces perdemos de vista lo que resulta más obvio: que es cosa de dos. Eso y que nos acostumbramos con demasiada facilidad al milagro que significáis vosotras, mujeres, en la vida de pareja, en nuestra vida. Es como si, con el paso del tiempo, unas tremendas cataratas nos fueran empañando la visión del alma. Del corazón en este caso. Y nos cuesta poner buena cara, sonreír en el momento oportuno, contar cómo nos ha ido el día, o incluso dar un beso, o un sentido abrazo.

No hay que ser ningún superhombre para tratar con ternura a nuestra mujer. (¿Es de verdad “nuestra” y nosotros “suyos”, hasta el último detalle, hasta la confidencia más inocente?). Basta con estar enamorado, con rememorar de cuando en cuando el momento y lugar donde la conocimos. ¿Recordáis? Justo en aquel instante en el que fuimos conscientes de que nuestra vida acababa de empezar y cualquier cosa merecía la pena. Aquella primera mirada la mujer la retiene de por vida, incapaz de olvidar algo tan sagrado.

No debemos dejar que el amor se enfríe en el gélido afán del egoísmo. Las caricias no solamente son físicas. El amor es una realidad constituida de carne y espíritu. Cuando se besa, se besan los labios, pero es también la imagen de la unión de dos almas. Y ésa es la esencia de un beso (o la del sexo vivido como Dios manda), ésa es la privilegiada revolución sobre la que se asienta la fidelidad o felicidad. No cerremos pues los ojos a la belleza verdadera, al cariño que se nos da de forma tan desinteresada como extraordinaria.

¿Qué es el amor?, me pregunta una señora con ecos becquerianos. He pasado días meditando una respuesta digna, consultando libros, hablando a fondo con mi mujer del tema. Al final he llegado a una conclusión. El amor es un regalo, un don que no merecemos y ante el cual no sabe uno muy bien qué decir, balbuceando piropos con estupor. El amor es una continuada admiración, es un pequeño gesto, es el principio y el fin de nuestras vidas, es la facultad que tiene el hombre de ser auténticamente libre.

Y los cimientos del amor, no lo olvidemos, se asientan en los detalles. Ofrecer y ofrecerse. Sin perder de vista que el amor es muchísimo más que un flechazo, capricho o equívoco suspiro. La vida no es una novela romántica. Estamos hablando de un nombre y de unos apellidos, estamos hablando de aprender a sufrir juntos, estamos hablando de una persona que nos espera y que nos escucha. Que nos quiere.


Comentarios al autor: guilleurbizu@hotmail.com
guillermourbizu.com
 







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