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Los riegos de la sexualidad precoz
Los riegos de la sexualidad precoz
Éste es el mejor momento para formar en una sana sexualidad.


Por: Por: Jokin de Irala | Fuente: Almas




La sexualidad en la adolescencia no está exenta de problemas. En primer lugar porque es un período en que el paso de la infancia a la edad adulta es desconcertante, tanto para el adolescente como para los adultos que les rodean. Sufren cambios físicos que a veces les acompleja. Los cambios psicológicos son complejos y pueden coexistir deseos de independencia aunque, de hecho, quieran seguir dependiendo de los padres. Las sensaciones sexuales irrumpen y pueden ser intensas y constantes; el autocontrol puede ser difícil. El desarrollo biológico va avanzando automáticamente mientras que el desarrollo psicológico con más lentitud y depende de la voluntad del adolescente y de las oportunidades que se le brindan.

El cuerpo del joven les hace sentir como si lo tuviera todo pero, al tener una relación sexual precoz, suele recibir menos de lo esperado a la vez que cree haberlo dado todo. Es evidente que para amar hace falta ser dos, pero primero hace falta ser uno para poder unirse darse uno mismo a otra persona. El adolescente debe aprender a amarse, a comprenderse y esto empieza por un proceso de aceptación de su cuerpo, de sus limitaciones; pero también por la objetividad suficiente para valorar sus aptitudes, ya que toda persona las tiene, aunque crea lo contrario. La incapacidad de aceptarse como uno es, produce reacciones como la envidia, la excesiva idealización y dependencia total de otra persona, que le hacen a uno sufrir. Una persona con estas características acaba siendo excesivamente posesiva y por ello tiene más dificultad para amar plenamente a otra. Para darlo todo hay que tener algo que entregar y “ser alguien” previamente. Aunque su cuerpo esté preparado, puede no estarlo desde el punto de vista psicológico y, haga lo que haga, solamente puede dar parte de su ser. Evidentemente esto empeora cuando a la otra persona le ocurre lo mismo.

En la adolescencia, es más fácil la confusión entre el deseo, el afecto interior y el amor auténtico. Muchos jóvenes tienen, incluso sin ser conscientes de ello, un deseo de ternura que relaciones físicas. La “nostalgia romántica del adolescente”. Esa sensación profunda de soledad, de que necesitan al otro, de que les hace falta alguien a quien amar, coincide con el despertar de sus sentimientos para madurar mejor, dan rienda suelta a sus deseos, la probabilidad de equivocarse y de sufrir por ello es mayor.

No parece razonable, por todo lo anterior, pensar que la adolescencia es el mejor momento para iniciarse en la sexualidad. La probabilidad de encontrarse con una gran decepción es inevitablemente más alta que en edades más adultas.

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