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La Formación de la Voluntad

La Formación de la Voluntad
Los trabajos científicos y literarios que más honran al talento humano no se deben en modo alguno a la superioridad de la inteligencia, como generalmente se cree, sino a la superioridad de una voluntad admirablemente dueña de sí misma.


Por: Arturo Ramo García | Fuente: interrogantes



¿Qué es la voluntad?

Aunque algunos intelectuales pretenden asimilar al hombre con los animales, la psicología nos enseña que el ser humano es superior a los animales, porque tiene inteligencia, afectividad, libertad y sobre todo voluntad.

La palabra voluntad procede del latín voluntas-voluntatis, que significa querer. Es un acto intencional, de orientarse con decisión hacia algo que considera positivo y valioso. Podemos distinguir en esta facultad tres ingredientes:

- Una tendencia o preferencia por algo. Es tener un anhelo, una aspiración.

- Una determinación o decisión firme por algo concreto, después de haber evaluado las distintas posibilidades que se presentaban.

- Una acción o puesta en marcha de toda la personalidad para conquistar aquello que se quiere.

Habría que distinguir entre el desear y el querer. El desear sería pretender algo desde el punto de vista afectivo o sentimental, pero de forma superficial. Algunos jóvenes lo expresan diciendo: "Esto me apetece", "no me apetece". Este deseo, que tiene sus raíces en el plano sentimental, no conduce a nada o a casi nada.

El querer, sin embargo, es más racional. Nace del análisis y evaluación de los valores e ideales y conduce al hombre maduro hacia metas alcanzables.

En el proceso de la voluntad podemos distinguir cuatro fases:

1. Conocer el objetivo que pretendemos alcanzar. El adolescente que no ha aprendido a decir que "no", quiere abarcar demasiadas cosas y esta dispersión le lleva a no avanzar en sus propósitos. Por el contrario, el hombre maduro se para a pensar y concreta de forma clara lo que pretende alcanzar.

2. Tener cierta motivación o ilusión por algo sugerente y atractivo que le empuja a luchar para conseguir la meta lejana y valiosa. Por contra, algunos jóvenes de definen "pasotas", sin ideales y sin motivación. Desde la indiferencia no se puede cultivar la voluntad.

3. La deliberación o análisis detenido de los medios y los fines. ¿Compensa hacer todo esto? ¿Vale la pena esforzarse por conseguir ese proyecto, o esa mejora en la personalidad, o esas buenas notas en los estudios, o esa capacitación profesional?

4. La cuarta fase es la decisión o tomar una determinada determinación (como decía Santa Teresa de Jesús) de conseguir algo. El hombre maduro es capaz de proponerse objetivos concretos en su vida y poner su empeño en alcanzarlos.

Tipos de voluntad

Aunque la fuerza de voluntad tiene una unidad, podemos distinguir varios tipos de voluntad. Así, ante la tarea del estudio podemos señalar varios tipos.

La voluntad para empezar a estudiar. Para algunos chicos, el ponerse a estudiar y concentrarse en el tema supone un auténtico vencimiento. Supone romper la inercia y entrar en una tarea que supone esfuerzo intelectual.

El empezar es importante, pero la perseverancia es fundamental. Comenzar supone mucho, pero terminar el trabajo es el todo. Una vez puesto en la tarea hay que seguir en el estudio intenso, con tesón y firmeza. Es aconsejable hacerse una lista de tareas a realizar, como hacer los deberes, terminar u dibujo, preparar un trabajo, estudiar una lección, preparar un examen, etc. Y luego ejercitar la voluntad para terminar todo lo previsto.

En ocasiones, hace falta la voluntad para superar las frustraciones, como una mala nota en un trabajo, suspensos en varias asignaturas o una repetición de curso. Cuando esto se sabe “encajar” puede resultar positivo. Para algunos autores las frustraciones son necesarias para la maduración de la personalidad. El hombre es capaz de crecerse ante las dificultades y se fortalece al volver a empezar en su proyecto. En otras palabras, no hay que darse por vencido, sino tener capacidad para reaccionar con nueva energía. La humillación que supone un pequeño fracaso puede ser un reto para alcanzar nuevas cimas, si nos lo proponemos seriamente. No importa perder una batalla, lo importante es ganar la guerra final.

Y por último está la voluntad para terminar bien el trabajo. El estudiante tiene la tentación de no profundizar en el tema, de dejar sin concluir un dibujo o un trabajo o la lista de tareas que se había propuesto. Más tarde será importante terminar la carrera que había empezado, preparar a conciencia unas oposiciones dominando todos los temas y terminar una investigación o proyecto de carrera empezado. Para todo esto se requiere paciencia y laboriosidad. El amor al trabajo bien hecho se compone de buscar la perfección en las cosas pequeñas y culmina en una tares hecha de forma correcta y adecuada. En la vida social vemos que se colocan las primeras piedras de las edificaciones, pero es más importante poner la última piedra y terminar la obra sin dejar chapuzas.

Educación de la voluntad

En los ambientes educativos se habla mucho de la Pedagogía del esfuerzo como base para aprender con eficacia y tener éxito en los estudios y en la vida.

En numerosos estudios de investigación educativa se concluye que el "querer estudiar" es más importante que la inteligencia en el rendimiento escolar. Afirma Payot que "el genio es, ante todo, una larga paciencia: los trabajos científicos y literarios que más honran al talento humano no se deben en modo alguno a la superioridad de la inteligencia, como generalmente se cree, sino a la superioridad de una voluntad admirablemente dueña de sí misma".

Desde distintos sectores de la sociedad se promueven "campañas" contra la droga, contra el alcoholismo, contra la promiscuidad sexual, contra el tabaco y contra la violencia. En todas estas campañas se sugiere a los jóvenes que sepan decir NO a las drogas, alcohol, al tabaco, etc. Pero para ello hace falta que cada chico y chica tengan una voluntad fuerte.

Por eso es importante educar la voluntad que en último término se resume en educarse a sí mismo.

Pero, ¿qué es la voluntad? Podemos decir que es la potencia del alma que mueve a hacer o no hacer una cosa. La voluntad mueve a hacer o a conseguir los ideales de la juventud y los objetivos que nos proponemos, para mejorar la sociedad y llegar a ser un hombre formado. La voluntad también nos mueve a no hacer o no buscar las drogas, el tabaco y tantas cosas que perjudican al hombre. Especialmente hay que rechazar la tendencia a hacer solo lo que nos apetece, lo que nos gusta o lo que nos pide el cuerpo. En ese vencimiento de cosas pequeñas se forja la voluntad: en hacer en cada momento lo que se debe hacer aunque cueste. "Haz lo que debes y está en lo que haces", decían nuestros abuelos.

Hay dos factores que favorecen y facilitan la voluntad: la motivación y la ilusión. La motivación consiste en tener razones o causas o motivos para hacer una cosa. Estas razones o motivos nos arrastrarán con su fuerza hacia los ideales y objetivos. La ilusión es la esperanza acariciada por la imaginación que proporciona alegría y buen ánimo para llegar hasta el final en los propósitos.

En la base de la educación de la voluntad está la lucha personal a base de esfuerzos pequeños pero constantes. No se consigue la voluntad haciendo un acto heroico en un momento determinado, sino logrando pequeños vencimientos, con constancia, un día tras otro sin abandonarse.

Así se forman los hombres íntegros, de una pieza; los que superan el cansancio, la frustración, la desgana y las mil dificultades que la vida trae consigo. La voluntad fuerte es esencial para el éxito de muchas vidas y uno de los mejores adornos de la personalidad.







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