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Frutos del Espíritu Santo: caridad, gozo y paz
Frutos del Espíritu Santo: caridad, gozo y paz
Quien posee a Dios no se inquieta por nada.


Por: Padre Hugo Tagle Moreno | Fuente: Catholic.net





Distinguimos 12 frutos del Espíritu Santo. Los tres primeros son la caridad, el gozo y la paz. Estos tres frutos están unidos y se derivan naturalmente uno del otro. La caridad o el amor ferviente nos da la posesión de Dios. El gozo nace de esa misma posesión, nunca total pero siempre ascendente en el alma virtuosa. Ella no es otra cosa que el reposo y el contento que se encuentra en la alegría del bien poseído. La paz que, según San Agustín, es la tranquilidad en el orden, mantiene al alma en la posesión de la alegría contra todo lo que es opuesto, excluye toda clase de turbación y de temor.

La caridad es el primero entre los frutos del Espíritu Santo, porque es el que más se parece al Espíritu Santo, que es el amor personal, y por consiguiente el que más nos acerca a la verdadera y eterna felicidad y el que nos da un goce más sólido y una paz más profunda.

Únicamente la posesión de Dios nos afianza contra las turbaciones y temores, mientras que la posesión de las criaturas causa mil inquietudes y mil preocupaciones. Quien posee a Dios no se inquieta por nada, porque Dios lo es todo para él, y todo lo demás solo vale en relación a El y según El lo disponga.

Ninguno de los bienes terrenos nos puede satisfacer ni contentar plenamente. Es como vaciar el mar y luego querer llenarlo con una gota de agua: ¿llenaría este vacío inmenso? Todas las criaturas son limitadas y no pueden satisfacer el deseo del alma por Dios. La paz hace que Dios reine en el alma y que solamente Él sea el dueño. La paz mantiene al alma en la perfecta dependencia de Dios. Por la gracia santificante, Dios se hace en el alma como una fortaleza donde habita. Por la paz se apodera de todas las facultades, fortificándolas tan poderosamente que las criaturas ya no pueden llegar a turbarla. Dios ocupa todo el interior.

Por eso los santos están tan unidos a Dios lo mismo en la oración que en la acción y los acontecimientos más desagradables no consiguen turbarlos. Viviendo la vida conforme a la voluntad de Dios nos encontramos llenamos con los frutos del Espíritu Santo: caridad, alegría y paz.



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