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Justicia - Gracia de Dios
Justicia - Gracia de Dios

Ciclo A Domingo 25 / Mt 20,1-16 - Hay cristianos que creen que la religión consiste en lo que ellos le den a Dios. Pero la religión consiste en lo que Dios hace por nosotros.


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer



Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Reflexiones
¿Qué pensamos de Dios? ¿Qué imagen de Dios tenemos cada uno de nosotros? Son preguntas fundamentales, a las que todo cristiano debería responder con cierta frecuencia.

Un pensador francés ha dicho: “Dios ha hecho al hombre a su semejanza. Pero el hombre no ha dejado de hacer a Dios semejante a él.” Por encima del sarcasmo hemos de reconocer que, casi sin damos cuenta, nos construimos una imagen de Dios que se parece mucho a nosotros.

¡Dios no es así!
Le prestamos a Dios nuestros rasgos, nuestra manera de pensar, nuestras consideraciones mezquinas, nuestros juicios y actitudes ridículas. Llegamos incluso a poner en sus manos el metro de nuestra justicia.

Afortunadamente, para los que saben leer y escuchar el Evangelio con sinceridad, se presentan páginas como ésta de hoy, que nos obligan a reconocer: ¡Dios no es así! Y entonces vemos que hay que corregir aquella imagen que nos habíamos hecho.

En el fondo, tenemos que agradecer a Cristo que nos permita hoy, aunque sea con cierta rudeza, corregir los errores. Más vale hacerlo ahora, antes de que tengamos que exclamar definitivamente el último día: ¡Dios no es así!

La generosidad del dueño de la viña.
Entonces, ¿cuál es la enseñanza principal de la parábola, la idea que el Señor quiere meternos en la cabeza? La idea fundamental es ésta: nuestras relaciones con Dios no pueden expresarse en términos de justicia, sino que están reguladas exclusivamente por la gracia. Todo es gracia, podría ser el comentario más apropiado de esta parábola.

Miremos, un momento, la generosidad del dueño de la viña: Recorre las calles todas las horas del día. Llama a todos. A todos les propone lo mismo. La única condición es que respondan a la llamada.
Ni siquiera controla el reloj. Ni piensa en referencias: publicanos, pecadores, ladrones, gente de mala vida - todos pueden ser obreros en su viña.

Y también en la recompensa resplandece su generosidad: Llama primero a los últimos, para que todos vean y comprendan que es libre para ser generoso. El dinero que les da no es la paga a su esfuerzo, sino la expresión de la bondad del amo.

¿Por qué le resultan simpáticos al amo los obreros de la última hora? No es difícil descubrir los motivos de esa simpatía: los últimos no han presentado exigencias, no han discutido, se han confiado ciegamente a su generosidad.

En cambio, los primeros discutieron las condiciones: No empezaron su trabajo hasta no haber ajustado el salario con el amo. Doce horas de trabajo - el salario correspondiente. Y recibieron lo que era justo, y lo que habían pedido.

Los últimos, por el contrario, no se preocuparon del salario, ni lo mencionaron siquiera. Firmaron en blanco. Por eso pudieron saborear el gozo de la generosidad del amo.

Hay cristianos que creen que la religión consiste en lo que ellos le den a Dios. Pero la religión consiste en lo que Dios hace por nosotros.
Hay cristianos cuyo examen de conciencia, por la noche, más que un inventario de deudas para con Dios, se parece a un inventario de las deudas que Dios tiene con ellos. Le presentan una cuenta detallada.

El obrero auténtico, el obrero según el corazón de Dios, es el que se considera “siervo inútil”, y que por eso no se preocupa por el salario.

Los últimos serán los primeros porque han confiado ciegamente en la bondad del amo. Los primeros, los veteranos, los empleados modelo, tendrán que ir a los últimos lugares en el reino porque se han puesto a regatear.

Dios, cuando se trata de sus propios hijos, no se pone a hacer cuentas. Se equivoca en las operaciones. Es alérgico a los libros de contabilidad. No se fía de la aritmética, sino sólo de su propia misericordia.

Queridos hermanos, ésta es nuestra seguridad y nuestra única salvación: esperar en la misericordia de Dios, entregarnos en sus manos bondadosas, confiar en su infinita generosidad paternal.

¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt

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