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Ya no sale
No publicar liga del 7499


Por: Ángel Espinosa de los Monteros | Fuente: Catholic.net




15.YA NO SALE

Llega un momento en que el anillo ya no sale. Símbolo y señal de la fidelidad que es para siempre. Algunos no se lo pueden sacar ni con jabón. Ya está ahí puesto. No sale. Esta fidelidad, este compromiso debe ser triple: con Dios, con el cónyuge y con los hijos.

Fidelidad con Dios: te comprometiste delante de Dios. Es un sacramento. No es una simple unión ni un mero papelito. No se trata de amor libre. En el así llamado “amor libre”, si desistes, quedas mal con una persona, a la que en un momento determinado dejas de querer, “la mandas a volar” y no pasa nada. Esto no es el matrimonio. Aquí te comprometiste con una mujer, pero ante Dios y por tanto con Él. (Mt. 5,32), (Mt. 19,1)

En segundo lugar, fidelidad con tu esposa: no se trata de que hayan logrado ponerse de acuerdo y “no pasó nada” y cada uno por su lado y todo por el bien de la paz.

No te engañes. Un divorcio es un fracaso terrible en el amor y deja unas secuelas tremendas: alguno de los dos puede quedar destrozado sentimental y emocionalmente, con toda una vida truncada. Muy probablemente los dos.

Ciertamente, tanto él como ella tardarán en rehacer su vida y cargarán con una serie de consecuencias que no es difícil imaginar y que no me detengo a describir porque las conocemos. Es falso aquello del común acuerdo. Puede ser que sea ya tanto el egoísmo, el malestar, el hastío, que efectivamente sea mejor una separación. Pero una separación a la que nunca se debió llegar y que en la inmensa mayoría de los casos tenía un remedio al inicio del problema.

En tercer lugar, fidelidad con los hijos: aquellos que no cuentan con unos padres unidos, jamás serán unos niños, adolescentes, jóvenes normales. ¿Qué significa fidelidad a tus hijos? Que tienes que ver también por ellos. Por lo general, cuando falta uno de los dos papás, cuando los hijos van descubriendo la ausencia de uno de ellos, por más que queramos justificarla, se crea un vacío en la familia que no se llena con nada.

Ese anillo ya no debe salir. Algunos se escudan: “es que es dificilísimo cómo te presenta la Iglesia el matrimonio”. No es dificilísimo. Tú escogiste al compañero (a) de toda tu vida. Tú lo escogiste. Debiste ser muy responsable en el noviazgo. Tu te inclinaste por sus facciones, su carácter, sus virtudes y también sus defectos. Tú tomaste la decisión. Eras tú quien conocía los sentimientos, las aptitudes, los valores de los que estaba pertrechada la persona a la que amas.

Dios sólo quieren lo mejor para ti, y por eso hizo el matrimonio indisoluble. Lo único que hace difícil tu compromiso es el desamor, el egoísmo o el haber tomado decisiones a la ligera e irresponsablemente sobre el (la) compañero (a) de tu vida.



 



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