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Sentimientos y vida espiritual
Consejos para después de Navidad…y siempre


Por: P. José María Moriano, L.C. | Fuente: Catholic.net



Para muchas personas el término del período navideño y el inicio de las labores ordinarias supone un momento anímicamente difícil en donde todo cuesta. Tal vez de ahí venga la expresión «cuesta de enero». Tenemos que levantarnos más pronto en las mañanas, retomar asuntos complejos que habíamos dejado inconclusos antes de Navidad, reincorporarnos al trabajo. En pocas palabras: nos cuesta aterrizar de nuevo en nuestra realidad. Es natural por ello que también nuestra relación personal con Dios se vea afectada, ¡cuánto cuesta orar!

¿Fallan las buenas intenciones y propósitos de ser mejores cristianos que tal vez nos propusimos en Navidad?

Muchos de los problemas en la vida espiritual tienen su origen en el complejo substrato psicológico humano que es preciso conocer y educar. Es el hombre lo que falla. Los estados de ánimo y los sentimientos influyen en nuestro comportamiento y, en consecuencia, en nuestro trato con Dios. No es malo sentirlos sino el dejar que la propia conducta fluctúe debido a ellos. Por esto es necesario conocer muy bien su naturaleza para facilitar de esta manera su educación. Todo ello nos dará una base humana sólida sobre la cual el Espíritu Santo podrá edificar al santo: primero el hombre, después el santo .
Estas reflexiones, si bien no pretende agotar el tema, sí en cambio ofrecer una visión de conjunto de los sentimientos y del papel tan importante que juegan tanto en la propia psicología del individuo como en su vida espiritual.


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