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Teoría del trabajo
El dinero es el símbolo ideal o funcional de esta relatividad valorativa característica del intercambio.


Por: Andreas Boehmler | Fuente: www.arbil.org




El valor no es el trabajo sino el dinero porque su eficacia pide su estatuto absoluto, su "extrañez" respecto de todas las cosas
Por último, hay que investigar la posibilidad de si se puede encontrar una unidad de equivalencia menos abstracta o absoluta que el dinero, capaz de funcionar como el dinero. Simmel refuta a continuación la teoría socialista del trabajo. Simmel como defensor de la "diferencia"161 ve garantizado sólo en el liberalismo económico esta condición de posibilidad del "individualismo cualitativo": la capacidad del dinero de servir tanto de "nivelador" como de "individualizador".

Recapitulamos su teoría del trabajo. La cuestión de principio es cual es el constituyente de los valores. ¿Es el trabajo como tal ("aspecto concreto del valor") o el dinero ("aspecto abstracto del valor")?, ¿es su aspecto cuantitativo ("fuerza de trabajo") o cualitativo ("producto de trabajo")? El primer aspecto Vittorio Mathieu, y antes, Wilhelm Röpke, lo llama "producción física", el segundo "producción económica". El dinero presencializa idealmente un valor futuro. No es el origen (el trabajo como operación) sino el término (el mercado como lugar de intercambio) el que decide sobre valor económico del trabajo realizado. Mathieu nos demuestra que el dinero es sobre todo trabajo, pero se constituye en valor precisamente no por el trabajo pasado sino por su capacidad de suscitar trabajo futuro.

El trabajo humano, en Mathieu, sólo tiene valor en la medida en que el mercado está dispuesto a remunerárselo. Así que no toda "producción física" es "producción económica".

De esto se sigue que también Mathieu se inscriba en la concepción relativista de valores. Si un objeto no vale nada en el mercado, entonces, sencillamente-, no vale nada. También en Simmel, es el mercado (como lugar de intercambio) donde nace intersubjetivamente el valor, como fruto relativo de dos o más estados valorativos sujetivos. El dinero es el símbolo ideal o funcional de esta relatividad valorativa característica del intercambio.

Ahora podemos, con Simmel, reformular la pregunta inicial. ¿Es el valor algo ideal o material? Obviamente, aquí, el materialismo dialéctico socialista buscaba un "fundamento" justificable para controlar, de algún modo, la arbitrariedad valorativa que establecen las leyes de oferta y demanda en el mercado. El intento de introducir el trabajo, física o cuantitativamente considerado, como fundamento del valor (social) es la salida científico-socialista al problema que el mismo Simmel tan agudamente acusa: la fuerza desvinculadora del proceso cultural, esto es, la diferenciación que culmina en la "creación" de un instrumento absoluto -eso significa su idealidadcapaz de relacionar lo separado. He aquí el dinero.

Simmel, dentro de sus propios "limites" ideológicos, logra brillantemente deshacer la concepción materialista de la teoría socialista del trabajo humano. Si la "fuerza de trabajo" pudiera funcionar como medida de valor, entonces, el dinero se haría superfluo. El trabajo, no obstante, es síntesis de elementos materiales y espirituales. La reducción de trabajo a fuerza muscular, -dice-, es un sinsentido propio de la mirada superficial. Trabajo propiamente significa presencia de espíritu. En la técnica queda condensada el resultado del trabajo de generaciones. Así que, la misma cantidad de trabajo contiene tanto más trabajo cuanto mayor sea su grado de condensación. El valor del trabajo depende, por ende, tanto de la tradición técnica como de la naturaleza, es decir, del factor educativo y genético respectivamente.

En conjunto, la teoría simmeliana del trabajo afirma que "parece que se puede mantener la interpretación de que, en igualdad de esfuerzos subjetivos de trabajo (factor definitivamente no verificable humanamente, porque nadie conoce el "fuero interno" de la persona sino Dios), la diferente valoración de las cualidades de las realizaciones corresponde a la multiplicidad de las cantidades de trabajo que se hallan contenidas de forma mediata en las prestaciones en cuestión". En definitiva, tanto mayor es el valor de un trabajo cuanto mayor es la carga intelectual de su ejercicio. Sobre todo, subraya que la teoría fisiológica del valor es una abstracción artificial. En definitiva, "la afirmación de que todo trabajo en sí no es más que trabajo implica algo tan incomprensible, abstracto y vacío como aquella otra teoría de que todos los seres humanos son seres humanos y, por tal motivo, todos tienen el mismo valor y están cualificados por los mismos derechos y los mismos deberes"162. Consta, por lo tanto, que existe la posibilidad de propugnar la nivelación cuantitativa (económica) sin que esto imponga necesariamente una nivelación cualitativa. Sin embargo, de hecho ha ocurido así, triste realidad que Simmel admite en su testamento intelectual titulado "Lebensanschauung"163.

Retomando la "disputa" entre trabajo y dinero, entre valor subjetivo y objetivo, anota el autor de que "el trabajo físico únicamente puede recibir su tono de valor y peculiaridad por medio del gasto de las energías psíquicas que implica. Lo que se retribuye en el trabajo, es decir, el justo título por él que se requiere una compensación, es el empleo de la fuerza psíquica que se precisa para superar los sentimientos internos de obstaculización y disgusto". El valor subjetivo, piensa Simmel, es el precio interior que nos cuesta. Y este valor quedaría objetivado en el dinero, siendo él mismo relatividad (intercambio). Sin embargo, resulta patente que cabe una marcada discrepancia entre precio personal y precio objetivo, o sea, relativo, es decir, el que se establece en el mercado. Por lo tanto, queda sin resolver la cuestión del valor justo del trabajo y su remuneración justa. Rechazar la teoría socialista del trabajo, por su falta de no tomar en cuenta su diferente utilidad, -más correctamente, por la imposibilidad de establecerla científicamente-, no justifica la reducción del valor del trabajo a su remuneración en el mercado. Esto, sobre todo, porque este precio se establece sobre un fundamento demasiado limitado: no incluye ni el coste moral, ni ecológico, etc., que es causado a la sociedad, muchas veces tan sólo despues de mucho tiempo164, por una teoría de precios que no sabe integrar, ni muchas veces lo intenta, factores de tipo cualitativo. Muchos tipos de actividad humana (trabajo) deberían sufrir, por consiguiente, una fundamental revaloración en el mercado. Cambiaría radicalmente el sistema de precios cuando se "globalice" más el concepto de utilidad. Util es lo que hace crecer integralmente al hombre, lo que le hace capaz de actuar más, no lo que le cohibe en sus actividades futuras. Muchas cosas, deficientemente valoradas por el mecanismo de mercado, dejarían de ser demandadas a «precios» más altos. No obstante, sigue difícil alcanzar lo que Simmel advierte como la gran ventaja del dinero, el que tenga "siempre el mismo grado de utilidad". El dinero, siendo pura cantidad, hace, por tanto, medible la utilidad. Tanto el trabajo como bienes sociales (ecológicos, éticos, teologales) carecen de esta fácil traducción en utilidad, les falta "trocabilidad", no tienen un siempre igual grado de utilidad, pero no por ello dejan de ser lo que son, fundamento y finalidad intrínseca de toda operatividad humana

En consecuencia: una vez establecido que el dinero es "función", resulta sumamente difícil integrar cualidades cualesquiera en la teoría del valor: "Aunque hay que reconocer la tendencia que se da en el dinero «trabajo» a aproximar de nuevo el dinero a los valores personales, este resultado demuestra, precisamente, cuán estrechamente vinculados están su enajenación frente a éstos y su propia esencia".


 



 

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