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La purificación de la memoria

La purificación de la memoria
Una visión según lo que indica la Novo millenio ineunte


Por: Dr. Enrique Cases, sacerdote |




Ha tenido gran resonancia mundial la petición de perdón a Dios por los pecados pasados y presentes en la Iglesia de Dios, que es santa, pero con pecadores. Esta accion pretende la purificación de la memoria histórica y vale la pena dedicarle una reflexión.

La memoria marca la personalidad de los individuos, también de los pueblos y sus culturas. Un amnésico pierde totalmente su personalidad, no sabe su nombre, olvida la escritura, todo lo aprendido, y todo lo vivido. Cada día es como comenzar a aprender de nuevo sin posibilidad de retener lo aprendido. Es una desestructuración de la personalidad que en este caso sería total.

En los casos normales la personalidad actual depende de los factores del pasado en gran manera: aciertos o lagunas en la educación; pecados y virtudes; manera de ser de los padres, abuelos, bisabuelos, y generaciones por los siglos. También influye el entorno social próximo y menos próximo, la cultura cercana y lejana; las guerras y las paces; el desarrollo; la pobreza o la riqueza; la asimilación de la fe o la barbarie.

Cada cual es hijo de sus decisiones anteriores y de la historia de su pueblo y de la Iglesia. Es necesaria una purificación de la memoria histórica y de la memoria trascendental o anamnesis para superar las contradicciones internas fuente de desequilibrios de todo tipo, y de futuros yerros.

Reviste gran importancia la conciencia del pecado, que siempre es algo pasado, pero que influye en el presente y el futuro, hasta el punto que uno se sabe pecador o santo según lo vivido anteriormente.

Si se reconoce como pecador y viene el arrepentimiento incluye un propósito de nunca más repetirlo. Si no lo hay se produce un sentimiento de culpa que lleva al resentimiento al no querer reconocerlo como pecado y llamarlo virtud, cuando no lo es; o amargar el ánimo del que se siente esclavo de una acción que pesa como una losa que no se puede apartar de la propia vida, ni de la memoria.

Si se trata de un vicio: mentira, impureza, avaricia, orgullo, envidia etc. marca una acentuación de la tendencia a repetir el pasado marcando el presente y el futuro de un modo decisivo. Es conocida la fuerza de la sinceridad como catarsis que lleva a una liberación psicológica de lo mal realizado, pero es insuficiente. El perdón de Dios sí llega al fondo, limpia, sana, reconstruye, regenera!

Da la vuelta a lo pasado para mejorar en el camino de la humildad y el agradecimiento. De ahí que sea una fuente de liberación. Es más que una situación de que no ha pasado nada, a otra de saberse querido a pesar de no ser amable por el pecado, es una situación de reconciliación a nivel de un amor difícil y, por eso, más amoroso.

La historia de la Iglesia es memoria de santos y pecadores. La Iglesia tiene una santidad original y constitutiva que es la presencia de Cristo y el Espíritu Santo en su estructura social y sacramental. Pero es santa con pecadores y, por tanto, siempre necesitada de purificación.

La historia de los santos -canonizados u ocultos a los ojos de los hombres- la hacen hermosa y atractiva. Pero la misma organización de la Iglesia incluye sacramentos del perdón y sacramentos para fortalecer la debilidad humana, asimismo hay leyes penales porque se prevén situaciones de pecado y de error, así como tribunales para solucionar conflictos.

No hay ingenuidad en la Iglesia terrestre que prepara la Iglesia gloriosa de la Parusía o del cielo. No es fácil el discernimiento de lo que han sido pecados personales o de instituciones en cada momento histórico -sólo Dios juzga-, pero sí se puede evaluar el actuar objetivo a la luz del Evangelio, y decir si se ha acertado o no.

Si hay aceptación de algo erróneo -que quizá no lo fue en la conciencia de los que hicieron ese acto- ese defecto de memoria influye en el presente y puede llevar a nuevas actuaciones desviadas del Evangelio.

Vale la pena el acto de coraje y humildad de reconocer los pecados para pedir perdón y lo santo para dar gracias a Dios. Es un esfuerzo valioso que no sólo alcanza el perdón para pasados lejanos, sino para el pasado próximo que casi es presente para cada uno de los bautizados.

Doctor Enrique Cases







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