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La cultura y la religión

La cultura y la religión
Entre religión y cultura hay una relación que no es recíproca sino dialéctica, ya que no permanecen separadas sino que se unen, siendo por eso la religión, la clave de las culturas y civilizaciones


Por: Dalmacio Negro Pavón | Fuente: conoze



El Congreso Católicos y Vida Pública que auspicia desde hace unos años la Universidad San Pablo-CEU ha convocado su quinta reunión durante tres días de este fin de semana sobre el tema «¿Qué cultura?». La «novedad» estriba en que se propone abordar la relación de la cultura con la fe religiosa, un asunto bastante descuidado aunque concierne al destino de la civilización en Europa. Religión y cultura andan aquí de capa caída, como se percibe muy bien en España, donde la modernización o europeización, parece entenderse como liquidación de la cultura nacional y con ella de la religión. El resultado es una creciente anomia social a tono con la cultura europea, desde hace tiempo politizada en su conjunto y por ello degradada. No es extraño que la cultura de la postmodernidad no dude en definirse a sí misma como «débil», debilidad que ha contagiado a la religión, incapaz de informar la cultura, como es bien patente.

El tema tiene, pues, en sí mismo un gran interés: destruida —o congelada — la solidez y coherencia de la cultura tradicional, ¿cómo será la cultura del futuro inmediato? Sin embargo, tiene aún más alcance, va más allá, pues la cultura es en el caso específico de Europa — no todas las culturas, por ejemplo las que suelen estudiar los antropólogos, llegan a ser civilizaciones — la sustancia de la civilización. De modo que preguntarse aquí y ahora por la cultura equivale a preguntarse desde una perspectiva española por el destino de la civilización europea de un modo integral poco habitual en las reuniones para hablar sobre la cultura, puesto que se abordará el tema de la cultura en relación con la religión.

Y es que entre religión y cultura hay una relación que no es recíproca sino dialéctica, ya que no permanecen separadas sino que se unen, siendo por eso la religión, según la experiencia histórica, la clave de las culturas y civilizaciones. La fe religiosa las informa, les da forma. Influye en el estilo de la cultura y le da su unidad característica. Esto debieran tenerlo en cuenta, por ejemplo, los dignatarios europeos que andan afanados por imponer una Constitución al parecer sin la menor sustancia histórica, a menos que pretendan fundar una civilización enteramente nueva, si es que las civilizaciones se pueden fundar, o liquidar Europa como civilización.

Abordar el problema de la cultura desde la perspectiva religiosa es, pues, afrontarlo centralmente. La religión tradicional, en Europa el cristianismo, en España el católico, tiene hoy como rival principal una especie de religión más o menos sentimental a lo Comte, que en el lugar de Dios pone la humanidad, el propio hombre autodivinizado como sujeto y a la vez objeto; en contraste con la cristiana que es trascendente, es ésta una religiosidad de carácter inmanente, que se presenta como humanista: el humanitarismo de los derechos humanos, los valores y cosas así. Sin embargo, como lo decisivo en toda religión es la fe, que no es una forma cualquiera de creencia, lo cierto es que a lo que aboca en su trasfondo, es al nihilismo. De ahí el carácter débil de la cultura postmoderna informada por una religiosidad sin fundamento, incapaz de organizar la convivencia. Pues una religión, la que sea, al informar la cultura, orienta las pautas de la conducta alimentando el êthos que configura las sociedades, hoy en desintegración en Europa, pensemos en España, en tanto se nutre de la religión del hombre que suprime toda referencia objetiva.

Dado el declive del cristianismo, se duda si aún se puede hablar de una sociedad europea. La religión humanitarista, que se ha propuesto crear una nueva cultura ad hoc desconociendo que las religiones no crean cultura, que solamente pueden informarla, se ha revelado insuficiente para configurar un êthos o civilidad europeo con vitalidad. El cristianismo, que pervive aunque en estado algo latente, podría hacerlo, como ha ocurrido en el pasado. En este contexto, el congreso podría tener más consecuencias a la larga que las de un mero hecho cultural, en orden a revitalizar las fuentes de la cultura europea y, de manera más inmediata, las de la debilitada cultura española, a la que es consustancial velis nolis el catolicismo.







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