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La ideología de género

La ideología de género
Un mal que va carcomiendo silenciosamente a la sociedad, a las familias y a las personas


Por: Carlos Alvarez Cozzi | Fuente: Catholic.net



En los últimos años, producto de la presión de algunas organizaciones internacionales y de los grupos feministas radicales de género y lésbico gays, va progresando silenciosamente en nuestra cultura occidental una enfermedad que es como la presión arterial: muchas veces no identificada pero que finalmente terminará minando a nuestra sociedad, a nuestras familias y a nuestras personas, haciéndole más infelices.

Nuestro país no escapa naturalmente a este nefasto efecto de la globalización. Pero qué es precisamente la ideología o perspectiva de género que se ha metido transversalmente en los Parlamentos, en los Gobiernos, en las ONGs y en los medios de comunicación social? Básicamente lo que esta ideología afirma es que el sexo no existe sino que debe primar el género. Que no importa que el Creador nos de en la concepción el sexo masculino o el femenino, sino que como la orientación sexual para esta ideología es cultural, la persona puede legítimamente optar por uno o por otro “género”. Esto por supuesto que trae aparejado además la lucha de los sexos, es decir, que para la mujer el hombre es un “opresor” que la quiere dominar, y en una especie de remedo de la lucha de clases marxista, ella debe luchar contra él, en lugar de buscar la armonía del amor de la pareja, según el designio natural de la creación. Para esta ideología hasta el hijo lo hacen aparecer para la mujer como una especie de “agresor injusto” que le quita libertad, etc. Véanse los absurdos a que se llegan, que no necesitan más comentarios. En verdad el género es el humano compuesto de dos sexos: el femenino y el masculino.

Por supuesto que estamos de acuerdo en defender los legítimos derechos de las mujeres pero no sobre la base de esta nefanda y antinatural ideología o perspectiva.

Esa mentalidad se ha ido introduciendo además de en los gobiernos, en la educación, en los libros de texto, en las Universidades, aún en la católica, lamentablemente, en los medios de comunicación social, en las organizaciones sociales y en los organismos internacionales.

Y los efectos ya se están sintiendo. Pero lamentablemente los males irán “in crescendo” para el futuro. Esto llevará naturalmente a mayor desintegración familiar, mas alineación en los jóvenes, enfrentamientos constantes de las mujeres con el sexo masculino, producto de esa ideología que coloniza las cabezas de tantas y tantos y que no les permiten descubrir que no debe haber una lucha de sexos sino una verdadera complementación entre ellos porque son iguales en dignidad pero distintos y complementarios para el bien personal, familiar, social y del propio Estado de Derecho.

Por ello hay que denunciar esta situación y sus males para tomar conciencia en primer lugar. Estamos aún a tiempo de reaccionar. De nosotros depende.





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