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La fe de los sicarios, pseudocatolicismo, satanismo y muerte
La fe de los sicarios, pseudocatolicismo, satanismo y muerte
El Consejo de Analistas Católicos de México ha publicado la segunda edición del documento “La fe de los sicarios”, de Carlos Montiel


Por: Guillermo Gazanini Espinoza |



24 de enero.-


El Consejo de Analistas Católicos de México ha publicado la segunda edición del documento “La fe de los sicarios”, de Carlos Montiel, mismo que, de forma ágil, reúne trabajos periodísticos y de investigación sobre el culto y ritos que los amos del narco, sicarios y asesinos usan para proteger sus acciones que han puesto a México en jaque.

Los ritos satánicos y el culto a pseudodivinidades han asimilado elementos del catolicismo. Desde las erróneas devociones a santos como Judas Tadeo, que rayan en el paganismo, hasta el uso de sacramentales católicos, narcos y sicarios conservan y usan amuletos que traerán fortuna y protección. Radicados en el ocultismo y las prácticas de espiritismo, magia, nigromancia, demonomancia, hechicería, brujería y satanismo, los profesionales del dolor han nublado sus conciencias para justificar los niveles de destrucción y autodestrucción aniquilando los sentimientos de compasión y misericordia para provocar el máximo de sufrimiento a las víctimas convencidos de que son protegidos por entelequias como la santa muerte o poderes demoníacos.

En México, una de las devociones que ha capturado a las clases más desprotegidas y vulnerables ha sido el de la santa muerte. Expandida en Latinoamérica y los Estados Unidos, la llamada niña blanca tiene considerables dos millones de adeptos que se vuelcan a su protección mágica. De acuerdo con las investigaciones reunidas por el autor, los casos de posesión demoníaca empezaron porque los adeptos se iniciaron al culto a la santa muerte atraídos, progresivamente, por las prácticas satánicas siendo “corresponsables del aumento en el índice de la violencia como del número de muertes que el narcotráfico ha dejado a su paso, debido a que no son propagadores de la buena muerte que es Cristo, sino de la cultura de la muerte”.

Y no es cosa menor. Los especialistas e investigadores sobre satanismo consideran que el número de hecho delictivos relacionados con estas prácticas han ido a la alza en toda Latinoamérica, destacando el sadismo y el grado de sufrimiento que los verdugos provocan a sus víctimas. Estos casos han sido ampliamente difundidos por la Red Iberoamericana sobre el Estudio de las Sectas, organización española dedicada al estudio de los nuevos movimientos religiosos. De acuerdo a los informes publicados en su sitio web, Colombia, Venezuela, México y Ecuador, entre otras naciones, han tenido una explosión de hechos violentos relacionados con el satanismo. El miércoles 11 de enero, bajo el título “El satanismo como método para amedrentar por parte del crimen organizado” se señala el caso tremendo y horrible atribuido a la organización satánica “Uñas negras” la cual, en diciembre pasado, “estarían involucrados en la muerte de Josué Sancán Sánchez, de 17 años, cuyo cuerpo apareció en 13 partes; además del asesinato de un joven del cual aún no se encuentran su tronco y cabeza. Según datos recopilados por el medio web www.puntoporpuntointernacional.com , el presunto líder de la banda, Fidel Palomino, alias "Fito", dijo que el objetivo principal era terminar con la vida de al menos 200 personas”. La nota introductoria de los investigadores de la Red Iberoamericana de Estudios de las Sectas es lapidaria al afirmar que en el crimen organizado “es muy habitual la adición de elementos satánicos en el delito cometido por parte de grupos criminales de cualquier tipo, a veces pandilleros, a veces cocaleros y de demás sustancias narcóticas, a veces en trata de blancas, etc. Si hablamos de narcosatanismo, ya lo encontramos en grado sumo, muy mezclado y como elemento inherente. A veces la mezcla, que podía ser en su origen sólo transitoria acaba permaneciendo, es decir, funciona y acaba formando parte de los rituales del grupo. ¿Con qué fin? Como protección, como elemento distorsionador de la realidad en la que viven los propios criminales, como elemento psicológico de reforzamiento de los miembros, como elemento de amedrentamiento hacia las fuerzas policiales, como barrera para la huida y la traición interna si ésta se pudiera dar, a veces como medio de lograr aunar a los individuos del grupo, y de éstos con los líderes criminales. Motivos, muchos. La casuística es muy variada y depende de las condiciones de entorno, a estudiar y clarificar en cada caso”.

El documento de Carlos Montiel viene a reforzar estos argumentos situándonos en un contexto social frágil y delicado producto de las políticas económicas depredadores, la falta de oportunidades, el desprecio de los jóvenes, la corrupción y envidia que protege negocios fincados en el narcotráfico el cual, cada vez más, involucra a niños y jóvenes quienes, por unos cuantos miles de pesos, se han convertido en asesinos en masa y a sangre fría, haciendo de ellos una gran generación perdida que pone en vilo la paz, la estabilidad y la misma permanencia del Estado mexicano. En “La fe de los sicarios”, Montiel no duda en señalar que “el miedo, desconfianza, odio, rencor, dolor y muerte que padece México, generado por la lucha del gobierno contra el crimen organizado, no es producto sólo de estrategias mal aplicadas, corrupción entre funcionarios públicos, atropello a la democracia o desinterés por defender los derechos humanos, esto tiene raíz en la eterna lucha o combate espiritual de ser humano entre el bien y el mal”.

Benedicto XVI ha advertido sobre los peligros del narcotráfico; en 2005 señaló que “una de las raíces del problema es la gran desigualdad económica, que no permite el justo desarrollo de una buena parte de la población, llevando a muchos jóvenes a ser las primeras víctimas de las adicciones, o bien atrayéndolos con la seducción del dinero fácil procedente del narcotráfico y del crimen organizado. Por ello, es urgente que todos aúnen esfuerzos para erradicar este mal mediante la difusión de los auténticos valores humanos y la construcción de una verdadera cultura de la vida. La Iglesia ofrece toda su colaboración en este campo”.
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