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Educar en la sexualidad
Hablar de sexo con los hijos no es sólo darles información. Es ayudarles a entender que su sexualidad es un don que deben conocer y respetar.


Por: Francisco Cardona | Fuente: Catholic.net




Recordemos que Dios Nuestro Señor creó al ser humano como una persona: libre, inteligente, capaz de amar, de decidir, de pensar.

Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza... Y Dios creó al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer los creó”. (Gén. 1, 26-27).

“El día en que Dios creó al hombre, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó “Hombre” en el día de su creación”.
(Gén. 5,1-2).


LA SEXUALIDAD

Desde que Dios creó al ser humano, lo pensó como hombre y mujer. Por eso podemos decir que la persona humana es una persona sexuada. Es decir, es persona humana masculina, o persona humana femenina.
La sexualidad es, pues, una característica esencial y básica de la persona humana. Toda ella tendrá la marca de la masculinidad o de la feminidad: su inteligencia, su voluntad, sus afectos, su cuerpo. Todos los aspectos que conforman a la persona humana son sexuados. ¡Qué gran riqueza y hermosura posee la sexualidad! Dios, en su plan amorosísimo para la creación del hombre, ha querido que el ser humano sea hombre o mujer.

Corresponde a cada uno, sea hombre o sea mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual: Yo soy hombre en todo mi ser: mi cuerpo, mis sentimientos, mi querer, mi amar, mi pensar... Yo soy mujer: mi cuerpo, mis sentimientos, mi querer, mi amar, mi pensar...

Vemos que la sexualidad abarca todo lo que somos. Entonces, ¿por qué tener miedo o vergüenza de hablar del sexo?. ¿Acaso Dios Nuestro Señor no ha creado a cada uno de nosotros como hombre o como mujer?.

Dios ha querido la existencia de la sexualidad, para que el hombre y la mujer al ser diferentes física, moral y espiritualmente, se complementen mutuamente orientados hacia los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. Es decir, orientados a la unión y ayuda mutua de los esposos, así como a la fecundidad y transmisión de la vida.

El hombre aportará su vigor, estabilidad emocional, iniciativa, espíritu emprendedor, etc., para dar al matrimonio y a su familia la seguridad, los medios y la estabilidad que requieren. La mujer por su parte, aportará la ternura, la intimidad, el cuidado, los detalles, la dulzura, que harán del matrimonio y de la familia una verdadera escuela de formación de personas.

Para que una pareja humana viva en armonía depende en parte de la manera en que se viva la complementariedad sexual de los esposos, así como la necesidad que uno tiene del otro y el apoyo mutuo que se brinden. Pero no únicamente depende la armonía de ellos, sino de toda la sociedad. Al ser creados los dos a imagen y semejanza de Dios, tanto el hombre como la mujer poseen la misma dignidad.

Nos dice el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica “Familiaris Consortio”:

“Creando al hombre varón y mujer, Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer, enriqueciéndolos con los derechos inalienables y con las responsabilidades que son propias de la persona humana”. (FC 22).


LA TENDENCIA SEXUAL.

La transmisión de la vida sería sumamente difícil si no hubiera una mutua atracción entre el hombre y la mujer. Esta inclinación natural es lo que se suele llamar como instinto sexual.

Pero, ¿qué son los instintos?.
En el caso de los animales son los impulsos que determinan su conducta. Son actos involuntarios. El animal no es dueño de ellos. Simplemente actuará de acuerdo a lo que sus instintos le indiquen. Aparecen como una condición imperiosa y necesaria de acuerdo a su misma naturaleza. Por ejemplo, el animal al sentir hambre busca su alimento. Al encontrarlo, lo come. Si es escaso, se nutrirá de él ávidamente. No lo compartirá con los demás animales de su especie. El instinto le determina su conducta. Comerá para no morir.
En el caso del ser humano, los instintos únicamente preparan al hombre, más no determinan su conducta. Por ejemplo, en un caso similar al anterior, el ser humano puede privarse del alimento y compartirlo o darlo a los demás, ¡aunque él se prive de dicho alimento!.

De aquí que los instintos de los seres humanos deben de ser gobernados por la inteligencia y por la voluntad. Para distinguirlos de los instintos animales, les llamaremos tendencias.

La masculinidad y la feminidad se atraen mutuamente en busca de la unión y de la complementariedad que desemboca en la fecundidad o perpetuación de la especie humana. Sin embargo, esa tendencia debe de ser regida por actos voluntarios, por actos plenamente humanos. Es decir, por actos responsables. ¡Qué grande es el ser humano, pues es dueño de sus acciones!.

Por tanto, todo acto correspondiente a la sexualidad ha de ser bajo la responsabilidad libre y voluntaria de la persona que lo realiza.
La tendencia sexual, si fuera simplemente una función biológica, el hombre la seguiría sin más ni más. Sin embargo, al estar ligada tan estrechamente a la reproducción humana, y al ser gobernada por la inteligencia y la voluntad, se ubica dentro del campo moral. Y, aunque la tendencia sexual esté a la libre disposición del hombre, éste debe hacer uso de ella, sólo dentro del amor conyugal y no usarla, jamás, en contra de dicho amor.

El Papa Juan Pablo II nos recuerda en la misma “Familiaris Consortio”, aquellas palabras que el Papa Pablo VI, su antecesor, nos dejó:

El dominio del instinto, mediante la razón y la voluntad libre, impone sin ningún género de duda una ascética, para que las manifestaciones afectivas de la vida conyugal estén en conformidad con el orden recto... Esta disciplina, propia de la pureza de los esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano más sublime”. (FC 33).

Así, el hombre será señor de sí mismo, responsable de todas sus decisiones y acciones. Se hará más hombre.



LA GENITALIDAD

La genitalidad es el aspecto corporal de la sexualidad. Es la estructura genital del ser humano, como hombre y como mujer. Está conformada por los órganos reproductores masculinos y femeninos.

En la actualidad, en muchos lugares de la sociedad, se identifica a la sexualidad únicamente en lo correspondiente al cuerpo. Se le desvirtúa confundiéndola con la genitalidad.

La genitalidad, cuando se refiere exclusivamente a la realización del acto sexual o reproductor, no es más que el ejercicio de la función generadora. Pero, cuando se basa en el don mutuo de los esposos, -en cuanto hombre, en cuanto mujer-, la genitalidad es, para ellos, algo bueno, siempre y cuando sea una auténtica manifestación de comunión amorosa y delicada, abierta siempre a la vida.

En esta entrega recíproca entre hombre y mujer, deben intervenir, además de la dimensión biológica, las demás dimensiones de la persona humana, la afectiva y la espiritual, ya que fuera de este contexto, la genitalidad pierde su significado esencial, dejando paso libre al egoísmo, que desembocará un gran desorden moral.

Si se reduce la sexualidad a la genitalidad exclusivamente, perderá su inmenso valor. Sería entonces, puro deleite, objeto de placer. ¡Qué tristeza es encontrar al mundo de hoy considerando a la genitalidad como si fuera por sí misma toda la sexualidad!.

Las ideologías y mentalidades modernas, promovidas en muchas ocasiones por la televisión y los medios masivos de información, fomentan a la genitalidad, exaltándola sobre todas las cosas. La han ido idolatrando hasta convertirla en la medida moral del comportamiento de la sociedad. La han desligado del amor conyugal; la han separado de su función de fecundidad y procreación; le han quitado toda responsabilidad, convirtiéndola en juguete y diversión; y no solamente la alejan de su funciones debidas, sino que las atacan, logrando que hoy día se les desprecie; la han dejado al libre uso indiscriminado de todos los hombres y mujeres, desterrándola de la fidelidad matrimonial; la consideran como mero medio de placer, al que todos los seres humanos tienen derecho en cualquier lugar o circunstancia, dentro o fuera del matrimonio. Incluso la han rebajado a mero instinto animal, haciendo esclavo a los hombres de ella.

Es promovida por todas partes. Es medio de publicidad para productos comerciales. Es norma de vida para los adolescentes. Es, incluso, título social que da prestigio a quienes la usan indiscriminadamente. Las calles, los anuncios comerciales, las películas, las revistas, los programas televisivos, la han convertido en su baluarte, en su actor preferido. Es producto comercial. Se vende como fotografía, película o publicación.
¡La grandeza de la genitalidad rebajada a producto de compraventa!

El culto a la genitalidad hoy día es el valor más grande que el ser humano pueda tener. ¡Qué tristeza!. ¡Rebajar al ser humano como mero instrumento de consumo de su propia genitalidad!. ¡Envilecer la dignidad de la persona humana a mero placer biológico!.

Nuevamente, el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica “Familiaris Consortio” nos dice:

“En el contexto de una cultura que deforma gravemente o incluso pierde el verdadero significado de la sexualidad humana, porque la desarraiga de su referencia a la persona, la Iglesia siente más urgente e insustituible su misión de presentar la sexualidad como valor y función de toda la persona creada, varón y mujer, a imagen de Dios”. (FC 32).

Conoce lo que dice el Pontificio Consejo para la Familia acerca de la educación para el amor en los hijos, tomando en cuenta las dificultades del ambiente cultural y la necesidad de prepararlos para relacionarse con los demás: Educación sexual de tu hijo: verdad y significado

¡Cuidado! Educación y deseducación sexual, conoce cuál es la diferencia.

 





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