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Elías del Socorro, Beato
Elías del Socorro, Beato

Mártir, 10 de marzo


Por: Fernando Rojo, o.s.a. | Fuente: www.OSANET.org



Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: Cerca de la ciudad de Cortázar, en México, beato Elías del Socorro (Mateo Elías) Nieves del Castillo, presbítero de la Orden de San Agustín y mártir, que en el furor de la persecución contra la fe de Cristo, hecho prisionero por desempeñar ocultamente el ministerio, fue fusilado por odio al sacerdocio. ( 1928)

Fecha de beatificación: 12 de octubre de 1997 por el Papa Juan Pablo II
Mateo Elías Nieves nace en Yuriria (Guanajuato - México). Hijo de modestos agricultores, muy pronto manifestó el deseo de ser sacerdote, pero a los doce años su padre era asesinado por unos salteadores, y le resultó necesario dejar los estudios para poder ganar algún dinero con el que contribuir al sustentamiento de la familia.

En 1904, no obstante su escasa preparación y a su edad adulta, consiguió ser admitido en el seminario agustiniano de Yuriria. Las dificultades por causa de los estudios iniciados por quien a los veintiún años abandonaba las faenas del campo fueron superadas con tesón y esfuerzo. En las provenientes de la carencia de recursos económicos y la débil constitución física - estuvo a punto de perder la vista - nunca faltó quien le echara una mano. En reconocimiento a la ayuda de lo alto en tantos momentos de su vida y movido de su filial devoción a María, al profesar en 1911 cambió el nombre de Mateo Elías por el de Elías del Socorro.

Ordenado sacerdote en 1916, ejerce su ministerio en diversas localidades del Bajío, hasta que en 1921 es nombrado vicario parroquial de La Cañada de Caracheo (Gto.), un poblado en las estribaciones del "Culiacán". En este centro de escasos recursos económicos, desprovisto de servicios sanitarios y de escuela pública no se limitó a la asistencia espiritual de su grey. Habiendo conocido el trabajo manual y la indigencia, no le pesaron ni las privaciones ni la pobreza, que compartió con ánimo generoso, jovial disponibilidad y confianza en la Providencia.

Fue precisamente durante estos años cuando nace el movimiento popular de los "cristeros". El P. Nieves, que se mantuvo al margen de esta revolución armada, cuando a finales del 1926 se llegó a la efectiva persecución de la Iglesia, a pesar de su carácter tímido, en vez de obedecer la orden del gobierno de pasar a vivir en las ciudades, se estableció en la cueva de un cerro cercano, asegurando así a sus fieles la asistencia religiosa.

Esta clandestinidad forzada, llevada adelante durante catorce meses finalizará la mañana en que se tropezó con un destacamento de soldados, a los que llamó la atención que bajo el vestido blanco de campesino se entreviera el oscuro que empleaba en su ministerio pastoral nocturno. Interrogado, declaró su condición de sacerdote, siendo arrestado inmediatamente junto con un par de rancheros que se ofrecieron a acompañarlo. Al amanecer del 10 de marzo de 1928 militares y prisioneros se pusieron en camino en dirección al pequeño centro urbano de Cortazar. En el primer alto el capitán al frente del destacamento dio la orden de pasar por las armas a los dos acompañantes del Padre, testigos incómodos, quienes después de confesarse murieron victoreando a Cristo Rey. En la siguiente parada, ya próximos al poblado, el capitán se dirige al Padre diciéndole: "Ahora le toca a Vd., vamos a ver si morir es como decir misa". El P. Nieves pidió unos momentos para recogerse, después dió la bendición a los soldados y comenzó a recitar el credo mientras estos preparaban las armas para fusilarlo. Sus últimas palabras fueron un sonoro "Viva Cristo Rey".

Sus restos descansan en la iglesia parroquial de la Cañada.





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