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Santo Tomás, ¿Santo y sabio, o sabio y santo?
Santo Tomás, ¿Santo y sabio, o sabio y santo?
Porque la pureza de pensamiento exige la pureza de alma. Porque cuando el hombre se apaga para la carne se enciende para la idea


Por: Jesús Martí Ballester |



La Verdad, tan intensamente buscada y gloriosamente vivida.

Acertado anduvo el pintor moderno que, al caricaturizar el siglo XX, lo simbolizó en una cabezota de proporciones enormes y en un corazón del tamaño de una avellana.

¡Brochazo más exacto del Siglo XX!…Y en efecto qué de cosas no han salido de tal magín!: locomotoras aerodinámicas gigantescas, fábricas de electricidad, veloces aviones, radiodifusión, aviones cohete, vuelos espaciales, satélites en cadena, televisión, lana de cristal, telescopios potentes como un millón de ojos humanos, Rayos X, radium, transfusión de sangre, Rayos ultravioleta, anestesia por hielo, maravillas de la neurocirugía, Internet, cibernética, teléfonos celulares, sofimática, Rayos láser…Todo eso y mucho más ha concebido esa inteligencia gigantesca. Pero, ¿el corazón?; ¿el sentido moral?- Cero en el cociente: "Parturient montes, nascetur ridiculus mus".

Y, ¡qué consecuencias! Porque el hombre cabal, íntegro y equilibrado ha de crecer en todas direcciones y ha de desarrollar a un mismo ritmo entendimiento y voluntad, cabeza y corazón, es por lo que Alexis Carrel ha apodido decir que la humanidad del siglo XX está coja.

No ha acertado pues el siglo XX a darnos el tipo exacto del hombre íntegro, cabal, perfecto y equilibrado, porque tales notas sólo se hallan en quien logra proporciones exactas entre su intelecto y su corazón.

Y es el caso que el santo enraíza en el hombre y que donde no hay hombre no puede haber santo. Es por lo tanto necesario que estudiemos a Santo Tomás como hombre íntegro y, a través de este prisma, lograremos en ciernes, la síntesis del trabajo. Y por ello, como con una apostilla luminosa, podremos prologar el tema con el clásico aforismo: "Santo Tomás es el más santo de los sabios y el más sabio de los santos".

SANTO TOMÁS, SABIO

Un grupo de estudiantes se acerca a la portería del convento. La campanilla llama al Prior: -¿Fray Jacobo María Luís?

Que suban cuando gusten - ha contestado el Padre.

Celda monacal…Ventana ojival que junta las manos en perfecta actitud orante…Una mesa grande llena de libros…Un gran crucifijo…Libros hay también en el jergón…

Padre, nos parece tan absurdo el misterio de la Santísima Trinidad!!!…Hemos estudiado mucho, discutido más y hemos acordado que, pues no lo entendemos, ese misterio no puede ser real…

El Padre Monsabré les abarca con una mirada franca por la que pasan chispazos de inteligencia. - Yo conozco un fraile - les dice - que contra la Trinidad sabe más que vosotros.

Se admiran los estudiantes. Y aún se pasman más cuando el Padre empieza a leerles la questión 2ª de la 1ª parte de la Suma de Santo Tomás: "Videtur quod non". - "Videtur quod non". - "Videtur quod non"…

Y en los estudiantes el pasmo crece… Y llega a la cúspide.

Y sigue el Padre: "Sed contra est…Sed contra est… Sed contra est". Respondeo dicendum…

Y les clavó las banderillas. Y aquel libro asombró a los estudiantes. Y aquél y los otros, han pasmado a los siglos. Porque las Pirámides de Egipto asombran menos.

Por eso, expresando el sentir de la cristiandad, pudo muy bien decir Juan XXII en la canonización del Santo: "Después de los Apóstoles, ningún otro Doctor ha iluminado a la Iglesia con tanta luz". Y San Pío X: "En sus libros aprovecha más el hombre en un solo año que en el estudio de los demás en toda la vida". Y poco más o menos decía Lacordaire, el célebre dominico predicador de Notre Dame de París.

SANTO TOMAS, SANTO

Lector hebdomadario en refectorio es fray Tomás. El prior le manda que corrija una frase que, por otra parte, ha leido correctamente. Fray Tomás la corrige. - Los compañeros se admiran y le recriminan porque no ha hecho prevalecer su criterio sabiendo que estaba en lo cierto. Y responde Tomás: - "No interesaba entonces leer bien, sino obedecer al prior".

Antes le vimos sabio; acabamos de verlo santo.

Veamos ahora cómo se relacionan su santidad y su sabiduría hasta el punto de que este genio prócer sea sabio por santo y santo por sabio.

TOMÁS, SABIO POR SANTO

Porque la pureza de pensamiento exige la pureza de alma. Porque cuando el hombre se apaga para la carne se enciende para la idea. Porque - ha dicho Gratry - la mortificación de los sentidos es un prerrequisito par pensar y ella sola puede conducir a la clarividencia.

Y, por eso, si el Aquitanense es Doctor por el vuelo soberbio de su alado genio, es Angélico por la impoluta nitidez de su casta carne que, procedente de las riberas del Tirreno, se había revestido de las alburas del Carmelo y del Hermón. Atleta de la fe, casto, sobrio, pronto al ímpetu, pero lejos de todo exceso, era todo él un alma, una inteligencia servido por unos órganos, según la clásica definición.

Sabio por santo. - Así pensaba el Aguila y así hablaba el Buey Mudo: - "Te aconsejo - dice en su "Carta a un estudiante", de palpitante actualidad para nosotros, - que seas tardo en el hablar y que, absteniéndote de frecuentar lugares de disipación y en que se habla mucho, conserves la pureza de conciencia. Frecuenta, en cambio, la oración; y, amigo del retiro, podrás llegar al santuario de la sabiduría".

Y así lo cumplía el Gigante: Tres años permaneció taciturno y respetuoso en la escuela de Alberto Magno, entre sus condiscípulos religiosos y laicos, franceses, italianos y españoles, alemanes, ingleses y flamencos, hasta el punto de que aquella juventud apasionada, parlera y bulliciosa le motejase como "Buey Mudo".

¿Por qué estuviste tres años callado en la escuela de Alberto Magno? - le preguntó más tarde un amigo íntimo; y el santo, que rindió siempre tributo a la amistad, contestó a su interlocutor: - Porque aún no había aprendido a hablar en presencia de Alberto.

¡Digna atmósfera su silencio de su alma gigante!

En esta, como en otras ocasiones, Santo Tomás nos descubre que sabía y vivía que los más hermosos cantos de la naturaleza se oyen en el silencio de la anoche: el ruiseñor, el sapo de voz de cristal, el grillo, cantan en la noche. El gallo anuncia el día, pero no lo espera. El silencio del Angélico es el del místico que ve a Dios cerca y que intensamente desea acercárselo más. Por eso sigue en sus consejos a un estudiante: "estima tu celda, si deseas ser introducido en la bodega del vino". Consecuencia de su embriaguez de Bien fue su clarividencia.

Y SI FUE SABIO POR SANTO FUE SANTO POR SABIO

Porque siendo Vida la Verdad, cuando ésta crece, se intensifica la otra. Llega a la meta de la santidad quien realiza al ápice el plan de Dios sobre su vida. Ahora bien, si el intelectual - en frase de Sertillanges - es un consagrado, aparece claro a la luz de esta verdad, que entonces hará éste carne en su vida el plan de Dios, cuando llene íntegramente su vocación de intelectual.

Santo Tomás pues, siendo sabio y únicamente por serlo - por cuanto en el orden divino todo caso humano y cristiano es un caso incomunicable y único - plasmó el plan de Dios y, por ende, su santidad.

Destinado a ser lumbrera, no quiso ocultar bajo el celemín el resplandor grandioso que la Madre Iglesia esperaba del Sol de Aquino.

Y por ello, porque anduvo su camino - el que la Providencia le señalara, el único bueno para él, pues que para el sabio todos los caminos son malos menos el suyo, - Fray Tomás fulgura en la gloria "perfecte amantium quia facie ad faciem contemplantium", en frase de San Agustín, "quasi scintillae in perpetuas aeternitates".

Es esto lo que él pidió al Crucificado que le hablaba. El hecho místico sucedió así: Una noche entró en éxtasis ante el Crucificado. El Hermano Domingo de Caserta lo vió levantado en alto mientras oía una voz sobrenatural: "Bene scripsisti de me, Thoma". ¿Qué recompensa quires por tu trabajo?… Y dijo el Santo Doctor: "Ninguna más que Vos, oh Señor".

Santo Tomás llegó a la cúspide de la Gran Pirámide donde últimamente, se unen la Verdad y la Vida. Subió por aristas distintas; culminó en vértice común.

SANTO TOMÁS SABIO POR SANTO Y SANTO POR SABIO

En él - dijo Grabman - es imposible separar el santo del sabio. Porque la Verdad y la Vida, como la Sofía y el Amor eternos, siendo realidades distintas, coinciden. Un punto eterno le da origen. El mismo punto eterno, común y único prende, en su meta infinita, el broche eterno de la unión substancial.

Comentarios al autor: jmarti@ciberia.es

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