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Mártires mexicanos
Mártires mexicanos
Un mártir es una persona que muere por Cristo.


Por: catholic.net | Fuente:



¿Alguna vez has oído hablar de los mártires? ¿Sabes quiénes fueron? ¿Conoces la vida de Santa Inés, de San Tarcisio, o de Santa Cecilia?
Todos ellos fueron niños mártires. Murieron hace muchos, muchos años. Sus vidas jóvenes y puras quedaron estrujadas entre las manos de sus verdugos, simplemente por el hecho de que creían en Cristo con toda el alma, y por haber defendido su amistad con Él con auténtica valentía. Eso sucedió allá en Roma, hace más de mil seiscientos años... Sin embargo, lo que son las cosas: a pesar de tanto tiempo aún seguimos conservando fresca su memoria.

Sin embargo, no creas que “niños mártires” sólo los hubo entonces, cuando no había más diversión que estudiar geometría, astronomía y recitar versos en latín. No. “Niños mártires” los hubo ayer, y efectivamente, los habrá también mañana. Mientras exista Cristo y su amor desmedido por los hombres, especialmente por los niños, los “mártires” existirán para siempre.

Cosme, Natividad, José Luis y Tomás. Cuatro chiquillos con agallas de hombre. Por supuesto, no forman parte de un grupo musical del momento, ni son los nombres de los artistas más famosos de la actualidad; tampoco son jugadores de fútbol, ni mucho menos personajes fantásticos de un comic americano. Son los nombres de unos niños mexicanos que vivieron en nuestro país a inicios de siglo pasado. Lo que estos niños tuvieron en común fue haber sido “mártires”, tal y como en su tiempo lo fueron Cecilia, Tarsicio e Inés.

Fueron cuatro niños muy normales, como los demás de su tiempo. Iban a la escuela y se divertían con los amigos, jugando a las canicas, pateando un balón de cuero o lanzándole pedradas a los zopilotes. En los días de lluvia salían a las calles para empaparse con las gotas de agua; y los días soleados se fugaban de la escuela para irse de paseo al monte, en compañía de su perro y de su resortera. Claro, los estudios les costaban, y dedicaban tardes enteras a soñar despiertos. Como ves, eran tan normales como los demás; es más, normalísimos. Ah, pero en sus vidas existió un pequeño detalle que les diferenció de todos los niños de su edad: y es que amaban tanto a Cristo, que no había otra cosa que llenara sus almas hasta los bordes, ni sus amigos, ni las travesuras, ni las excursiones a las espesuras del monte. Eran inseparables de Cristo, pues Él constituía su más grande y fuerte amistad. Una bonita amistad que defendían hasta con los puños y dientes. Una amistad indisoluble que cultivaron desde muy pequeños.

En México, existieron unos años realmente tristes y dolorosos para los católicos. Entre 1926 y 1929 se desató una fuerte persecución contra nuestra fe por todo el país. Fueron años difíciles en los que las fuerzas del mal planearon dejarnos sin Iglesias, sin sacerdotes y, lo que es peor, sin sacramentos. Imagínate: ¡quedarnos sin Cristo de la noche a la mañana! ¿Qué hubiese sucedido con México si tal catástrofe hubiera llegado hasta los extremos? ¿Qué camino podría seguir una nación de donde se ha desterrado lo más importante, lo más fundamental para sobrevivir?

“Los Héroes del Volcán” es la historia de Cosme, Natividad, José Luis y Tomás. Cuatro niños mártires de la guerra cristera que se desarrolló en México. Cuatro corazones jóvenes, puros y valientes, que prefirieron todo antes que renegar de su fe y de su preciosa amistad con Cristo. Cuatro pequeños grandes héroes. La historia de sus vidas es real, y ha quedado viva en varios lugares y en muchos corazones mexicanos.

“Los Héroes del Volcán” fueron niños mártires mexicanos de un ayer que sigue latente y vivo hasta el día de hoy. Seguramente, serán miles y miles los niños de nuestro querido país los que han preferido morir antes que ofender a Cristo, que bien podrían entrar en esta historia. La fidelidad a Cristo jamás pasará de moda. Y el cielo, el grandioso premio para los mártires, existirá siempre, para toda la eternidad. ¿A poco no dan ganas de ganarlo? “Los Héroes del Volcán” nos enseñan cómo hay que hacerle. ¿Te animas a descubrirlo? En pocas páginas conocerás el secreto. Deja que tu mente y tu corazón vibren con el ejemplo que nos dan estas cuatro vidas reales, gracias a las cuales tú y yo podemos ahora disfrutar de un México católico, vivo y triunfante.

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