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El caracter de los hijos y cómo ayudarlos
Conocerlos para educarlos de acuerdo con lo que cada uno es y necesita


Por: Francisco-M. González Sánchez | Fuente: Catholic.net




1. CONCEPTO Y DEFINICIÓN DE CARÁCTER.

Comprende el conjunto de disposiciones psicológicas y de comportamiento habituales de una persona, modelado todo ello por la inteligencia y la voluntad. El término fue introducido en 1.862 por Bhansen, y con frecuencia se usa con diferentes significados que conviene distinguir para no caer en graves equívocos.

La noción de carácter está íntimamente ligada con la de personalidad. La antropología experimental suele considerar la personalidad como el resultado de funciones y propiedades correspondientes a tres estratos o niveles biopsíquicos: cuerpo, alma (instinto y afectos) y espíritu (memoria, inteligencia y voluntad). La división es algo artificioso porque en realidad los componentes del ser humano son dos: materia (llamase cuerpo, soma, organismo, materia animada, etc.) y el espiritual (llamase espíritu, alma, etc.) íntimamente unidos y relacionados; lo cual da origen a una complejidad de funciones y actividades que para muchos estudiosos de psicología experimental pueden cómodamente clasificarse en los tres niveles dichos.

El llamado temperamento, viene a representar la resultante de la incidencia de la constitución somática o corporal en lo anímico o espiritual, es decir la parte instintivo-afectiva de la personalidad (instinto; pasiones; afectividad); mientras que el carácter corresponde a la parte más estrictamente espiritual es decir, la instintivo-volictiva (entendimiento; voluntad), que pueden variar de un individuo a otro según como se desarrolle en el uso que haga de su entendimiento y de su voluntad libre y responsable.

De ahí que la idea de carácter haga referencia, normalmente a la individualidad personal, a eso que hace que alguien sea distinto de los demás. Toda persona tiene afecto, caracteres o señales propias, <> que se presenta ante la intuición concreta y el conocimiento por simpatía o comnaturalidad.

Las divergencias en torno al concepto de carácter han sido nota característica y de significación bien clara. En un extremo se tienda a alzaprimar el valor de lo somático; desde otro se sobreestima lo anímico superior. Como en tantas otra facetas del saber antropológico, la psicopatología a partir de Kraeplin ha reportado puntos de vista y experiencias de interés.

La individualidad viene del cuerpo, lo que equivale a decir que el carácter tiene como primera base el temperamento o individualidad física, en tanto el cuanto el temperamento representa, la capa instinto-afectiva de la personalidad, algo más próximo de suyo a la biología, más dependiente de soma. De ahí que pueda afirmarse, de algún modo, que no somos responsables de nuestro temperamento, y si lo somos de nuestro carácter. Junto a este componente somático-biológico y corporal coexisten otros, lo psicológicos que constituyen el carácter propiamente dicho. Entre éstos se discute el papel que pueden tener las disposiciones más o menos hereditarias o innatas , provenientes de la familia, raza, etc.; más que influir en la inteligencia y en la voluntad, influyen en el temperamento y en la afectividad. Otros factores de prevalente rango anímico intervienen en la constitución del carácter como las costumbres, el medio ambiente, la profesión, etc.. Y finalmente las decisiones personales, provenientes de la voluntad libre y responsable con el concurso de la inteligencia, que cada uno va tomando a lo largo de la vida.

Puede decirse que << en la aventura humana rige, como un señor absoluto, el principio de indeterminación. Y, sin embargo , cada hombre no es un caso, hay algo que lo define como ser a través de las variaciones. Una constante impregna su conducta, tanto si se halla en la cima de la madurez como si se desliza por la pendiente de la decrepitud. A esta constante es lo que llamamos carácter>>[1].

Existe toda una teoría del carácter basada en la interpretación de las cosas o personas por su modo de aparecer; así se habla del carácter de un paisaje,, pero hay otra forma de hablar del carácter cuando como p. ej. se dice de alguien que "es un hombre de carácter". Carácter se toma en este caso como la actitud interna que el hombre mantiene frente al mundo. En esta dirección, E. Spranger dirá que <
2. DESARROLLO DEL CARÁCTER.

Algunos autores (Le Senne, Schopenhauer, etc.) han sostenido que el carácter no varía, ya que para ellos el carácter sería como un conjunto de disposicio­nes congénitas que determinan una «mentalidad» o «ac­titud» (hay aquí, según lo dicho, una confusión con temperamento). Así el carácter no sería más que lo que el individuo posee como resultante de las herencias reci­bidas; quedaría excluido, por tanto, lo que en el indi­viduo proviene de su historia personal; de ahí que dichos autores considerasen el c. como algo sólido y permanente, afirmación implícita en ciertas expresiones del lenguaje co­tidiano, como cuando al ver de nuevo a un amigo, des­pués de muchos años, exclamamos ante alguna de sus reacciones: «Es siempre el mismo».

Pero la experiencia de cada día, en los demás y en nos­otros mismos, prueba bien que los carácter se modifican, y si bien es cierto que algunos elementos del carácter son invariables a lo largo de la vida de los individuos también lo es que otros son factibles de variación. Tales, p. ej., los hábitos adquiridos que pueden cambiar con las situaciones per­sonales de manera incidental, o por la dificultad con que tropiezan en su permanencia, cuando no responden a un proyecto conscientemente elaborado. Las condiciones que presiden el desarrollo individual contribuyen desde la infancia a formar el carácter. Ante situaciones idénticas o pa­recidas, los sujetos pueden ser impresionados y reaccio­nar de maneras muy distintas a causa de las diferentes disposiciones innatas, de las actitudes adquiridas por in­flujo de experiencias similares, y de las decisiones perso­nal o conscientemente tomadas que harán de cada uno de los hábitos una virtud o un vicio. En personas cuya predisposición innata a la anormalidad del carácter no es muy fuerte, el influjo del ambiente en la niñez y adolescencia no tiene por qué ser decisivo para que se actualicen o no manifestaciones negativas del mismo.

Por otro lado, a las disposiciones psicológicas heredi­tarias e innatas se les ha de reconocer gran plasticidad, ya que fácilmente pueden modificarse en determinadas circunstancias, tales como transformaciones orgánicas pro­ducidas por la edad, enfermedades crónicas o accidenta­les, cualquier cambio en el régimen de vida, etc.; teniendo en cuenta además que «el cociente de plasticidad» del carácter varía con la edad. Y además teniendo en cuenta que en el desarrollo y fijación del carácter propiamente dicho intervienen, moldeando y dando forma definitiva a los factores ex­puestos, la inteligencia y la voluntad, como instancias su­periores.

Los escolásticos definían la voluntad, como «un apetito o inclinación racional». Según Aristóteles: «La voluntad es el apetito penetrado de inteligencia o la inteligencia penetrada de apetito». Que la voluntad sea una actividad sintética, es algo que se deduce de la imposibilidad de reducirla, ya a las representaciones, ya a las tendencias e impulsos o bien a los estados afectivos y al deseo. Ella es, de hecho, la síntesis de todos los estados, imá­genes e ideas, tendencias y apetitos, conscientes y extra-conscientes, que constituyen el «yo» en una situación determinada. Es lo que afirma Ribot (1839-1916), inicia­dor de la psicología experimental en Francia, cuando dice: «El acto voluntario en su forma completa, no es la simple transformación de un estado de conciencia en movimiento, sino que se supone la participación de todo ese conjunto en estados de conciencia o subcons­cientes que constituyen el yo en un momento dado». En cualquier momento de su actividad el hombre actúa sub especie volitiva, bien sea con conflicto interior o sin él. En ausencia de conflicto entre ideas y tendencias antagónicas, la personalidad se expresa de manera armo­niosa y simple: el acto de voluntad no es sino la adhesión inteligente a los fines indiscutidos de la persona entera. En la situación conflictiva la voluntad significa una reac­ción del todo sobre uno de los elementos o una especie de coalición momentánea de tendencias múltiples contra una tendencia particular.

Así, pues, la voluntad es, en resumidas cuentas, expre­sión de la unidad personal: la volición no es, en efecto, el resultado de una colección de tendencias agrupadas, del mismo modo que un organismo no es el producto de múltiples y diversos elementos. La voluntad expresa una unidad y una organización, y por eso se traduce en la personalidad. La voluntad será, pues, tanto más pode­rosa y eficaz cuanto más perfecta sea la unidad personal, es decir, cuanto más fuertemente haya sido organizado y jerarquizado el conjunto de apetitos, tendencias, disposi­ciones, hábitos, etc. La voluntad es, como dice Jaspers, «una conciencia de sí en la que yo me comparto activa­mente frente a mí mismo». Ella expresa ese acto misterioso por el que soy verdaderamente posición y aun creación de mí mismo. «Elegir», nota Kierkegaard es siempre «elegirse», lo mismo que «elegirse o quererse» es siem­pre querer o elegir esto o aquello.

Si, como se ha dicho, el carácter representa la capa intelectivo-volitiva de la personalidad, la voluntad, por todo lo expuesto, es a la vez causa y efecto del carácter. De ahí que se puede decir que en parte somos responsables de nuestro carácter, en tanto cuanto gracias a la voluntad el hombre tiene poder sobre sus hábitos, está en su mano modi­ficar las influencias que pesan sobre él, puede elegirse o aceptar ciertos medios correctores, etc. La posibilidad que tiene el hombre de superar y trascender lo biológico y de transformar su carácter puede variar algo según los individuos -debido a diversos factores. A veces, algunos parecen po­seer más facultades de renovación; otros parecen ence­rrados en una constitución más inmutable; pero, en reali­dad, todos pueden mejorar con su esfuerzo personal voluntario y cuidando, en lo preciso, también su salud corporal.

La mayor parte de los caracteres tienen numerosas po­sibilidades de transformación, de mejorar o de empeorar. Normalmente, el carácter, en la mayor parte de los hombres, encierra un substrato elemental compuesto de elementos psico-fisiológicos que sería inútil pretender transformar profundamente, pero cuya dirección está en manos de la voluntad de los demás, a través de la educación, y de la propia. El entusiasmo, la espontaneidad afectiva, la emo­tividad, y algunos rasgos e ideales temperamentales son realidades que hay que aceptar y que sólo pueden modifi­carse dentro de unos límites; pero, sobre todo ello, cada uno puede desarrollar ampliamente sus conocimientos, su responsabilidad y voluntad, y de cada uno depende orien­tar de un modo u otro sus cualidades fundamentales

Todo esto demuestra que si el querer concreto está conforme con la síntesis psíquica y con el carácter, éste, al igual que la síntesis psíquica como tal operación sinte­tizante definidora de la subjetividad, según Ward (1843-1925), el gran psicólogo de la escuela no experimental, depende en gran parte de la voluntad. El hombre de voluntad es precisamente aquel que sabe crearse un e., orientando así su propia conducta y contribuyendo de modo activo al diseño de su personalidad.

El psicólogo austríaco contemporáneo Huebra Rohra­cher relaciona voluntad, carácter y personalidad de forma decisiva al definir el carácter como la peculiaridad general anímico-espiritual del hombre, y la personalidad como el resultado de su desarrollo.[2]

3. EL CARÁCTER DE LOS HIJOS Y COMO AYUDARLES

Siguiendo a Le Senne, por considerarlo más practico para esta ocasión, carácter de cada persona puede ser emotivo o no emotivo; activo o no activo; primario o secundario. estos términos expresan predominio de cada propiedad en cada individuo, ya que en realidad todas las personas son emotivas, activas, primarias y secundarias. Por lo tanto, cuando se dice que un carácter determinado es no emotivo o no activo no debe entenderse carencia total de estas cualidades, sino que las posee en grado inferior.

3.1. LA EMOTIVIDAD.- Es la conmoción que nos producen los acontecimientos de nuestra vida diaria. Todos tenemos la capacidad de conmovernos, pero llamamos emotivo únicamente a quien se conmueve más fácilmente que el término medio. Al emotivo le basta una excitación débil para que se produzca aquel efecto. En cambio, el no emotivo necesita una excitación fuerte para lograr el mismo resultado.

La emotividad se reconoce por la desproporción entre la importancia objetiva de un acontecimiento y el impacto subjetivo que causa. Son rasgos típicos del emotivo el humor variable, la excitabilidad, la tendencia a exagerar...Por lo contrario, el no emotivo, se muestra habitualmente tranquilo y de humor siempre igual.

Conviene advertir que no todos los emotivos expresan todas estas cualidades externamente. No hay que confundir, por tanto, la emotividad con la expansionabilidad.

La emotividad tiene efectos concretos sobre la vida mental. Entre los positivos cabe destacar que favorece el desarrollo de intereses y que es un factor de activación. Entre los negativos que dificulta la abstracción y el pensamiento objetivo. Los emotivos está dotados para la inteligencia intuitiva

3.2. ACTIVIDAD.- La actividad caractereológica no tiene nada que ver con el activismo o con el movimiento continuo de las personas impulsivas y nerviosas. Todo esto es una actividad aparente. El activo tiene una necesidad espontánea de actuar; se siente empujado a la acción.

Esta propiedad se reconoce observando cómo reacciona las personas ante un obstáculo. El no activo, duda, retrocede se desanima y, con frecuencia, abandona. En cambio, para el activo el obstáculo se convierte en un motivo para actuar, en un refuerzo de la acción; lo convierte en un reto. He aquí algunos rasos típicos del segundo: habitualmente ocupado; se centra rápidamente en el trabajo; decidido, perseverante, no aplaza tareas.

La actividad favorece la capacidad para adoptar decisiones, emprender proyectos y aprender por descubrimiento personal. También está relacionada con el espíritu práctico y el optimismo. La no actividad, en cambio, suele crear sensación de impaciencia y origina actitudes de pasividad y optimismo.

3.3. RESONANCIA.- Es la repercusión que la impresiones tienen sobre el ánimo de una persona. Todos tenemos una doble resonancia pero de tipo desigual. Si las impresiones tienen efecto sobre la conducta en el momento de la excitación, es decir, de una manera inmediata, la resonancia es primaria. En cambio, si las impresiones influyen en un momento posterior a la excitación, la resonancia es secundaria.

Los primarios, por ejemplo, suelen reaccionar de forma rápida y contundente ante las ofensas que reciben, pero pronto se olvidan de ello. Los secundarios, por el contrario, tardan mucho más en reaccionar y les cuesta mucho más tiempo olvidar el disgusto. Dicho de otra manera: los primarios predominan los efectos de la impresión mientras está en la zona consciente; en los secundarios predomina los efectos de la impresión a partir del momento en que esta última pasa ala zona subconsciente.

El primario vive en el presente y le gusta el cambio. Ello favorece la capacidad de soltura, la rapidez de reacción, y el entusiasmo. Por el contrario, le dificulta la objetividad, la coherencia mental y la sistematización. Actúa frecuentemente de forma dispersa y superficial.

El secundario vive en el pasado, está aferrado a sus recuerdos y principios y, con frecuencia, es prisionero de sus rutinas y prejuicios. Todo ello facilita la reflexión, el orden, la sistematización, la perseverancia y la coherencia mental. En cambio origina lentitud.

4. TIPOS DE CARÁCTER

Las tres formas de combinarse las tres propiedades citadas da lugar a ocho tipos de carácter. De ellos, cuatro son emotivos y cuatro no emotivos; cuatro son activos y cuatro no son activos; cuatro son primarios y cuatro son secundarios.

Las fórmulas de cada tipo son las siguientes:

- Emotivo, no Activo, primario (E, Na, P): Nervioso

- Emotivo, no activo, secundario (E, Na, S): Sentimental

- Emotivo, activo, primario (E, A, P): Colérico

- Emotivo, no activo, secundario (E. Na. S): Apasionado

- No Emotivo, Activo, Primario (Ne, A, P): Sanguíneo

- No Emotivo, Activo, Secundario (Ne, A, A): Flemático

- No Emotivo, No Activo, Primario (Me, Na, P): Amorfo

- No emotivo, No activo, Secundario (Ne, Na, S): Apático

Una clasificación como éstas es útil para conocer y orientar el carácter de cada hijo. Pero debe verse solamente como punto de referencia y una ayuda más, y no como un fin en sí misma. De lo contrario se corre el riesgo de etiquetar la personalidad de los hijos, como si cada uno de ellos no evolucionaría con el tiempo o no tuviera nada propio e irreducible a cualquier clasificación.

A veces también se cae en la excesiva e injustificada simplificación de dividir los tipo de carácter en <> y <>, confundiendo así lo psicológico con lo moral.

4. EL NERVIOSO (E, Na, P)

Los rasgos generales de este tipo son esencialmente los siguientes: gran movilidad (cambia continuamente de intereses y de ocupación); inconstante; se entusiasma con lo nuevo, pero sólo busca resultados prácticos e inmediatos; pasa rápidamente de la euforia al abatimiento; falta de orden, disciplina y perseverancia en el trabajo; mal uso del tiempo; voluntad débil (juguete de sucesivas impresiones; es indeciso, inestable, sociable y cariñoso.

La inteligencia del nervioso es de tipo artístico, es decir opera con imágenes. Destaca por la concepción rápida, la imaginación viva y la expresión espontánea. Hay que subrayar que se encuentra muy perjudicada por la inestabilidad del carácter, hasta tal punto que apenas es aprovechada para la actividad escolar. Está mal dotada para la comprensión, la memorización, la abstracción y razonamiento lógico.

El alumno nervioso tiene poca capacidad para el esfuerzo y le resulta muy difícil concentrarse en el trabajo: es perezoso; distraído, inconstante; irreflexivo. trabaja solamente a sacudidas, es decir cuando la tarea coincide con sus intereses momentáneos. es irregular, incoherente y disperso en la realización de actividades.

De acuerdo con las investigaciones realizadas por R. Gaillat, el 20% de los nerviosos son buenos alumnos; el 40% son alumnos medios, el 40% son alumnos malos.

Prefiere las materias <> (las que en lazan más con su gran sensibilidad), idiomas, geografía, historia, dibujo, música...En cambio, rehuye las <>: matemáticas, ciencias físicas...Tiene capacidad aceptable para la geografía, historia, música, lectura, redacción y recitado. En cambio, está mal dotado para las materias restantes de modo especial para las matemáticas y ciencias físicas -como ya se ha dicho-.

COMO AYUDAR AL NERVIOSO

El nervioso necesita disciplinar su trabajo. Para ello hay que ayudarle a centrarse en lo que hace y a organizarse (por ejemplo, por medio de horario de estudio) también debe exigírsele que no se precipite y termine bien las distintas tareas.

Este alumno requiere un control periódico y de forma concreta, pues de lo contrario descuidará una y otra vez sus deberes escolar (a pesar de los buenos propósitos)

Junto a la exigencia, necesita metas asequibles relacionadas entre sí y de dificultad progresiva. Conviene, igualmente, renovar continuamente su interés por el estudio con procedimientos de este tipo: darle oportunidades que tengan algún éxito; elogiar los buenos resultados; hablarle al corazón, <>, evitando amenazas y reproches.

Conviene desarrollar hábitos de puntualidad, orden, autodominio y responsabilidad en el trabajo por medio de encargos fijos.

5. EL SENTIMENTAL (E, Na, S)

Rasgos generales: muy sensible, retraído, tímido, pesimista; busca aislamiento y soledad; susceptible, rencoroso, difícil de reconciliar; se desmoraliza fácilmente, inseguro, muy vulnerable, lento en el trabajo, indeciso e introvertido.

La inteligencia tiene poca tensión, al estar relajada por el carácter. Esta centrada preferentemente en los objetos, por lo que puede considerarse un tipo concreto. Tiene escasa aptitud para comprender, para la organización lógica y para la abstracción. Se trata, por lo tanto, de la inteligencia reflexiva incompleta estudiada por Piaget. En consecuencia, manifiesta poca facilidad para las ciencias abstractas y técnicas

El alumno sentimental trabaja con interés, orden y método y le gusta hacer las cosas bien. Sin embargo, se desalienta pronto ante las dificultades, desconfía de sus posibilidades y es lento, tanto en la concepción como en la relación de las tareas. Tiene problemas para adaptarse a nuevas actividades y para el esfuerzo prolongado.

Según las investigaciones R. Gallina, los sentimentales no figuran ni entre los buenos ni entre los malos alumnos. Están entre el 100% de los alumnos medios.

Tiene buenas aptitudes en las matemáticas y trabajos relacionados con sus intereses afectivos: historia (evocación del pasado), redacción...También tareas que exigen aplicación y método: ortografía, escrituras, idiomas... Manifiesta, por el contrario, inaptitud para la aritmética y las ciencias físicas por varias razones: exigen esfuerzo prolongado; requieren capacidad de abstracción; es mal observador (está más centrado en sí mismo que en realidades externas). Al carecer de intereses intelectuales tampoco esta bien dotado para la filosofía.

COMO AYUDAR AL SENTIMENTAL

Al Sentimental hay que infundirle confianza en sí mismo mostrándole comprensión y cariño. También valorando los menos éxitos y restando importancia a los fracasos.

Conviene hacerle ver el lado positivo de todas las coas, con el fin de que sea más optimista. Hay que ayudarle a seguir un orden lógico en su razonamiento, de forma que extraiga alguna consecuencia.

Por último, es interesante fomentar su participación en actividades comunes (por ejemplo trabajos en equipo).

6. EL COLÉRICO (E, A, P,)

Rasgos generales: Las personas que tienen este tipo de carácter han nacido para actuar. Están siempre ocupados en cualquier actividad y haciendo proyectos. Les gusta embarcarse continuamente en tareas nuevas. Sin embargo a causa de la primariedad, improvisan, se precipitan, despilfarran sus energía y caen en la dispersión. Muchos planes quedan abandonados cuando aparece algún obstáculo. Extrovertido.

La inteligencia del colérico está inclinada hacia lo concreto, lo inmediato, lo imaginativo y lo técnico. Es una inteligencia práctica que comprende con rapidez y demuestra capacidad de improvisación. Posee mucha tensión.

Su principal limitación reside en la dificultad para el pensamiento abstracto; está mal dotado para establecer generalizaciones y hacer síntesis. Ello está relacionado con su escasa capacidad para integrar conocimientos nuevos dentro de esquemas más amplios.

El alumno colérico está habitualmente ocupado, pero es irregular y poco disciplinado en la realización del trabajo. Le cuesta mucho llevar a cabo las tareas que no coinciden con sus intereses. Por otra parte, prefiere el trabajo en equipo al trabajo individual. Suele cambiar de actividad de manera frecuente y caprichosa sin terminar lo que ha empezado.

Las materias en las que tiene mayores intereses son las que requieren sentido práctico, capacidad de improvisación y fluidez verbal: lectura, dibujo, recitado...Destaca también en geografía e historia. Está mal dotado para las matemáticas y ciencias físicas y, en general, para las cuestiones teóricas.

Sus intereses intelectuales se centran en los problemas de la vida concreta. Son, por lo tanto, intereses positivos, sociales y políticos.

El 60% de los coléricos son buenos alumnos; 20% son alumnos medios; y el restante 20% son alumnos malos.

COMO AYUDAR AL COLÉRICO

El colérico a acostumbrarle a que reflexione sobre cada tarea antes de iniciarla; en que consiste, cuál es el mejor procedimiento para llevarla a cabo; que material necesita, etc. Hay que exigirle que trabaje con orden, que se centre en una sola actividad cada vez y que termine lo que empieza. No debe admitirsele la chapucería.

Para lograr lo anterior será útil ayudarle a que elabore un plan de trabajo y un horario de estudio. Habrá que controlar también de algún modo el cumplimiento de los programado.

Dada su dificultad para la abstracción, conviene partir siempre de cuestiones concretas y actuales y facilitarle la aplicación práctica de los estudiado. Conviene respetar sus proyectos y tenerlo siempre ocupado.

7. EL APASIONADO (E, A, S,)

Rasgos generales: gran capacidad de trabajo; está en actividad continuada y centrado en determinado objeto; tiene una pasión dominante que es el motor de su existencia; independiente, violento, decidido, perseverante; sobrio; poco valeroso; mal deportista.

La inteligencia del apasionado tiene una tensión muy alta, al estar movilizada plenamente por el carácter. es una inteligencia verbo-conceptual y sistemáticamente muy apta para la abstracción y el razonamiento lógico. Posee capacidad de inventiva, gran memoria; buena atención, imaginación y comprensión. No tiene ninguna incapacidad.

El alumno apasionado está siempre ocupado y suele tener buen rendimiento en todas las materias escolares. Tiene afición hacia el estudio y le gustan todo tipo de tareas. Es el prototipo del <> (en investigación de Gaillat todos los apasionados están en el grupo de los mejores alumnos). Prefieren trabajar solos. Estudia de forma ordenada y metódica.

Aunque obtiene buenos resultados en todas la materias, estaca especialmente en matemáticas, ciencias físicas y naturales, historia, lectura y redacción. Sus intereses intelectuales son de carácter social, político, metafísico y religioso.

CÓMO AYUDAR AL APASIONADO

El apasionado es el alumno que menos orientación necesita. Pero, por esta misma razón hay que exigirle buenos resultados. Hay que procurar que salga también de su aislamiento participando en actividades comunes y ayudando a otros estudiantes con menos capacidad que la suya. Es recomendable, igualmente, hacerle reflexionar acerca de cómo llevar a cavo distintas tareas.

8. EL SANGUÍNEO (Na, A, P)

Los rasgos generales de este carácter son los siguientes: tiene una mentalidad pragmática y calculadora, siendo muy poco sensible para todo lo que no le reporte ningún provecho material; sólo le mueven los resultados a corto plazo; es práctico y positivo; tiene tendencia a mentir para conseguir lo que quiere (sobre todo dinero); es cerebral (piensa todo fríamente); optimista, afectuoso, sociable, extrovertido.

La inteligencia <
El alumno sanguíneo le interesa todo. Su amplia curiosidad le lleva, por ejemplo, a <> todo tipo de lecturas. Suele estar bien adaptado en el ambiente escolar. Es buen observador y muy independiente en sus opiniones. está situado en el grupo de buenos alumnos. Aunque es trabajador, sin embargo se deja lleva con frecuencia por la superficialidad y la chapucería. No tiene incapacidad para ninguna materia escolar. Está especialmente dotado para las ciencias naturales, geometría, geografía, historia, dibujo.

CÓMO AYUDAR AL SANGUÍNEO

El sanguíneo necesita cultivar la sensibilidad. Este objetivo se puede lograr a través de actividades relacionadas con el arte (la pintura, música, etc.). Hay que suscitar también motivos elevados para realizar el trabajo escolar y exigirle -con autoridad fuerte- que desarrolle tareas de manera puntual, ordenada y acabada.

Conviene ayudarle a perseguir objetivos concretos en el estudio y seguir un plan de trabajo. De este modo luchará contra la dispersión. Hay que proponerle que ayude a sus compañeros y amigos de estudio, aunque ello le suponga algún sacrificio.

Por último necesita orientación y control en las lecturas, con el fin de prevenir y corregir riesgos de avidez lectora.

9. EL FLEMÁTICO (Ne, A, S)

Rasgos generales: conserva siempre el mismo estado de ánimo reposado y tranquilo; reflexivo; callado; trabaja y se divierte solo; muy ordenado (con frecuencia maniático del orden); puntual pero rígido en el uso del tiempo; preocupado por la objetividad y exactitud en todas las cosas; con mucho sentido común; extrovertido.

La inteligencia del flemático es lenta, pero profunda. Está muy favorecida por el carácter y se adapta a todas las materias escolares. Es de tipo conceptual, con buena aptitud para comprender lo esencial, ordenar, clasificar y sistematizar lo que aprende. Está muy bien dotado para las ciencias abstractas.

Posee también buena capacidad memorística y de concentración. En cambio tiene poca imaginación y estrecho campo mental.

El alumno flemático se adaptaría fácilmente a los horarios establecidos; trabaja de forma intensa y metódica; es regular y tenaz; tiene un claro sentido del deber; es dócil y puntual. todo esto explica que siendo lento obtenga buenos resultados. El flemático pertenece al grupo de los buenos alumno.

Tiene incapacidad únicamente para la redacción. esta muy dotado para estas materias: geografía, historia, dibujo, matemáticas, filosofía, ortografía.

COMO AYUDAR AL ALUMNO FLEMÁTICO

Hay que sacarle del reducido grupo en que vive. Ello supone despertar él nuevas inquietudes e intereses, llevándole del intelectualismo abstracto a la experiencia vivida; estimular hábitos de convivencia y participación;

abrirles nuevos conocimientos, ideas y puntos de vista; desarrollar en él virtudes altruistas (compañerismo, generosidad...) introducir en su vida lo diverso, lo desacostumbrado; estimular su creatividad...

10. EL AMORFO (Ne, Na, P)

Rasgos generales falta de curiosidad y sentido práctico; muy perezoso; centrado en la búsqueda de placeres orgánicas (comer, dormir...); poco original (se deja arrastrar por el ambiente); despilfarrado, impuntual, socialmente difícil ; carente de energía y entusiasmo; extrovertido:

La inteligencia del amorfo está muy condicionada por el carácter (el binomio inactividad-primariedad obstaculiza el desarrollo de actitudes intelectuales). Carece de tensión mental. Razona con mucha lentitud y de forma superficial. Esta incapacitado para el pensamiento abstracto.

El alumno amorfo no le interesa ninguna materia y huye de cualquier esfuerzo. Suele aplazar y descuidar la tareas que se le encomiendan y tiende a aprovecharse del trabajo de sus compañeros. Se muestra muy indeciso, torpe, desordenado, abúlico e inadaptado. No se mueve si no lo remolcan. La falta de curiosidad hace que no observe ni lea nada por su cuenta

Según la investigación de Gaillat, los alumnos amorfos están en un 100% entre los malos alumnos. No destaca en ninguna asignatura. tiene una capacidad aceptable solamente en geografía, historia, dibujo y música. Está especialmente mal dotado par las matemáticas.

El estar tan condicionado por la necesidades orgánicas influye mucho en la carencia de intereses intelectuales. Tiene interés (moderado) solamente hacia cuestiones de tipo positivo (por ejemplo hacia la botánica y hacia la zoología).

CÓMO AYUDAR AL AMORFO

El amorfo necesita un control muy estrecho en el estudio diario, sin admitir excusas para su pereza. Hay que fomentar también el desarrollo de hábitos de orden y disciplina en la realización del trabajo intelectual (para desarrollar actitudes de compromiso) con el trabajo colectivo (como estímulo para su falta de energía y pasividad).

El método de enseñanza y estudio debe ser activo y práctico. Se trata de aprender <>, a partir de problemas y de situaciones reales por medio de descubrimiento personal.

11. EL APÁTICO (Ne, Na, S)

Rasgos generales: muy cerrado en sí mismo; melancólico; testarudo; d; con poca energía y vitalidad; rutinario; perezoso; pasivo; Indiferente, Introvertido.

La inteligencia del apático es, junto con la del amorfo, la que posee menos aptitudes. Carece de estímulo de la emotividad y de la ayuda de la actividad. Por esta razón permanece casi en estado potencial, sin movilizar, prácticamente sin tensión. Es una inteligencia muy mal dotada para extraer lo esencial, para la abstracción y para el establecimiento de las relaciones lógicas. El pensamiento es incoherente y pobre de ideas.

El alumno apático no le suele interesar ninguna actividad escolar, lo que unido a la falta de capacidad y de esfuerzo en todas las materias, origina malos resultadas. Según Gauillat, los apáticos están en un 100% entre los malos alumnos.

Tiene aptitud, moderada, solamente para la historia. Carece prácticamente de intereses intelectuales (sólo manifiesta cierta por los de tipo positivo)

CÓMO AYUDAR AL APÁTICO

Con el apático hay que combinar la motivación con la exigencia. Por una parte, convendrá rodearle de un ambiente familiar estimulante para su trabajo, interesados por lo que hace y proponerle metas de dificultad progresiva. Por otra parte, hay que controlar estrechamente sus deberes escolares y fomentar hábitos de trabajo y actitudes de apertura y colaboración con sus compañeros de estudio.

También es importante sacarle del trabajo rutinario, procurando que se plantee propósitos diferentes cada día y que ensaye nuevos procedimientos de estudio.

Al igual que en el caso del amorfo, lo métodos de enseñanza y estudio del apático deben ser activos y prácticos

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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

- CARACTEROLOGÍA Y TIPOLOGÍA APLICADA A LA EDUCACIÓN. Giacomo Lorennzini. MARFIL S.A. ALCOY

- PSICOLOGÍA PEDAGÓGICA Y PAIDOLÓGICA. Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina y Raimundo Drudis Baldrich. EUROLIBRO. MADRID

- CONOCIMIENTO PSICOPEDAGÓGICO DE LOS HIJOS. Serafín M. Tabernero del Río. Capítulo III de FAMILIA Y EDUCACIÓN. Varios. RIALP. MADRID.1988

- PADRES E HIJOS, UNA RELACIÓN. COL. DE PSICOLOGÍA. ED. FOLIO S.A. 2ª edición. BARCELONA, 1.993

- LA EDUCACIÓN DEL ESTUDIANTE EN FAMILIA. Victor García Hoz. TEMAS DE HOY. MADRID 1.991

- LOS PADRES Y LOS ESTUDIOS DE LOS HIJOS. Gerardo Castillo Ceballos. EUNSA. PAMPLONA.

- GUÍA PRÁCTICA DE PSICOLOGÍA. Dirigida por Vallejo Nájera. TEMAS DE HOY. MADRID 1.991.

- GRAN ENCICLOPEDIA RIALP. ED. RIALP. MADRID

- * EL DESARROLLO TOTAL DEL NIÑO. Juan Valls Juliá. Col. HACER FAMILIA. PALABRA 1.992.

- * EDUCAR EL CARÁCTER. Alfonso Aguiló. Col. HACER FAMILIA. PALABRA. MADRID 1.992

- * COMO EDUCAR LA VOLUNTAD. Fernado Corominas. Col. HACER FAMILIA. PALABRA. MADRID 1.992

- * EDUCAR LOS SENTIMIENTOS Alfonso Aguiló. Col. HACER FAMILIA. PALABRA. MADRID 1.999

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA : De las obras citadas, las marcada con asterisco * Y en negrilla.

S/C. de Tenerife a 28 de diciembre de 1999

Francisco-Manuel González Sánchez

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[1] LÓPEZ IBOR. Lecciones de Psicología médica, II. Madrid 1.964

[2] j. M. Poveda Airiño. V. Carácter, GRAN ENCICLOPEDIA RIALP




 



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