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Homilia del DOMINGO DE PENTECOSTES
Homilia del DOMINGO DE PENTECOSTES
vivir en estado de felicidad y gloria permanentes, con el gozo infinito de quienes son hijos Dios...






"Pentecostés”

1a Lectura “III”
S.R. 103: ¡Oh Señor, envía tu Espíritu, que renueve la faz de la tierra!


(Vigilia)

Nombre de una antigua fiesta judía. Se celebraba 50 días post-Pascua, para recordar el día en que los israelitas, liberados de la esclavitud del faraón de Egipto, llegaron al monte Sinaí, donde Dios se les manifestó con prodigios espectaculares: fuego, nube, relámpagos y fuertes truenos, que llenaban de terror a todo el pueblo. Allí Dios habló con Moisés, y luego selló un pacto con los israelitas, que desde ese día comenzaron a ser un pueblo... y no cualquier pueblo, sino el Pueblo de Dios, cuya ley les dio Él mismo, escrita en tablas de piedra: los 10 mandamientos.

Sin embargo, este pacto de Dios con su pueblo era una prefiguración, un anticipo del "gran pacto" que Dios iba a hacer definitivamente con los hombres: compartir su misma vida divina con nosotros, dándonos no ya una ley inscrita en piedra sino su mismo Espíritu, el Espíritu Santo, obrando nuestros corazones... Aquel primer pacto es parte de la primera alianza de Dios con su pueblo, es el antiguo pacto o "Antiguo Testamento", como lo llamamos... Pero esta nueva alianza, el Nuevo Testamento, será sellado con la Sangre del Hijo Único de Dios hecho hombre, que muriendo la Cruz nos entrega al Espíritu de amor que le une a su Padre... por eso el Evangelio de hoy nos dice que Jesús promete este Espíritu que habían de recibir los que creyeron en él, y que "todavía no se había dado el espíritu porque Jesús no había sido glorificado". Esta "glorificación" de Jesús es su muerte en la Cruz, por medio de la cual Cristo "gana" para nosotros y atrae sobre nosotros al Espíritu Santo.

Jesús ha sido enviado para que los hombres tengamos vida, y la tengamos en abundancia. Él no ha venido a traernos una simple prolongación de la vida mortal, sino la vida eterna, que no es sólo "vivir para siempre" sino que significa vivir en estado de felicidad y gloria permanentes, con el gozo infinito de quienes son hijos Dios... es vivir en intimidad y familiaridad con Dios como vive Jesús... Jesús tiene esa vida, y ha venido a dárnosla a raudales, en abundancia tal que salte en nuestros corazones como torrentes de agua viva...

El Espíritu Dios, el Espíritu Santo no tiene cuerpo ni figuras, pero la historia de la salvación se ha manifestado a través de variadas imágenes: entre ellas destacan el fuego y el viento...

Así, el Espíritu Dios se agitaba como un fuerte viento sobre las aguas en medio de las tinieblas cuando se oyó la voz Dios que dio comienzo la creación... también fue el soplo de Dios el que dio vida al primer hombre, cuando el Creador sopló sobre la estatua de barro que había hecho [la Iª lectura que leemos hoy, del profeta Ezequiel destaca la relación "viento" <=> "vida"]

Y de un modo especialísimo, el día del primer Pentecostés de la historia, el día del nacimiento de la Iglesia, cuando María los apóstoles estaban en el Cenáculo... desde ese día y hasta el fin de los tiempos, el Espíritu del Señor llena el universo, renueva todas las cosas, y enciende en los corazones de los fieles el fuego del amor, iluminando nuestra inteligencia, dándonos a gustar de todas las cosas buenas que el Padre ha creado para nosotros y haciéndonos gozar con su presencia consoladora [desde entonces, el "rostro" del Espíritu Santo somos nosotros...]

Queridos hermanos: Pentecostés no es un hecho del pasado no es un "lindo recuerdo" no es una simple página de la historia: Pentecostés no ha (agregado) terminado, no terminará nunca porque el amor del Señor no pasará jamás. Por eso ahora no estamos "recordando" Pentecostés, sino que estamos celebrando... La Iglesia vive "en estado de Pentecostés", porque Jesús sigue entregando el Espíritu a su Iglesia, y la fuerza de este Espíritu, obrando en los hombres, les hace experimentar la presencia Dios y el amor del Padre expresado en Cristo, para que los cristianos se han verdaderos "testigos" y hablan de lo que han "visto y oído" ellos mismos, y no de cosas aprendidas en los libros o dicha a la otra personas.

"El Espíritu Santo actúa en los cristianos para hacerlos verdaderos evangelizadores, y despliega su poder en la Iglesia y sus ministros, para que mediante los sacramentos hagan renacer y alimenten a los hombres con la vida divina" (P. Rivas)... Él es el Espíritu de unidad, porque une a Cristo con el Padre, y mantiene unidos a los cristianos en una sola Iglesia, la única Iglesia de Cristo... y movida por este espíritu la Iglesia busca la unidad perfecta con aquellos que no están en plena comunión con ella.

Pidamos hoy al Espíritu Santo que nos haga verdaderos evangelizadores, sus amigos y testigos, para que viviendo plenamente como hijos Dios hagamos que todos los hombres participen de esta vida divina... Que Él nos de la unión con Cristo y el Padre, y entre nosotros... que Él haga cesar todas las divisiones entre los hijos de Dios... (Él nos da la unidad, pero todos y cada uno tenemos que cuidarla)

Pidamos al Espíritu que reavive cada día más el ardor misionero de la Iglesia para que todos los hombres pueden llegar a ser hijos de Dios.

Amén.
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