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"Erradicar la pobreza y la exclusión".
"Erradicar la pobreza y la exclusión".

Los Obispos de Argentina lo colocan como el gran objetivo a alcanzar por la Nación.


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice



Erradicar la pobreza y la exclusión, el gran objetivo para los Obispos de Argentina.

Con vistas al Bicentenario 2010-2016, los Obispos argentinos han sacado un documento en el que consideran que existe la capacidad para proyectar, como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos, en la justicia y la inclusión social.

Retoman una afirmación expresada en un documento anterior:

“La gran deuda de los argentinos es la deuda social”, afirmando que no es solamente un problema económico o estadístico, sino, ante todo, un problema moral que requiere que nos decidamos todos y cada uno a un mayor compromiso ciudadano.

“Solo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común, teniendo especialmente en cuenta a los hermanos más pobres y excluidos”..

En este contexto ofrecen sus aporte como “hombres de fe y pastores de la Iglesia”.

Recuerdan que en la celebración del primer centenario, nuestra Nación aparecía en el concierto de los pueblos como una tierra promisoria y acogedora.

Hoy, en cambio, camino al bicentenario, la realidad y el ánimo no son iguales, aunque estamos ante una oportunidad única que podemos aprovecharla privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con intereses egoístas y posturas que fragmentan y dividen.

También sostienen los Obispos que debe haber un proyecto fundamental del ser Nación que subsista más allá de los gobiernos que se suceden.

Estiman que el llegar a dialogar se podrá dar dentro de contextos de verdadera reconciliación, promoviendo la mutua confianza en la verdad y la justicia.

Ven necesaria la cicatrización de las heridas abiertas en nuestra historia, de las cuales todos somos responsables, evitando las parcialidades que obnubilan la razón y el buen juicio.

La nueva idea de liderazgo implica concebir el poder como servicio. Una mística de servicio que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político.

El verdadero liderazgo va más allá de la mera gestión de los “urgencias”. Implica integridad moral, amplitud de miras, el compromiso concreto por el bien de todos, la capacidad de escuchar, el proyectar más allá de lo inmediato, el respeto de la ley, ver los signos positivos de los tiempos y, sobre todo, tener coherencia de vida.

Uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo es el de “recuperar el valor de toda sana militancia”.

Las “nuevas angustias” que nos desafían son, para los Pastores de la Iglesia, la presencia de “sobrantes y desechables”, como “formas inéditas de pobreza y exclusión”, que son “esclavitudes modernas que desafían la creatividad, la participación y la organización del compromiso cristiano y ciudadano”.

La prioridad siempre será la persona humana, que posee de parte de Dios una incomparable e inalienable dignidad.

Si bien observan una recuperación en la reducción de los niveles de pobreza e indigencia luego de las últimas crisis nacionales, ven también que no se ha logrado reducir sustancialmente el grado de la inequidad e injusticia social. Si bien mejoran los índices de desempleo, el trabajo informal sigue siendo un escollo agobiante para la promoción de millones de argentinos.

También preocupa el endeudamiento del Estado, que lleva a que los pagos de la deuda externa condicionen los esfuerzos que deberían realizarse para saldar la deuda social.

Lamentan además que no se haya podido erradicar el “histórico clima de corrupción”, y preocupa la situación de adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan.

Algunas metas que se proponen como prioritarias para la construcción del bien común:

Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas; avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo; alentar el paso de habitantes al de ciudadanos responsables; afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes; implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral, promover el federalismo y profundizar la integración en la Región sur, además de mejorar el sistema político y la calidad de la democracia, siendo imprescindible para ello lograr que toda la ciudadanía pueda tener una mayor participación en la solución de los problemas, para que así se supere el recurso al reclamo esporádico y agresivo, y se puedan encauzar propuestas más creativas y permanentes, construyendo una democracia real y participativa.


Gustavo Daniel D´Apice
Profesor de Teología
Pontificia Universidad Católica
http://es.catholic.net/gustavodaniel
http://gustavodaniel.autorcatolico.org





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