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Enseñanza de la Fiesta de Reyes.
Enseñanza de la Fiesta de Reyes.

Los magos nos dejan varias enseñanzas para nuestro seguimiento de Jesús.


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice



Enseñanza de la Fiesta de Reyes


I. Los buscadores de la luz.
Los magos representan a todos aquellos que sin una revelación explícita del Dios judeo-cristiano, sin embargo buscan la luz, la verdad, la vida, la paz, la justicia, el amor, lo bello, el bien, ya sea porque está revelado en sus religiones por las “semillas del Verbo esparcidas en ellas (Concilio Vaticano II), o bien porque son fieles al Dios que les habla en el Sagrario de su conciencia, aún sin creer en Él o sin buscarlo explícitamente; pero sí implícitamente en los valores señalados.

II. La entrega generosa y alegre.
Los magos se llenan de alegría al ver la estrella sobre la Gruta de Belén (Mt. 2, 10), y le entregan con generosidad y desprendimiento sus dones de oro, incienso y mirra (v. 11b).

III. El cambio de rumbo.
El encuentro sincero con Jesús produce el retornar desde Él por camino distintos (v. 12b).
Recordemos que Jesús es el Camino (Juan 14, 6).

IV. La estrella.
Significa todos aquellos signos que nos llevan hacia Dios, incluso naturales, pero que en última instancia son también mensajes y creación suya. La Sagrada Escritura completa y perfecciona este mensaje (Mt. 2, 4-6), pero hay que saber descubrirlos porque la vida está llena de ellos.

V. Dejarlo todo. Las dificultades.
Los magos dejaron todo para ir hacia lo desconocido ante el mensaje de Dios. Lo mismo hizo en otro tiempo Abraham, el padre de la fe (cfr. Génesis 12, 1-4a). Dejaron sus comodidades, sus palacios, sus familias, su entorno conocido, para ir hacia lo que no sabían. No temieron las dificultades del larguísimo camino ni, al llegar o antes de irse, pasaron por la posada a descansar o se quejaron ante María y José de las seguras callosidades y dolores de los pies. Van y vienen guiados por esa luz interior que no les hace desviarse un ápice de su camino (cfr. Lucas 10, 4: “no se detengan...por el camino”).

VI. El pesebre y el palacio.
Venían a adorar a un Rey. Lo lógico es que estuviera en un Palacio. Jesús es de la descendencia de David, Salomón, etc., cuna de los esplendores de Israel, por parte de su padre virginal, por la que la misma le correspondía (mateo 1, 6.16). Era una casa real venida a menos, pobre. Que para y pare en un establo. Los magos seguramente vendrían de sus palacios de oriente, pero no se escandalizan al ver al Rey en el establo, ya que una Luz mayor los ilumina.

VII. El ser “estrellas”.
No quiere decir esto el ser o creernos los mejores, según lo entiende el mundo vanidoso. Significa el ser estrella para los demás como lo fue la estrella para los magos. Que sepamos conducirlos a donde está Jesús y luego desaparecer sin querer hacer notar el ulgor que tuvimos al conducirlos (cfr. el testimonio de Juan Bautista en Juan 3, 20: “es necesario que Él crezca y que yo disminuya” –y me apague- (n.a.).

Gustavo Daniel D´Apice
Profesor de Teología
Pontificia Universidad Católica





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