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Los Motivos de la Encarnación
Los Motivos de la Encarnación

Dios se hace hombre para que el hombre pueda hacerse dios.


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice






Los motivos de la Encarnación.

(Cat. Nº 456-463. Comp. 85-86)

Primero diremos algo sobre algunos términos parecidos antes de definir qué es la Encarnación.

No es “re-encarnación”.

Éste es un término utilizado por religiones no cristianas, principalmente de oriente, usado actualmente por algunos movimientos religiosos libres como la new-age, para indicar ideas griegas y platónicas antiguas, por las cuales las almas preexisten en el “mundo de las ideas”, y se encarnan sucesivamente en diversos cuerpos en distintas vidas terrenas hasta lograr su total purificación o “nirvana”, es decir, su disolución en el Absoluto, para volver nuevamente al mundo ideal (algo parecido a lo que llamaríamos cielo, pero sin identidad personal, ni del alma ni del Absoluto en el que se disuelve la misma: de aquí surgen las ideas del mundo o del alma como “emanación de Dios”, “chispa divina”, etc., que en nada tienen que ver con la idea cristiana de creación única, personal e irrepetible de la nada).

Tampoco es resurrección temporal.

Como las que Jesús realizó de su amigo Lázaro (Jn. 11, 1-44), de la hija de Jairo (Mt. 9, 18-26) o del hijo de la viuda de Naín (Lc. 7, 11-17.

También Pedro resucitó a Tabitá o Dorcas (en griego, “gacela”), muy querida por sus allegados (Hch.9,36-42), y Pablo a Eutico, alguien que se había quedado dormido en una ventana de un primer piso mientras el Apóstol predicaba (Hch. 20,7-12).

Estas resurrecciones temporales implicaban el volver a morir.

Algo así como la donación de órganos. Sin restar importancia a la entrega solidaria y generosa, implican el morir de una o de otra manera, antes o después. Ninguna asegura vida eterna.

Pertenecen a esta etapa caduca y temporal, etapa penúltima, pero no a la definitiva y la que realmente importa. Sirven a modo de signo.

Y tampoco es la resurrección gloriosa y eterna de Jesús, de la cual todos participaremos al final de los tiempos con nuestros propios cuerpos resucitados. La que sí verdaderamente importa. La única y definitiva. (cfr. Mt. 28; Mc. 16; Lc. 24; Jn. 20-21; I Tes. 4, 13.17).

Sentido de la Encarnación:

El término Encarnación hace referencia a que Dios se hace carne, se hace hombre en la Persona de Jesús.

La Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios, la Palabra (el Logos griego), el Verbo (Verbum latino), se hace sarx (gr, carne), toma naturaleza humana y se hace uno de nosotros para salvarnos.

Significa que Dios está en la Persona de Jesús de Nazareth, desde el instante de su concepción en el seno de la Santísima Virgen María y por toda la eternidad, pues se mantiene a través de su Cuerpo Resucitado por siempre.

Motivos de la Encarnación. (relación interdisciplinar científica)

1º) Motivo Soteriológico (perteneciente a la economía de la salvación):

Para reconciliarnos con Dios, para volvernos a la amistad con Él. Salvados y liberados de nuestra esclavitud de estar lejos de Él.

2º) Motivo gnoseológico-bíblico –antropología teológica- (conocimiento experiencial):

Para que conociéramos así el Amor de Dios, que en Jesús se entrega hasta dar la vida por nosotros.

3º) Motivo pedagógico-divino: Para ser nuestro modelo de santidad (lo que Jesús hizo y dijo).

La imitación de Cristo como Camino seguro de santidad cristiana.

Los Evangelios traslucen su Persona y las bienaventuranzas de Mateo 5-7 dibujan su Rostro divino. Jesús habla de “aprender de Él...”.

El Padre Celestial dice en la Transfiguración desde la Nube Luminosa: -“Escúchenlo”.

Y el mismo Jesús dice de Él mismo que es el Camino, más aún, la Verdad y la Vida en abundancia para todos.

Como Él hizo, también debemos hacer nosotros.

4º) Motivo teológico-espiritual: Para hacernos partícipes de la naturaleza divina.

Jesús es Hijo por naturaleza, Dios por naturaleza.

Nosotros lo somos por participación. Esa participación en esta vida se llama “gracia”.

En la vida eterna (escatología, en el tiempo final), se la llamará gloria.

“El Hijo de Dios se hizo hombre, para que el hombre, a través suyo, se haga dios”. (San Atanasio, Santo Tomás de Aquino).

Es decir, se divinice, se transforme, sea feliz, posea el Sumo Bien y la Suprema Felicidad.

Asumió nuestra naturaleza humana para que nosotros asumiéramos, por participación, su naturaleza divina.

Gustavo Daniel D´Apice
Profesor Universitario de Teología
http://es.catholic.net/gustavodaniel
http://gustavodaniel.autorcatolico.org







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