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Los Magos venidos de Oriente
Los Magos venidos de Oriente

Los signos naturales y circunstanciales también pueden llevarnos al encuentro de Jesús.


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice






Los Magos venidos de Oriente

El episodio está narrado en el Evangelio de San Mateo, capítulo 2, versículos 1 al 12:

Lo primero que llama la atención es que en ningún momento se habla de reyes.

Pero la tradición cristiana vio cumplida en esta narración lo anunciado en el Salmo 72 (71), vv. 10-11, que habla de un Rey Mesías al que los Reyes le traerán regalos, y ante el cual se postrarán para adorarlo.

Tampoco se dice el número, pero el número de dones ofrecido en Mateo 2,11 (oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre mortal), hizo que muy pronto la representación artística e iconográfica haga aparecer tres reyes magos, uno por cada don ofrecido.

Además, esto coincidía con el número de razas conocidas, y así la manifestación universal a todos los pueblos de Jesús significada por esta fiesta de Epifanía (gr: manifestación), incluyó al blanco europeo, al negro africano y al amarillo achinado asiático.

Una estrella conducía a estos magos astrónomos, ciencia milenaria en oriente, que estudiaba la conjunción de los astros con mucha exactitud. Los mejores estudios señalan que serían sacerdotes persas, principalmente observando su devoción y esmero hacia el Salvador que no conocían ni esperaban:

Según el astrofísico Kepler y los jesuitas que lo seguirían después con sus observatorios, la estrella brillantísima vista por los magos se repetiría algunas veces en el transcurso de nuestra era (Mateo 2,9): es una conjunción de Saturno y Júpiter en la constelación de Piscis.

Según el significado antiguo de estos signos, Saturno era la estrella que guiaba al pueblo que estaba en Palestina.

Júpiter indicaba un gran Rey que habría de nacer, y la constelación de Piscis significaba la estrella del final de los tiempos.

Por lo que el significado de la estrella sería: “El Gran Rey del Final de los Tiempos iba a nacer en Palestina”. Y acuden a adorarlo: Seguramente una Luz mayor los ilumina.

Cuando preguntan los magos al llegar a Jerusalén al Rey Herodes por el recién nacido, éste convoca a los especialistas en la Sagrada Escritura, quienes luego de investigarla, responden sin titubeos que “en Belén de Judea” (Mateo 2,5) iba a nacer el Salvador, según señalaba el profeta Miqueas 5,1.

Pero, teniendo la Biblia que lo anunciaba, no acuden a adorarlo.

En cambio, los magos, que seguían signos y circunstancias naturales, iluminados ahora por la Revelación, si van.

Y habiéndose encontrado con Jesús, vuelven a su casa “por otro camino” (Mateo 2,12):

Ninguno que se encuentre con Jesús puede seguir por el mismo camino:
El encuentro con Él cambia y transforma:
Es más, propone seguirlo, ya que Él es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14,6) y nadie va al Padre sino es por Él.

Y signos, circunstancias y acontecimientos, pueden llevarnos hacia Él, como hizo la Estrella con los sabios de Oriente.

Gustavo Daniel D´Apice
Profesor de Teología
Pontificia Universidad Católica







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