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Cumaná
Cumaná
Tierra de Gracia, por la presencia amorosa de la mano de Dios en toda su belleza geográfica. Ríos, montañas, valles, planicies, arena, playa y mar que se conjugan para producir un encanto a la mirada de todos


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Son muchos los que no hemos nacido en esta tierra de gracia, pero que tenemos sembrado aquí la vida, la fe y la esperanza. “Cumaná, marinera y mariscala”, palabras en versos muy sentidas de ese gran poeta del pueblo Andrés Eloy Blanco. Hablar de Cumaná es hablar de una ciudad añeja y la primera del continente Americano fundada por los españoles en el año de 1521, donde se encontraba al frente Gonzalo de Ocampo. Este nombre de Cumaná nos quiere decir, en el lenguaje de los Cumanagotos, unión entre río y mar. Sería un pecado mayor y un acto injusto no nombrar que antes de 1521, para 1515 ya había presencia de misioneros franciscanos organizando y acompañando a los indígenas. A pesar de que la ciudad fue fundada oficialmente en 1521, desde el año 1515 ya había misioneros franciscanos.

Cumaná, es tierra de gracia, por la presencia amorosa de la mano de Dios en toda su belleza geográfica. Ríos, montañas, valles, planicies, arena, playa y mar que se conjugan para producir un encanto a la mirada de todos. Además es tierra natal de Antonio José de Sucre, vencedor de Ayacucho, batalla que logró la independencia de los países con presencia del Libertador Simón Bolívar; también el primer presidente de Bolivia. Además, Cumaná es familia de Andrés Eloy Blanco, poeta del pueblo y expresión del verso enamorado y risueño que va contando los quehaceres de su gente. De gracia por su gente amorosa, alegre y servicial con todo lo que Cumaná lleva y muestra: Sus templo motivos a la fe y la oración (Santa Inés y Catedral), el Castillo de San Antonio de la Eminencia y todo un conjunto de edificaciones que datan de tiempos inmemoriales. cargados de tradición y belleza.

Cumaná se ubica en la zona Nororiental de Venezuela. Con unas miradas elegantes por el Norte con el inmenso mar caribe y el estado, perla del mar, Nueva Esparta (Isla de Margarita); por el Sur con los estados Anzoátegui, tierra de héroes y batallas, y Monagas, tierra rica en yacimientos de petróleo y ganadería; por el Este con el Golfo de Paria, esperanza del mañana y, por el Oeste con el Golfo de Cariaco, tierra morena y campesina. Cumaná simplemente no es una tierra apretada y bañada por el mar, sino que es la presencia de una historia que nos abraza y nos coloca frente al mundo como maestra y señora. Es una historia tan rica y viva que aquella “Nueva Toledo” (1521) de las manos de Gonzalo de Ocampo en la fuerza del Cacique Maragüey, se convierte en “Nueva Córdoba” (1562) en Jácome de Castellón. Más adelante la “Nueva Andalucía” de un 13 de octubre de 1569 en la organización y fortaleza de Fernández de Serpa hasta llamar a la ciudad Cumaná, reconocida por el Rey Felipe II el 2 de julio de 1591.

Esta historia, tan vivida y tan olvidada, me hace pensar en una tierra “encontrada” y “poblada” con la presencia activa de los misioneros que desde el mismo momento de la llegada de Colón estarían con su espíritu servidor en el camino del progreso de todos. Tierra de Repartimiento, de Encomiendas donde un encomendero en la famosa ley de Burgos debía de proteger a los indígenas y al no hacerlo permite que fray de Montesinos luchara a brazo partido por la dignidad y respeto de los aborígenes. Vale la pena mencionar el primer convento Franciscano al sur del Castillo de santa María donde hoy en día está el barrio de san Francisco. Allí funcionó la primera Universidad de Cumaná que data de 1812. En esta historia no podemos dejar a un lado los terremotos de los años 1766, 1797 y 1799, también el de 1815, el de 1856 y el de 1929 que no pudieron borrar la presencia histórica de acontecimientos que hoy son parte del recuerdo.

Sus primeros habitantes venidos desde el sur por el río Orinoco, conocedores de la pesca con arpón, de chozas de palma, cultivadores de yuca y se teñían el cuerpo con pintura. Esas agrupaciones tribales recibían el nombre de Guayqueríes, Cumanagotos, Chaimas, Chacopatas, Pariagotos, Coares o Tapacoares y Guaráunos.

En esta Cumaná que para 1777 se convierte en Provincia de Cumaná junto a otras diez Provincias en tiempos en que José Antonio Páez asume la presidencia de Venezuela, para luego caer en división otra vez en épocas de José Tadeo Monagas y llegar a este momento para que junto a la actividad pesquera y lo dulce del mango a montón se alce por encima de todo el oriente para descubrir en su fe a la Virgen del Valle, que celosamente guarda la Isla de Margarita, pero que Cumaná ha sabido degustar con adornos de milagros, procesiones y esa fiesta muy típica de cada 8 de septiembre. Al lado de la madre del oriente se destaca la patrona de Cumaná “Santa Inés” que en cada 21 de enero sale a bendecir a su pueblo y ruega a Dios por la salud de todos.

No importa si no se ha nacido aquí, en esta tierra de gracia, ella recibe, cría y alimenta a todos por igual. Ella es un abanico de oportunidades para que con suave brisa y olor a playa recién levantada vaya dando aroma como la sal que despierta los sabores.

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