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Gracias mamá por enseñarme el Santo Rosario
Gracias mamá por enseñarme el Santo Rosario
Lo maravilloso del Santo Rosario no es la repetición de las avemarías, sino es la magnífica oportunidad que tenemos todos de experimentar en la fe ese amor a Dios en María Santísima, a la cual le había confiado esa misión salvífica


Por: Padre Marcelo Rivas Sánchez | Fuente: Catholic.net



La experiencia que guardo de mi hogar se centra en mis padres, quienes me enseñaron lo que soy y de forma muy especial esa manera de piedad popular, que hoy, delante de Dios, les agradezco. Mi madre, que Dios tenga en su gloria, siempre al caer la tarde tomaba entre sus manos la camándula e iniciaba sin detenerse, sin distraerse el rezo del santo rosario. Cuando empezó a notar que a mi me llamaba la atención al verla en este acto me enseñó. Lo mismo está haciendo el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica “El Rosario de la Virgen María” donde nos enseña con palabras llenas de mágica fe que hace despertar y recordar aquellos momentos cuando aprendimos a rezar el Santo Rosario. El mismo, sin ninguna intimidación, describe el rezo del santo rosario como su oración predilecta; plegaria maravillosa. Maravillosa en su sencillez y en su profundidad.

Cuando se es sacerdote y se ha enfrentado muchas batallas el Santo Rosario ha sido parte del armamento utilizado para ganar esas cruzadas que, de seguro, sin la magia de su meditación hubiese sido imposible. Me imagino, en este momento, a Santa Mónica de rodillas rezando el santo rosario por la conversión de su hijo Agustín. Oración que no es otra cosa que la meditación, en decenas, de los misterios vividos por María frente a su Hijo Salvador. Meditación que hace brotar, como agradecimiento, el Magnificad por la obra de la Encarnación en su seno virginal para hacer posible la salvación de todos.

Para este octubre del 2003 termina la dedicación “al Año del Rosario” que con fuerza y alegría se nos presentó para renovarnos espiritualmente, para superar a crisis de la no oración en un mundo supra sensual, hedonista y materialista excesivo - recurrente. Llegamos al final de una hermosa celebración donde la imagen de la Virgen, en cualquier advocación, ha presidido en el porche, sala, patio y enramadas de las casas el rezo del santo rosario.

Lo maravilloso del Santo Rosario no es la repetición de las avemarías o de la mesa bien dispuesta que sostiene la imagen de la Virgen, sino la experiencia de la unidad que se conforma en todo el mundo entero para alabar y bendecir a Dios por los motivos inmensos de su amor para con la humanidad. Es como decía al principio, una rica costumbre de la piedad popular donde la Santísima Virgen se hace universal y de mucha importancia para los creyentes. Es la magnífica oportunidad que tenemos todos de experimentar en la fe ese amor a Dios en María Santísima, a la cual le había confiado esa misión salvífica. Es el santo rosario el lugar para reconocer a María Virgen como la Madre del Señor Jesús y en el plano de la gracia madre de todos nosotros. Es la vez el reconocimiento de que Dios a través de Ella interviene a favor nuestro.

Es una oración connatural a la gente sencilla que reconoce la elegancia de Dios para hacer nacer a Jesús, el Salvador del vientre inmaculado de la Virgen María. Por eso en cada decena de las avemarías se medita el sufrimiento, la lucha y el triunfo en ese caminar de Jesús por el camino de la vida, donde la Virgen estuvo presente y actuante para ayudarle a cumplir su misión salvadora. Mi madre solía decir, que el rosario era tan sagrado porque en el estaba todo Jesús y toda María. Por eso, hoy en día, se hace necesario, que el santo rosario ocupe ese espacio tan vivo en los hogares.

Rezar el santo rosario es, pues, un acto de fe y de piedad donde se meditan misterios de Gozo (Lunes y Sábados); de Luz (Los jueves); de Dolor (Martes y Viernes) y los de Gloria (Miércoles y Domingos). Es un acto de fe y piedad que se inicia con el ofrecimiento, la señal de la cruz, la recitación del Credo, el acto de contrición, el Gloria, las Tres Avemarías, de nuevo el Gloria, el anuncio del Primer misterio, Padre Nuestro, las Diez Avemarías, al final el Gloria, hacer las dos Jaculatorias, seguir con el otro misterio y al concluir al quinto misterio se rezan las letanías y la Salve, para concluir con la Señal de la Cruz.

Es, sencillamente, una usanza tan rica que nos llena profundamente en cualquier lugar y circunstancia. Rezarlo es salvarse como también su propagación. Es decirle a todos, con el corazón hinchado de agradecimiento, ¡que Dios se ha fijado en su pueblo y no con una simple mirada, sino con todo el corazón para darnos su amor!

Viene a ser, el santo rosario, un recordar con valor de cristiano los pasos dados por Dios para salvarnos y donde la Virgen se involucró cerrando la puerta y descubriendo al Dios que desde lo escondido nos oye y nos habla. Por eso María pudo responder con el Fiat. Por eso da el paso y no se arrepiente, pues en cada paso estaba Dios presente. Por eso el Rosario guarda tanta salvación, tanto amor y se hace parte que identifica al buen cristiano que teniendo a Dios en su corazón deja un rinconcito para la Madre, la madre de Dios y de todos.

Además, el recorrido espiritual del rosario nos va mostrando a Jesús, quien cargado del amor del Padre y en profunda oración, para que de El aprendamos aquellos afanes de la vida, aquellas peripecias de sus caminatas y la mano sanadora que hace que el enfermo se llene de fe y de esperanza. Ese rostro de Cristo, a través del Rosario, se va dibujando en el alma de quien lo rece para que ante ese dibujo divino se transforme en una persona nueva con capacidad de aceptar la pruebas de la vida.

Desearía dejar aquí, como recuerdo sublime de mi querida madre, una de las jaculatorias que más me impactó desde niño: “Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”

Padre Marcelo
Su amigo y hermano en Cristo Jesús
para siempre le bendice

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