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CARTA A UN AMIGO PARA NAVIDAD
CARTA A UN AMIGO PARA NAVIDAD

En adviento suele entrarme al alma como una brisa fresca y alegre. Sonidos de Navidad, del niño que va a nacer.







Querido amigo:

En adviento suele entrarme al alma como una brisa fresca y alegre. Sonidos de Navidad, del niño que va a nacer.

Me recuerda la infancia, cuando todo era puro y bueno. Y hablaba con Jesús, con la confianza que te hablo a ti.

Jesús siempre fue mi mejor amigo.

Ahora de grande, nos hemos reencontrado y solemos tener largas pláticas. Por lo general, él me escucha, atento, con una sonrisa en los labios, con una mirada de ternura y comprensión.

¿Qué me dice? Casi siempre lo mismo:
“No temas. Yo estoy contigo”.

Quería compartir contigo lo que vivo y que tanto me hace pensar en lo que he de hacer para Navidad.

Vida interior.
Amar al desamparado.
Volver la mirada agradecido a Dios.

Deseo vivir la Navidad como aquellos pastores, hombres recios, acostumbrados al trabajo, que de pronto se admiran al ver al recién nacido y le adoran y corren a contar la buena nueva. Ha nacido un pequeño niño, que es el hijo de Dios.

Siendo padre de cuatro hijos, expuesto a los problemas cotidianos, puedo decirte que vale la pena vivir sumergido en el mar de Dios.

Es maravilloso experimentar su gracia y protección.

No lo he leído en ningún libro. Lo vivo y experimento cada día.

No es lo mismo escuchar de Dios que vivir en Dios.

Sin trabajo, con grandes necesidades, compruebo que las Palabras del Evangelio se cumplen.

"Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán" (Jn 15, 7).

Debo confesarte que soy de los que mucho le piden y también de los que mucho le agradecen.

Estoy agradecido porque Dios me ha permitido pasar por esta primavera espiritual. Enseñándome lo que es el abandono, la confianza y su Amor.

Tengo una vida de necesidades, y un Padre que provee en abundancia. ¿Qué más puedo pedir?

He aprendido que todo se basa en confiar. Si confío mucho, recibo mucho, si confío poco, recibo poco.

Ya sé, dirás: ¿qué le pasó a Claudio?

Pues que me siento feliz. De saberme amado desde una eternidad. De saber que Dios existe. Y que es mi Padre. Nuestro Padre. Y por ello, tú eres mi hermano.




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