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LAS COSAS DE DIOS
LAS COSAS DE DIOS
Suelo emocionarme por las cosas de Dios.






Suelo emocionarme por las cosas de Dios.

A veces me sonrío por sus ocurrencias.

Es que Dios actúa de formas sorprendentes. Cuando fija su mirada en ti, tanto amor te rodea, que no quieres escapar a su mirada. Quedas seducido, como Jeremías cuando exclamó:

“Me has seducido, Yavé,
y me dejé seducir por ti.
Me tomaste a la fuerza y saliste ganando.
Todo el día soy el blanco de sus burlas,
toda la gente se ríe de mí.
Pues me pongo a hablar, y son amenazas,
no les anuncio más que violencias y saqueos.
La palabra de Yavé me acarrea cada día humillaciones e insultos.
Por eso, decidí no recordar más a Yavé,
ni hablar más en su nombre,
pero sentía en mí algo así como un fuego ardiente
aprisionado en mis huesos, y aunque yo trataba de apagarlo, no podía”. (Jer 20, 7-9)

Te contaré cómo ocurrió.

Estaba un poco desanimado, en aquellos días. Y había decidido no escribir más. Una voz interior me repetía: “escribe”. Pero no le hacía caso.

Las vivencias con el buen Dios, se multiplicaron.

Era innegable... Él estaba cerca. El siempre ha sido un Dios cercano.

Aún así, cerré mis oídos.

Entonces Dios multiplicó sus esfuerzos, sus llamados de amor. Y puse atención a sus palabras, tan tiernas, tan puras y buenas.

Fue una tarde que acompañé a mi esposa al supermercado. Un hecho cotidiano de esposos, y Dios se presentó.

Venía con la inquietud en mi corazón.

-Señor -le decía - ¿Qué deseas de mí?

Entrando al supermercado me detuvo una amiga de mi esposa.

-Claudio, ¿qué pasa que ya no escribes? -me recriminó - Debes volver a escribir.

Quedé sorprendido por este encuentro casual. Y sonreí emocionado.

- Eres increíble, Señor - le dije.

Dentro del supermercado otra señora se me acercó y me dijo:

-Hace mucho que no leo nada suyo, Espero que vuelva a escribir.

Esta vez, respondí:

- Mensaje recibido.

La señora me miró extrañada, sin comprender.

-Gracias -le dije -. Seguiré su consejo.

Fui a la sección de pago, donde me esperaba mi esposa, con los víveres.

La encontré conversando con una prima.

- Oye Claudio - me dijo su prima, tan pronto me vio.

-Ya sé, ya sé -le interrumpí.

Me reí y exclamé:

- ¡Mensaje recibido! ¡Voy a escribir!

- Pero... ¿Cómo sabías lo que iba a decirte? - preguntó sorprendida.

Entonces le conté.

Las cosas de Dios son maravillosas. No puedo menos que agradecer tanto amor.

Desde aquella tarde, escribo y escribo, sobre el buen Dios, su amor de Padre, nuestra santa madre Iglesia, la ternura de Jesús, el tener a María por Madre, la alegría de ser Católicos.

Esta es mi historia, después de aquél encuentro, de estar casado por 21 años y tener 4 hijos estupendos.






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