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Almería, España

Leyenda de la Imagen y el Santuario del Saliente (Albox)
Nuestra Señora del Buen Retiro de Desamparados, la Pequeñica


Por: según D. Emilio Moreno Cebada. Año 1.865 | Fuente: www.santuariodelsaliente.com



 

La villa de Albox, perteneciente a la Provincia y Obispado de Almería, está situada en una hermosa llanura sobre la rambla del mismo nombre.

Corrían los primeros años del siglo XVIII, centena de tristes recuerdos que concluyó con la revolución francesa, y apagando la lámpara del Santuario, paseó en triunfo la diosa de la razón, cortesana impura honrada con las mas horribles hecatombes. Este siglo fue el padre y maestro de este en que vivimos y en el que nuevos apóstoles de la impiedad, vienen trabajando sin descanso por arrancar la fe de los corazones católicos. Dios no ha dejado jamás de obrar prodigios y manifestar su protección á aquellos que le temen, y que no habiéndose contaminado con las doctrinas del error, son sencillos y puros de corazón

Lázaro de Martos Verde el-Pino, era hijo de unos honrados labradores de Albox, y su ocupación la de guarda de ganado mular. Se infiere que este joven debía ser sencillo de corazón, honrado y de puras costumbres, cuando mereció ver por sus ojos brillantes cual la aurora de la mañana, bella cual la estrella precursora del día al levantarse sobre el horizonte, y brillante como los encendidos rayos del monarca de los astros en la mitad de su carrera, a la soberana Emperatriz de todos los Serafines


Es tradición constante, que hallándose el referido Lázaro a las faldas de la sierra del Saliente, y siendo como la mitad de la noche, oyó entonar cánticos sagrados, apareciéndosele en el mismo instante la Santísima Virgen María. Sensible es ciertamente que nada mas añada la tradición acerca de este prodigioso suceso; pues es de creer que al verificar la Madre de Dios este aparecimiento tuviese algún objeto, ó dirigiese algunas palabras al dichoso mortal que disfrutó de su vista, palabras que tal vez tendrían relación con los sucesos futuros de los que hemos de ocuparnos. Tal vez la humildad le hizo guardar silencio: pero es lo cierto que abandonando desde entonces su habitual ocupación, se dedicó a los estudios eclesiásticos, recibiendo mas tarde las sagradas órdenes, habiendo llegado a ser beneficiado y cura de la parroquia de Albox.

Guardaba en su corazón el dulce recuerdo del favor singular que recibiera de la Virgen María teniendo presente su fisonomía y hasta sus más mínimos detalles. Obediente a una inspiración interior ó tal vez a una orden expresa de la Señora que le fuera comunicada en la noche feliz de la aparición fue su primer cuidado, luego de haber tomado posesión del curato, de hacerse con una Imagen de Nuestra Señora, que fuera lo mas parecida posible al original que había visto en la falda de la Sierra del Saliente, para que fuera objeto de veneración para los fíeles de aquella localidad.

Al efecto fueron comisionados dos individuos elegidos por el expresado cura, don Roque Tendero Olivares y el Ayuntamiento de la villa, dándoles instrucciones para que fuesen a la ciudad de Granada, y allí se hiciesen de la deseada Imagen.

 

Llegaron los comisionados a Guadix, donde determinaron pasar la noche y descansar de las fatigas del viaje. Hospedáronse a este fin en una posada, en la que preparada la cena se les presentó un sacerdote desconocido, con el que se pusieron a departir amigablemente. Versó la conversación sobre el objeto del viaje que habían emprendido, manifestando al sacerdote los deseos que tenían de encontrar una Imagen de la Santísima Virgen, según las instrucciones que le habían sido dadas. Luego que el sacerdote los hubo escuchado les manifestó que él poseía una imagen que creía les había de agradar, y que sí querían pasar a verla, entrarían en trato toda vez que les conviniese. Accedieron á ello y acompañados del sacerdote se dirigieron á una casa, donde aquél les mostró la Imagen de que les había hablado. Agradóles sobre manera á los comisionados de Albox, los que habiendo quedado convenidos en el precio, la condujeron llenos de gozo á la posada. Trataron de entregar la cantidad estipulada al sacerdote; pero éste se negó á recibirla pretestando no querer llevar dinero de noche y ofreciendo volver a la mañana siguiente.



No cabían en sí de puro gozo los comisionados que sentían rebosar sus corazones en las mas dulces expansiones, deseando regresar á su pueblo creyendo que habían desempeñado satisfactoriamente su cometido. Durante la noche no pudieron cerrar sus ojos y la pasaron en su mayor parte hablando de la Imagen.

Al día siguiente, desde el amanecer esperaron al sacerdote para satisfacerle y emprender el viaje de regreso. Pero en vano. Aquel no pareció. Impacientes en el deseo que les animaba de verse de nuevo en Albox, salieron á buscar la casa donde habían recibido la Imanen la noche antes, pero todas sus pesquisas fueron infructuosas: preguntaron por todas partes; pero nadie les dic razón alguna del sacerdote, ni de la casa, y así ellos, juzgando prudentemente que todo aquello era providencial, determinaron volverse al pueblo, como lo hicieron después de haberse convencido de lo infructuoso de sus diligencias.


Apenas don Lázaro de Martos hubo visto el bellísimo simulacro llenóse de regocijo, afirmando que era exactamente el mismo que se le había aparecido, siendo extraordinaria la alegría de todo el pueblo. Por esta Imagen había Dios determinado favorecer de un modo extraordinario á los habitantes de aquella localidad á la que no tenemos dificultad en llamar, heredad predilecta de María.

¡Feliz Albox! abre tus puertas y tañendo los instrumentos músicales; recibe como á un ángel de ventura, a la hermosa Esther que intercederá continuamente por ti: a la valerosa Judith, que con mano fuerte cortará la cabeza al monstruo infernal para que no os arrastre por las sendas de la perdición. María te ha elegido por su pueblo propio y peculiar, para que permanezcan siempre fijos en ti sus ojos y su corazón. Esa Imagen, objeto de adoración, es la prenda de un amor mutuo y permanente entre la Madre de Dios y vosotros.


Hablamos de una tradición, que como todas es objeto de censura para la crítica mordaz; pero guiados por nuestra fe, apreciamos los privilegios de una especie de Patronato, en que están cifradas las glorias y las esperanzas de un pueblo, y tratamos al mismo tiempo de hacer conocer á sus habitantes la importancia de las obligaciones que han contraído con María.

El impío no está dispuesto a creer lo que está más allá del alcance de sus sentidos !olvida cuán menguada es la inteligencia humana! Nosotros creemos que Dios puede hacer milagros y que los hace continuamente en favor de las criaturas. Las páginas de ambos Testamentos nos refieren multitud de prodigios. Dios es el autor de la naturaleza y le ha dado leyes. ¿No podrá suspender estas leyes a su arbitrio? Todo cuanto existe está sujeto a su voluntad y dominio. Quiso favorecer al joven Tobías y dispuso que uno de los siete ángeles que están siempre en su presencia, le apareciese en forma de hermoso mancebo, acompañándole en su viaje. Tres ángeles se aparecen también bajo forma humana al patriarca Abraham. ¿Por que no nos ha de ser lícito pensar que el sacerdote que entregó la bella Imagen, que nos ocupa, a los comisionados de Albox, era tambíen un ángel enviado por el Señor, para hacer donación de joya tan admirable? Las circunstancias todas que concurrieron y que dejamos referidas así nos lo hacen pensar, si bien no damos al hecho otra fe que la puramente humana, porque sólo a la Iglesia pertenece decidir en cuestiones de esta naturaleza.

El referido don Lázaro Martos, y don Roque Tendero Olivares, que era también beneficiado de la Iglesia parroquial, concibieron el proyecto de edificar una ermita, en el mismo sitio donde el primero de ellos se hallaba guardando el ganado, cuando se le apareció la Señora, y que es una explanada que forma la escabrosa sierra del Saliente a dos terceras partes de su falda, con el objeto de colocar en ella la Imagen de Nuestra Señora, y que recibiese culto.




Con fin tan piadoso, acudieron a impetrar la licencia del Prelado que lo era a la sazón don Fr. Manuel de Santo Tomás (Dominico), el cual habiéndoles recibido con benignidad, les concedió el oportuno permiso, en el día 11 de Marzo de 1712.


Mas de cuatro años duraron las obras, y terminadas que fueron, fue bendecida la ermita con autorización del Prelado que era entonces de Almería, don Jerónimo del Valle Ledesma, y colocada en ella la santa Imagen, que empezó desde entonces a ser objeto de la mayor veneración, no solo por parte de los vecinos de Albox, sino también de los habitantes de los pueblos comarcanos. Su título es, Nuestra Señora del Buen Retiro de Desamparados, aunque comúnmente es conocida por la Virgen del Saliente, por ser este según hemos dicho, el nombre de la sierra donde se halla.

La Imagen de Nuestra Señora de los Desamparados es bellísima, y no puede mirarse sin sentirse dulcemente impresionado. Su aptitud es de la Asunción a los cielos, cuyo misterio parece representar. Holla con sus pies una serpiente de siete cabezas, y apoya ambos sobre una medía luna: su mirada está fija en el cielo; su estatura es como unos cuarenta centímetros; su rostro fino y sin el más ligero defecto: su vestido exterior que es de la misma materia de la Imagen es blanco é imita al tisú de oro, sembrado de delicadas rosas encarnadas; su manto azul con estrellas doradas como henchido por el viento. Está la Imagen sostenida por dos Querubines tan delicados y hermosos que no desmerecen en nada del mérito de la Señora, sus ropas son también finísimas de varios colores, figurando el tejido del tisú y su posición como haciendo esfuerzos para levantarla en alto y conducirla al cielo. Todo el conjunto de tan bello simulacro, admira, arrebata la atención y mueve el entendimiento a la contemplación de las gracias, la hermosura y los demás dones con que fue enriquecida y adornada, la criatura feliz y bienaventurada que fue preservada de toda mancha desde el principio y antes de los siglos para Arca verdadera de la nueva alianza, Madre del Redentor de la estirpe culpable, y vida, dulzura y esperanza de los míseros mortales. El que por primera vez visita a la Santa Imagen de Nuestra Señora del Saliente, no puede menos de exclamar como la reina de Saba en presencia del sabio hijo de David: «cuanto veo es superior a lo que canta la fama.»

La devoción a esta Señora cundió con tanta rapidez, que su pequeña ermita donde hemos dicho que fue colocada, se veía continuamente llena de fieles que acudían a venerarla, y a impetrar por su intercesión las misericordias del Señor. Esto movió al beneficiado don Domingo Oller a solicitar permiso para ensancharla, alegando en su petición, no solamente su estrechez, sino también la próxima ruina que la amenazaba por estar carcomida la madera del techo. El permiso fue concedido por el cabildo eclesiástico de Almería en 13 de agosto de 1761, y confirmado en 2 de marzo del siguiente año por el obispo don Claudio Sans y Torres.

La obra se llevó a cabo con mayor suntuosidad y grandeza que la que podia esperarse, invirtiéndose en ella cuantiosas sumas, que aprontó para este efecto el Reverendo Obispo de Almería, á cuya diócesis, como hemos dicho, pertenece el pueblo de Albox, ígnorándose la primitiva procedencia de los fondos: Sin embargo, refiere la tradición y es creencia generalmente admitida, que un marino librado de un naufragio, a quien en medio del peligro se le apareció la Santísima Virgen en la forma que tiene esta Imagen hizo un voto, y ganoso de cumplirlo habiendo arribado al puerto de Almería, la buscó solícito en las provincias de Valencia, Murcia y en esta de Almería; y habiéndola hallado por fin en la sierra del Saliente, entregó al Prelado los fondos necesarios para edificación del Santuario. Este agradecido devoto de la Santísima Virgen, conocía perfectamente el espíritu del cristianismo, y huyendo de las alabanzas mundanas, quiso cubrir su suntuosa dádiva con el velo del incógnito. Por esta causa nos es, imposible satisfacer la religiosa curiosidad de los lectores consignando su nombre, si bien la tradición se ha encargado de transmitir de una en otra generación el hecho.

Construyóse, pues, un magnífico edificio con su Iglesia a la parte de poniente, formando todo un paralelogramo, de mucha solidez, perteneciendo su arquitectura al orden compuesto. Tiene la Iglesia cinco altares y sobre el del centro o mayor hay un camarín en el que está colocada la hermosa y milagrosa Imagen de Nuestra Señora, cuya descripción hemos hecho, aunque en ligero bosquejo por no permitirnos otra cosa la escasez de nuestros conocimientos, a la que puede suplir la buena voluntad que nos anima.

La fiesta principal de esta sagrada Imagen se celebra el 8 de Septiembre, día de la Natividad de la Señora. Representando la Asuncíon, parece natural debía verificarse el 15 de Agosto, en cuyo día celebra la Iglesia esta festividad. Tal vez por las excesivos calores del estío, o por la ocupación de los labradores en aquella época del año, se trasladaría al día referido.

Describir ahora el entusiasmo y regocijo, la animación religiosa con que es celebrada la fiesta de Nuestra Señora del Buen Retiro o Desamparados del Saliente, es empresa difícil de llevar a cabo. La pluma no puede dar cuenta de un espectáculo tan tierno como encantador.

Muchas son las romerías que en determinados días del año se hacen en España a diversos santuarios. En su origen estas romerías eran piadosas y los que las hacían no tenían otro objeto que cumplir promesas que habían hecho, visitar las imágenes objeto de veneración para los pueblos y dar público testimonio de fe católica. Entre las mas notables de ellas podemos citar la de San Isidro en la corte de Madrid, y la del Santísimo Cristo de Torrijos en Sevilla. Desgraciadamente la impiedad que todo lo invade, los trastornos por que ha pasado nuestra trabajada patria, la sangrienta guerra civil que por espacio de siete años ha sido un terrible azote con que el Señor nos ha afligido y castigado, todo reunido ha dado al traste con las buenas costumbres, ha hecho bambolear los cimientos de la moral cristiana y ha arrancado la fe de muchos corazones. Así pues no podemos menos de confesar con dolor que la mayor parte de las romerías religiosas se han convertido en gentílicas bacanales, que no pueden ser agradables a la divinidad. Con algunas honrosas excepciones presentan a los ojos del cristiano fiel y observador, un triste espectáculo.

Tenemos la mayor satisfacción en consignar, que lo que acabamos de decir no tiene lugar en la popular fiesta y romería de la Virgen del Saliente. Allí todo es fe, todo piedad, todo santo entusiasmo. Sí es una triste verdad que el ángel de la incredulidad, cierne sus negras alas sobre la familia humana, si ha podido la impiedad hacer algunos progresos en la España, país eminentemente católico, trono de los Recaredos y Fernandos, y patria de Teresa de Jesús y de otra multitud de santos, no ha podido penetrar en aquella feliz comarca, protegida especialmente por la Virgen María. Allí se ven aun los restos de los antiguos tiempos y las costumbres patriarcales que resplandecían en nuestros mayores. ¿Será tal vez que en aquellos pueblos no ha resplandecido aun la luz de la moderna civilización? !Desgraciado progreso el que arranca la fe de las familias y la tranquilidad al corazón!

A la fiesta de nuestra Señora del Saliente concurre un gentío inmenso de todos los pueblas circunvecinos hasta la distancia de diez, doce y mas leguas. Ricas cabalgatas, reuniones o grupos en los que se ven niños que aun juguetean en el regazo materno, apuestas doncellas llenas de gracia y de candor, ancianos cuyas piernas apenas pueden sostener el peso de sus cansados cuerpos, corren presurosos a ofrecer homenajes de respeto a la Reina del cielo y de la tierra. Entre los que entran de rodillas desde la puerta del santuario hasta el altar se advierten personas de toda edad, sexo y condiciones. Por todas las avenidas escúchanse las inocentes canciones del país acompañad as de instrumentos rústicos. ¡Que cuadro tan consolador! A su vista se cree el hombre de fe trasladado a los primitivos tiempos del cristianismo, a aquellas asambleas de fieles que vivían unidos por los estrechos vínculos de la caridad en la adoración del verdadero Dios.

Tal es la devoción que se advierte que no es raro ver personas que arrodillándose a la falda de la sierra suben de aquél modo hasta llegar al santuario, atravesando la dilatada y penosa pendiente, siendo en mucho mayor número los que en cumplimiento de promesas hechas en días de calamidad suben descalzos.

La función religiosa da principio con las vísperas solemnes que se cantan en la tarde del día siete, Rosario por la noche, después del cual es sacada procesionalmente la Imagen por la explanada que forma la falda de la sierra en el sitio del santuario, a tal elevación que desde ella se ve el mar que dista nueve leguas, y las embarcaciones que le surcan. En el siguiente día ocho se celebra la función dando principio haciéndose nueva procesión con la Imagen, y misa solemne con Diáconos, en la cual se pronuncia el Panegírico de la Señora, por algún orador sagrado de los de más reputación, que lo hacen por lo común sin retribución alguna, habiendo casi siempre quien pretenda ocupar la cátedra sagrada, por el honor de elogiar a la bienaventurada Madre de Dios en este su bello simulacro.

Terminada la función, que por lo regular suele ser entre las doce y la una del medio dia, empieza a desfilar el concurso en numerosos grupos por distintas direcciones, que en aquellas escabrosidades presentan un golpe de vista sorprendente. En los días festivos siguientes hasta el 29 de septiembre en que se celebra la festividad de san Miguel Arcángel, la concurrencia del santuario es también bastarte numerosa, en la que como en la principal, se hacen muchas limosnas, con las que y las que recogen los limosneros del santuario se sostiene el culto.

Para atender al cuidado del santuario hay un coadjutor retribuido en la actualidad por el tesoro publico a cuyo cargo están los libros de las entradas y salidas de fondos, bajo la inmediata intervención del cura Párroco, cuyas cuentas se rinden cada año al Diocesano. Hay además tres hermanos limosneros, y otra persona destinada al aseo interior del santuario.

La tierra en que se halla situado dista de la villa de Albox unos 17 kilómetros hacia la parte N. colindante con los términos jurisdiccionales de Oria y Vélez-Rubio: es llamada del Saliente. sin duda por hallarse a esta parte su falda principal, y el cerro mas elevado de ella está a 1500 metros sobre el nivel del mar, y se llama desde tiempo inmemorial el cerro de Roél: su falda es de unos 400 metros de elevación de una penosa y escabrosa pendiente; y a las dos terceras partes está construido el santuario contra la misma falda en una explanada formada al parecer sobre gruesos peñascos por el arte. A la parte E. se ve una hermosa y cristalina fuente que aunque escasa, brota un agua saludable, y suficiente para el surtido de la casa y para el riego de un pequeño huerto que hace aquel sitio agradable y ameno.

La vía que conduce desde Albox al santuario; es una rambla amena por la vega y arbolado que tiene a ambos costados casi en toda su extensión, y al llegar a la sierra, la subida es una cuesta tortuosa y algo pendiente, cuyo áspero terreno hace penoso el tránsito: más el deseo de ver a la santa Imagen hace trepar por do quier a las gentes sin que haya uno sola que diga que ha subido cansado, pues cansancios, pesares y disgustos, todo desaparece al presentarse a las puertas del santuario.

Hemos dicho que la santa Imagen de Nuestra Señora de los Desamparados del Saliente es objeta de grande veneración, no solo por parte de los vecinos de Albox; sino también de los de todos los pueblos comarcanos. Entre ellos el de Oria intentó con insistencia y sostuvo pleito con Albox en demanda del terreno que ocupaba la ermita y de consiguiente de la Imagen que en ella se veneraba por suponerlo enclavado dentro de su jurisdicción. disculpamos a los de Oria, por querer poseer una joya de tan inestimable valor. Después de muchos años de competencia, fue decidido el pleito a favor de Albox, con prohibición absoluta a Oria de intentar nuevamente la demanda en tiempo alguno, según consta en documentos que se custodian en el archivo de la Parroquia de Albox.

De vez en cuando, por acuerdo del señor cura párroco y del Ayuntamiento es conducida la santa Imagen al pueblo, bien en las calamidades públicas que amenazan o se experimentan, bien para tributarle el debido culto, para lo que no se escasean gastos de ninguna clase, para los que son suficientes las limosnas y ofrendas voluntarias de los fíeles.

Admirable y encantador es el espectáculo que presenta la salida de la Santísima Virgen de su santuario y su conducción a la Parroquia. Al toque de campanas que anuncia la triunfal marcha de la Imagen de la Reina de los cielos se ven salir de los cortijos y casas de campo que hay a uno y otro lado de la rambla, hasta la distancia de dos leguas, numerosos grupos de hombres, mujeres y niños de ambos sexos que apresuradamente se dirigen al camino a despedir a la que es objeto de su cordial amor, y a contestar a las salves que continuamente se cantan a coro, haciendo resonar entre las selvas las voces de sus moradores ahogadas por los sollozos de su religioso júbilo en unos, y el pesar en otros de verse privados aunque por peco tiempo de la que es su consuelo y esperanza. Tanto es el afecto que demuestran y de tal modo se agrupan al rededor de la venerable efigie que se haría intransitable el camino, sin la intervención de las autoridades y de la Guardia civil.


La Parroquia sale a recibirla a un cuarto de hora de distancia de la población, llevando en procesión la Imagen de San Roque, como patrón que es del pueblo, haciendo alto en la fuente llamada del Marqués, situada a la izquierda de la ancha rambla, donde espera a la Santísima Virgen.

¿Quien podrá ahora describir el tierno espectáculo de la entrada de María en su pueblo amado? ¿Quien se atreverá a pintar con vivos colores las ovaciones que recibe, las entusiastas aclamaciones, las bendiciones que resuenan por los aires? Todos los vecinos grandes y pequeños esperan con santa impaciencia la venida de su amantísima protectora, a la que reciben con el mayor regocijo y un afecto verdaderamente fiel.

Es conducida la Santísima Virgen en un trono decente, aunque nunca proporcionado al tesoro que contiene en un fanal que sobre él hay, cubierto con un velo blanco, por cuatro hombres que se van remudando con frecuencia desde la salida del Santuario hasta su entrada en la Parroquia, teniendo alguna vez que intervenir la autoridad local que con un sacerdote designado por el Párroco viene acompañándola por evitar cuestiones que suelen promoverse, por tener el religioso honor de ayudar a conducirla.

Frente a la Parroquia preparan los vecinos una mesa adornada modestamente: en ella es colocada la Imagen donde el sacerdote que la acompaña quita el velo que cubre al fanal, quedando en profundo y religioso silencio el extraordinario número de personas que no solamente de Albox sino también de los pueblos inmediatos, han sido atraídas por la fervorosa devoción, con que por todos es venerada. A1 descubrir la Imagen, un grito unánime de VIVA MARÍA SANTÍSIMA, sale de los pechos de todo el concurso; entusiasmo que hace verter lágrimas de consuelo a sacerdotes y legos, y cuantos presencian este religioso acto. El hombre mas tibio en sus creencias no puede menos de sobrecogerse y experimentar en aquellos momentos sentimientos los más religiosos.

Descubierta la Imagen, se adelanta el Párroco y haciendo una reverente inclinación, la inciensa, y se entona el himno del Magnificat dirigiéndose la numerosa comitiva a la Iglesia Parroquial, en medio de aclamaciones, músicas, repique general de campanas y cohetes; colocada des pues la Imagen en el lugar al efecto preparado se canta una solemne Salve, con la que termina la función religiosa de aquella tarde.

En los nueve días siguientes hay misa solemne, novena, rosario y dos o tres días procesíon. Concluido el novenario es llevada a visitar la ayuda de parroquia donde se celebra misa solemne, y rosario por la noche, recorriendo varías calles siempre con el mismo entusiasmo y devoción por parte de los fíeles.

Don Emilio Moreno Cebada. Año 1.865





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