Menu



Estructuras pastorales para el Turismo
El Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes. Las Conferencias Episcopales. Las Diócesis. Las parroquias


Por: Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes | Fuente: www.vatican.va



La misión evangelizadora es tarea que incumbe a la Iglesia toda en fidelidad al mandato recibido del Señor. Todos los miembros de la Iglesia están llamados a participar en esta tarea fundamental en una diversidad que dignifica la verdadera igualdad de todos en “la actividad de edificar el cuerpo de Cristo”[45]. Al servicio de esta misión evangelizadora la Iglesia busca los medios siempre más adecuados, dispuesta a renovarlos según las necesidades de los tiempos[46], atenta sobre todo a respetar y asumir “con audacia y prudencia”[47] los rasgos propios y la “lengua” de cada pueblo concreto[48].

El desarrollo del turismo, su importancia creciente para los pueblos, ha merecido la atención pastoral de la Iglesia, que lo ha seguido desde sus primeros pasos, alentada por la experiencia con que durante siglos acompañó el caminar de tantos peregrinos[49]. Consciente de que las nuevas dimensiones del fenómeno turístico reclaman “esfuerzos concertados por parte de los diversos miembros de las comunidades cristianas”[50], la Iglesia ha animado criterios que sirven para coordinar el trabajo en los diferentes ámbitos de actuación. Abundando en este propósito, las indicaciones que a continuación se recogen pretenden alentar el esfuerzo conjunto de cuantos se sienten llamados a trabajar más directamente en el mundo del turismo.


1. El Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes

Con la Carta Apostólica motu proprio Apostolicae caritatis (19 marzo 1970), Pablo VI constituyó la “Pontificia Comisión para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes”, dependiente de la Congregación para los Obispos. La oportunidad de esta institución la señala la Carta Apostólica refiriéndose al incremento inmenso de los desplazamientos que el progreso de la técnica ha hecho posible. Por lo que al turismo se refiere, el documento señala que “que atañe a grandes masas de personas y que en el aspecto social constituye algo nuevo y singular”[51].

Con la Constitución Apostólica Pastor bonus (28 junio 1988) se creó el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, que sustituyó a la Comisión, asumiendo sus competencias. En referencia al turismo, la Pastor bonus afirma que el Pontificio Consejo “trabaja para que los viajes emprendidos por motivos de piedad, o de estudio o de descanso propicien la formación moral y religiosa de los fieles, y asiste a las iglesias locales para que todos cuantos se encuentran fuera de su domicilio puedan contar con una asistencia pastoral adecuada”[52].

En el cumplimiento de la misión que le ha sido confiada, el Pontificio Consejo tiene como objetivos principales:
 

    1. Promover y coordinar un análisis permanente del desarrollo del fenómeno turístico, en especial en su incidencia en la vida espiritual y religiosa de las personas y de las comunidades.

    2. Proponer líneas de actuación pastoral que puedan ser adoptadas de forma conjunta o por grupos de países.

    3. Mantener un contacto permanente con las Conferencias Episcopales a fin de coordinar y apoyar las iniciativas pastorales en el sector del turismo.

    4. Colaborar con aquellos centros de estudios superiores eclesiásticos e institutos de investigación que incluyen en sus programas el estudio del turismo.

    5. Programar la celebración anual de la Jornada Mundial del Turismo, redactando y distribuyendo material catequético acerca del tema de la Jornada.

    6. Mantener un contacto regular con el Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización Mundial del Turismo[53].


2. Las Conferencias Episcopales

Las Conferencias Episcopales son un organismo constituido “para que de un intercambio de experiencias prácticas y reflexión sobre las opiniones surja una santa colaboración para el bien común de las Iglesias”[54]. La Carta Apostólica Apostolos suos precisa: “Al afrontar nuevas cuestiones y al hacer que el mensaje de Cristo ilumine y guíe la conciencia de los hombres para resolver los nuevos problemas que aparecen con los cambios sociales, los Obispos reunidos en la Conferencia Episcopal ejercen juntos su labor doctrinal bien conscientes de los límites de sus pronunciamientos, que no tienen las características de un magisterio universal, aun siendo oficial y auténtico y estando en comunión con la Sede Apostólica”[55]. En la actuación de las Conferencias Episcopales ocupa un lugar preferente la atención pastoral de aquellos temas que determinan los cambios innovadores de la sociedad, con la propuesta de “formas y modos de apostolado convenientemente acomodados a las peculiares circunstancias de tiempo y de lugar”[56].

El turismo es, sin duda, uno de los temas que exigen la atención de la Conferencia Episcopal. El turismo, en efecto, es una experiencia aún nueva para la sociedad, muy particularmente para aquellas comunidades que ven como su territorio y su patrimonio cultural se convierte en destino del turismo internacional. La novedad del turismo, por otra parte, reside en su evolución constante, origen no sólo de nuevas formas, sino también de nuevos hábitos y costumbres.

Algunos de los aspectos concretos que adoptará la actuación de la Conferencia Episcopal en el campo del turismo, son los siguientes:



    1. Proporcionar al conjunto de los obispos un cuadro actualizado de las tendencias del movimiento turístico en el país, sus modalidades, sus incidencias sociales en la población y en el mundo laboral, las necesidades religiosas de los turistas. Esta información deberá referirse tanto al turismo interior como al turismo internacional. Cuando el volumen alcanzado por el desarrollo del turismo en un país así lo requiera, será oportuno que este cometido de estudio y análisis sea encomendado a un observatorio permanente establecido en alguna facultad teológica o instituto eclesiástico del país.

    2. Establecer un programa de formación específicamente orientada a los agentes de pastoral del turismo que pueda ser adoptado por los diferentes seminarios e institutos de formación, a fin de que en todas las diócesis se pueda contar con sacerdotes y agentes pastorales debidamente preparados.

    3. Proporcionar un conjunto de orientaciones para la pastoral ordinaria, con el fin de proporcionar a todos los fieles una adecuada catequesis para el tiempo libre y para el turismo.

    4. Establecer contactos con otras Conferencias Episcopales, cuando así lo requieran las circunstancias, a fin de abrir cauces a la colaboración entre países emisores y países receptores con vistas al intercambio de agentes pastorales y de material litúrgico en los diferentes idiomas.

    5. Promover programas de formación para guías turísticos, sobre todo para los que acompañan las visitas a lugares de carácter religioso, y para alumnos de las escuelas y centros de formación turística y hotelera.

    6. Incluir el turismo entre los aspectos tomados en consideración por los “Centros culturales católicos”[57]

    7. Prever posibles formas de cooperación entre las diócesis, a fin de que se pueda atender mejor la asistencia religiosa en los núcleos donde se da una gran concentración estacional por motivos de turismo.

    8. Establecer contactos con los representantes de las confesiones cristianas con vistas a la colaboración ecuménica en los grandes centros turísticos[58].

    9. Mantener el diálogo con las autoridades políticas y otros organismos interesados, a fin de establecer las formas de colaboración adecuadas en las iniciativas de programación y de supervisión de la actividad turística, velando en especial por la defensa de la identidad cultural de las comunidades locales, los derechos laborales de los empleados en el sector, el correcto uso del patrimonio artístico religioso y el respeto con que deben ser acogidos los visitantes.

    10. Promover la presencia de la Iglesia en las Ferias del sector.

Para coordinar todas estas actividades es conveniente que se establezca un Departamento en el seno de la estructura organizativa de la Conferencia Episcopal[59], que pueda contar con un grupo de asesores expertos, representantes de los diferentes sectores del turismo.


3. Las Diócesis

El turismo, bien sea como actividad que desarrollan las personas durante su tiempo libre, como sector laboral en que muchos ejercen su profesión o como conjunto de actividades que caracterizan un lugar como destino turístico, está presente en gran parte de la sociedad contemporánea. Integrado de esta forma en la vida cotidiana de las comunidades, el turismo es una dimensión que la pastoral diocesana debe considerar como componente ordinaria y como tal debe figurar entre los sectores que son objeto de atención de forma regular por parte del Ordinario del lugar y de sus consejos consultivos.

Entre los objetivos de la pastoral del turismo en el ámbito diocesano, no podrán faltar los siguientes:
 

    1. Ofrecer una visión cristiana del turismo que conduzca a los fieles a vivir esta realidad desde su compromiso de fe y de testimonio, y con talante misionero. Este objetivo será tomado en consideración en la predicación, en la catequesis y en la presencia en los medios de comunicación. Se buscará igualmente que en las escuelas se ofrezca una formación adecuada para apreciar los valores del turismo que están de acuerdo con la dignidad y el desarrollo de las personas y de los pueblos.

    2. Formar agentes pastorales que puedan promover de una forma específica el trabajo pastoral en este sector. Cuando las necesidades de la diócesis lo exijan, se ofrecerá a algunos sacerdotes y laicos idóneos la oportunidad de una más amplia formación específica.

    3. Estudiar la realidad del turismo en la diócesis, formular criterios pastorales y proponer en los Consejos Presbiteral y de Pastoral[60] las acciones a desarrollar. La atención religiosa a los turistas, integrada en el programa diocesano de actuación pastoral, debe desarrollarse en términos que se adapten a su lengua y a su cultura, pero sin que esto constituya una realidad a parte y evitando lo que pueda perturbar la vida de la comunidad local.

    4. Adoptar medidas que en los tiempos de más afluencia turística pueda optimizar el servicio de las parroquias más afectadas, proveyendo, si es necesario, el desplazamiento de sacerdotes desde otras parroquias y la colaboración de otros provenientes de otras diócesis o de otros países.

    5. Hacer explícita la acogida de los turistas por parte de la Iglesia diocesana con una carta del Obispo, especialmente al inicio de los periodos de actividad turística más intensa, y elaborar material que les facilite la información y participación en las celebraciones y en la vida de la Iglesia local.

    6. Impulsar la formación de grupos y asociaciones, así como la colaboración de voluntarios, para la gestión del patrimonio de la Iglesia visitado por los turistas y para su acogida, de forma que se pueda contar con horarios de apertura suficientemente amplios.

    7. Edificar parroquias y centros comunitarios más aptos para la pastoral del turismo, teniendo en cuenta las nuevas realidades urbanísticas y sociales.

    8. Mantener contactos con los responsables de otras confesiones cristianas con vistas a tomar las medidas que puedan contribuir a un mejor servicio religioso de sus fieles, siguiendo los criterios y normas establecidos por la Santa Sede y las Conferencias Episcopales.

    9. Impulsar la colaboración con las autoridades públicas y de la administración local, con las asociaciones de operadores y trabajadores, y con las demás organizaciones interesadas por el turismo.

    10. Crear una Delegación Diocesana de Pastoral del turismo que coordine y anime la pastoral del sector, y en la que participen expertos de las diferentes categorías del mundo del turismo.


4. Las parroquias

La Parroquia, “que funde entre sí todas las diferencias que en ella se encuentran y las inserta en la universalidad de la Iglesia”[61], principalmente cuando se reúne para celebrar el día del Señor[62], es la primera escuela de hospitalidad. Ella se abre para acoger a cuantos a ella llegan de paso y prepara a sus miembros para el viaje que desean emprender. En ella encuentran apoyo y ánimo cuantos se proponen vivir el testimonio sincero de su fe en el mundo del turismo.

Considerar la comunidad parroquial como punto de encuentro y sostén de la acción pastoral implica, ante todo, que la Parroquia esté presente con sus estructuras en los lugares donde se desarrolla el turismo. El signo visible de los templos y de los centros parroquiales constituye el primer y decisivo gesto de la hospitalidad vivida y ofrecida por la Iglesia. A través de esta presencia, la Parroquia invita a todos los visitantes a unirse a la celebración de la fe y a la comunión fraterna.

Con todo, al plantear la pastoral del turismo, la comunidad parroquial no puede guiarse únicamente por la presencia o no de visitantes, sino que debe preparar a los miembros de la comunidad a su práctica del turismo y apoyar a los operadores y trabajadores del turismo.

Haciendo suyos los objetivos que la Iglesia diocesana se propone, algunas de las acciones concretas a emprender por parte de las parroquias pueden ser las siguientes:



    1. Desarrollar una catequesis sobre el tiempo libre y el turismo, cuando así lo aconseja la realidad del lugar, tanto para los cristianos residentes como para los turistas.

    2. Promover y sostener acciones de apoyo y prevención a favor de los grupos que pueden ser víctimas de una promoción errónea del turismo o del comportamiento de los turistas.

    3. Promover, acoger y estimular la acción de los grupos de apostolado especialmente dedicados a personas que viven y trabajan en el sector del turismo, aun cuando estos ambientes no se encuentren en la parroquia misma[63].

    4. Formar un grupo permanente de laicos que pueda estudiar y aconsejar sobre las acciones pastorales a emprender en el campo del turismo.

    5. En los lugares de presencia turística intensa, adaptar los servicios a las necesidades de los turistas, de forma que se facilite el contacto personal, la celebración de la fe, la oración individual, el testimonio de la caridad.

    6. Crear servicios específicos para los trabajadores del turismo, acorde con sus horarios y sus condiciones de trabajo.

    7. Proponer los medios adecuados para que los visitantes puedan participar en las celebraciones Eucarísticas haciendo uso de su propia lengua u otras expresiones de su cultura, siempre con el máximo respeto a las disposiciones litúrgicas vigentes.

    8. Mantener convenientemente actualizada una constante información sobre los servicios parroquiales y cuidar que los turistas puedan disponer de ella en sus hoteles, en puntos de información o en otros medios de difusión.





 

Notas

[44]Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Liguria (5.1.1982), 5.

[45]Conc. Ecum. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 32.

[46]Cf. Conc. Ecum. Vaticano II, Const. Sacrosanctum concilum, l.

[47]Pablo VI, Exhort. apost. Evangelii nuntiandi (8.12.1975), 40.

[48]Ibíd. 63; cf. 59-64.

[49]Cf. Pio XII, Discurso al Congreso mundial del “Skäl-Club” (29.10.1952).

[50]Juan Pablo II, Discurso al III Congreso Mundial de Pastoral del Turismo (9.09.1984).

[51]Pablo VI, Carta apost.Apostolicae caritatis(19.3.1970).

[52]Juan Pablo II, Const. apost. Pastor bonus (28.6.1988), 151.

[53] Sin perjuicio de lo dispuesto en el art. 46 de la Constitución apost. Pastor Bonus acerca de las competencias de la Segunda Sección de la Secretaría de Estado.

[54]Conc. Ecum. Vaticano II, Decr. Christus dominus, 37.

[55]Juan Pablo II, Carta apost. Apostolos suos (21.5.1998), 22.

[56]CIC, can. 447.

[57]La naturaleza y misión de estos centros ha sido descrita por el Pontificio Consejo de la Cultura Towards a pastoral approach to culture (23.5.1999), 32.

[58]Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Directorio del ecumenismo (25.3.1993), 102-142, 161.162.

[59]Cf. CIC, can. 451.

[60]Cf. CIC, cann.459, 511.

[61]Conc. Ecum. Vaticano II, Decr. Apostolicam actuositatem, 10.

[62]Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Dies Domini (31.5.1998), 35-36.

[63]Cf. Juan Pablo II, Discurso a la Congregación para el Clero (20.10.1984), 6.

Compartir en Google+
Reportar anuncio inapropiado |

Publicar un comentario sobre este artículo



(no será publicado)








* Gracias por su comentario. El número de mensajes que pueden estar en línea es limitado. La longitud de los comentarios no debe exceder los 500 caracteres. Catholic.net se reserva el derecho de publicación de los mensajes según su contenido y tenor. Catholic.net no se solidariza necesariamente con los comentarios ni las opiniones expresadas por sus usuarios. Catholic.net no publicará comentarios que contengan insultos o ataques y se reserva el derecho de publicar direcciones de correo o enlaces (links) a otras páginas.


Ver Comentarios


Reportar anuncio inapropiado |