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El éxito en el noviazgo I
El éxito en el noviazgo I

Podemos considerar que el éxito en el noviazgo está en una elección acertada, en un verdadero conocimiento mutuo, y en un amor auténtico entre los dos.


Por: P. Jorge Loring |



(Conferencia pronunciada en el Casino de Torrevieja, Alicante, en Febrero de 1977)

Vamos a comenzar esta «Semana de Conferencias» a la juventud.

El primer tema que vamos a tratar hoy es « El éxito en el noviazgo».

El noviazgo es un éxito si el matrimonio que le sigue es un éxito. Si el matrimonio es un fracaso, demuestra que el noviazgo ha sido un fracaso. Pues la razón de ser del noviazgo es el matrimonio. El noviazgo no tiene razón de ser en sí mismo. Es en orden al matrimonio. Nadie se hace novio para que el noviazgo dure diez años. A algunos les dura porque empezaron demasiado pronto o se casaron demasiado tarde. Pero el noviazgo es un estado de transición, no definitivo.

Aunque los novios lo hayan pasado fenómeno en el noviazgo, y hayan disfrutado de lo lindo, si después el matrimonio es un fracaso, ese noviazgo también fue un fracaso. El noviazgo no es para pasarlo bien. No es para disfrutar. El noviazgo es para preparar un matrimonio feliz. Por lo tanto, podemos decir que en tanto es el noviazgo un éxito en cuanto sea un éxito el matrimonio que le sigue.

Se oye hoy mucho decir que el matrimonio está en crisis, que hay muchos matrimonios fracasados. Lo primero que digo es que los fracasos matrimoniales llaman más la atención, son más noticia: porque un matrimonio feliz no es noticia, no se comenta, no llama la atención. Pero los sacerdotes, que somos los que conocemos las conciencias, sabemos que hay muchos matrimonios que se quieren y son felices. Pero estos matrimonios no son noticia, no van al psiquiatra, no llaman la atención.

Y desde luego afirmo que lo que está en crisis, más que el matrimonio, es el noviazgo. Cuando ves esas parejas de novios que llevan su noviazgo con tanta ligereza y frivolidad, comprendes que necesariamente tienen que fracasar después en el matrimonio. Muchos matrimonios fracasan porque su noviazgo fue una calamidad. Esos matrimonios tenían que fracasar necesariamente. Lo normal es que de un mal noviazgo, salga un mal matrimonio; y que de un buen noviazgo, salga un buen matrimonio. Habrá excepciones, pero son las menos.

Podemos considerar que el éxito en el noviazgo está en una elección acertada, en un verdadero conocimiento mutuo, y en un amor auténtico entre los dos.

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Lo primero, una elección acertada.
Si te equivocas al elegir, es muy fácil que tu matrimonio sea un fracaso. Si eliges mal, no puedes esperar que el matrimonio te vaya bien. Si eliges el camino que no es, no llegarás a donde quieres. Por eso la elección es muy importante, porque después hay que aceptar a la persona como es: el intentar cambiarla en su modo de ser es causa de muchos conflictos.

Siempre se ha dicho: «el matrimonio es una lotería». No sabes lo que te va a tocar. Tú no sabes cómo te va a salir el matrimonio. Tú no sabes cómo va a resultar después esta novia o este novio. Por eso ponerse en relaciones es como jugar a la lotería. Pero no. Mucho peor. Porque en la lotería, en el peor de los casos, no te toca nada. En cambio, en el matrimonio en lugar de premio te puede tocar un fardo que no hay quien lo aguante. De manera que mucho peor que en la lotería. En la lotería, si no te toca premio, no te pasa nada. No pierdes gran cosa. Pero aquí como tengas mala suerte, y tengas que cargar con un fardo para toda la vida, ¡ya verás!.

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Pero mirad, hoy es muy difícil acertar en esto. Porque vivimos en unos tiempos de supervaloración de lo sexual. Vivimos obsesionados por lo sexual. Y lo sexual no es lo primero en el matrimonio. Lo sexual tiene importancia. Vamos a hablar de ello. Pero creerse que el matrimonio es sólo para la vida sexual, es una equivocación. Y el que va al matrimonio pensando sólo en la vida sexual, se lleva un chasco de campeonato. Porque el matrimonio no es sólo eso.

Pero como hoy vivimos rodeados de sexo por todas partes, de ahí la dificultad. Lo que se valora, lo que se exhibe, lo que se propagandea es el sexo. Una artista de cine es tanto más taquillera cuanto más «sexy». Ahí tenéis a la Marilyn Monroe, a la B.B., o a la que sea. Cuanto más tipazo, más taquillera. Apenas se escribe una novela o se hace una película que no tenga escenas de sexo. Hasta para anunciar repuestos de automóviles te ponen una mujer desnuda.

A todas horas nos están explotando el apetito sexual. En los anuncios de la Tele, para anunciar una camisa, te sale una guapa zalamera haciéndole monerías al otro. Después: «Camisas de Tervilor». Señor, ¿qué tendrá que ver una camisa con el amor? Pues nada, te ponen una guapa zalamera. Así, la gente mira.

Vivimos obsesionados por lo sexual, Por todas partes la explotación del apetito sexual: novelas, películas, revistas, calendarios, etc. Es una especie de idolatría de la belleza. Como si la belleza fuese lo único que cuenta para el matrimonio. Evidentemente que es un valor, ¡pero no lo es todo! La belleza facilita el amor, pero no es indispensable para el amor. Cuando el amor se basa sólo en la belleza, ese amor será tan efímero como la belleza misma. Se marchitará.

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Para buscar novia es lógico que el hombre busque una mujer que le guste. Algún atractivo físico tiene que tener. Una cosa pasable, bien está. Pero no te encandiles con la fachada, que es pasajera. Es una equivocación que los ojos del soltero que busca novia, sean exclusivamente sexuales: el día que se case, se va a llevar una desilusión. Porque va a echar de menos en su novia, en su mujer, montones de cosas que con los ojos de soltero no calibró. Porque él, de soltero, sólo se fijaba en lo sexual.

Y amigo, cuando te cases y lo sexual pierda ese atractivo especial que tiene para el soltero como plato prohibido, y entonces la vida sexual para él sea una cosa normal y corriente, entonces se dará cuenta de que hay otras muchas cosas en el matrimonio. Empezará a echar de menos en su mujer montones de cosas que de soltero no las calibró. Después se dará cuenta del fracaso ya irremediable, porque se ha ligado a una mujer para toda la vida.

Por lo tanto, digo: hombre, búscate una novia que te guste; pero enamórate más del alma que del cuerpo. Enamórate de sus virtudes más que de su tipazo o de su cara bonita. Porque el tipo se estropea y la cara se arruga. Pero las virtudes no envejecen nunca. El alma no envejece. El alma siempre es joven. Cuando tú te enamoras de una chica no sólo porque es bonita, sino sobre todo, si tú te enamoras de ella por unas virtudes que sustenten ese atractivo, entonces yo te garantizo un matrimonio feliz.

Porque si tú amas a esa mujer por sus virtudes, por los valores de su espíritu y su modo de ser, cada vez la amarás más. Con el tiempo cada vez seréis más felices, porque las virtudes no cansan, sino que fortalecen el amor. Pero si sólo la amabas porque te despertaba el apetito sexual, después te vas a encontrar vacío, porque eso no te llenará.

De manera que, ¡cuidadito hombres que de solteros generalmente sólo vais buscando una cara bonita y un buen tipo! ¡Cuidadito! No hagas el primo. Fíjate en una chica, pero, como te digo, no basta que sea muy mona. Porque te puedes casar con una artista de la pantalla y ser muy desgraciado. ¡Como tantísimos! La cantidad de divorcios que se dan entre los artistas. ¡Qué pronto se cansan el uno del otro! ¿Cuántos maridos lleva ya la B.B.? Me han dicho que una docena. Señal que no son por amor. Son caprichos pasajeros. El amor es perdurable. Quien ama promete amor eterno. Por eso cuando vemos a esas artistas que cambian de marido como de vestido, decimos: «Lo que tenían no es amor, sino caprichos pasajeros».

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Para hacer feliz el matrimonio hacen falta virtudes.

Busca una chica que tenga virtudes, que tenga buen carácter, buen modo de ser, que no sea caprichosa, alocada, frívola, irresponsable, ligera, superficial, quisquillosa, chinche, histérica, soberbia, egoísta, con espíritu de contradicción, mandona, dominante, posesiva, absorbente, egocéntrica, regañona, comodona, testaruda, derrochadora, haragana, sucia, desordenada, perezosa, gastona, ¡inútil! Y si encima es ambiciosa, que siempre le parece poco todo lo que gana su marido, en su afán de deslumbrar a sus amigas, terminarás harto de ella.

Si es una chica de tipazo despampanante, pero tiene un carácter inaguantable, insufrible, arreglado estás. Si fuma con mucho estilo, y baila como un trompo, pero no sabe coser un botón, ni hacer una tortilla, arreglado estás. El día que te cases, ¿qué vas a hacer? Porque esa niña para pasearla, es fenómeno. Oye, ¿pero tú no te casas con una chica para pasearla por la calle y que la gente vuelva la cara para mirarla! Tú te casas con una mujer para que lleve tu hogar y eduque a tus hijos. Una mujer que sepa de cocina y sepa de costura; una mujer que sea limpia y ordenada, trabajadora y sacrificada, amable y servicial, prudente, piadosa, etc., etc.

Esa chica es monísima; pero, ¿de cocina? ¡ Ni pum! ¿De educar hijos? ¡Cero! ¿De limpieza? ¡Eso ni hablar! Pues tú después en tu casa vas a vivir hecho un desgraciado. La casa sucia. Todo desordenado. Si se te cae un botón, te lo tienes que coser tú. Los garbanzos del cocido, si se caen al suelo, botan de duros que están.

¡Arreglado estás! Después, cuando salgas de paseo con ella, todo el mundo dirá: «¡Vaya mujer!.» Y tú, ¿qué? ¿De qué te sirve que los demás piropeen a tu mujer, si en tu casa es tan sólo un bello objeto de decoración? Ni sabe educar hijos, ni sabe llevar una casa. Es una nulidad. Nulidad muy mona, pero nulidad. Verás qué pronto se te pasa el entusiasmo por su belleza. Cómo echarás de menos otras virtudes, que ahora con tus ojos de soltero no sabes calibrar. Porque tus ojos de soltero, ahora, supervaloran lo sexual.

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Es muy importante que a tu novia le guste la casa. Si ella no se ocupa de la casa, prepárate a vivir en una pocilga. A no ser que tú te conviertas en «ama de casa». Si quieres ayudar un poco a tu mujer, no está mal. Pero qué duda cabe que la encargada de la casa es la mujer. Lo mismo que el hombre es el encargado de ganar lo suficiente para sustentar la familia. Lo contrario es la excepción.

Me parece una equivocación el que algunas chicas consideren el ocuparse de la casa como una esclavitud. Por eso quieren liberarse del trabajo de la casa. Lo que se hace por amor no se puede llamar esclavitud. Un mismo trabajo puede realizarse por un sueldo o por amor; y tendrá un valor totalmente distinto.

Cuando una mujer ama a su marido, todo lo que sea preparar el hogar para él es una expresión de amor. Al amor no le importan los sacrificios. Precisamente se manifiesta con el sacrificio. Lo que hace que el hogar sea un paraíso o una cárcel es que haya o falte amor. En el reciente informe FOESA, la encuesta de opinión de muestra que el 81% de los hombres y el 83% de las mujeres opinan que las faenas de la casa corresponden a la mujer.

Por eso sólo excepcionalmente la mujer casada debe trabajar fuera de casa. La igualdad de derechos de la mujer y el hombre tiene aspectos muy razonables; pero no debe consistir en que la mujer abandone la casa para la que está especialmente dotada por Dios, y que no puede ser sustituida eficazmente por el hombre. Dios ha hecho al hombre para la lucha y el combate, para la dureza del trabajo fuera de casa.

El mismo cuerpo humano demuestra la distinta misión específica de cada uno. El hombre tiene los hombros más anchos que la mujer, pues está hecho para la fuerza. En cambio la mujer tiene las caderas más anchas que el hombre, porque está hecha para la maternidad.

La igualdad de derechos es lógica ante la ley. En teoría, todos los seres humanos, hombres y mujeres, pueden ser jueces, médicos o taxistas. Pero sólo las mujeres pueden dar a luz un hijo. Y eso por biología y por naturaleza. Porque Dios lo ha hecho así. Por eso ha hecho a la mujer distinta del hombre en psicología y constitución.

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Por lo tanto, repito: aprende a descubrir en tu novia sus cualidades, sus virtudes femeninas, su carácter, su modo de ser. El atractivo físico también hace falta. Si te resulta repelente, no te sirve para esposa. Tiene que gustarte. Tienes que descubrir su encanto. Pero no mires el matrimonio sólo con ojos sexuales, porque te llevarás un desengaño. Empieza a descubrir, a calibrar y a enamorarte más de su modo de ser, de su carácter, de sus virtudes. Que esto no pasa. Lo otro pasa. Lo otro termina cansando.

Las virtudes no. Las virtudes no se gastan. Cuanto más la conoces, más la quieres. Y estas virtudes serán un fortalecimiento del amor en el matrimonio. Las virtudes sustentan un amor que dura toda la vida. Es más. La belleza no es el único atractivo de la mujer. Una chica puede no ser muy guapa, y sin embargo ser merecedora de que un hombre se enamore de ella.

Porque no sólo se van a casar las guapas. También las feas tienen derecho a casarse. Porque toda mujer tiene su encanto. Puede ser que no sirva para Miss España, Miss Europa o Miss Universo. Pero puede tener un encanto, un don, un atractivo, una simpatía, un algo del cual te puedes enamorar. Si tiene virtudes, si tiene valores, es digna de ser amada. Aunque de tipo esté regular y de cara no sea gran cosa. Ahora, si encima de ser fea, no tiene virtudes, entonces, la pobrecilla, arreglada está.

Las virtudes son las que sustentan un amor verdadero. Si además tiene belleza corporal, eso no estorba. Pero mucha belleza sin virtudes no sirve para nada. Quizás de maniquí para pasar modelos. Pero para el matrimonio no sirve. Estimar a una mujer sólo por su cuerpo es rebajarla. La mujer es algo más que un cuerpo. A ninguna mujer normal le gusta ser sólo cuerpo.

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Y lo mismo digo a las chicas. Una chica está muy enamorada de un chico porque es muy mono. Está loquita por él. Pues mira, si ese chico es muy mono, y sólo vale por que es muy mono, llévalo a un parque zoológico. Que es donde están los monos. Porque, ¡tú dirás! ¿Qué haces tú casándote con un mono? ¿Para qué quieres un mono en casa?

Si te casas, que sea con un hombre. ¡Con un hombre! No con un nene que es una damisela. Preocupado por su carita y su pelito. El hombre que presume de guapo es insoportable. Leí en un gran pedagogo, Fritz Lange: «Nunca un hombre grande ha presumido de guapo». Un hombre no tiene la culpa si ha nacido guapo. Pero presumir de guapo no es varonil.

Virtudes de hombre. Eso es lo que te gustará, y es lo que sustentará tu matrimonio. Un hombre que sea para ti un apoyo, un amparo. Un hombre de carácter, un hombre honrado, noble, educado, caballero, amable, servicial, trabajador, fiel, un hombre valiente, un hombre de constancia, de voluntad, responsable. Virtudes de hombre.

Atención, que cuando digo hombre, no digo semental. No confundamos al hombre con el semental de una ganadería. El Dr. Marañón, especialista en Sexología, como todo el mundo sabe, tiene una frase fenomenal donde dice cómo no hay que confundir la virilidad con el libertinaje sexual. Marañón dice que lo característico del hombre es el dominio propio. El que se domina, ése es hombre. «Si hay una virtud específica de la condición de hombre es la virtud de la castidad», dice Marañón.

El autodominio, la fuerza de voluntad, el saber dominarse: eso es lo característico del hombre. El no dominarse es lo propio del animal. El animal sigue invariablemente el más fuerte de los estímulos que atraen su instinto. El hombre puede dominar su instinto con la voluntad. El animal no, porque no tiene voluntad. El que hace sólo lo que le apetece, obra como un animal. El que hace lo que debe hacer, le apetezca o no, obra como un hombre. Cuanto más hombre, más se domina. Cuanto menos se domine, más animal.

Y Alexis Carrel en su libro «La incógnita del hombre», escribe: «Los santos (es decir, los hombres que han dominado su instinto sexual), han sido hombres fuertemente sexuados». Lo dice Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina. Cuanto más casto, más hombre. Por eso, cuando digo que busquéis un hombre, no me refiero a un libertino. No es eso. Sino un hombre con carácter, con fuerza de voluntad, con dominio propio, con espíritu de trabajo, con espíritu de sacrificio, con nobleza, con honradez. Con virtudes de hombre.

En una estadística que he tenido en mis manos, y se ha hecho a más de mil chicas, se ve que cuando pensáis en serio, lo hacéis con sensatez. Porque sólo el 4% de las chicas pusieron como primera cualidad que quisieran en su novio, el atractivo físico. Sólo el 4% tenía tan poca cabeza que creía que por casarse con un «mono» iban a ser felices. La media general del otro 96% fue que las chicas ponían el atractivo físico del hombre después del séptimo lugar. Esto me parece sensato.

Cuando una chica se enamora de un hombre, que no sea sólo porque tiene buena facha. Que sea alto o bajo, gordo o flaco, eso es lo de menos. Hay que calibrar otras cosas. Ellas calibraban la educación, que sea un hombre correcto, caballero, amable, honrado, fiel, trabajador, que no sea jugador, vago o mujeriego, o de carácter insoportable, o violento, o borracho. Menudas desgracias hay en las familias por culpa del vino. El hombre borracho, el hombre bebedor, el hombre alcohólico, destroza la familia. Pocas mujeres hay más desgraciadas que las casadas con un borracho.

Por eso es lógico que una chica no quiera casarse con un borracho, ni con un mujeriego, ni con un ateo. Es muy importante que sea buen cristiano. Pero de eso ya hablaremos. En la encuesta que digo, ponían en uno de los primeros lugares que fuera buen cristiano.

Todas estas virtudes las ponían por encima del atractivo físico, lo cual me parece muy lógico y muy normal. Es decir, que está visto que cuando las chicas piensan en serio, calibran lo que hay que calibrar. Por eso os digo una cosa: si cuando pensáis en serio calibráis estas cosas, que en la vida normal se vea. Si las chicas quieren casarse con un caballero, ¿por qué tontean con el chico que saben que es un golfo, un sinvergüenza, y que sólo quiere aprovecharse de ellas? ¿Qué sacas con ese chico, más que perjudicarte? Si es un chico que te respeta, bien; pero si es un fresco, mándalo a paseo. No tontees con quien no se porta con corrección.

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Lo mismo digo a los chicos.
Muchas veces he oído esto:
-Padre, ¡que difícil es hoy encontrar una novia para casarte con ella!
Una novia para pasar el rato, para aprovecharte de ella, fácil; pero una novia en serio, para pensar en casarte con ella, Padre, ¡qué difícil! Todas son unas frescas. Yo digo.

-Oye, ¿y quién tiene la culpa de que las chicas sean unas frescas ? Pues vosotros.
-¿Por qué?
-Porque vais detrás de las frescas para daros el «lote», y después tirarlas como un trapo sucio que ya no sirve. Luego, para casaros, no las queréis frescas, porque os pueden salir rana, ¿verdad? ¡Claro! De manera que cuando llega el momento de salir, buscas la fresca que es la que se deja.

Cuando una chica es fresca, tiene los chicos como moscas. Todos a aprovecharse. Pero cuando una chica es decente, recta, como Dios manda, que se hace respetar, como de esa chica no se puede sacar nada, ésa no os interesa. La dejáis sola. A ésa no la llamáis. Tú telefoneas a la fresca. A la que se deja. A la que se pega bien en el baile. Y entonces las chicas ven que para salir con los chicos hay que ser frescas.

Y como a todas las chicas les gusta tener éxito con los chicos, cuando ellas ven que las que tienen éxito son las frescas, sienten inclinación a hacerse frescas. Y ahora tú te quejas de que las chicas sean frescas. Si vosotros demostrarais con vuestra conducta estima por las más virtuosas, las chicas serían más virtuosas. Si las chicas vieran que vosotros, admiráis a las buenas y os vais con las decentes, ellas serían más decentes. Pero si las chicas creen que para casarse conviene ser frescas, ¿de quién es la culpa?

***

Muchas veces ellas dicen: «Padre, es que si una no se deja, el otro se va». Se creen las chicas que para atraer a un hombre hay que ser fresca, dejarse y ser facilona. No se dan cuenta de que un hombre con cabeza no se casará nunca con una fresca. ¡Nunca! La llamará, saldrá con ella, hará de todo, prometerá cincuenta cosas. Pero un hombre casarse con una fresca, no.

Un hombre que tenga cabeza no lo hace. El que se case con una fresca..., ¡es un tonto! Y la que se case con un tonto, es tonta. Tal para cual. Mirad: a un hombre siempre le preocupa la fidelidad de su mujer. Y si un hombre tiene la angustia de que un día pueda amanecer con cornamenta, ¡no vive! La infidelidad de su esposa es una de las mayores humillaciones para un hombre casado. Es tremenda esa angustia en un hombre. Y el tormento horrible de dudar si los hijos de su mujer son de él o de otro. Por eso, cuando va a casarse tiene mucho cuidado a quién elige. Porque no tiene ninguna gracia que la mujer le salga rana. ¡Natural! Lógico!

El hombre, cuando va a casarse, quiere una mujer pura. De estreno. No de segunda mano, ¡o de quinta! Que a nadie le gusta comerse las sobras que otro dejó en el plato. Cuando un marido descubre que no es el primero, sino que ya hubo quien se le adelantó, le hace poquísima gracia. ¡Lógico! Si somos así. El hombre quiere mujer de estreno. El hombre que se casa quiere una mujer pura. El casarse con una mujer pura es para el hombre de una ilusión especial. Una chica sobada y baboseada, ¿a quién le puede interesar?

Me decía uno ya casado, pero que había sido muy corrido, que cuando empezó a buscar novia en serio para casarse, al darse cuenta de que una chica había tenido experiencias sexuales, se decía: «Con ésta no cargo yo, se la dejo al siguiente». Hasta que encontró la chica que buscaba: una chica pura, con valores espirituales. Hoy lleva diez años casado con ella, sigue enamoradísimo de su mujer, y se siente plenamente feliz.

Naturalmente, que ninguna chica tiene obligación de casarse con su primer novio, si ve que no se entienden. Pero hay modos y modos de llevar un noviazgo. El segundo novio no tiene que tener reparos, si le consta que el novio anterior fue correcto. Pero no tiene por qué tener «tragaderas».

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Muchas veces he oído a chicos enorgullecerse de su novia porque es un ángel. Jamás he oído a un chico enorgullecerse de su novia porque es una golfa. ¡Nunca!

Precisamente, la semana pasada ha venido a verme un matrimonio joven, con un problemón imponente. Él se acababa de enterar que su mujer se había acostado con otro. A pesar de sus dos hijos, como dos soles, estaba dispuesto a deshacer su familia, quería echarla de asa, no podía ni mirarla a la cara. Me decía:

-Nunca más podré hacer el amor con ella. No podré evitar el pensar que me está engañando.

Estaba triste y furioso al mismo tiempo. Gritaba y gesticulaba como un loco. Si alguien dice que no le importa la infidelidad de su cónyuge, es porque ha dejado de amar. Precisamente la diferencia entre el amor y la amistad es que al amigo no le importa compartir con otros al amigo; pero el amante quiere en exclusividad a la persona amada.

Es muy fácil decir: «No me importa lo que hayas sido en el pasado». Lo malo es que esta afirmación debería incluir esta otra: «ni me importa lo que vayas a ser en el futuro». Pero esto es mucho más difícil, pues a ningún hombre le hace gracia que le «pongan los cuernos». Es verdad que una mujer puede arrepentirse de su pasado y cambiar. Santa María Magdalena fue prostituta, y después llegó a santa. Pero esto es extraordinariamente excepcional, y confiar en una cosa así es muy arriesgado. Porque «la cabra tira al monte».

Pues bien, si para casarte quieres una mujer decente, ayuda a las chicas a que sean decentes. ¿Por qué una chica que quiere ser decente tiene que luchar tanto contra los chicos que la acosan para que ella ceda? Me escribía una chica: «Padre, ¡que asco! todos los chicos vienen a lo mismo. Y si no te dejas, no les interesas». ¡Qué triste que las chicas tengan ese concepto de los chicos! Demuestra tú con tu conducta que no eres de ésos. Que tú, porque estimas a la mujer decente, quieres ayudar a todas a que sean decentes.

Por eso yo digo: hombres, si queréis mujeres puras, ¿por qué no las hacéis puras? En uestro trato las pisoteáis, las degradáis, las hundís, y después cuando queréis casaros, ¡ahora sí las queréis puras! ¿Con qué derecho quieres una mujer pura, si antes has estropeado toda la que has tenido al alcance de la mano? ¿Cuántas chicas puras e inocentes se han hecho lujuriosas y viciosas por culpa de un chico! Si te sale rana, te lo mereces, hombre. Si tú quieres una mujer pura para casarte, respétalas. No las pisotees. No las degrades. No las prostituyas. Hay que ver muchas veces el trato que los chicos dan a las chicas. A ver en qué se diferencia del trato que se da a una de esas que están esperando a un hombre en una esquina, y después cobran.

Si para casarte quieres una chica decente, pórtate con ella como un caballero. Ayuda a su virtud. No la acoses. Es necesario que el hombre sepa dominarse y respetar a la mujer. Que a mujer virtuosa se vea halagada con la estima de los hombres.

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De manera que este es el primer punto que resumo en este momento: Una elección acertada. Lo cual supone en el hombre y en la mujer enamorarse del alma más que del cuerpo. Más de las virtudes que sustentan la felicidad del matrimonio, que del atractivo físico que, aunque tiene su importancia, no es lo único. Ni siquiera lo primero. Que lo tengamos en cuenta para el momento de la elección.

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Para el éxito en el noviazgo es también fundamental un verdadero y mutuo conocimiento. Hay que conocerse. Y muchos novios no se conocen ¿Por qué? Porque lo único que hacen es mirarse a los ojos y decirse cosas bonitas. ¡Pero no se conocen! Porque hablan de pamplinas. Pero los temas fundamentales no los tocan. Y llegan al matrimonio y no se han conocido. No digo que en el noviazgo, alguna vez que otra, no se digan alguna cosa bonita. Pero que no sea el noviazgo un disco rayado: te quiero, te quiero, te quiero... El noviazgo no es para estar repitiendo siempre el verbo amar. No es eso. Que alguna vez lo digáis, bien está. Pero hay que hablar de otros temas. Porque hay que conocerse. El carácter, el modo de ser, las ideas, las reacciones, la educación, etc. etc. Y eso no es nada fácil.

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Primero: porque generalmente los chicos y las chicas en la calle sois encantadores.

Una chica muy mona, muy bien arreglada, muy amable, muy educada, muy atenta, muy dulce, muy agradable, muy fina: un sol de niña. Pero que pregunten en su casa: tiene un genio insufrible. Que pregunten en su casa cuando hay que poner la mesa, cuando hay que fregar los platos, cuando hay que traer el café, cuando hay que barrer o hacer las camas. Que pregunten en su casa: que se sienta en un sillón y no hay quien la mueva. Una comodona de primera. ¡La pobre viene tan cansada de bailar! Eso no le cansa nada. Pero ayudar en casa, es horrible. ¡Que la dejen en paz!

Si hay que hacer algo en casa, tendrá que hacerlo su hermana o su madre: pero ella, siempre escurre el bulto. Además es sucia, desordenada, desarreglada. Para arreglar su carita, media hora. Pero su cuarto parece una pocilga: desordenado, sucio, un asco. Por eso digo que hay que conocerla en su salsa, porque en la calle todas son encantadoras. A la chica hay que conocerla en su casa: cómo baña a los niños, cómo hace la comida, cómo cose la ropa, y cómo limpia la casa.

Conocerla sólo en la calle, no basta.

Y lo mismo digo de los chicos. Ese chico en la calle es otro sol. Muy caballero. Muy galante. Muy amable. Muy educado. Muy fino. Muy gracioso. Muy ocurrente. Muy simpático. Lo que digo, un sol de niño. Pero que pregunten a su madre, que la trata a gritos. Que pregunten a su padre, que está harto del niño, y piensa si merece la pena el dinero que se está gastando en darle estudios; porque el niño no da golpe. Es un vago, un holgazán, ¡un inútil! Un trasto de hombre.

Es muy fácil ser encantador en la calle con las chicas. En la calle todos sois encantadores. Pero en casa, insoportables, inaguantables e insufribles.

Por eso digo: si os conocieran en vuestra casa, ¿quién se enamoraba de vosotros? Y en el matrimonio os vais a conocer en vuestra salsa. Ahí salen todos los defectos. Cuando paseabais por la calle no se os veían. Y como en el tiempo del noviazgo en vez de conoceros os dedicabais a hablar de pamplinas, no os habéis conocido.

***

Segundo. Esto es lo peor: que engañáis.
En los pueblos pequeños se conoce a todo el mundo, y es más difícil engañar. Pero en las grandes ciudades es más fácil engañar, porque no os conocéis. Sólo os conocéis de la academia, de la oficina, del trabajo, pero no es fácil conocer a la familia. Por eso es más frecuente que aparentéis lo que no sois. Presumís de montones de cosas. Presumís de familia, de posición social, de dinero, de educación, de virtudes, de porvenir, de no sé qué.

Hay que ver cómo presumen los chicos de porvenir. Presentan un porvenir espléndido. Si te vas a fiar de sus sueños, te crees que te vas a casar con un Onasis. Pero después vas a tener que pagar a plazos hasta los paños de cocina. ¡Realidad, hombre, realidad! Ni engañes, ni te engañes. Está bien que tengas aspiraciones. Pero ten en cuenta tus posibilidades. Sé realista. Di lo que eres.

Que te conozcan como eres. Que te quieran como eres. Y si no te aceptan como eres, más vale que te dejen en el noviazgo, y no después de casados. Que cada uno diga lo que es con sinceridad. ¿De qué le sirve engañar.? Cuando uno descubre que ha sido engañado, queda defraudado. El engaño no sirve para nada. ¡Si el día que te cases, se va a enterar de todas las mentiras que has contado! ¿Y tú crees que esas mentiras que cuentas hoy te van a ayudar al amor el día de mañana? Cuando se descubra todo tu engaño, toda tu hipocresía y toda tu falsedad, ¡menuda desilusión! ¿Me vas a decir que esto fomenta el amor? Engañar es una barbaridad. Con tu engaño estás poniendo las bases de la desilusión, el rencor, el aborrecimiento. ¿Qué va a ser de tu matrimonio? Con el engaño no se va a ninguna parte.

Pero me dice una chica: «Sí, Padre. Se va a la boda. Así logro casarme» ¡Y qué! ¿Con tus engaños has llegado a la boda? ¡Pero si no basta llegar a la boda! ¡Si lo importante es llegar a la boda con garantías de que el matrimonio va a ir bien! Porque si el matrimonio va a fracasar, será un martirio.

Y os aseguro que no hay en este mundo mayor martirio que un matrimonio fracasado. No lo hay. ¿Vosotros sabéis lo que es la convivencia diaria en la mayor intimidad de la vida con una persona a quien se aborrece?

El amor hace todo más llevadero. Un matrimonio con amor es un matrimonio feliz. Pero un matrimonio sin amor, es un martirio. Por eso el título de esta conferencia es tan trascendental. El éxito de una cosa tan seria. De la cual depende tu felicidad en esta vida, y quién sabe si también en la otra.

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Por lo tanto, conocerse. Conoceros como sois, con vuestros defectos y vuestras virtudes. Si tienes defectos, procura quitarlos; y procura aumentar las virtudes. No digas: «Yo soy así. Si me quiere así, que me tome. Si no, que me deje».

Bueno. Bueno. ¿Tú tienes defectos? Pues quítalos. Procura corregirte. Que se vea que tienes buena voluntad. Que vas superándote Que vas mejorando. Si tienes defectos, no engañes. Engañar no. Pero si pones de tu parte para corregir tus defectos, y pones de tu parte para aumentar tus virtudes, mucho mejor. Más garantías.

Por lo tanto no digas: «Yo soy así, y ya está. No pienso cambiar». No hombre. Eso es egoísmo. Corrígete y aumenta tus virtudes. Todos tenemos defectos, pero todos tenemos que esforzarnos en corregirnos y cambiar. Todos debemos tener la ilusión de superarnos, de mejorar, por amor a la persona amada. Hacernos dignos de ella. Ofrecer algo que merezca la pena. No una vulgaridad.

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Foerster, un gran pedagogo, dice (bonita frase). «El amor vence a la muerte; pero un pequeño defecto desagradable, a la larga, puede vencer al amor».

Parece mentira, pero es así. Hay momentos en que el amor vence a la muerte; y por amor, se da la vida. Pero un defecto desagradable en una persona, aunque sea una pequeñez, a la larga, puede vencer al amor.

Hay mujeres que no soportan a sus maridos por una pequeñez. Y no lo aguantan porque él es sucio, porque es un mal educado, porque es un bruto, porque es un grosero. Todo esto son defectos. Pero, ¿es posible que una mujer se sienta desgraciada sólo por una pamplina de su marido? Repito, son defectos. Cuanto más caballero, más limpio, más correcto, y más educado, mejor. Pero, ¿es posible que una mujer llegue a aborrecer su marido sólo porque él tiene un defecto así? Pues esto ocurre.

Hay matrimonios que se van a pique por una auténtica pequeñez. De novios no se le da importancia, porque en el noviazgo todo está lleno de ilusiones. Pero estas pequeñeces, a la larga, pueden hacerse insufribles. De ahí la importancia de la frase de Foerster. Por esto digo yo que un pequeño defecto de educación, de higiene, de modo de ser, de corrección, a la larga te molesta. Termina por hacerse inaguantable.

Y lo mismo la mujer. Una mujer dominante, mandona, regañona, absorbente, cascarrabias, antipática, quisquillosa, chinche, soberbia, testaruda, con espíritu de contradicción, se hace insufrible. Tendrá otras virtudes. Pero con ese defecto termina por hacerse insoportable.

Todo esto, tenedlo en cuenta los dos. El que tiene defectos para corregirse. El otro, que se prepare y busque virtudes que le compensen de esos defectos.


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Otro punto. Es necesario que veáis si armonizáis en modo de ser, en carácter, en ideas, en gustos, en aficiones, en costumbres, en cultura, en educación. Esto es fundamental. Cuanto más armonía, mejor. Más garantías. Un desnivel grande en edad, en educación, en higiene, en cultura, en formación, son causa de problemas. Lo dice la experiencia. No por clasismo. ¡Por armonía! La cultura y la educación separan más que el dinero. Si no concordáis, a la larga habrá conflictos, disgustos, problemas. Y el amor se enfría.


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Ya comprenderéis que cuando digo que debéis conoceros a fondo, no quiero decir que también debáis tener experiencias sexuales prematrimoniales. Están prohibidas por Dios. «Los fornicarios no entrarán en el reino de los cielos». Palabra de Dios. Lo dice la Biblia. El que diga lo contrario se equivoca, pues va contra la Biblia. Frente a la palabra de Dios, sobran todas las razones de los hombres. El uso del aparato genital es derecho exclusivo de casados, pues sólo ellos pueden afrontar las responsabilidades que su uso lleva consigo. El hijo necesita un hogar donde crecer y educarse. Engendrar hijos, es lo más grande que los hombres podemos hacer en la vida. Por eso convertir la sexualidad en un juego es un crimen. Es degradar la misión más sublime del hombre. El hombre debe dominar su instinto sexual con la razón.

Y no me digas que hay que entrenarse antes de la boda. Estas experiencias no sirven para nada. El acto conyugal realizado por los esposos es algo totalmente distinto de lo que pueden hacer dos solteros, que no pueden desprenderse de la multitud de inhibiciones por el remordimiento de conciencia, temor de embarazo, etc. Le oí decir al Dr. Carlos Soler, por la radio, que la gran mayoría de los matrimonios fracasados que van a su consulta, habían practicado las relaciones sexuales antes de casarse. Luego esto,de nada les sirvió.

Es perfectamente normal que el aprendizaje del acto conyugal se realice después de la boda. No es necesario hacerlo todo la primera noche. Se va aprendiendo poco a poco. Esto es lo normal. Quien llega al matrimonio con experiencia sexual, no puede agradar a la otra parte que tiene derecho a esperar el estreno de la vida sexual de su cónyuge.

-¿Y si después de casados no sintonizamos sexualmente?

El profesor Eduardo López Azpitarte en su libro «Sexualidad y Matrimonio, hoy», dice que ningún matrimonio fracasa por falta de acoplamiento sexual. Si hay amor, lo sexual irá bien. Lo que ocurre es que la falta de armonía en el orden psíquico, repercute en lo sexual.

Pero, además, está el peligro de un embarazo no deseado.
-Ya tomamos precauciones.
-¿Y si fallan?
La cantidad de embarazos por fallo de las precauciones.

El Dr. Billings dice en su libro THE OVULATION METHOD: que la única manera segura de evitar el embarazo es impedir el contacto de los órganos genitales. Ya que sólo un contacto externo puede ser la causa de que un microscópico espermatozoide, todavía vivo, alojado en algún repliegue de la piel, se cuele hasta arriba y fecunde el óvulo. Por lo visto, bastó el contacto genital de una mano sucia de semen para dejar embarazada a una chica.

Este temor al embarazo es inevitable e inhibitorio.
Lo mismo que no se puede disfrutar de un coche robado como del propio.
El temor de ser descubierto produce inquietud.
En cambio, los esposos saben que haciendo la vida conyugal están cumpliendo la voluntad de Dios. Para ellos, eso es un acto santificador. Es lógico que lo hagan con toda satisfacción.

De modo que las relaciones sexuales prematrimoniales son inadmisibles. Si fueran convenientes, Dios no las hubiera prohibido.


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Algunos dicen que si un chico y una chica se quieren, para vivir matrimonialmente no necesitan ningún papeleo burocrático. Esto es muy fácil, pero no es serio. En la vida, todas las cosas serias se formalizan con un documento. Si tú le prestas a un amigo cien mil pesetas, no te basta su palabra, por muy amigo tuyo que sea. Te quedas más tranquilo si te echa una firmita en un papelito.

Pues el matrimonio es una cosa muy seria, en la que se pone en juego la educación de unos hijos que necesitan un hogar. Y eso no puede estar a merced de una pareja que no quiere comprometerse a vivir juntos, y por lo tanto, cuando uno de los dos quiera, lo planta todo y se va.

Por eso la Iglesia no está de acuerdo con las parejas que quieren vivir matrimonialmente, pero sin formalizar su matrimonio.

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Otra cosa importante: ¿armonizas con la familia del otro?
-Pero Padre, es que yo no me caso con la familia.
De acuerdo. No te casas con la familia, pero es imposible prescindir de la familia de la otra parte. Cierto trato es inevitable. El otro tiene unas obligaciones con su madre que no puede abandonar. Y tú tienes que aceptar un contacto razonable con la familia del otro. Si tú no encajas de ninguna manera con esa familia, tú verás... Pero menudo problema. Tienes que encajar. Tienes que quererla. Si os queréis casar, tú procura ganarte a la familia. Y que su familia te acepte y te quiera.


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Otro punto importante en el mutuo conocimiento: las ideas religiosas. Una disparidad en ideas religiosas crea un montón de problemas en el matrimonio. Situaciones dificilísimas, complicadísimas, amarguísimas. Sufren no sólo por ellos, sino también por los hijos. Por lo malos ejemplos que ven los hijos; o por los buenos ejemplos que debían de ver y no ven. Se sufre enormemente porque la otra parte no responde al nivel religioso que uno desearía.

No es raro que a veces la chica tenga formación religiosa superior a la del chico. Esto es frecuente. El chico está trabajando desde pequeño, o ha leído menos, o ha tenido menos ocasiones; ha estudiado más otras cosas y ha abandonado la religión. Puede ocurrir.

En estos casos no hay dificultad, con tal de que él no sea hostil, no se oponga a la fe, sino que tenga buena voluntad. Que reconozca que, en nivel religioso, él es inferior a ella, y que tenga buena voluntad para formarse, para superarse, para acercarse y para nivelarse. Porque no siempre podemos encontrar chicos de nivel religioso igual al de la chica. Porque la chica generalmente ha tenido más ocasiones, y ha podido formarse mejor religiosamente.

Lo malo es cuando un chico no quiere superarse, y el chico se opone a salir de su nivel, y el chico no acepta una mejor formación religiosa, y el chico obstaculiza la vida religiosa de la chica. Esto es intolerable. ¡Nadie en el mundo tiene derecho a quitarte tu fe! ¡Nadie en el mundo puede ser obstáculo para que tú vivas tu fe! La fe es lo que más vale en el mundo.

Por eso, para toda persona, Dios es antes que todos los hombres. Para toda mujer, Dios es antes que su marido. ¡No faltaba más! Por mucho que quiera a su marido. El marido es el primero entre los hombres. Debe amarle con todo el corazón y desvivirse por él. Pero antes es Dios. Cuando haya que elegir entre Dios y su marido, hay que elegir a Dios. En eso no hay duda.

Os voy a contar un caso que he oído. Histórico. Una parejita de novios, en un pueblo, se fue un domingo al atardecer por la carretera paseando. Y cuando llegaron a un sitio oportuno, se metieron detrás de unos matorrales. ¡No para rezar el rosario precisamente! ¡Ya se entiende! La chica fue tonta, porque ya podía comprender que cuando el otro la invitó a esconderse detrás de esas matas, no era para nada bueno.

Y comienza la función. Ella fue cediendo poco a poco. Y cuando llegó el momento culminante el otro se tira encima. Entonces, ella:
-Ah, no. No. Eso no.
Pero el otro ya estaba como un potro desbocado, y ahora cualquiera lo paraba. Total que ella muy firme se pone en pie. Y el otro fuera de sí, le dice:
-Mira, ya estoy harto de tus tonterías. Decídete de una vez: o tu Dios, o yo.

¿Será idiota? ¿Será imbécil? ¿Quién se ha creído que es? «O tu Dios o yo». ¿Es que piensa que esa chica le va a escoger a él antes que a Dios? ¿Por quién se ha tomado? La chica contestó fenomenal. Aquí estuvo fenomenal.

En lo otro estuvo tonta. Tonta de meterse por ahí, porque ya podía suponer cómo iba a terminar. Tonta en ceder poco a poco, pues podía suponer que el otro pediría cada vez más. Pero en esto estuvo fenomenal. Contesta la chica:

-Pues mira, si me obligas a elegir entre Dios o tú, perdona, pero me quedo con Dios.

¡Natural! ¿Pero qué se habrá creído éste? «O tu Dios o yo». ¿Pero tú por quién te has tomado, muchacho? ¿Quién te has creído que eres? ¿Es que pretendes que te prefieran a Dios? No, hombre, no; por encima de Dios, nadie. Dios es el primero. Siempre. Para todo el mundo. No puede haber nadie que se ponga por encima de Dios.

Por eso digo, cuando se trata de ideas religiosas hace falta armonía. Hace falta unión. Que los dos vayan a una. Porque si no, habrá muchas ocasiones en las cuales habrá colisión, y entonces la persona religiosa se verá en la alternativa de disgustar a Dios o de disgustar a la persona que ama.

Por eso la solución sería: no te cases con una persona que va a ser para ti un obstáculo para que puedas cumplir con tranquilidad tus obligaciones para con Dios.

Os voy a contar otro caso para que no parezca que siempre las chicas son las buenas y los chicos los malos. Yo conozco a un chico que se casó con una chica muy mona; pero frívola, superficial. Y él era de una gran formación religiosa. Hay que ver lo que sufre este hombre. A su mujer la quería. Estaba enamorado de ella. Pero ahora se da cuenta de que esta mujer es incapaz de infundir la fe en sus hijos, porque no le sale, porque ella no la tiene dentro.

Y cuando él compara cómo era su madre, y cómo su madre le educó a él y le infundió la fe; y ve la ligereza y superficialidad de su mujer, este hombre está hecho polvo. Porque él no puede infundir la fe en sus hijos. Él está en su trabajo. Cuando llega a casa muchas veces lo niños están durmiendo. Quien tenía que transmitir estas ideas religiosas es la madre. Quien rezara con los niños todos los días; quien les hablara de Dios, y de la Virgen y del Niño Jesús. Pero ella no lo hace, porque no le sale de dentro Lo que sufre este hombre. Las ideas religiosas son muy importantes. Que haya una armonía, que haya un nivel similar.

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Y no digo nada si encima el otro es protestante o de otra religión. Los matrimonios mixtos son un problema. Generalmente desaconsejables. Se llaman matrimonios mixtos aquellos cuyos cónyuges no son de la misma religión. Por ejemplo: católico con protestante, o judío, o mahometano.

La Iglesia tolera los matrimonios mixtos, y por eso legisla sobre ellos. Pero dice que son desaconsejables. Lo mejor es que los dos tengan la misma religión. El católico, que se case con católico; el protestan te, con protestante; y el mahometano, con mahometano. Para que haya una armonía. Porque si cada cual tiene una religión diferente, se presentan conflictos de orden práctico. Muchísimos. Y son motivo de discusiones y disgustos. Y después, la desorientación de los hijos. Es muy frecuente que los hijos de los matrimonios mixtos, salgan indiferentes en religión. Ni una cosa ni otra. Nada. Esto es serio.

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Otro punto que a veces no se mira: la salud. La salud del otro. ¿Te has preocupado alguna vez de si el otro tiene salud? ¿Sabes qué salud tiene?

Hay que conocer el factor Rh de la sangre, para tomar las precauciones oportunas en caso de incompatibilidad, etc. Se calcula que más del medio millón de subnormales que hay en España proceden de la ignorancia de esta incompatibilidad por el factor Rh, y falta del tratamiento adecuado si hay embarazo.

En el extranjero, en algunas naciones, es obligatorio el examen médico prematrimonial. En España no es obligatorio. Se va introduciendo, pero todavía no es obligatorio. Ojalá lo fuera. Que los que se casan sepan si se casan con un sano o con un enfermo.

N.B.: Esta conferencia está disponible en DISCO COMPACTO (CD) y en vídeo.
Todos los sistemas.
Pedidos a la EDITORIAL SPIRITUIS MEDIA-Apartado 2564-11080.Cádiz. (España)
Correo electrónico (e-mail): spiritusmedia@telefonica.net






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