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Educar al adolescente

Educar al adolescente
La juventud es la encrucijada de mil caminos; y según el que se escoja va a estar la felicidad de toda nuestra única vida.


Por: P. Jorge Loring |




Una de las edades más difíciles para la educación de los hijos es la adolescencia .
El adolescente empieza a descubrir su propia personalidad, y siente necesidad de afirmarla. Esto le inclina a la rebeldía en todos los órdenes.

La educación, la virtud, o el buen carácter, pueden dominar este espíritu rebelde.
Pero esta rebeldía de los adolescentes no debe extrañarnos.
Lo que debemos hacer es saber cómo educarla.
Es un momento difícil.
Las personas mayores tienden a tratarlos de «críos», y esto a ellos les subleva. Ellos se sienten personas, y quieren ser respetados.
El tratarlos de modo despectivo e irónico puede ser contraproducente. Sin perder la autoridad paterna es bueno lograr la amistad del hijo, para que se someta de buena gana al verse tratado con consideración.
Las fanfarronadas del adolescente son pura fachada.
Por dentro se encuentra inseguro.
Necesita consejo.
Pero hay que dárselo sin que él se sienta disminuido, porque entonces no lo aceptará.

El adolescente necesita afirmar su personalidad, su independencia, quiere ser él, decidir él, ser responsable de sí mismo.
Empieza su camino hacia la adultez, y sólo si es aceptado así se reincorporará emocionalmente a la vida del hogar.

Los padres deben ayudar a que su hijo vaya madurando en su adultez. No prohibir con autoritarismo, sino por razones y siempre en bien del hijo; hacérselo ver así con amor.
No se trata de entorpecer su madurez, sino de ayudarle en su autodesarrollo. El adolescente rechaza todo lo que sea imposición que pueda poner en peligro su personalidad naciente. No acepta que se le trate como a un niño.

«Los adolescentes se muestran inseguros, les falta unidad interior, les falta el sentido de la seguridad, base fundamental de un desarrollo armonioso.
»El sentimiento de seguridad lo adquieren cuando encuentran en el hogar amor y autoridad: amor sobre todo en la madre, y autoridad en el padre. Lo que no significa que la madre no pueda ejercer autoridad, y que el padre no muestre afecto.»
El amor materno es indispensable para la salud física y psíquica del hijo. Las graves faltas en la personalidad del adulto provienen principalmente de la falta de amor en la infancia y en la adolescencia.

»Los criminólogos nos aseguran que los jóvenes delincuentes tienen la convicción de que nunca encontraron amor en la familia.
»La madre debe ser el corazón del hogar y mantener en él vivo el fuego del cariño.
»Desgraciadamente, en nuestros días, muchas mujeres queriendo igualarse a los hombres , procuran desarrollar actitudes francamente masculinas con detrimento de las maternales, lo cual luego perjudicará la educación de los hijos que necesitarán de ellas.
»También hay otro exceso: el cuidar demasiado del hijo y endiosarlo con mimos.
»Eso puede causar una fijación en la infantilidad e impedirle la necesaria emancipación.
»Los que fueron tratados como pétalos de rosa, no saben reaccionar más tarde ante las dificultades de la vida, incapaces de hacer algo sin la ayuda de los demás. Es preciso educar al niño para su propio bien, para desarrollar su propia personalidad.
»El padre es también indispensable en la educación del niño, que necesita de su dirección y autoridad.
»Muchos padres no entienden esto.
»Llegan cansados por la noche al hogar, y no prestan ninguna atención a los hijos.
»Hay que buscar tiempo para estar con ellos, dialogar, inspirarles confianza, darles ánimo, oírles con simpatía y comprensión.
»También el padre debe evitar demasiada protección y mimos a sus hijos. Pueden engendrar en ellos la pusilanimidad, el miedo ante la vida, el temor a la responsabilidad.
» La autoridad paterna es imprescindible para el desarrollo afectivo del hijo. Últimamente se ha hablado mucho de las consecuencias de la falta de amor materno; la carencia de la autoridad del padre no es menos funesta...
»Eduquen a los hijos con amor, comprensión y firmeza. El amor materno y la autoridad paterna son las dos grandes columnas en que descansa la educación de niños y adolescentes» 47.

La fuerza de voluntad es muy importante en la vida. Se consigue con entrenamiento, como en una competición deportiva.
Para conseguirla hace falta una gran dosis de animación.
Es necesario el premio: el estímulo, la atención y la alabanza frecuente. La vida es dura y sólo a base de coraje se logra la cima de los fuertes.

Hoy se da con relativa frecuencia lo que Enrique Rojas llama la filosofía de «lo que me apetece»
48.
Hago esto porque me apetece.
No hago esto porque no me apetece.
Son esclavos de lo que pide el cuerpo.
Volubles como la veleta que gira según el viento que sopla. Incapaces de objetivos concretos.
Sin embargo, una persona que tiene educada su voluntad consigue lo que quiere, si es constante.
Para tener voluntad hay que empezar por tener dominio propio. No hacer lo que me apetece, sino lo que es mejor.
Puede ser que me apetezca lo mejor, pero esto no siempre pasa.
Para educar la voluntad hace falta un aprendizaje gradual que se consigue con la repetición de actos donde uno se vence en los gustos hasta adquirir el «hábito positivo».
Esto da paz, alegría y felicidad.

Sería conveniente enseñarle a hacer pequeños sacrificios: renunciar a una golosina, retrasar el momento de saciar la sed, dejar de ver la televisión, comer lo que no le gusta, dejar hablar a los demás, no gastar en cosas superfluas, etc. Esto educa su voluntad, lo cual le va a ser muy útil el día de mañana.

Aristóteles sostenía que la auténtica manifestación de fuerza de voluntad se mide en el dominio propio. «La vía del menor esfuerzo no conduce nunca a la maduración».
Es necesario no sólo animar a que el niño se esfuerce por conseguir unas metas, sino también ir alabando con cierta continuidad lo poco o mucho que, de hecho, consiga en cada momento.
El niño, de pequeño, no tiene criterio. El bien y el mal se aprende fundamentalmente de los mayores.
Antes de que nadie lo malee, es necesario darle base moral sólida, formarle la conciencia, inculcarle el sentido del deber, corregir lo defectuoso y dejar bien claro dónde está la virtud.
Conviene indicar con claridad lo bueno y lo malo.

Es importante crear hábitos buenos.
Acostumbrarles a hacer las cosas bien, y más adelante ellos mismos comprobarán que les va bien con lo que aprendieron.
«Sólo se aprende lo que se hace». De manera que, el poner al sujeto en acción, ayudándole a reflexionar sobre ello, es el único o casi, más importante modo de andar con realismo en el terreno de los valores
49.

Hay valores absolutos y valores relativos.
La verdad y el bien son valores absolutos.
El dinero es un valor relativo. De nada sirve si no hay algo que comprar. A un viajero perdido en un desierto, de nada le sirve tener mucho dinero en el bolsillo.

Hay que educar en valores.
Hace falta un sistema de valores que sirvan de referencia en la vida.
Los valores son guías de conducta. La escala de valores marca la conducta de cada individuo.

Lo mismo que los niños aprenden a andar, leer y escribir, aprenden pautas de conducta y comportamiento moral. Si no les enseñamos a distinguir el bien del mal, si no les corregimos ni les enseñamos normas para que sepan a qué atenerse, nunca aprenderán a comportarse como hombres, ni acertarán a dar sentido a su vida.
Pero los valores se viven, se sugieren, se comparten, no se imponen.

El niño tiene una enorme capacidad de imitación.
Aprende a ser hombre haciendo suyas las pautas y valores que ven en los demás. Buscan modelos a los que imitar.
El ejemplo es la mejor manera de educar
50.

La disciplina y el dominio de sí son indispensables en la formación del ser humano.
Algunos padres, por temor a que los hijos contraigan complejos, les dejan hacer cuanto quieren y dejan a un lado toda autoridad.
Nunca serán hombres: serán un peso para la familia y la sociedad; unos desajustados. No se entrenaron para las dificultades inevitables de la vida. Esa fobia de complejos engendra complejos mucho más funestos.

Que las normas de disciplina sean coherentes y uniformes. Que el padre y la madre estén de acuerdo con la política a seguir en el hogar. No se desautoricen el uno al otro. Los padres no deben discutir nunca delante de los hijos.
Si en algo no están de acuerdo, buscar la armonía cuando estén solos.
Pero apoyarse siempre mutuamente delante de los hijos.
En algunos matrimonios, basta que uno diga una cosa para que el otro diga la contraria, sin más razón que porque lo ha dicho el otro. Es una vengancilla que perjudica al hijo.

Los hijos necesitan estabilidad, un cuadro de referencia fijo, una constancia en la actitud de sus progenitores.
Lo que educa a un niño es lo que comprende afectivamente.

Los hijos desiguales necesitan trato desigual. A un tímido habrá que tratarle con cariño para darle confianza. A un irascible, con calma y paciencia; pero con firmeza. La autoridad y la obediencia no se imponen a gritos, que sólo sirven para aumentar la rebeldía.

Rara será la familia, por cristiana que sea, y por elevada que sea su educación, en la que la crisis de la independencia propia de la adolescencia no haya provocado algún conflicto entre los padres y los hijos
51.
Son conflictos pasajeros que los padres deben procurar no se conviertan en divisiones profundas y duraderas.

Los padres deben tener paciencia con las «majaderías» de sus hijos adolescentes, y esperar para corregirlos a tener calma y serenidad.
Y nunca en presencia de extraños.
Y siempre reconociendo la parte de razón que en las excentricidades de sus juicios y contestaciones pueda tener el muchacho.

Hay que reconocerle su derecho a tener algún secreto (cajón cerrado con llave) y el prudente uso de su independencia, siempre que se pueda saber qué uso hace de su libertad.

Si los padres respetan su esfera privada, es fácil que el hijo se sincere con ellos, les cuente sus secretos, pida consejos, etc. Pero un registro sin su consentimiento o contra su voluntad disminuye su confianza en los padres y aumenta la distancia
52.

«Hay que ayudar a los adolescentes a desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e intelectuales a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la responsabilidad en el recto y continuo desarrollo de la propia vida y en la consecución de la verdadera libertad»
53.

Es muy conveniente fomentarles cuando tengan edad, alguna afición al margen de la obligación: gimnasia, atletismo, deporte, montañismo, caza, pesca, instrumento musical, pintura, habilidad manual, etc.

«El adolescente duda enormemente de sí mismo. Por eso se afirma tan brutal, tan bestialmente. Necesita un apoyo, y lo busca. Pero tiene el orgullo de no aceptar más ayuda que la que le venga de hombre a hombre, como lo que él quiere ser. Ayuda intelectual, primero.
»El niño, cuando no sabe pregunta. El adolescente, si ignora empieza por afirmar. Aunque penséis lo contrario, es un progreso, o mejor, una posibilidad de progreso. La afirmación perentoria de los mayores no le basta. Tiene necesidad de respuestas personales. Pasa de la pasividad al activismo, del feliz parasitismo de la infancia a la ambición varonil de la autonomía. Pero sus juicios son absolutos. No importa dónde los ha encontrado. Ha leído lo que dice, o lo ha oído decir; lo ha visto en la televisión o se lo ha repetido un amigo. Esto basta para afirmarlo frente a todos y contra todos; es decir, para afirmarse. Es inútil contradecirle. Se enoja o se encierra.
»Pero sobre todo, no os burléis de él. Es obstinado y no dirá ya una sola palabra, e irá a buscar fuera, en un compañero o en una joven amiga, el auditorio complaciente que le negáis vosotros.¿Qué hay que hacer? Ayudarle.
»Empezad por no enfrentaros a él.Os exasperáis, os morís de ganas de decirle que es un idiota, que lo que dice es tan estúpido que no merece discutirse. Callaos, tragad vuestra indignación, calmaos y escuchadle. Aprended a hablar con él en plano de igualdad. Perdéis toda influencia sobre él si le habláis como a un niño. Y en cambio, ¡necesita tanto que conservéis vuestra influencia sobre él...!
»El adolescente sólo escucha a quienes le tratan como hombre serio e inteligente, sobre todo si no lo merece. Es la única manera de ayudarle a serlo.
»Acordaos de lo que pensabais vosotros a su edad; comunicádselo y decidle cómo hicisteis para pensar de manera distinta. Matizad lo que os dice en vez de despreciarlo globalmente, y veréis cómo llegáis a descubrir una verdad aceptable.
»A los hijos no les gusta que se les imponga la autoridad arbitrariamente, ni que se les trate como a chiquillos. Quieren que se escuchen sus opiniones, que se comprendan sus problemas, y que se les mande como a personas mayores. Padres y madres deberían tener presente aquella máxima pedagógica: “Al niño se le impone; al muchacho se le propone; al joven se le expone”»
54.

Los valores se proponen, no se imponen con coacción; aunque moralmente haya obligación de aceptarlos.
Cada uno elige los valores que desea. Por eso hay que motivarlos.
No bastan frases como éstas: «Aquí las cosas se hacen así, y basta»; «de esto tú no tienes ni idea».

«Durante la adolescencia, que comienza con la pubertad, tienen lugar importantes transformaciones en el plano afectivo, intelectual y fisiológico: es el paso hacia la madurez.
»Hay un crecimiento físico, maduración sexual y, sobre todo, una profunda transformación psicológica, que dan al adolescente su propia personalidad.
»El adolescente siente en su ser cosas nuevas. Comienza la reflexión y el “descubrimiento de sí mismo”.
»Esta nueva conciencia que tiene de sí, le lleva a la contemplación del yo, a andar en torno a sí mismo.
»Quiere conocerse, comprenderse.
»Es el narcisismo.
» Narciso, personaje mitológico, se deleitaba mirando su imagen sobre las aguas. Cayó al lago atraído por su propia imagen. Los dioses le transformaron en la flor que lleva su nombre.
»El joven se enamora de su imagen. Se estudia en la intimidad. Exteriormente tiene una verdadera preocupación por su vestido, su cabello, las formas de su cuerpo.
»Es la edad de los diarios íntimos y del espejo.
»También del autoerotismo...
»Estos jóvenes desprecian todo lo que es convencional. Quieren destacar por lo excéntrico y original. Su manera de hablar, vestir, bailar, todo acusa su deseo de extravagancia.
»La autocontemplación y la agresividad ayudan al joven a afirmarse; pero, si se prolongan demasiado, pueden tener consecuencias serias, pueden dificultarle su adaptación social.
»Hay muchos adultos que nunca superaron esta etapa. Son los eternos rebeldes contra todo y contra todos, incapaces de adaptarse a la realidad de la vida...
»Los jóvenes sienten la seducción de lo grande. Es necesario canalizar este impulso hacia un ideal noble...

El instinto religioso se despierta entre los trece y los catorce años. Llega a su plenitud a los dieciséis.
»El adolescente es naturalmente introvertido.
»Esa actitud repercute en la conducta del joven, haciéndole amar el recogimiento y la oración silenciosa.
»Siente los valores y quiere formar un ideal...
»En la pubertad es donde se dilucida el problema religioso. Problema generalmente difícil, ya que queda situado entre la mentalidad infantil y el espíritu crítico del adulto, entre el sentimiento de seguridad y el irrumpir violento de la vida instintiva, entre la sumisión y la afirmación del yo.
»La evolución religiosa del adolescente depende de varios factores, de sus propias reacciones, del ambiente, del ejemplo de los mayores...
»Algunos abandonan la fe porque les ha sido presentada como un yugo, y no como un ideal que les perfecciona y les ayuda a realizarse plenamente...
»El instinto sexual trae dificultades a la vida religiosa y moral del joven.
»Surgen conflictos íntimos entre los valores religiosos y morales por una parte, y las tendencias sexuales por la otra: entre el espíritu y la materia.
»Sublimando estas tendencias, sabiendo armonizar los valores naturales con las exigencias de la religión, el joven encuentra gran fuerza para triunfar...
»Los jóvenes sin religión caen con más facilidad en la depravación. Sin religión el Eros baja al nivel de una bestia en celo.
»Hay quien dice que la moral está pasada de moda, que no hace sino crear complejos, y que todo cuanto frene el impulso del instinto es antinatural; pero la moral se forma con principios objetivos, y no con opiniones particulares.
»Las obligaciones esenciales de la ley moral se basan en la esencia y naturaleza del hombre, en sus relaciones esenciales, y valen en cualquier parte en que el hombre se encuentre.
»Ya hemos dicho que el dominio de sí es indispensable para la formación del ser humano.
»Los psicólogos nos dicen, fundados en experiencias, que muchos males psíquicos tienen como causa el desorden que resulta de dejar a un lado la ley moral»
55.
«Educar al hombre es hacerle capaz de discernir y jerarquizar valores.
»Valor es aquello por lo cual una cosa es digna de ser apreciada.
»Todas las cosas tienen algún valor.
»La discreción es la que es capaz de descubrir en cada cosa el tipo de valor y contra-valor que encierra.
»Hay valores que deben ser sacrificados por valores superiores: el dinero a la persona, el sexo al amor, etc.
»La distinta jerarquización de los valores es lo que otorga talla moral al individuo»
56.

El sabioPablo Chauchard afirma: «los preceptos de la moral son necesarios para el equilibrio psicológico»
57.
«La moral debe ser presentada de modo positivo, inculcando a la virtud y a la imitación de Jesucristo. El sacrificio y el dominio que supone seguir al Señor, han de ser libremente elegidos con amor»
58.

En casi todas las esferas y niveles, la necesidad precede a la capacidad.
Se tiene necesidad de ser tratado como un hombre antes de ser capaz, precisamente porque sin duda es la única manera de llegar a serlo.
Vuestro hijo quiere pensar por sí mismo, cuando todavía no sabe hacerlo.
Si le abandonáis por desprecio o por indignación, ¿dónde queréis que aprenda lo que le reprocháis que no sabe? ¿En el periódico?¿Entre los compañeros?¿En el cine?
Vosotros sois quienes podéis y debéis enseñarle a pensar, pero para ello hace falta discutir despacio y con paciencia con él.
Recibiréis la recompensa el día que le oigáis defender ante sus amigos vuestras ideas preferidas, las que él ha combatido siempre en casa.
Y os parecerá que las defiende mucho mejor que lo habríais hecho vosotros mismos.

Hablad con los hijos de todas las cosas, y cread un ambiente familiar de diálogo en el que padres e hijos se lo cuenten todo. El adolescente necesita que se escuchen y valoren sus puntos de vista, y sobre todo que se estime su persona y vea que se preocupen por él.

Decálogo de un adolescente:
1º.- Déjame elegir mi ropa.
2º.- Trátame como a un adulto y aprenderé a serlo
3º.- Déjame construir mis propias convicciones.
4º.- Respeta mi privacidad.
5º.- Ayúdame en mis ideales de fe y servicio al prójimo.
6º.- Ayúdame a apreciar mis capacidades y limitaciones.
7º.- Comunícame tu experiencia y ayúdame a tener la mía.
8º.- Ayúdame a clarificar mis problemas y encontrar soluciones.
9º.- Ayúdame a usar bien el dinero.
10º.- Enséñame cómo prepararme al matrimonio
59.

En el Suplemento religioso del diario ABC, Alfa y Omega, apareció esta carta de Gloria Tejedor que tituló. Carta de un hijo a todos los padres del mundo:
«No me des todo lo que pido. a veces sólo pido para ver hasta cuanto puedo coger.
»No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también. Y yo no quiero hacerlo.
»No me des siempre órdenes. Si, en vez de órdenes, a veces, me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
»Cumple las promesas buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo. Pero también si es un castigo.
»No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces sentirme mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces sentirme peor que los demás, seré yo quien sufra.
»No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide, y mantén esa decisión.
»Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
»No digas mentiras, ni me pidas que las diga. Me haces sentirme mal, y perder la fe en lo que me dices.
»No me diga que haga una cosa si tú no la haces. yo aprenderé de lo que tú hagas, no de lo que tú digas.
»Enséñame a amar y conocer a Dios. Aunque me lo enseñen en el colegio, no vale si tú no lo haces.
»Cuando te cuente un problema mío, no me digas que no tienes tiempo para bobadas. Trata de comprenderme y ayudarme.
»Y quiéreme. Y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo»
60.

Después de 45 años de coeducación, los sociólogos y pedagogos reconocen que es mejor que niños y niñas reciban educación por separado.

Por eso la Ministra de Educación de Suecia, Beatriz Ask, así lo ha determinado
61.
«“Juventud, divino tesoro”, dice el poeta. Y tiene razón.
»La juventud es la época más bonita de la vida, y la más fácil.
»Es la época más linda, porque durante ella el corazón abriga infinidad de ilusiones y esperanzas no truncadas por los azares del vivir, y la cabeza engendra ensueños, ideales maravillosos, que muy bien pueden un día hacerse realidad.
»Pero es la época más difícil, por ser la encrucijada de mil caminos; y según el que se escoja va a estar la felicidad de toda nuestra única vida. Entre cientos de maravillosas posibilidades, se presenta, la angustiosa urgencia de elegir una, y con ello, rechazar todas las demás.

»Quizás la característica psicológica más importante de la juventud es la conciencia de poder pensar, idear, trabajar y subsistir por sí mismo. El sentimiento de independencia nos despierta de la niñez, en que dependíamos para todo de alguien.
»Ese desarrollo y ansia de libertad, que son muy buenos, laudables y necesarios, pueden conducir al joven a una rebelión injusta hacia todo: contra la sociedad, contra los familiares, contra los educadores.
»Al estilo de vida de creerse superior a los demás; pensar que los otros, los mayores, no saben nada, están anticuados; que yo soy el único que sé, el único que puede y debe elegir el curso de mi vida, ignorando y rechazando toda ayuda y consejo de los demás.
»Esta actitud es errónea, porque todos necesitamos de los demás en la vida. Y el joven, aunque muchas veces no lo crea, o no lo quiera, es el que más ayuda necesita, por encontrarse en la encrucijada más difícil de la vida.
»Y aquí quisiera que los jóvenes entendieran algo muy importante, que por obvio que es, muchas veces no se valora lo suficiente; la mejor, más honesta y más desinteresada ayuda que pueden encontrar es la de sus padres»
62.

«Los problemas que destacan en las páginas frontales de los periódicos de todo el mundo, son un reflejo de la falta de disposición de nuestra juventud para someterse a ningún sistema de valores que no sea el que el de sus efímeros, inciertos y pragmáticos criterios. (...)
»Todos somos testigos de casos de adolescentes que son advertidos y aconsejados una y otra vez por padres experimentados y responsables, pero que ellos prefieren “discurrir por su cuenta” para descubrir demasiado tarde lo que su padre le predecía certeramente.
»Por desgracia son muchos los jóvenes que no quieren escuchar consejos. Semejante hostilidad hacia la autoridad paterna les priva de la experiencia de los mayores por querer hacer las cosas por sí mismos»
63.
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47.MANUEL VIERA: Vida sexual y psicología moderna, II. Ed. Mensajero. Bilbao
48.ABC de Madrid del 22-IX-94. Pg.42
49. Revista PADRES Y MAESTROS: Clarificación de valores
50.BERNABÉ TIERNO: Revista EL SEMANAL del 8-V-94. Pg. 70
51.Para entender la crisis de la adolescencia es muy útil el libro del P. ARMENTIA, S.M.: Adolescentes. Ed. S.M. Madrid
52.SCHNEIDER: Educación católica de la familia, XIV. Ed. Labor. Barcelona
53. Concilio Vaticano II: Gravissimum educationis: Declaración sobre la educación cristiana de la juventud, nº 1
54.Libro básico del creyente hoy, XXXIII, 1. Ed. PPC. Madrid, 1970
55.MANUEL VIERA: Vida sexual y psicología moderna, I, 2, b. Ed. Mensajero. Bilbao.
56.BERNABÉ TIERNO: Valores humanos, 1ª, III. Ed. Taller de Editores. Madrid. 1993.
57.PAUL CHAUCHARD: Biología y Moral, pg. 171
58.MANUEL VIERA: Vida sexual y psicología moderna, I, 2, b. Ed. Mensajero. Bilbao.
59.De un informe publicado por la Dirección General de la Policía de Seattle (Washington)
60.Alfa y Omega, 253(29-III-2001)14
61.ABC de Madrid del 29-VIII-94. Pg.17 y 84s
62.Dr. DOMÍNGUEZ: Felicidad sexual, VII, 1. Ed. Plus Ultra. Nueva York, 1971
63.EDMUNDO ELBERT: Problemas actuales de psicología, 2ª, XII. Ed. Sal Terrae. Santander







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