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Las etapas de la vida y su sentido (Parte I)
Las etapas de la vida y su sentido (Parte I)

Carácter peculiar de cada etapa de la vida


Por: Alfonso López Quintás. Universidad Complutense. Madrid |



LAS ETAPAS DE LA VIDA Y SU SENTIDO (1)


A instancias de su editor, Hans Waltmann, Romano Guardini accedió a publicar en edición aparte algunas de las lecciones de Ética que impartía a comienzos de los años 50 en la universidad de Munich con gran empeño y nutrida asistencia de alumnos (2) . En su Diario, Guardini muestra el extraordinario interés que puso en estas clases, que condensan todo su pensamiento acerca del ser humano(3) .

El primer fragmento seleccionado para ese fin fue el relativo a "las edades de la vida", en el que se analizan las tareas éticas que corresponden a las principales etapas que recorre el hombre en su existencia. Por eso el subtítulo dice: "Su significación ética y pedagógica". En la Ética, estos análisis figuran bajo el título: Las edades de la vida y el conjunto del proceso vital . (4)


Carácter peculiar de cada etapa de la vida

Guardini tiende siempre a abordar los problemas de forma concreta y viva, no abstracta e incomprometida. No le bastan las consideraciones generales sobre el bien, el deber, la conciencia, el amor... Quiere ver pormenorizadamente las actitudes éticas que debe el hombre adoptar en cada fase de su vida y las actividades que ha de llevar a cabo. No realiza una investigación psicológica o sociológica de las etapas básicas de la vida humana. Le preocupa descubrir el sentido de dicha vida en las etapas ascendentes y en las consideradas a menudo como descendentes, incluso en los momentos límite de éstas (5) .

Su misión consistió, desde el comienzo de su actividad pastoral y publicística, en descubrir las leyes del pleno desarrollo de la persona humana, vista en todo su alcance. Este alcance llega hasta el Creador, tanto por razón del origen de la vida humana como de la meta que debe alcanzar. Según manifestó el autor a quien esto escribe, el pensamiento nuclear de toda su producción se halla expresado en la conferencia pronunciada en el 75 "Katholikentag" (Berlin, 1952) con el título: Nur wer Gott kennt, kennt den Menschen (Sólo quien conoce a Dios conoce al hombre) (6) . A la luz de esa idea global del sentido de la vida humana, Guardini estima que cada etapa presenta una significación peculiar, de modo que su valor no puede ser deducido de otra etapa considerada como modélica.

Esto le permite trazar un perfil lúcido de la edad senil, que no se le aparece como el mero desmoronamiento de la vida sino como su culminación, ya que tiene como tarea ética específica preparar una "feliz y santa muerte", en expresión del pueblo llano. Guardini supera radicalmente la tendencia banal a considerar como únicos atributos de la vida la energía juvenil, la capacidad de acción intensa, el poder de dominio y disfrute biológico. El hombre, visto como persona, tiene el privilegio de poder conceder a cada fase de la vida un sello característico, y realizar en ella la tarea que le es propia y para la que está perfectamente dotada. La muerte no debe ser vista como algo meramente negativo, un mero cesar impuesto desde fuera, un accidente ajeno a la vida, incluso contrario a ella, sino como el momento decisivo en el que se cierra para siempre el signo de nuestra relación con el Creador. De consiguiente, la edad senil ha de ser considerada como una etapa de preparación para ese acontecimiento singular que corona el decurso vital y le otorga su sentido definitivo. La ayuda al anciano no ha de limitarse a prestarle la asistencia indispensable para su bienestar; ha de procurar que descubra la gran significación de ese período de la vida y lo viva con la dignidad que el mismo exige.

Al ver el curso de la vida humana desde la perspectiva que otorga la fe, se deja de considerar la etapa infantil como mero preludio de la juvenil, y ésta como la preparación de la madurez, y la vejez como el anuncio alarmante del advenimiento de la senilidad, vista como la pérdida gradual de las energías vitales y el desvalimiento irreversible. Cada fase de la vida aparece como la posibilidad de realizar de un modo peculiar el sentido nuclear de la existencia.

Lo que en el fondo interesa a Guardini es mostrar cómo se manifiesta la exigencia del bien en cada edad de la vida. La verdad de cada persona consiste en buscar el bien y el valor en toda circunstancia. Una concepción profunda de la vida humana, tal como es posibilitada por la Revelación, no considera el rendimiento, la eficacia y la intensidad de la acción como el módulo único del valor de la persona. La existencia del hombre puede y debe presentar un sentido muy elevado incluso cuando hace quiebra el vigor corporal. Cada momento de la vida humana está enriquecido por el conjunto de todos sus momentos. En cada uno de éstos vibra el todo -las obras realizadas, las metas perseguidas, el amor dispensado y recibido, los vínculos creados-. El ser humano es el mismo - aunque no lo mismo- en todos los momentos de su vida; el mismo en el sentido activo de quien se halla realizando su vocación y su misión. De ahí la fecunda tensión interior que presenta nuestra vida en cada instante, por anodina y desvalida que parezca. Descubrir y valorar debidamente esa tensión es un rasgo de sabiduría que constituye para el hombre una fuente de hondo consuelo, sobre todo en las etapas más propicias a la pérdida de la autoestima y a la consiguiente depresión espiritual (7) .

Una de las formas más eficaces de ayudar a los demás es hacerles ver que la etapa en que se hallan presenta una trama de valores propios. Su valor no debe ser precisado por confrontación con otras etapas, sino desde ella misma y desde la meta que está llamada la vida humana a perseguir y conseguir. Tal visión "relacional" de la existencia permite interpretar de modo justo el alcance y significación de cada fase de la misma.

Esta capacidad de interpretación presenta un interés excepcional en los momentos en que la vida propia parece carecer de sentido y nos lleva a preguntarnos si vale la pena seguir trabajando, esforzándose, haciendo proyectos y persiguiendo metas. Este primer momento de vacilación puede agudizarse y llevarnos a cuestionarlo todo: ¿Tiene sentido mi vida? ¿Por qué existo? ¿Por qué existe algo y no más bien la nada? ¿Puede, de verdad, tener sentido una vida que conduce inexorablemente al desconsuelo de la muerte? Cuanto más fuerte e inminente se vuelve este riesgo de caer en el escepticismo y el absurdo, tanto más sentimos la necesidad de ahondar en la existencia y descubrir que alberga un profundo sentido aun en los momentos de mayor decadencia.

Este descubrimiento constituye una de las tareas más valiosas de la ancianidad, que debe convertirse para todos en una verdadera "escuela de vida".

"La posibilidad de destruir el sentido pertenece a la existencia humana. En ésta vemos muchas cosas que no tienen realmente ningún sentido, al menos no tienen ninguno que aparezca a nuestro ánimo como tal. De la edad madura dijimos que en ella se impone la tarea de reconocer lo absoluto en la trama de los condicionamientos. Ahora (en la vejez) se debe mantener el sentido de la vida en medio de los procesos de desmoronamiento que desaniman y debilitan esta edad. Y ninguna filosofía está en orden si no hace frente a este peligro. Si el filósofo sigue siendo honrado y no elude los problemas, a la vez que conserva el ánimo que le lleva a creer en el sentido aunque tantas cosas parezcan negarlo, penetra en las capas auténticas de la existencia" (8) .

Para ello debe pensar desde la perspectiva que nos da el ver la vida en conjunto.

"En estas lecciones sobre ética, hemos (...) dirigido la mirada repetidas veces al conjunto de la existencia, e intentado responder a los problemas concretos desde dicho conjunto. Las ideas que acabo de exponer responden también a esa forma de mirar. De ahí que no hayamos perdido el tiempo que les hemos dedicado" (9).

Continuación: Las etapas de la vida y su sentido, II (La experiencia propia, fuente de inspiración para Guardini)

Comentarios al autor









(1) Cf. Die Lebensalter. Ihre ethische und pädagogische Bedeutung, Werkbund, Würzburg 1953, 1957, 4ª ed.; M. Grünewald, Maguncia 1996, 7ª ed. Versión española: Las etapas de la vida. Su importancia para la ética y la pedagogía, Palabra, Madrid, 1997. Esta versión fué realizada a base de la última edición alemana citada.
(2) Estas lecciones fueron editadas, póstumamente, en 1993, por Hans Mercker, con la colaboración de Martin Marschall, bajo el título Ethik. Vorlesungen an der Universität München (1950-1962), dos vols., editoriales Grünewald y Schöningh, Maguncia-Paderborn 1993, 21994. Versión española: Ética lecciones en la universidad de Munich, BAC, Madrid 1999.
(3) Cf. Wahrheit des Denkens und Wahrheit des Tuns, Schöning, Paderborn, 1985, p. 81. Véanse, asimismo, las págs. 36, 62, 64, 69. "Lo que entiendo aquí por ´Ética´ es más que una mera investigación de lo que se debe hacer y lo que no se puede hacer y los problemas que se derivan de ello. En ella trato de dar una interpretación de la existencia humana a la luz de la obligación moral que gravita sobre ella y de la dignidad que le otorga esta obligación" (Die Lebensalter. Ihre ethische und pädagogische Bedeutung, p. 79; Las etapas de la vida. Su importancia para la ética y la pedagogía, págs. 127-128).
(4) Cf. Ethik, págs. 591-661. Versión española: Ética. Lecciones en la universidad de Munich, BAC, Madrid 1999, págs. 441-491. Tres años más tarde, publicó también Guardini en forma de folleto, junto al ensayo de Otto Friedrich Bollnow Begegnung und Bildung (Encuentro y formación), la lección de Ética dedicada a exponer "las condiciones antropológicas de la ética". Su tema -el encuentro- es central en el pensamiento guardiniano. Cf. Begegnung und Bildung, Werkbund, Würzburg 1956.
(5) Cf. Die Lebensalter...,p. 67; Las etapas... p. 109. De ahí la afinidad de esta obra con la conferencia sobre "Las edades de la vida y la filosofia" (cf. Die Lebensalter..., págs. 79-89; Las etapas..., págs. 127-137), pronunciada con motivo de su 70 cumpleaños en la universidad de Munich.
(6) Werkbund, Würzburg 1852. Reedición en 1965, con el título Den Menschen erkennt nur wer von Gott weiss, Grünewald-Schöning, Maguncia-Paderborn. Edición española: Quien sabe de Dios conoce al hombre, PPC, Madrid 1995, publicada conjuntamente con El fin de la modernidad (Das Ende der Neuzeit, M. Grünewald, Maguncia 1950, 1986).
(7) En su obra Der Mensch vor der Frage nach dem Sinn (El hombre en busca de sentido), Piper, Munich 71989, V. Frankl advierte que el ser humano puede alcanzar cotas de alta dignidad incluso en la situación límite de un campo de concentración. Cuenta, a este respecto, que los prisioneros de Auschwitz que no le preguntaban a la vida qué podía darles todavía sino a quién podían ellos ayudar tenían fuerza para soportar las máximas penalidades y sobrevivir. No así los que daban por hecho que una vida en tales circunstancias carecía de todo sentido.
(8) Cf. Die Lebensalter.., p. 86; Las etapas..., p. 134.
(9) Cf. Die Lebensalter.., p. 89; Las etapas..., p. 137.






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