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Las etapas de la vida y su sentido (Parte II)
Las etapas de la vida y su sentido (Parte II)

La experiencia propia, fuente de inspiración para Guardini


Por: Alfonso López Quintás. Universidad Complutense. Madrid |



La experiencia propia, fuente de inspiración para Guardini

A la hora de preparar sus clases y escritos, Guardini acudía más a su propia experiencia que al pensamiento de otros autores. Como preparación remota leía y meditaba algunas obras, a fin de tener la información necesaria, pero luego sometía los temas básicos a una reflexión prolongada, y, cuando había asumido interiormente las cuestiones y sentía que cobraban vida en su espíritu, iniciaba el trabajo de exponerlas de modo sistemático. Su preocupación fundamental era dar vida a cuanto expresaba. Este atenimiento a la propia experiencia está especialmente indicado en el análisis del sentido de las diferentes edades de la vida, sobre todo la vejez.

"No es fácil hablar de la vejez de un modo que sea creíble. Presupone que uno tenga experiencia de ello, pero también que reconozca la propensión de los ancianos a sentir rencor contra la vida, envidiar a la juventud y tener resentimiento hacia lo nuevo, y que al menos intente superarla" (10) .

Por estar inspirada en la propia experiencia, la obra Las etapas de la vida tiene cierto valor autobiográfico. El paso por las distintas edades de la vida humana permitió a Guardini ver por dentro la articulación interna del proceso vital y describirla en las páginas de este libro. A la inversa, los principios básicos que deben regular el desarrollo cabal de la existencia, tal como son expuestos en el libro, impulsaron y dieron sentido a la vida entera de Guardini. Recordar algunos datos de su biografía puede ayudarnos sobremanera a leer la obra al trasluz y comprender la personalidad del autor.

Su niñez transcurre al amparo de unos padres distinguidos y cultos, pero un tanto distantes. Su padre le inspira un gran amor a la figura de Dante, de cuya Divina Comedia le recita versos en la lengua original. Su madre le transmite una tendencia a la melancolía, entendida en el doble sentido del término alemán Schwermut: abatimiento, por una parte, y, por otra, nostalgia hacia niveles de vida trascendentes (11) . Debido al traslado de su familia de Verona (Italia) a Maguncia (Alemania) cuando tenía un año de edad, realizó todos los estudios en centros académicos alemanes. Vivió muy recluido en el ámbito familiar, sin apenas contactos humanos con el entorno alemán (12) .

En la juventud se ve urgido a abrirse a su entorno y decidirse a ejercer su vida profesional en el área de la cultura alemana, sin romper con la tradición de su patria italiana. Se siente ciudadano de dos patrias, dos lenguas, dos culturas. Consigue la amistad profunda de varios compañeros de alta calidad espiritual, que le ayudan a orientar su futuro. Vive intensamente la desorientación de la juventud, pero no deja de hallarse en todo momento a la búsqueda de su auténtico camino en todos los aspectos: profesional, ético y religioso. Se siente frenado en todas sus iniciativas por su connatural timidez y no vive espontáneamente las experiencias típicas de la juventud (13) .

Su edad madura viene determinada por la decisión de consagrarse al Señor en el sacerdocio, en la línea de su amor incondicional a la verdad, el bien, el recto orden de las cosas, la fidelidad a lo que nos es dado como un entorno vital. Esta actitud de arraigo le impulsa a buscar un nuevo camino, más auténtico y eficaz, para el estudio de la vida espiritual y la esencia del Cristianismo, y su comunicación a las gentes. Este afán de autenticidad y eficacia suscita en su torno desconfianzas y dificulta su acceso a la actividad docente (14) . Sin embargo, con gran esfuerzo y fiel a su línea de actuación consigue una posición académica prestigiosa.

La vejez, entendida como disminución de la capacidad de trabajo, se le hizo de algún modo presente en plena madurez. Incluso en los días de mayores éxitos sentía vivamente la caducidad de la vida (15) . Pero este sentimiento no le causaba amargura; intensificaba su conciencia de finitud, de ser una realidad que es fruto de una donación y le remite más allá de sí mismo. Por eso asumía como propio el lema de Pascal: "L´homme dépasse infiniment l´homme" (El hombre supera infinitamente al hombre). Diversas enfermedades alteraron considerablemente su ritmo habitual y mermaron sus potencias, sobre todo la memoria, el oído y la vista. "Hay dos facultades que me parecen muy valiosas –escribe-, y me están fallando cada vez más: la memoria y el oído" (16) . Sin embargo, su fidelidad a la misión evangelizadora le infundió nuevos bríos un día y otro, de forma que pudo llevar a cabo una labor de gran envergadura con la mayor dignidad. Nunca se queja en su Diario de los dolores nada leves que a veces padece (17) . De cuando en cuando el asma le oprime y se siente como amenazado vitalmente: "El asma es una opresión, un encogimiento en medio de la amplitud del espacio. Hay aire por todas partes, pero el oprimido no recibe ninguno. En el hombre hay estrechez..." (18) . Tan sólo lamenta que no pueda programar su trabajo con la deseada seguridad. Con frecuencia se pregunta qué será de sus clases universitarias y de su misa dominical en la iglesia universitaria de San Luis (la famosa "Ludwigskirche" muniquesa) si no ceden sus dolores de trigémino, o sus depresiones, o los ataques de asma, o los cólicos nefríticos, que le obligan más de una vez a hospitalizarse durante semanas.

El hecho de ver en cada fase de la vida la existencia entera, con su exigencia de sentido, su vocación y misión peculiares, otorgó a su vida en todo momento una especial seriedad y gravedad, y la dotó al mismo tiempo de levedad y energía porque la mantuvo abierta en todo momento a la trascendencia. Ello explica que no haya dejado el trabajo pastoral sino cuando sus dolencias le obligaban a ello, y haya proseguido su labor publicística hasta el último momento, preparando manuscritos que fueron publicados póstumamente (19) .

La vida entera de Guardini, entregada sin desmayo a una misión lúcidamente asumida, fue una preparación para su edad senil, que supo llevar con coraje y coronar con una muerte santa a los 83 años.



Continuación: Las etapas de la vida y su sentido, III (Como otorgar sentido a las distintas edades de la vida)


Comentarios al autor







(10) Cf. Die Lebensalter..., p. 91; Las etapas..., p. 142.
(11) Cf. R. Guardini:Vom Sinn der Schwermut (Sobre el sentido de la melancolía), Grünewald, Maguncia 1983, trabajo publicado por primera vez en la obra Unterscheidung des Christlichen (La diferenciación de lo cristiano), Grünewald, Maguncia 1935. Versión en audiocassette: Grünewald, Maguncia, 1980. Cf. Hanna-Barbara Gerl: Romano Guardini (1885-1968). Leben und Werk, págs. 323-329.
(12) Cf. R. Guardini: Apuntes para una autobiografía, págs. 76-80.
(13) Cf. O. cit., p. 77.
(14) Cf. O. cit., págs. 171 ss.
(15) Cf. Wahrheit des Denkens..., págs. 85, 87, 89.
(16) Cf. O. cit., p. 88. "Sé algo de lo que son los sentidos desde que voy perdiendo oído y vista" (Cf. O. cit., p. 38).
(17) El 11 de Septiembre de 1959 escribe: "Neuralgia del trigémino: por así decir, dolor puro". ( Wahrheit des Denkens..., p. 119).
(18) Cf. O. cit., p. 33.
(19) En español fueron publicados los siguientes: La existencia del cristiano, BAC, Madrid 1997; Ética, BAC, Madrid 1999.








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