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Lo que tendremos que aprender

Lo que tendremos que aprender
Artículo de inicio de milenio.






Domingo 7 de enero de 2001.


Hola, amigos:

Iniciemos estos artículos con el nuevo milenio, y con el deseo de que puedan ser leídos en la tranquilidad del domingo. Los temas tratados pretenden ayudar a vivir más humanamente en un mundo que nos empuja a vivir con un aceleramiento cada vez mayor, casi sin pensar, corriendo hacia una meta incierta y sin un sentido que satisfaga nuestros anhelos profundos.


Preartículo (algo breve):


Además del título, del párrafo de presentación -como el anterior- y del normal cuerpo del artículo, se añadirá un breve preartículo, como el presente y en este tipo de letra, a fin de que el lector pueda al menos fácil y rápidamente recibir el contenido que en éste se le ofrece. Aunque el preartículo no necesariamente será una síntesis cabal de todo lo que ha de seguir, ciertamente será una introducción al tema, con unidad en sí misma.

Los temas abordados serán básicamente cinco: el sentido de la vida, la familia, el trabajo humano, la política y la cultura general. Eventualmente podremos tocar otros temas varios. Estos artículos tienen la finalidad de ayudar de diversas maneras a una gran variedad de personas.

Hablemos un poco, en esta primera ocasión, del milenio que ahora comienza. Es notable que al iniciar ya el tercer milenio, como humanidad, no hayamos aprendido a amar, ni a educar, ni a trabajar, ni a gobernar... ¡como Dios manda! Para convencernos de esta tremenda verdad basta leer la prensa, mirar las noticias, volver la vista al mundo de las naciones, de sus gobiernos, de sus empresas, de nuestras escuelas, de nuestras familias... ¿Continuaremos así? ¿No haremos nada para cambiar y mejorar, al menos a nivel personal y familiar?


Cuerpo del artículo:

Que no hemos aprendido a amar consta por la infinidad de madres solteras, de hijos abortados y abandonados, de divorcios y separaciones; por el terrorismo, el narcotráfico, la trata de blancas y la prostitución infantil; por los odios raciales, las continuas guerras entre países y entre empresas, y sobre todo por las guerras de religión.

Que no hemos aprendido a educar consta por lo dicho en el párrafo anterior, y también por los altos niveles de analfabetismo que hay en nuestro país y en el mundo entero. Y dichos niveles se hacen alarmantes si consideramos el analfabetismo que verdaderamente importa, que es el analfabetismo funcional, es decir, el de personas que pueden leer en silencio o en voz alta las palabras que componen un escrito, pero que no logran comprender el significado cabal de su contenido.

Que no hemos aprendido a trabajar consta por los millones de seres humanos que carecen de lo indispensable para vivir: más de mil millones de seres humanos viven con menos de un dólar al día, y más de ocho millones mueren de hambre cada año. Consta también por la pésima distribución de la riqueza y por los millones de adultos que no tienen trabajo.

Que no hemos aprendido a gobernar consta por todo lo anterior, además de las innumerables guerras entre naciones, golpes de Estado, asesinatos políticos, leyes inmorales, complicidad con el narcotráfico, corrupción de funcionarios, campañas electorales propagandísticas y mentirosas, elecciones fraudulentas, elecciones legítimas no reconocidas, guerras intestinas, etcétera.

¿Hacen falta mayores pruebas o evidencias? Nuestras familias no funcionan bien, nuestras escuelas no funcionan bien, nuestras empresas no funcionan bien, nuestros gobiernos no funcionan bien. Y aun así, en los inicios del tercer milenio, ¿seguimos sobando temas tan superficiales y gastados como si Bill Gates logrará imponer al mundo su monopolio, quién ganará el próximo campeonato de fútbol, cómo serán los nuevos modelos automovilísticos, etcétera, etcétera, etcétera?


Fallan los sistemas más que las personas

¿Será que somos insustanciales o malvados por naturaleza? ¡Yo pienso que no! Estoy convencido de que en el fondo las personas no suelen ser malvadas, aunque muchas veces lo parezcan. Lo que realmente sucede es que los sistemas son ineficientes, no funcionan bien. Y lo malo es que los conservamos porque no nos atrevemos a cuestionarlos, a pensar contra lo establecido, a desarraigar nuestros paradigmas falsos, anacrónicos, obsoletos. Lo malo está en que no pensamos, no leemos, no nos formamos un criterio. Llamémoslo principio de bondad indolente: cuando los sistemas no funcionan, la buena gente no se atreve a cuestionarlos a fondo, por temor o por pereza.

Podríamos decir que hoy solemos encontrarnos en algo así como un estado de embrutecimiento moderno, masificado y tecnológico. Los hombres estamos embrutecidos por el exceso de programas deportivos; las mujeres lo están por el exceso de telenovelas, y los niños por el exceso de caricaturas. El hombre moderno ha dejado de pensar, y ya sólo repite -casi- lo que dice la televisión -la tele-; el hombre se ha convertido en reflejo de lo que se ve y en eco de lo que se oye.

Sirva de botón de muestra la siguiente anécdota. Hace algunos años, Calzado Canadá sacó un modelo de zapato de estilo italiano, al que llamó Palermo. En esos días hubo un programa televisivo donde se concursaba a base de preguntas y respuestas, y a un joven le preguntaron en qué país estaba Palermo. Después de pensarlo un poco, el joven respondió que en Canadá. Es bien sabido que Palermo está en Italia. ¿Será posible que alguien piense que está en Canadá sólo porque en la tele hubo una fortuita asociación de ideas entre un modelo de zapato y una marca de calzado? ¿Será posible que se piense tan poco al ver la tele?

Nótese que ya solemos ver los programas cómicos en total seriedad, porque la tele suple nuestras risas. ¿Tendremos que seguir viviendo en semejante pasividad mental? ¡Seguramente no! Y el cambio de milenio puede ser una oportunidad extraordinaria para salir de nuestro letargo y rectificar el rumbo.


Hay que cuestionar a fondo

Es indispensable que vivamos cuestionando a fondo, antes que nada, nuestros sistemas básicos: el familiar, el educativo, el laboral y el de gobierno. Para lo cual es necesario que con frecuencia levantemos la vista para mirar el bosque, en vez de andar ¡siempre! perdidos entre las ramas, en la anécdota o el chisme político, o deportivo, o de la página roja, o negra, o amarilla... ¿Estamos contentos con nuestras familias, nuestras escuelas, nuestras empresas, nuestra democracia? ¿Qué les falta? ¿Qué les sobra? ¿Qué cambios requieren?

Sólo cuestionando nuestros sistemas lograremos mejorarlos; y esto compete a todos, no sólo a los políticos. Se dice que ya llegó la mayoría de edad de los laicos, en la Iglesia (?). Y en lo civil, ¿cuándo llegará la mayoría de edad del ciudadano común? ¿Cuándo el ciudadano común pensará a fondo las cosas y tomará en serio su responsabilidad de expresar públicamente sus convicciones para ir haciendo conciencia social? ¿Cuántas ideas maravillosas se habrán quedado en el tintero del ciudadano común? Notemos que hoy todos podemos tener una palestra mundial, porque a todos se nos ofrece, gratuitamente, una página personal en Internet.

¿Cuál será la causa o razón de que vivamos así? Ya mencionamos el principio de bondad indolente como una de dichas causas; pero hay otras, y habrá que ir sacándolas a la luz y analizando la forma en que se aplican a los problemas de nuestra realidad social. Ésa es una de las finalidades de estos artículos.

Es de suma importancia que nos decidamos y nos atrevamos a cuestionar los asuntos y realidades que afectan mayormente nuestras vidas, como los mencionados aquí. Es de suma importancia que procuremos formarnos un criterio propio que se acerque lo más posible a la verdad, que dejemos de poner una confianza ciega en los medios de comunicación y que usemos esos medios también para expresar nuestras convicciones y opiniones -con máximo respeto a lo que piensen los demás- a fin de influir positiva y constructivamente en la opinión pública y en la conciencia social.


Email:
  • pqh@hotmail.com
  • pquevedo@es.catholic.net
Portal propio: internethon-m3

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