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No te enojes con Dios

No te enojes con Dios
Serie de artículos para comprender por qué Dios obra como obra y por qué permite tanto mal.






Hola, amigos:

¿Quién no ha jugado a Dios, soñando despierto? Quizá no todos, pero ciertamente muchos, por no decir la mayoría. ¿Por qué no hacerlo de nuevo hoy, pero en serio y con el propósito de comprender mejor las motivaciones divinas?

Los invito a echar mano de este peculiar recurso literario, ejercicio intelectual o truco que nos ayude a comprender mejor por qué las cosas son como son, y por qué Dios obra como obra y gobierna como gobierna.

Sólo quiero hacer una advertencia: hacer en serio este ejercicio puede cambiarle a uno la vida. No es un juego; y de considerarlo un juego, puede ser un juego muy “peligroso”. Puede llegar a ser algo tan contundente como una de esas experiencias de muerte clínica, en las que al regresar a la vida las personas ven el mundo de otra manera y cambian radicalmente.

La siguiente serie de artículos puede ayudar a la formación de una visión más clara del sentido del mundo y de la vida.

  1. ¿Por qué Dios permite tanto mal? Lo permite porque quizo hacer el mejor de todos los mundos, y en ese mundo tiene que haber males.

  2. En la suela de los zapatos de Dios. Aquí pensamos y "decidimos" cómo habríamos hecho las cosas nosotros.

  3. Dios nos creó para la dicha. Para entender esto basta con pensar en generalidades.

  4. Lo difícil está en el detalle. Pasar de lo general al detalle nos pone en contacto con las verdaderas dificultades.



  5. La gama de perfecciones de nuestro mundo. La gama de perfecciones que Dios ha creado es más amplia de lo que usualmente pensamos.

  6. Dios creó con criterio magnánimo y por amor. Dios no distribuye males en el mundo; tan sólo permite que surjan espontáneamente de las imperfecciones de las creaturas, y luego los aprovecha para sus objetivos.

  7. Que los males desaparezcan al final. Dios quiso permitir que los males surgieran inicialmente de personas, y de lo superior a lo inferior.

  8. Que las personas alcancen la dicha. Dios quiso que nuestra dicha fuera madura, abarcando el dolor y la cruz.

  9. (Último) Magnanimidad divina y libertad humana. Dios permite el mal en la Iglesia a fin de lograr la mejor Iglesia posible.





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